Archives 10/10/2023

Extensión de la CIM en Barahona, Rep. Dominicana

Con ilusión vamos a comenzar una nueva Comunidad Intercongregacional Misionera (CIM) en Barahona, República Dominicana. Los desafíos son fuertes, pero confiamos una vez más en la oración de quienes nos acompañan en nuestro caminar misionero.

Por: Comunidad Intercongregacional Misionera

En julio pasado nos informaron que nuestra comunidad fue llamada a tener una «extensión» en República Dominicana. Las Misioneras Combonianas, las Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús y las Mercedarias Misioneras de Barcelona asumiríamos esta nueva CIM, abierta en todo momento a otras congregaciones que quieran integrarse a nuestra misión, ya sea en Haití o ahora en República Dominicana.
El obispo, monseñor Andrés Napoleón, puso en nuestras manos tres urgencias que necesitan atenderse en Pueblo Nuevo, un barrio marginal y conflictivo de Barahona:
1.- Ser presencia de una mística católica en el único colegio parroquial que hay en un barrio en el que están proliferando las sectas protestantes.
2.- Atender un Centro de Día para personas mayores pobres y vulnerables y que, de no ser por este recurso, estarían sumidas en la soledad y el abandono.
3.- Acompañar en la pastoral parroquial a los diferentes grupos que ya están en marcha.
El 20 de julio, Carmelita, Maninha y Clemencia fuimos a Barahona para conocer directamente en qué consistiría nuestra nueva misión. Compartimos dos días con las Hermanas Vicentinas, quienes después de 52 años de presencia en la zona se retiran del lugar. Con mucha sencillez y calor de hermanas nos explicaron en qué consistiría el relevo en sus actividades.
La CIM ha estado presente en Haití y para nosotras es un gran desafío asumir esta nueva comunidad. Es exigente y asusta un poco, pero confiamos en que, con ayuda de Dios, saldremos adelante. Se nos garantiza casa para vivir y un pequeño sueldo para manutención, pues, aunque no se podrá asumir ningún trabajo subvencionado por el estado dominicano por ser todas extranjeras y sin residencia legal, hay un convenio entre instituciones católicas y el gobierno de República Dominicana al que el obispo nos da la posibilidad de acogernos.
Creemos que en este barrio encontraremos también presencia de familias haitianas a quienes podremos acompañar y orientar. Sabemos que son muy duras las circunstancias que pesan sobre las personas de nacionalidad haitiana que han emigrado desde su país en búsqueda de nuevas oportunidades de vida y que se han encontrado actitudes racistas que las denigra y excluye. Si la CIM en Barahona es una extensión de la CIM de Haití, siempre tendrá en su orientación escuchar el clamor de quien es pisoteado y oprimido.
Deseamos un buen inicio de misión a las hermanas destinadas allá: Rosa María del Socorro López Castañeda, María Pedro Gonçalves y Cynthia Cristina Jiménez López. Y en Haití permaneceremos: María del Carmen Santoyo González, Clemencia Rodríguez Hidalgo y Luigina Coccia.
Tenemos la certeza de que tratamos siempre de actuar escuchando la voz de Dios en el clamor de las personas más pobres y vulnerables, pero somos frágiles y necesitamos la fuerza de la oración.

Fiesta de San Daniel Comboni

Cuando la vida continúa para siempre

Por: Hna Maria Teresa Ratti, smc

Hoy, 10 de octubre de 2023, recordamos el día en que nuestro amado padre Daniel Comboni entregó su vida a las manos de Dios para siempre. Era la tarde del 10 de octubre de 1881. En aquellas horas llenas de dolor y tristeza, en la ciudad de Jartum, corazón palpitante de su inmenso Vicariato, los terrones del Evangelio eran fecundados con una semilla preñada de vida entregada en plenitud. Y se regaban con el caudal de una pasión capaz de generar las multitudes que la nigricans margarita llevaba siempre en su seno de Madre de la Humanidad.

Alrededor del moribundo Daniel Comboni estaba, desconsolado, un pequeñísimo grupo de misioneros, rodeados por el pueblo que, en el Mutran es Sudan -el padre de la nigricia- había visto el verdadero signo del cuidado que Dios tiene por todas sus criaturas. Eran todavía un pequeño rebaño que demasiado pronto quedó huérfano de su “pastor, maestro y médico”. Con cada uno de ellos, Mons. Comboni había formado “una causa común”, que le había llevado a declarar que: “Viviré y moriré con África en los labios”. Para siempre.

Muchos gemidos y sollozos se elevaron al cielo cuando se anunció la triste noticia. Sor Teresa Grigolini, su hija espiritual y discípula de la primera hora, recordaba: “La irreparable pérdida del Excelentísimo Monseñor nos sumió a todos en la más profunda pena y dolor. Ah, pobre Monseñor, le recuerdo como si estuviera presente. Su gran corazón abrazaba al mundo entero. La inmensa caridad que fermentaba en su corazón y la ilimitada confianza en Dios que tenía no pueden ser concebidas sino por aquellos que se acercaron a él aquí en África principalmente. A veces decía: cuando quieras consolarme, dime que quieres a África. Era el amigo de todos los pobres, y por eso al conocer la noticia de su muerte hubo un grito general de dolor en toda la ciudad, un movimiento extraordinario. Ah! África ha perdido a su Apóstol más ferviente, y nosotros a un padre amoroso. En cualquier caso, adoramos en silencio las disposiciones divinas’. (cf. Extractos de su carta a un hermano, 10 de noviembre de 1881).

También nosotros queremos hoy detenernos en el silencio, escuchar de nuevo las palabras y los hechos de una vida vivida bajo el signo de una “vocación ardua, difícil y santa” (Escritos, 6814).

O Nigrizia, O Morte” había repetido Daniel Comboni en su vida cotidiana de incansable misionero apostólico. Lo había escrito con letra clara desde la primera redacción del Plan para la Regeneración de África, en 1864: “Este plan no se limitaría, pues, a las antiguas fronteras trazadas por la Misión de África Central (…) sino que abarcaría y, por tanto, explicaría y extendería su actividad sobre casi toda África”. (Escritos, 813)

En aquella triste noche del 10 de octubre de 1881, la muerte cortó los latidos de un corazón que había abarcado el mundo; un corazón que había abarcado la historia de un inmenso continente, del que se había convertido en hijo predilecto y fiel pastor. Al recoger su último aliento, la amada Nigrizia se convirtió en heredera y custodio indiscutible de una herencia preciosa y santa. Para ser regenerada y compartida en la vida de sus gentes y en los caminos de toda la Humanidad.

La extraordinaria fecundidad generada por la vida -y la muerte- de Daniel Comboni se alza ante nuestros ojos como un estandarte de gloria a la fidelidad divina en todas sus obras.

Hoy, en el tiempo de la sinodalidad como paradigma eclesial fundante para vivir la misión evangélica, el dies natalis de San Daniel Comboni nos recuerda que, en la cita del Sínodo de los Obispos que tiene lugar este mes en Roma, la Iglesia que vive en África está presente como protagonista. Sí, la Perla Negra brilla y, desde el Cielo, Comboni sonríe y bendice.