Padre Alfonso Cigarini: 100 años de vida y misión

El pasado 7 de enero de 2026, el padre Alfonso Cigarini, misionero comboniano, cumplió cien años de vida y dedicación a la misión del Reino. Nacido en Bagno, diócesis de Reggio Emilia, el 7 de enero de 1926, en la región de Emilia-Romaña, en el centro-norte de Italia, ingresó muy joven en el Seminario Episcopal Urbano de Reggio Emilia, donde permaneció hasta el final del tercer año de secundaria, cultivando siempre en su corazón el deseo de convertirse en misionero.
Padre Alfonso Cigarini en la comunidad de São José do Rio Preto, en Brasil

En noviembre de 1952 ingresó en el noviciado comboniano de Florencia, durante el cual asistió al primer curso de teología en el Seminario de Fiesole. El 9 de septiembre de 1954 hizo sus primeros votos temporales y fue destinado al escolasticado de Venegono Superiore para concluir sus estudios de teología. El 9 de septiembre de 1956 hizo la profesión perpetua y fue ordenado sacerdote el 15 de junio de 1957 en la catedral de Milán por el arzobispo Giovanni Battista Montindi, futuro Pablo VI.

Después de la ordenación, el padre Alfonso desempeñó su ministerio misionero en tres continentes: Europa, África y América. De 1957 a 1962 trabajó en Mozambique. De 1963 a 1976 estuvo en Portugal. De 1976 a 1978 estuvo en Italia; de 1978 a 1984 en Brasil. Tras pasar dos años en su país natal, en 1985 regresó de nuevo a Brasil hasta el año 2000, cuando volvió a Italia por un año. En 2001 fue destinado de nuevo a Brasil, donde reside actualmente.

En Brasil, el padre Alfonso trabajó en Uruçuí, en el estado de Piauí, diócesis de Floriano, en Sucupira y Tasso Fragoso, en el estado de Maranhão, diócesis de Balsas, en Santa Rita, en el estado de Paraíba, archidiócesis de Paraíba, y en Timon, en el estado de Maranhão, diócesis de Caxias. Hoy vive en la Casa Comboni, que acoge a misioneros ancianos y enfermos, en São José do Rio Preto, en la diócesis del mismo nombre, en el sureste de Brasil.

El padre Alfonso —o «Funsein», como se le llama en su tierra natal— es un testimonio de vida y misión. Ha llegado a los 100 años con gran energía y entusiasmo misionero, a pesar de su frágil salud. Para él, la fe sigue siendo el principal motor de la longevidad. «Lo que me motiva es la presencia de Jesús, que nos invita a esperar un cielo nuevo y una tierra nueva. Lo que dejo a las personas es la invitación a llevar una vida serena, tratando de ser buenos ejemplos, valorando al prójimo y manteniendo la esperanza en un futuro mejor», subrayó el padre Alfonso el día de su centenario.

Alabemos a Dios por el don de su vida y su vocación misionera.

Padre Raimundo Nonato Rocha dos Santos,
Superior Provincial de los Combonianos en Brasil

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