“¿Cuánto me cobras por lustrar?”, le pregunté al chico que se acercó con su caja de bolear en la mano y me señaló con el dedo los zapatos mientras caminaba por la orilla del lago. Me dijo que 20 birrs, en la moneda local (que equivalen a menos de 40 centavos de dólar). Me senté en el banco y le pregunté: “¿Y cuánto me cobras por lustrar un sólo zapato?”. Abrió los ojos sorprendido, sin saber qué responder inmediatamente….. Creo que es la primera vez que una persona le pide que le lustre uno sólo. Así que le dije, mostrándole el lateral de mi zapato izquierdo: “Mira, sólo tengo este sucio que metí accidentalmente en el barro delante de una capilla a la que fui el domingo pasado”. El limpiabotas reaccionó y, con la inocencia de un niño de su edad, dijo: “Bueno, si es sólo uno, son 10 birrs”. Yo sonreí, dándome cuenta de que no había entendido mi broma, y le dije: ‘Bueno, puedes lustrar los dos, por favor’. Y nos pusimos a charlar mientras él hacía su trabajo: se llama Zirahun, es de la etnia vecina y lleva cuatro meses lustrando zapatos. Le dije que me llamo Abba Petroos (Padre Pedro), que soy sacerdote misionero y que, de niño, también hice ese trabajo durante un tiempo, lustrando zapatos en la calle. Levantó la cabeza para mirarme y, con ojos incrédulos, sonrió. Añadí que también trabajé como “vendedor ambulante”, yendo de casa en casa vendiendo cuadernos y lápices con uno de mis hermanos (Rafael), para ganar algo de dinero. Entonces me atreví a sugerirle un par de consejos para convertirse en “profesional”. Le dije: “Zirahun, creo que deberías empezar por levantarle un poco el pantalón al cliente para que no se manche, también podrías llevarte dos o cuatro trozos de cuero o cartón para poner cerca de los tobillos y así no ensuciar los calcetines con el cepillo, y además, creo que sería bueno que le quitaras los cordones de los zapatos para limpiarlos con un paño húmedo y también limpiar las lengüetas de los zapatos”. A cada sugerencia que le hacía, levantaba la cabeza para mirarme, sonreía con cierta timidez y, para cada recomendación, decía: “Sí, claro”. Charlamos un poco más y, cuando terminó, le di un poco más de lo que me había pedido por su buen trabajo. Me dio las gracias y antes de irse me preguntó: “¿Volverás otro día?”. Le contesté: “Tengo otro zapato solo que necesita ser limpiado y, por supuesto, con la voluntad de Dios, volveré”.
Por: P. Fernando Cortés Barbosa, mccj Desde Mongumba, Rep. Centroafricana
EL 1 de junio de 1998 llegaron a la misión de Mongoumba, Centroáfrica, las Laicas Misioneras Combonianas (LMC) Teresa Monzón y Montserrat Benajes, procedentes de España. Ellas vinieron a reemplazar a las laicas Italianas Marisa Caira, quien realizó 21 años de generoso servicio, y Lucia Belloti. Desde entonces han pasado por esta misión más laicos y laicas, incluyendo un matrimonio, provenientes de los países España, Portugal, Italia y Polonia. Y muy pronto llegará una laica de Brasil.
Actualmente son tres las LMC que desarrollan su labor misionera en Mongoumba (en la foto, de derecha a izquierda): Marcelina (Polonia), Cristina (Portugal) y Teresa (España). Ésta última es la misma laica que inició aquí mismo la misión de LMC hace 25 años, y que esta vez vino a servir por una temporada. El grupo de LMC, que junto con los padres combonianos conforman la comunidad apostólica de la misión, en todo este tiempo se han encargado de diversas tareas, como la atención a la salud, a la rehabilitación física, a la educación escolar y al pueblo aka (pigmeos). También han venido acompañando a grupos de pastoral de la parroquia. Su presencia y desempeño misionero buscan ser un testimonio para que los fieles de la parroquia se motiven a vivir su fe con mayor entusiasmo y dedicación.
A los LMC momentos de prueba no les han faltado, como cuando en el año 2000 tuvieron que atender, en unión con Médicos Sin Fronteras, a numerosos refugiados provenientes de República Democrática del Congo, a donde pertenece un pueblo vecino a la misión de Mongoumba que sufría de bombardeos. También cuando tuvieron que asumir la labor pastoral, ya que por dos años se quedaron sin la presencia de un sacerdote en la misión. Y cuando a la víspera del golpe de Estado del 2003 les tocó vivir el saqueo que de la misión hicieron soldados congoleses que apoyaban al presidente que fue depuesto. Sin olvidar el siguiente golpe del 2013, donde fueron testigos de la inseguridad y desolación en que se hallaba la población.
No obstante esas mismas pruebas, como otros tantos desafíos, lejos de debilitar su ánimo misionero, les ha dado el valor y el coraje para resistir y hacerle frente a una misión que aún sigue en sus inicios, con la firme esperanza que el Señor es que el hará fructificar la semilla que ahora les toca sembrar. Una misión que la laica Cristina sintetiza en estas palabras: “Más allá de las actividades, lo más importante es ser con la gente y estar para la gente”.
Deseo que estén celebrando Pascua en santa paz y Alegrías. Escribo para informarles de la situación por la que estamos pasando por acá. Sé que ya están enterados por las noticias y por las postales que algunos miembros de la congregación han compartido en varias redes sociales. Yo estoy en la ciudad de Port Sudan, a unos 900 kilómetros de la capital. Solamente la madrugada del domingo 16 de abril hubo aquí confrontaciones entre las dos facciones. El Obispo llegó el viernes 14 para celebrar las confirmaciones, pero debido a los enfrentamientos no pudimos celebrar el domingo. Los disparos y explosiones siguieron hasta el medio día. Desde el lunes hasta ahora 20 de abril acá se vive en ordinaria paz, pues los militares de una de las facciones se rindieron y huyeron abandonando las instalaciones militares. Pero se teme que esto sea una situación frágil y que en cualquier día vuelvan a contraatacar. Khartoum esta en una situación muy critica. Los enfrentamientos no cesan. La población civil esta entre dos fuegos, sitiados sin servicios públicos ni atención medica. Por lo que sé, nuestras comunidades aunque en riesgo, están bien.
He estado en contacto con mi familia y los tengo al tanto de la situación en lo posible.
Nos seguimos encomendando a sus oraciones. Que San Daniel Comboni interceda por la paz y la reconciliación en este país que él mismo consagró al Sagrado Corazon de Jesus.
Reitero mis saludos y les aseguro mis oraciones. Permanezcan en la paz que nos trae el Resucitado
La a visita del Papa a Sudán del Sur del 3 al 5 de febrero pasado, se esperaba con ansias mucho tiempo antes, o al menos desde que las autoridades civiles fueron invitadas por el Papa al Vaticano para vivir juntos un retiro de reconciliación el 16 de marzo de 2019. Al llegar el Papa a Sudán del Sur, no hizo su habitual recorrido desde el aeropuerto a la ciudad en el papamóvil, fue en un auto regular, creando un desconcierto en la gente que lo esperaba para saludarlo y hacerlo sentir bienvenido desde las banquetas de sus calles. Para muchos fue un poco frustrante al verlo pasar en carro cerrado, velozmente y sin dar sus habituales bendiciones. La razón fue que iba con líderes de otras religiones y no querían exponerlos a ningún tipo de peligro.
Para los conocedores de los viajes del Papa, esta visita fue puesta de forma positiva sobre el valor inestimado de presencia en este país ensangrentado por tantos conflictos internos entre sus habitantes. Llegó para impulsar los acuerdos de paz entre las diferentes facciones políticas. Este interés no era sólo de él, sino que lo realizaba junto a los líderes de las iglesias del norte de Europa; con el arzobispo de la Iglesia anglicana y con el coordinador de las Iglesias de Escocia. Por tanto, fue una visita con carácter eminentemente ecuménico. Este gesto ha sido ampliamente elogiado por fieles de otras denominaciones cristianas que le reconocen su deseo por la paz de Sudán del Sur y la unidad de las Iglesias cristianas. Las grandes expectativas se fueron cumpliendo, una a una, con las homilías de los tres líderes religiosos, haciendo presente el concepto cristiano de «paz», con toda su dimensión actual, dirigido específicamente a los gobernantes de este país.
El encuentro de oración que se realizó junto a los cristianos de diferentes denominaciones siempre tuvo una dimensión ecuménica. El papa Francisco, líder de la Iglesia católica; Justin Welby, arzobispo de Canterbury y primado de la iglesia anglicana; e Iain Greenshields, moderador de la asamblea general de Escocia, agradecieron con palabras de aprecio y ánimo al pastor Thomas Tut Puot Mut, presidente del Concilio de Iglesias de Sudán del Sur, quien realiza grandes acciones para mantener la unión de los cristianos. Los tres líderes religiosos se refirieron al valor de la vida en fraternidad que se encuentra en el Evangelio, enfatizando una humanidad donde todos sean considerados hijos de Dios y hermanos en Jesucristo, que nos propone ser embajadores de paz (cf Mt 5,9). El Papa resaltó con sus palabras que la Iglesia, además de su unión íntima con Dios, es también un signo de unidad entre el género humano, dejando a un lado todo tipo de divisiones tribales, raciales, religiosas y nacionalistas, así como san Pablo lo expresa al comunicar que Cristo es nuestra paz y la unidad entre todos. (cf Ef 2,14). Las reacciones a la visita del Papa han sido diversas: el presidente Salva Kiir Majardit se ha comprometido a restablecer el diálogo con las diversas facciones y actores que forman un frente independiente de oposición al gobierno federal. El presidente dijo que la visita papal es una piedra histórica milenaria que permanecerá en la mente de sus ciudadanos; de ella se esperan muchos frutos en beneficio de la nación y un «alto» al tráfico de armas, un punto final a las diferencias tribales y participación política en todos los ámbitos de la sociedad.
En este país, que ha estado en guerra por más de cuatro décadas, el Papa motivó a sus habitantes a fomentar una paz duradera. Luego de su visita a los campos de desplazados internos (refugiados) declaró que «el futuro no puede estar en los campos de desplazados… ¡Es necesario que todos los niños tengan la oportunidad de ir a la escuela e incluso el espacio para jugar futbol! Hay necesidad de crecer como sociedad abierta, mezclándose, formando un sólo pueblo a través de los desafíos de la integración, incluso aprendiendo las lenguas que se hablan en todo el país y no sólo dentro del propio grupo étnico». Durante su encuentro con los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, Francisco los motivó a que, en su búsqueda por la justicia y la paz, no pueden ser neutrales, y los alentó a que hablaran siempre con la verdad. Haciendo alusión a san Daniel Comboni, como ejemplo, los exhortó a comprometerse con todas sus fuerzas a la evangelización, incluso hasta la muerte, así como lo hizo el fundador de los Misioneros Combonianos. Por otra parte, en las diócesis católicas se organizaron peregrinaciones desde lugares alejados de Yuba, la capital del país. La diócesis de Rumbek, con su obispo –el comboniano Christian Carlassare– y los pastores de otras iglesias cristianas, se pusieron así en movimiento en un largo camino que duró nueve días. A su paso por tantos poblados mucha gente se les unía, provocando una inusitada alegre esperanza. Este fue un signo más que mantiene viva la fe de este enorme y rico país, que un día logren la tan anhelada paz.
La visita del Papa a Sudán del Sur era esperada con ansias con mucho tiempo de anticipación, o al menos desde que las autoridades civiles fueron invitadas por el Papa al Vaticano para vivir juntos un retiro de reconciliación en el año 2019, el 16 de marzo.
Al llegar el Papa a Sudán del Sur, no hizo su habitual recorrido desde el aeropuerto a la ciudad, como en todos los países visitados hasta ahora. Se suprimió el papamóvil por un auto regular, creando un desconcierto en la gente que lo esperaba para saludarlo y hacerlo sentir bienvenido desde las banquetas de sus calles. Para muchos de ellos fue un poco frustrante al verlo pasar en carro cerrado, velozmente y sin dar sus habituales bendiciones. La razón fue que iba con los otros líderes de otras religiones y no quería exponernos a ningún tipo de peligro.
Para los conocedores de los viajes del Papa, esta visita fue puesta de forma positiva sobre el valor inestimado de presencia en este país ensangrentado por tantos conflictos internos entre sus habitantes. El pontífice llegó como pastor para inducir o reimpulsar los acuerdos de paz entre las diferentes facciones políticas, cosa que ya se había acordado claramente, pero que no se ha puesto en práctica, hasta ahora. Este interés no era sólo de él, sino que lo realizaba juntamente con los líderes de las iglesias del norte de Europa; con el arzobispo de la Iglesia Anglicana y con el coordinador de las Iglesias de Escocia. Por lo tanto, fue una visita con carácter eminentemente ecuménico. Aquí cabe resaltar que este gesto del Papa ha sido grandemente elogiado por los fieles comunes de las otras denominaciones cristianas, se le reconoce su deseo por la paz del Sudán del Sur y la unidad de las Iglesias cristianas.
Las grandes expectativas se fueron cumpliendo, una a una, con las homilías de los tres líderes religiosos que dieron en los diversos actos en que se celebraron, haciendo presente desde el inicio el concepto de ‘paz’ cristiano, con toda su dimensión actual, y dirigida específicamente a los gobernantes de este país.
El encuentro de oración que se realizó junto con los cristianos de las diferentes denominaciones cristianas tuvo siempre una dimensión marcadamente ecuménica, cumpliendo así, un objetivo de este viaje. En esta línea, el Papa Francisco, líder de la Iglesia Católica; Justin Welby, arzobispo de Canterbury y primado de la iglesia anglicana; y Iain Greenshields, moderador de la asamblea general de Escocia, agradecieron con palabras de aprecio y animo al pastor Thomas Tut Puot Mut, presidente del Concilio de Iglesias de Sudán del Sur, quien realiza grandes obras para mantener la unión de los cristianos.
Los tres líderes religiosos hicieron referencia al valor de la vida en fraternidad que se encuentra en el Evangelio, enfatizando una humanidad donde todos son considerados hijos de Dios, hermanos en Jesucristo, donde Jesús nos propone que todos seamos embajadores de paz (Mt 5,9).
El Papa Francisco, resaltó con sus palabras que la Iglesia, además de su unión intima con Dios, es también un signo de unidad entre el género humano, dejando a un lado todo tipo de divisiones tribales, raciales, religiosas y nacionalistas, así como San Pablo lo expresa al comunicar que Cristo es nuestra paz, con un solo sentido, el de la unidad entre todos. (Ef 2,14).
En las varias esferas de la vida de este país, las reacciones a la visita del Papa han sido varias: el presidente Salva Kiir Majardit se ha comprometido intencionalmente a restablecer un diálogo con las diversas facciones y actores que forman un frente independiente de oposición al gobierno federal. El líder del país ha declarado que la visita papal a es una piedra histórica milenaria que siempre permanecerá en la mente de sus ciudadanos; de ella se esperan muchos frutos en beneficio de todo el país, se espera también un alto al tráfico de armas, un final a las diferencias tribales, y una participación política positiva en todos los ámbitos de la sociedad.
En este país que ha estado en guerra por más de 4 décadas, el Papa motivó a sus habitantes a fomentar una paz duradera. Luego de su visita a los campos de desplazados internos (refugiados) declaró que “el futuro de Sudán del Sur no puede estar en los campos de desplazados.” Enseguida expresó su convencimiento sobre este punto: “¡Es necesario que todos los niños tengan la oportunidad de ir a la escuela e incluso el espacio para jugar al fútbol! Hay necesidad de crecer como sociedad abierta, mezclándose, formando un solo pueblo a través de los desafíos de la integración, incluso aprendiendo las lenguas que se hablan en todo el país y no sólo dentro del propio grupo étnico”.
Durante su encuentro con los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, el Papa los motivó a que, en su búsqueda por la justicia y la paz, no pueden ser neutrales, y a que hablaran siempre con la verdad. Haciendo alusión a San Daniel Comboni, como ejemplo, los motivó a comprometerse a la evangelización con toda fuerza, incluso hasta la muerte, así como lo hizo el fundador de los Misioneros Combonianos.
Por otra parte, las diócesis católicas se movilizaron cuando la fecha de la visita fue confirmada. Se organizaron peregrinaciones desde lugares alejados de Yuba, la capital del país. La diócesis de Rumbeck, con su obispo -el comboniano Christian Carlassare- y los pastores de otras iglesias cristianas, se pusieron así en movimiento en un largo camino que duró nueve días. A su paso por tantos poblados mucha gente se les unía, provocando en ellos una inusitada alegre esperanza. Este fue un signo más que mantiene viva la fe para que los habitantes de este enorme y rico país, con sus casi doce millones de habitantes, un día obtengan aquello que siempre se le ha escabullido cada vez han tenido la oportunidad de obtener la tan anhelada paz.
El 4 de junio del año pasado, tuvo lugar la consagración episcopal de monseñor John Mbinda (espiritano), como cuarto obispo de la diócesis de Lodwar (al noroeste de Kenia). Previamente, el 3 de junio, el padre Mbinda fue recibido en la parroquia de Kainuk, al sur de la diócesis. Durante el trayecto hacia la ciudad de Lodwar, el «nuevo obispo» tuvo que hacer varias «paradas», para saludar a la gente a lo largo de la carretera. Su mensaje, tomado de su «escudo de armas», siempre era: «Estén alegres…», añadiendo una palabra sobre la importancia de la paz en las regiones fronterizas de su territorio.
El 4 de junio, en el Centro Cultural «Ekaales», el padre John Mbinda, originario de Kanzalu (Machakos, al sur del país), fue consagrado y entronizado obispo de Lodwar, en una colorida ceremonia, presidida por el nuncio apostólico de Kenia y Sudán del Sur, monseñor Bert Van Megen. Para acompañar al nuevo pastor, asistió la mayoría de los obispos de Kenia. Acudieron a la celebración cerca de 10 mil fieles procedentes de todo el país y del extranjero.
Al final de la misa, monseñor Mbinda agradeció a Dios por haberlo elegido, «entre otros sacerdotes mejores y más santos que un servidor». Espera contribuir, con su experiencia de seis años entre los pokot (vecinos y «enemigos» de los turkana), para ayudar a estos pueblos a vivir en armonía y en paz. La Conferencia Episcopal de Kenia felicitó a monseñor Mbinda y le dio la bienvenida al grupo, asegurándole su apoyo.
El nuevo pastor celebró una eucaristía de agradecimiento en la catedral de Lodwar, dedicada a san Agustín y, el 28 de junio visitó la parroquia de Nakwamekwi, atendida por los Misioneros Combonianos. En su homilía, monseñor Mbinda exhortó a los fieles a seguir con valentía a Jesucristo y a convertirse en anunciadores de la Palabra de Dios.
Silas, sacerdote para siempre
El segundo regalo de 2022 consistió en la ordenación sacer-dotal del diácono Silas Mukafwa. La ceremonia tuvo lugar el pasado 28 de agosto en el atrio de la catedral de Lodwar, con gran afluencia de fieles, religiosas, religiosos y sacerdotes. Unas 150 personas, entre familiares y amigos de Silas, llegaron de Kitale y alrededores, ya que él pertenece a la etnia luhya, pero quiso desarrollar su apostolado en la diócesis de Lodwar, entre los turkana.
Vivía en Nakuru con sus padres, William y Florence Mwanambisi; luego, se cambiaron a Sirende-Kitale, región colindante con tierras turkanas. Como seminarista, realizó en 2012 su curso propedéutico y de espiritualidad en Molo; cursó Filosofía en Mabanga (2013-2016) y Teología en Tindiño (2017-2022). Monseñor Mbinda lo ordenó diácono.
En la liturgia de la Palabra, se presentó la vocación de Jeremías sacerdote (Jer 1,4-9), según el orden de Melquisedec (Heb 5,1-10) y enviado a ser «pescador de hombres» (Lc 5,1-11). En la homilía, el obispo exhortó a Silas a ser hombre de oración, «como Pedro, Juan y Santiago, que dejaron sus redes y todo lo demás, incluida la pesca milagrosa… y siguieron inmediatamente a Jesús. Así tú, busca el tiempo, deja cada día todas las “redes” de tu vida, y encuentra a Jesús en la oración. Ponte en las manos de Dios, pues el trabajo apostólico no es nuestro, sino de Él». Monseñor Mbinda también le recomendó a Silas que estuviera siempre dispuesto a celebrar la eucaristía y atender las necesidades espirituales de los fieles: «Has sido elegido –afirmó el prelado– entre el pueblo, para ser “sacrificio”, unido a Jesús… para perdonar los pecados, para ser santificado y hacer que los fieles reciban los dones divinos». Por último, le dijo: «Sé un sacerdote obediente a tu obispo y superiores, un trabajador incansable que ame a su gente sin condiciones ni discriminar naciones… un sacerdote que valora la paz, el amor y la unidad; un clérigo que se da a sí mismo por el bien de los fieles».
Silas ejerce sus primicias sacerdotales como vicario en la parroquia de Lokori, misma que abrió el instituto de los Misioneros Combonianos en 1992.