Curso Latinoamericano de Animación Misionera

Del 28 de junio al 24 de julio se está desarrollando en la sede de las OMPE (Obras Misionales Pontificio Episcopales de México) la 48ª edición del Curso Latinoamericano de Animación Misionera (CLAEM).

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Fotos: PUM/OMPE México

«No es la Iglesia la que tiene una misión, sino la misión de Dios la que tiene una Iglesia». Este es el eje central de la reflexión propuesta por el padre John Kennedy Joseph, misionero del Verbo Divino, profesor en diversas instituciones de educación superior en México y especialista en eclesiología y pastoral, durante la cuadragésima octava edición del Curso Latinoamericano de Animación Misionera (CLAEM), uno de los principales espacios de formación misionera en América Latina.

El Curso, que se desarrolla del 28 de junio al 24 de julio, ofrece un itinerario de profundización teológica y pastoral sobre la «Missio Dei», la iniciativa trinitaria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que envía a la Iglesia a participar, como sacramento del Reino, en su obra de reconciliación, justicia y salvación en la historia.

Un camino bíblico y teológico

El CLAEM, organizado en Ciudad de México por las Pontificias Obras Misionales en colaboración con el Instituto Intercontinental de Misionología, reúne durante cuatro semanas a directores diocesanos de misiones, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y laicos implicados en la animación misionera. El objetivo es fortalecer su formación bíblica, teológica y pastoral.

El camino de reflexión sobre la Missio Dei comienza con las grandes páginas del Antiguo Testamento: desde la vocación de Abrahán y la historia del pueblo liberado de Egipto hasta la figura del Siervo del Señor y el ministerio profético, la misión se presenta como un hilo conductor que atraviesa toda la Escritura, preparando la plena revelación del designio salvífico de Dios en Jesucristo.

La primera semana, animada por la hermana María del Socorro Becerra Molina, HMSP, ha permitido volver a leer la historia de la salvación como expresión de la misericordia de Dios que ve la aflicción, escucha el clamor de los pobres y desciende para liberar, y ayudó a contemplar al Espíritu Santo como verdadero protagonista de la evangelización, a partir de Pentecostés y de los Hechos de los Apóstoles.

La misión como «forma histórica del amor trinitario»

Durante la segunda semana, el padre John Kennedy Joseph ha dedicada varias conferencias a la eclesiología de la misión, desarrollando su fórmula: «No es la Iglesia la que tiene una misión, sino la misión de Dios la que tiene una Iglesia». Desde esta perspectiva, la misión de la Iglesia nace de la misión de Cristo, enviado a su vez por el Padre, y se despliega bajo la fuerza del Espíritu; por ello, explicó el ponente, «toda misión cristiana es trinitaria: encuentra su origen en el Padre, su forma en Cristo y su fuerza en el Espíritu».

Lejos de toda lógica de conquista o de propaganda religiosa, la Missio Dei es, según el padre John Kennedy, la forma que toma históricamente el amor trinitario: Dios crea, llama, libera, perdona, sana y reconcilia, y la Iglesia existe para servir y dar testimonio de este amor en contextos concretos.

De este modo, la misionología (que contempla la Missio Dei) y la eclesiología del Pueblo de Dios aparecen íntimamente vinculadas: la misión como iniciativa del Dios Uno y Trino está relacionada con la Iglesia, pueblo histórico y sacramental, como forma concreta a través de la cual este amor se manifiesta en las culturas, en los territorios y en las periferias.

Pueblo de Dios, territorio y semillas del Reino

El padre John Kennedy Joseph también ha vuelto a proponer la renovación eclesiológica del Concilio Vaticano II a la luz de la noción de Missio Dei, insistiendo en la categoría de «Pueblo de Dios». A la luz de la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium, ha recordado que la Iglesia no se define ante todo como una sociedad perfecta, sino como misterio de comunión, pueblo convocado por Dios y sacramento de salvación, en el que el bautismo funda la igualdad radical entre todos los fieles.

Se trata de un pueblo descrito como una comunidad histórica, visible y situada, que vive en culturas determinadas, habita territorios concretos, afronta conflictos reales y discierne los signos de los tiempos en medio de pueblos concretos. El territorio, por tanto, no es solamente un espacio geográfico, sino un lugar marcado por la vida del pueblo que lo habita, con su memoria, sus sufrimientos y sus esperanzas.

«Jesús no anunció en primer lugar la Iglesia, sino el Reino. La Iglesia existe para servir al Reino». Una vocación –ha recordado el padre Kennedy– que se realiza encontrando el modo de caminar juntos. Por ello, la auténtica sinodalidad en la Iglesia no es una invención metodológica ni una receta de «construcción de equipos», sino la forma histórica experimentada de la vida como Pueblo de Dios: laicos, mujeres, jóvenes, pobres, pueblos indígenas, migrantes, víctimas, ministros ordenados y consagrados, llamados a vivir y discernir juntos lo que el Espíritu pide, orientados al servicio de la misión.

Es el pueblo de una «Iglesia en salida» –según la expresión desarrollada por el Papa Francisco–, solícita en acercarse a los excluidos y en servir al Reino en sociedades marcadas por la injusticia, la violencia y las crisis ecológicas.

Para el padre Kennedy, el Reino constituye, por tanto, el horizonte de la misión. Don gratuito de Dios y tarea histórica, se hace visible allí donde se manifiestan la vida, la justicia, la reconciliación, la fraternidad y la paz, especialmente entre los pobres y excluidos, según las grandes intuiciones desarrolladas y asumidas después del Concilio Vaticano II también en las grandes Asambleas continentales de las Iglesias latinoamericanas de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007).

Chad: Renuncia de Mons. Miguel Ángel Sebastián, obispo de Sarh.

El jueves 16 de julio de 2026 el Santo Padre aceptó la renuncia al cargo pastoral de la diócesis de Sarh en Chad (África Central), presentada por el comboniano Mons. Miguel Ángel Sebastián Martínez, según anunció la Oficina de Prensa del Vaticano. Mons. Miguel Ángel cumplió 75 años el 28 de septiembre de 2025, fecha en que presentó su renuncia al Papa León XIV.

El misionero comboniano de origen español fue nombrado obispo de Laï, Chad, el 28 de noviembre de 1998 y consagrado el 14 de febrero de 1999. El 30 de enero de 2014, fue nombrado administrador apostólico de la diócesis de Doba, en el mismo país, cargo que ocupó hasta el 18 de febrero de 2017. El papa Francisco lo nombró obispo de Sarh el 10 de octubre de 2018, y tomó posesión del cargo un mes después.

Mons. Miguel Ángel formó parte del primer grupo de misioneros combonianos que llegaron a Chad en 1977, país en el que trabajó durante casi medio siglo, primero como sacerdote y luego como obispo.

«Su ministerio episcopal se caracterizó por la generosidad, la fe y un espíritu de servicio, a través de una presencia atenta y paternal, capaz de ofrecer guía, escucha y cercanía a tantos. Su dedicación fue un auténtico signo de comunión, esperanza y testimonio evangélico para la comunidad cristiana y para todos los que tuvieron la alegría de conocerle», escribió el Superior General de los Misioneros Combonianos, el padre Luigi Codianni, en su mensaje de agradecimiento al prelado emérito de Sarh.

El capuchino Jean Miguina, nuevo obispo de Sarh

El Papa León XIV nombró al P. Jean Miguina, OFM Cap., como nuevo obispo de Sarh.

Jean Miguina nació el 12 de septiembre de 1978 en Laï, en la diócesis del mismo nombre. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2009 en Moundou. Desde 2024, es miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis de Moundou; Asistente espiritual de las Hermanas Franciscanas de Donia; profesor de latín en el Seminario Mayor Saint Mbaga Tuzinde en Sarh. Además, dentro de la Orden Capuchina, es responsable de los aspirantes capuchinos de Chad, así como consejero y custodio de la Custodia de Chad y de la República Centroafricana, y miembro de la Comisión Jurídica.

Carta del Consejo General a las comunidades que viven en tierras marcadas por la prueba

«Como Misioneros Combonianos, queremos renovar ante ustedes nuestro sí: sí al Evangelio; sí a los pueblos olvidados; sí a la justicia; sí a una paz construida con paciencia; sí a la dignidad de toda persona; y sí a una misión vivida como compartir la vida.» (Consejo General)

«Yo estoy con ustedes»
«Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mt 28,20b)

Queridos hermanos y hermanas:

Les escribimos mientras nuestro mundo sigue siendo herido por las guerras, la violencia, las graves crisis alimentarias, las persecuciones, las injusticias, la inestabilidad política, las catástrofes naturales y las migraciones forzadas. Muchos de ustedes viven cada día bajo el peso del miedo, la incertidumbre y el duelo. Demasiados niños están aprendiendo demasiado pronto el lenguaje de las armas en lugar del lenguaje de la esperanza.

Como Misioneros Combonianos, no podemos contemplar estos sufrimientos desde la distancia. Habitan nuestra oración, interpelan nuestra conciencia y modelan nuestra misión. Allí donde uno de los pueblos entre los que vivimos sufre, toda nuestra familia misionera sufre con él.

San Daniel Comboni comprendió que la misión nace al pie de la Cruz. No porque amara el sufrimiento, sino porque había contemplado el Corazón de Cristo, traspasado por amor al mundo. En ese Corazón abierto descubrió a un Dios que no salva desde lo alto de su poder, sino entrando en nuestra fragilidad humana. Por eso, Comboni hizo de toda su vida una única opción: hacer causa común con los pueblos más pobres y abandonados a los que había sido enviado.

Hoy esa opción continúa. Hacer causa común con los últimos significa llorar con quienes lloran, esperar con quienes esperan, permanecer cuando otros se marchan, compartir el poco pan que hay y custodiar la dignidad de toda persona cuando todo parece querer borrarla. Significa creer que ningún pueblo ha sido olvidado por Dios y que ninguna periferia está lejos de su Corazón.

Ustedes, hermanos y hermanas que viven en tierras marcadas por la prueba, no son simplemente destinatarios de nuestra misión: son maestros de nuestra fe. Nos enseñan que la esperanza no es optimismo, sino una decisión del corazón. Esperar es encender una lámpara cuando alrededor parece imponerse la oscuridad de la noche.

Nos enseñan que la fraternidad no es una teoría: es compartir el poco arroz que queda con quien llega después de nosotros; es seguir llamándonos hermanos y hermanas cuando la guerra quiere convertir a cada vecino en un enemigo; es creer en la fuerza del Evangelio precisamente cuando parece más frágil.

Nosotros reconocemos a Cristo Resucitado en sus comunidades que continúan orando, en las catequistas y los catequistas que perseveran en su servicio, en las madres que protegen la vida, en los jóvenes que rechazan el odio y en los ancianos que siguen bendiciendo. ¡Esta es la Pascua que crece silenciosamente en la historia!

La violencia pretende convencernos de que la última palabra pertenece a la muerte. Nosotros creemos lo contrario: la última palabra pertenece al Dios de la vida. Por eso, la Iglesia sigue siendo una presencia profética, y cada discípulo y discípula está llamado a defender la dignidad del otro, tendiendo puentes donde otros levantan muros, educando, curando, orando y perdonando.

También nuestros misioneros y misioneras comparten este camino. No son héroes, sino hermanos y hermanas que han elegido, junto con ustedes, habitar esta historia porque Dios mismo sigue habitándola. Su presencia no elimina el dolor, pero hace que sea menos solitario.

A quienes sienten en su corazón la tentación del desaliento les decimos: no se dejen robar la esperanza. La esperanza no nace de que las cosas marchen bien, sino de la certeza de que Dios entró en la noche del mundo y salió de ella vivo.

Cada vez que ustedes eligen la reconciliación en lugar de la venganza, cada vez que protegen una vida frágil, cada vez que comparten el pan y oran por quienes los persiguen, Cristo sigue resucitando.

Como Misioneros Combonianos, queremos renovar ante ustedes nuestro sí: sí al Evangelio; sí a los pueblos olvidados; sí a la justicia; sí a una paz construida con paciencia; sí a la dignidad de toda persona; y sí a una misión vivida como compartir la vida. Seguiremos haciendo oír la voz de quienes con demasiada frecuencia no son escuchados, denunciando todo aquello que hiere la dignidad de los pueblos y anunciando que ningún poder, ninguna arma y ningún interés económico podrán apagar el sueño de Dios para la humanidad.

El Corazón de Jesús, abierto en la Cruz, continúa derramando también hoy su misericordia sobre el mundo. Entremos también nosotros en ese Corazón y aprendamos a mirar a cada persona como a un hermano o una hermana, y a cada pueblo como una sola familia.

Que María, Madre de la Esperanza, camine junto a sus familias. Y que San Daniel Comboni nos alcance el valor de permanecer fieles hasta el final, con el corazón abierto, las manos siempre dispuestas al servicio y la mirada fija en el Reino que ya está creciendo —muchas veces oculto— entre las heridas de la historia.

Los llevamos a todos en nuestro corazón. Cada día. Cada vez que celebramos la Eucaristía. Cada vez que pronunciamos el nombre de Jesús.

Fraternalmente,

El Consejo General
Roma, 14 de julio de 2026

Sudán: el Comboni College reabre en Jartum

El sábado 4 de julio de 2026, el Comboni College de Jartum anunció que la escuela básica y la escuela secundaria reabrirán sus puertas en septiembre para el año académico 2026-2027, dando la bienvenida a los estudiantes después de más de tres años de cierre forzoso.

Cuando estalló la guerra en Jartum el sábado 15 de abril de 2023, el Comboni College era una próspera comunidad educativa. En aquel momento, 1.055 alumnos estaban matriculados en la escuela básica, 827 estudiantes asistían a la escuela secundaria y 786 cursaban estudios en el Comboni College de Ciencia y Tecnología.

En cuestión de horas, la vida de esta comunidad educativa quedó completamente trastocada. Los estudiantes, sus familias, los profesores y la comunidad comboniana se vieron obligados a huir de la capital en busca de seguridad, mientras los feroces combates entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) devastaban la ciudad, destruyendo no solo edificios e infraestructuras, sino también las esperanzas y los sueños de miles de personas.

Jartum permaneció bajo el control de las RSF hasta marzo de 2025, cuando las SAF recuperaron la capital, abriendo así el camino para el regreso gradual de los residentes y el largo proceso de reconstrucción.

Cuando por fin pudimos regresar al Comboni College, la escena que se presentó ante nosotros era desgarradora. Todos y cada uno de los cables eléctricos que rodeaban nuestro campus educativo habían sido arrancados. El sistema de agua, destruido. Las computadoras, los aires acondicionados y el equipamiento digital, saqueados. Las paredes estaban marcadas por cientos de impactos de bala y fuego de artillería. En el patio, donde generaciones de niños habían jugado, reído y soñado, yacían los cuerpos de los combatientes de las RSF caídos durante la batalla por la zona.

Sin embargo, en medio de tanta devastación, los Misioneros Combonianos también se dieron cuenta de lo afortunados que habían sido. A diferencia de muchos edificios vecinos que habían sido reducidos a escombros, incendiados o gravemente dañados, las estructuras principales del Comboni College seguían en pie. Habían sobrevivido a la guerra y podían convertirse en el cimiento de un nuevo comienzo.

El sábado 4 de julio de 2026, el Comboni College de Jartum anunció que la escuela básica y la escuela secundaria reabrirán sus puertas en septiembre para el año académico 2026-2027, dando la bienvenida a los estudiantes después de más de tres años de cierre forzoso.

El Comboni College de Ciencia y Tecnología, que había trasladado sus operaciones a Puerto Sudán desde noviembre de 2023, continúa buscando financiación para rehabilitar sus instalaciones en Jartum. Su esperanza es reanudar las actividades académicas en 2027.

La reapertura del Comboni College en Jartum —una institución que ha formado a generaciones de estudiantes sudaneses y sursudaneses desde su fundación en 1929— es mucho más que la reapertura de una escuela. Es un signo tangible de esperanza para los casi seis millones de habitantes del estado de Jartum mientras se esfuerzan por reconstruir su ciudad, sus comunidades y su futuro.

Padre Jorge Naranjo, mccj

Gran fiesta en Sahuayo. 60 años de ordenación de los primeros combonianos formados en México

El pasado domingo 5 de julio Mons. Jaime Rodríguez Salazar y los padres Baltasar Zárate Quiroz y Aurelio Cervantes Fajardo, celebraron el 60 aniversario de su ordenación sacerdotal. La fiesta tuvo lugar en el seminario comboniano de Sahuayo, un lugar con un gran significado en la historia de nuestra provincia, donde se formaron gran parte de los combonianos mexicanos. De hecho, Mons. Jaime y los padres Baltasar y Aurelio forman parte del primer grupo de combonianos mexicanos que hicieron su formación en los seminarios de México. Con ellos estaban otros tres, ya fallecidos: el P. Agustín Pelayo, que falleció de accidente en Burundi en 1974; el P. Antonio Álvarez, que murió de covid en 2021 y el P. Héctor Villalba, fallecido en Guadalajara en 2025. Cuatro de ellos fueron ordenados en la Basílica de San Pedro por el Papa San Pablo VI, el 3 de julio de 1966.

De izquierda a derecha: P. Baltasar Zárate, Mons. Jaime Rodríguez y P. Aurelio Cervantes

La misa de acción de gracias tuvo lugar bajo una gran carpa instalada en el terreno del propio seminario. Fue presidida por Mons. Jaime y concelebrada por el P. Baltasar, el P. Aurelio, y un buen grupo de combonianos que se unieron a ellos en la acción de gracias por estos 60 años de sacerdocio. También estuvo presente la comunidad del Oasis de Guadalajara, comunidad que alberga a los misioneros ancianos y enfermos que necesitan ya de cuidados a causa de su edad y de la que forma parte el propio padre Aurelio.

Durante la homilía, Mons. Jaime presentó tres ejemplos de personas que nos pueden ayudar llevar una vida humilde y sencilla, siguiendo las palabras del Evangelio (Mt 11,25-30): Moisés, María y San Daniel Comboni. Agradeció de manera especial al pueblo de Sahuayo por todo el apoyo que durante tantos años ha prestado a la causa misionera y a los misioneros combonianos.

El pueblo de Sahuayo celebró con alegría los 60 años de sacerdocio de los tres misioneros combonianos

El P. Aurelio agradeció, con pocas palabras pero llenas de emoción, el apoyo y la presencia de todos, a quienes llamó “alentadores de la fe que nosotros llevamos a otras personas”. Por su parte, el P. Baltasar recordó de manera muy especial a tantas personas de Sahuayo que en el pasado y también en el presente, han acompañado y siguen acompañando el camino vocacional y misionero de todos los combonianos mexicanos; y les pidió que sigan rezando por las vocaciones misioneras.

Una vez terminada la misa, la fiesta se completó con una comida propiamente mexicana en la que nadie se quedó sin su taco y su refresco. ¡Viva Sahuayo!

Crisis racista en Sudáfrica: A la espera del 30 de junio

«El extranjero que resida entre ustedes será para ustedes como uno de los suyos, y lo amarán como a ustedes mismos, pues ustedes fueron extranjeros en la tierra de Egipto: Yo soy el Señor su Dios». A partir de esta cita del libro del Levítico (19,34), el P. José Aldo Sierra Moreno, misionero comboniano mexicano que trabaja en Sudáfrica, reflexiona sobre las razones profundas que subyacen a la actual ola de xenofobia que afecta a los extranjeros en Sudáfrica (Foto: SANDILE NDLOVU, www.sowetan.co.za).

Por: P. José Aldo Sierra Moreno, mccj
Desde Pietermaritzburg (Sudáfrica)

En Sudáfrica se está viviendo una crisis de odio contra los extranjeros. En especial, el movimiento civil March and March, Till We Win (‘Marcha y marcha hasta que ganemos’) se ha mostrado muy activo a la hora de exigir que todos los extranjeros indocumentados abandonen el país antes de este 30 de junio. La protesta ha generado tensiones y muchos extranjeros, sobre todo procedentes de otros países africanos, que huyeron de la pobreza e intentaron empezar una nueva vida aquí, están siendo acosados y obligados a abandonar Sudáfrica. Una de las provincias que se ha convertido en un campo de batalla es KwaZulu-Natal. Allí se han producido algunos enfrentamientos en los que tanto sudafricanos como extranjeros se han atacado provocando un número significativo de heridos y fallecidos.

Los orígenes

March and March no es el primer movimiento de este tipo en el país. Antes ya hubo otros que defendían prácticamente la misma idea de que «los extranjeros ilegales son la causa de la pobreza y del colapso de los servicios públicos en Sudáfrica». Movimientos como Operación Dudula (‘expulsar’, en lengua zulú) o iniciativas gubernamentales como Shanela (‘barrer’, en zulú) se han utilizado para atacar a los extranjeros pobres, a los que se ha convertido en víctimas y chivos expiatorios de la situación general de colapso social y económico del país.

El sistema del apartheid, que dominó y gobernó Sudáfrica entre 1948 y 1994, tenía como estrategia aislar a los sudafricanos negros de la realidad de otros países africanos, en especial en lo que se refería a los movimientos de liberación y a los logros de la independencia. El aislamiento tuvo tanto éxito que, incluso ahora, más de 30 años después del fin del sistema de segregación, los sudafricanos negros saben muy poco sobre la realidad y la cultura de otros países africanos. Esto ha llevado a que todo lo que proviene del resto de África se considere extraño o sospechoso, sentando así las bases de la xenofobia o, mejor dicho, de la afrofobia. Esta se alimenta por las ideas de un pequeño grupo de extremistas con intereses políticos que se aprovechan de una población que se siente agotada en el país, en su mayoría sin empleo y en una situación de graves dificultades económicas.

Fecha límite

El 30 de junio es la fecha límite fijada por los líderes de March and March para que las personas indocumentadas abandonen de manera definitiva el país. El movimiento, liderado por figuras radicales pero muy populares, como Jacinta Ngobese, ha generado una especie de promesa y expectativa de que, una vez que el país se deshaga de los extranjeros indocumentados, llegarán el éxito y el desarrollo. La realidad es que los problemas de Sudáfrica son mucho más complejos que el mero desafío que plantean las personas migrantes que se encuentran en situación irregular en el país.

Desde la toma del poder del Congreso Nacional Africano (CNA) en 1994 por parte de los que lucharon por la libertad, con Mandela al frente del cambio, la promesa de una nación próspera y multirracial no ha sido más que un sueño. La realidad es que, a lo largo de estos más de 30 años, esa misma promesa se ha desvanecido en un mar de confusión administrativa, mala gestión económica, corrupción y una práctica de control criminal en la gestión del Estado que ha situado a Sudáfrica en una posición muy delicada en el contexto económico internacional, con la huida de numerosas empresas e inversiones, lo que agrava la crisis interna del desempleo (con una tasa del 32% es una de las más altas del mundo).

Como menciona el periodista Allister Sparks en sus memorias, toda esta situación ha creado un sistema tan desigual –con una gran población pobre y una pequeña clase rica privilegiada– que el país puede compararse con «un autobús de dos pisos ocupado por dos clases sin escalera que las separe».

La escalada de la protesta March and March

Aunque la protesta plantea reivindicaciones legítimas, como la falta de medidas por parte del Gobierno para hacer frente a la inmigración ilegal y la crítica a la corrupción de los funcionarios fronterizos, March and March, al igual que otras iniciativas similares anteriores, ha sido manipulada políticamente y utilizada para exacerbar, mediante el discurso del odio, la actitud negativa hacia los extranjeros –en especial los procedentes de otros países africanos–, hasta el punto de que ese odio que se ha difundido, por no hablar de la actitud violenta y justiciera, se ha vuelto insoportable e irracional en algunos rincones del país. La situación ha llegado a tal nivel que ni siquiera las personas en situación regular en el país han sido víctimas de esta hostilidad: «Tú, como extranjero, debes irte, ya que quitas oportunidades a los sudafricanos».

En este contexto, muchos extranjeros ya no se sienten seguros. Además, consideran que Sudáfrica es un país poco acogedor, que ha perdido por completo la sensibilidad y la humanidad hacia las personas tan solo porque proceden de otro país y hablan otro idioma. Es desgarrador ver, por ejemplo, a personas de Malaui obligadas a abandonar el país, hacinadas en campamentos mientras esperan, en el frío de estos meses, la posibilidad de regresar a su país de origen, donde, por cierto, no les queda nada para empezar de nuevo. Entre estos grupos se encuentran bebés y mujeres embarazadas que sufren las condiciones de vida en un campo de refugiados.

Asentamiento informal de Jika Joe, al lado de nuestra casa en Pietermaritzburg,
donde algunos extranjeros han sido atacados e incluso asesinados recientemente.

El chivo expiatorio

Los extranjeros se marcharán, sí, pero un análisis serio demostrará que el problema de la desigualdad y la pobreza seguirá existiendo.

Los extranjeros se han convertido ahora en un chivo expiatorio –situación que ha denunciado también la Conferencia Episcopal Católica del Sur de África– que paga por la realidad creada por años de robo y corrupción en la administración pública. Muchos municipios de Sudáfrica seguirán sin funcionar, el desempleo seguirá siendo elevado, las inversiones serán escasas y la situación social y económica general del país, según los analistas, no mejorará, al menos en un futuro próximo.

A medida que se acercaba el 30 de junio se ha incrementado la tensión. El Gobierno teme otra ola de violencia e incluso saqueos en las principales ciudades del país. Ya se ha reforzado la presencia policial, con el apoyo del Ejército, para vigilar la situación.

En el escolasticado donde vivimos, todos somos extranjeros. Además, estamos rodeados de barrios pobres donde ya se han registrado estos días actos de violencia contra ciudadanos extranjeros. Uno de nuestros estudiantes, procedente de Sudán del Sur, fue acosado y agredido hace poco y, aunque todo apunta a un simple robo, muchos aprovechan las protestas y la confusión de estos días como excusa para cometer delitos.

Que el Señor bendiga y proteja a todos los extranjeros vulnerables y haga que los habitantes locales y los dirigentes de este gran país –en el que también hay muchas personas de buena voluntad y con un enfoque totalmente diferente respecto a este asunto— tengan un corazón lleno de compasión y paciencia.

comboni.org