Por: Escolástico Doler Bento, desde São Paulo, Brasil

Nací en Carapira, Nampula, Mozambique, en 1998. Cuando tenía 13 años, perdí a mis padres y me fui a vivir con mi abuela. Ella y mi hermana mayor eran musulmanas, y ambas perdieron la vida en 2015.

Aunque nací en una familia cristiana y crecí cerca de los misioneros combonianos, no me bautizaron de niño. Me gustaba ir a la iglesia no para rezar, sino para jugar con los misioneros. Sólo quería bautizarme y ser cristiano.

Cuando tenía 15 años, mi catequista me invitó: “Doler, eres un buen chico. ¿Por qué no vienes los domingos?”. Estas palabras marcaron una nueva era en mi vida. Empecé a participar y a implicarme en las actividades de la comunidad y de la Infancia Misionera. Después de experimentar tanto sufrimiento, descubrí que había otras personas que sufrían más que yo. Por eso tomé la decisión de intentar devolver la alegría a tantas personas que la necesitan. Empecé a participar en reuniones vocacionales, no para ser sacerdote, sino porque después de la reunión disfrutaba del buen almuerzo y de los juegos de grupo.

Después de escuchar los testimonios de varios misioneros y conocer a Comboni y su experiencia en África, decidí ser misionero. Quería trabajar en la mies del Señor, llegando a los más pobres y abandonados, siendo signo del amor de Jesús y de Comboni. En 2016 me bauticé y me confirmé, y en 2017 lo dejé todo y entré en el seminario. Ya estaba trabajando, pero lo dejé todo y hasta ahora me siento realizado y feliz en mi vida misionera.

Soy misionero y estoy en Brasil, lejos de mi familia, pero no me siento solo. Veo los desafíos, porque todo es nuevo, la cultura, la gente, etc., pero la alegría es mayor que los desafíos. Así como yo salí de África guiada por el amor de Dios por este continente, tú también puedes partir y dejar tu tierra. Este es el momento para que digas sí. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

¡Haz ahora tu opción por la vida misionera!