DOMUND: 100 años apoyando a las misiones

El DOMUND (Domingo Mundial de las Misiones) es una jornada instituida el 14 de abril de 1926 por el papa Pío XI. Se celebra cada penúltimo domingo de octubre para orar por los misioneros y recaudar fondos para el sostenimiento de las Iglesias en los territorios de misión. Este mes se celebrará el domingo 18. Su creación fue el resultado de una evolución histórica que unió el esfuerzo de laicos comprometidos con la visión estratégica de Pío XI, conocido como el «Papa de las Misiones». Hoy, 100 años después, sigue apoyando a las misiones y a los misioneros de todo el mundo a través de la sensibilización de la Iglesia, de la oración y de la colaboración económica.

Aunque la jornada del DOMUND fue instituida como tal en el siglo XX, hay que remontarse al siglo XIX para conocer sus orígenes. En aquella época, la Iglesia en Francia buscaba formas eficientes de apoyar económicamente a los misioneros que trabajaban en lugares lejanos. En 1819 una joven laica llamada Pauline Jaricot –beatificada el 22 de mayo de 2022– con solo 19 años, se sintió impresionada por las cartas que su hermano seminarista le enviaba sobre las dificultades de los misioneros en China. Al leer esos relatos concibió una red de apoyo popular e ideó un sistema piramidal: pequeños grupos de diez personas donde cada una aportaba una moneda semanal (un sous) y se comprometía a rezar por las misiones y a buscar otras diez personas que se unieran a la causa; así creó una estructura masiva y altamente efectiva. Esta red creció exponencialmente, traspasó las fronteras y se convirtió en 1822 en la «Asociación de la Propagación de la Fe». Cien años después, en mayo de 1922, el recién elegido Pío XI, conocido como el «Papa de las Misiones», asumió esta causa. Impresionado por la estructura de Pauline Jaricot, decidió otorgarle el rango de «Pontificia», lo que significaba que la obra ya no dependía de iniciativas particulares en Francia, sino que pasaba a ser el órgano oficial de recaudación de toda la Iglesia. El objetivo central no era solo recaudar donativos, sino también promover la conciencia misionera y la solidaridad entre todos los católicos del mundo.

Pauline Jaricot y el Papa Pío XI

El origen de la colecta

El relato tradicional de las Obras Misionales Pontificias refiere que, durante las celebraciones de la Exposición Misional realizada con motivo del Año Santo 1925 en la Basílica de San Pedro, Pío XI se sintió conmovido ante la presencia y necesidad de los seminaristas y misioneros de los territorios de misión. En un gesto espontáneo y de gran simbolismo, el Papa se quitó el solideo y lo sostuvo con las manos extendidas a modo de «hucha» o alcancía improvisada. Al ver al propio sucesor de Pedro ofreciendo su solideo para recoger limosna, los cardenales, obispos y peregrinos presentes reaccionaron con un entusiasmo enorme, comenzando a echar en él monedas, joyas y donativos directos. Ese gesto simbólico sirvió para inspirar la creación de una colecta unificada en toda la Iglesia universal. En una crónica recopilada años después sobre las audiencias de la Exposición Misional Vaticana de 1925, se recoge la frase atribuida a Pío XI ante la emoción del momento: «Lo que la generosidad espontánea de unos pocos ha hecho hoy en esta basílica, conmovidos por las necesidades de las misiones, debe organizarse para que sea una costumbre universal de toda la Iglesia».

Exposición Misional de 1925 en el Vaticano

El éxito de aquella Exposición Misional demostró que el pueblo católico tenía un enorme deseo de conocer y apoyar el trabajo de los misioneros, pero hacía falta un canal común e institucionalizado para unir a todos los países del mundo en el mismo objetivo. A principios de 1926, el Consejo Superior de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe presentó formalmente una solicitud al papa Pío XI para instituir un día anual de oración y colecta que se celebrara de forma simultánea en todas las parroquias del planeta.

El Papa aceptó de inmediato y el 14 de abril de 1926 la Sagrada Congregación de Ritos publicó el rescripto oficial que instauraba la «Jornada Mundial de las Misiones» con el fin de unir en oración a los católicos de todo el mundo por los misioneros y crear un «Fondo Universal de Solidaridad» para distribuir los recursos equitativamente entre los territorios más desfavorecidos. Desde entonces, todo el dinero que se recolecta en las parroquias y las diócesis durante ese día se destina al Fondo Universal de Solidaridad, el cual se distribuye equitativamente para sostener proyectos pastorales, sociales y educativos en más de mil territorios de misión repartidos por todo el mundo.

El documento establecía cinco objetivos institucionales: hacer comprender a todos los fieles el enorme problema misionero; estimular el fervor misionero de los sacerdotes y de los fieles; dar a conocer mejor la Obra de la Propagación de la Fe; solicitar la ayuda económica en favor de todas las misiones sin distinción y ofrecer una oración ferviente al Señor por la evangelización de los pueblos.

Estos objetivos se concretizaron en tres mandatos: Fijar un domingo específico para la oración y difusión misionera en el mundo (el penúltimo domingo de octubre); celebrar en todas las iglesias una misa especial «por la evangelización de los pueblos» con una predicación enfocada en la causa misionera; y destinar la colecta de ese día íntegramente a las misiones.

Ya antes, en febrero del mismo año, Pío XI había publicado la encíclica Rerum ecclesiae, donde reafirmaba el deber de toda la Iglesia de respaldar la evangelización. En este documento doctrinal fundamental, sentó las bases teológicas del deber misionero de toda la Iglesia desligándolo de cualquier nacionalismo, afirmando que «la Iglesia misma no tiene otra razón de existir sino la de hacer partícipes a todos los hombres de la redención salvadora, por medio de la expansión por todo el mundo del Reino de Cristo».

La fecha y el término DOMUND

La elección de la fecha exacta tampoco fue una casualidad, sino que respondió a una estrategia del calendario litúrgico de la Iglesia: el vínculo con la fiesta de Cristo Rey, instituida por el propio Pío XI el 11 de diciembre de 1925 con la encíclica Quas primas. El Papa determinó que la Jornada Mundial de las Misiones debía celebrarse el penúltimo domingo de octubre porque esta fecha correspondía exactamente al domingo anterior a la fiesta de Cristo Rey. El sentido teológico era claro: para que Cristo reine en el mundo, primero es necesario llevar su mensaje a través de las misiones.

Al colocar la jornada a finales de octubre, todo el mes adoptó de forma natural un carácter misionero de preparación, reflexión y oración por la evangelización en todo el mundo. Por otra parte, este mes está ligado a la evangelización universal, coincide con la festividad de Santa Teresita del Niño Jesús (el 1 de octubre), proclamada más tarde, también por Pío XI, patrona universal de las misiones. Un hecho significativo fue, precisamente, la consagración de los primeros seis obispos chinos el 26 de octubre de 1926.

Los seis primeros obispos chinos, consagrados el 26 de octubre de 1926

Aunque la jornada se instauró de forma oficial el 14 de abril 1926, el acrónimo DOMUND, sin embargo, nació años más tarde. En 1943, el sacerdote español Ángel Sagarmínaga, primer director nacional de las Obras Misionales Pontificias en España y gran difusor del trabajo misionero, buscaba una palabra corta, atractiva y fácil de recordar para las campañas de publicidad en radio, televisión e impresas en todos los medios de comunicación. Decidió fusionar las primeras sílabas de las palabras «Domingo» y «Mundial». Así lo dejó escrito él mismo en sus memorias de comunicación: «Necesitábamos un nombre corto, pegadizo y moderno. La expresión “Domingo Mundial de la Propagación de la Fe” era muy larga y no cabía en un cartel de prensa ni se retenía en la radio. Al unir “DOmingo” y “MUNDial”, creamos una marca para la solidaridad que caló inmediatamente en la gente». La fórmula fue tan exitosa que la Iglesia en España y en gran parte de América Latina la adoptó de forma definitiva para referirse a esta jornada de solidaridad universal.

El DOMUND y las OMPE en México

En 1931 se publicó en México el primer número de los Anales de la Propagación de la Fe y decía: «Con el favor de Dios Nuestro Señor, ha quedado instalado el Consejo Nacional de la Obra de la Propagación de la Fe en la República Mexicana». Su primer presidente fue el presbítero Rafael Vallejo Macouzet, párroco de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, quien sería también en 1932 responsable de la Obra de San Pedro Apóstol. El presbítero José Roustan había sido nombrado primer director nacional de la Obra de la Santa Infancia en México ya en 1930. Por su parte, la Pía Unión Misional del Clero tendría al primer presidente nacional en 1938 en la persona de monseñor José Ignacio Márquez. Estas cuatro obras funcionaron independientemente hasta que en 1974 se unieron dando lugar a las actuales OMPE (Obras Misionales Pontificio Episcopales) de México (Ver Esquila Misional, febrero 2024).

Desde entonces, las OMPE siguen trabajando para volver realidad los objetivos marcados en aquel documento de 1926: hacer comprender a todos los fieles el formidable problema misionero; estimular el fervor misionero de los sacerdotes y de los fieles; dar a conocer mejor la Obra de la Propagación de la Fe; solicitar la ayuda económica en favor de todas las misiones sin distinción y ofrecer una oración ferviente al Señor por la evangelización de los pueblos.