Archives marzo 2023

Morir para vivir

Morir para vivir. Reflexión para la Semana Santa

El misterio de la muerte y resurrección de Jesús no ha acabado todavía. La pasión de Cristo se sigue renovando cada día en la vida de las mujeres y hombres que sufren: los enfermos solitarios, los niños abandonados, los ancianos incomprendidos, los trabajadores desempleados, las mujeres explotadas, los jóvenes desorientados, las familias destrozadas, las personas sin ilusiones, los que se suicidan, los aplastados por la injusticia y los vicios y la violencia y la corrupción, las víctimas de la guerra, nuestra tierra envenenada, todo a causa de la indiferencia y del egoísmo. Cada día hay gente subiendo a millones de calvarios.

A nivel personal también llevamos los signos pascuales: en nuestros dolores sufre Cristo. Nuestra existencia de muchas formas está herida y los límites de nuestra humanidad nos regalan cotidianamente su dosis de sufrimiento. Ninguna de las angustias de nuestros semejantes nos es extraña. Por eso, optar por Cristo es comprometerse a luchar por amor para la transformación del mundo conforme al Plan de Dios. No al estilo de los fariseos, los estoicos o los masoquistas; sino en unión con Jesús, llenos de esperanzas, para vencer al pecado y la muerte. Se trata de abrazar una cruz florecida, de un sufrir que fructifica en liberación de las esclavitudes. Se trata de ser una buena noticia de resurrección.

Si la cruz de Cristo es la rebeldía mayor contra la injusticia y el dolor absurdos, su resurrección es la reconstrucción del amor y la vuelta a la fraternidad original. Nos unimos al Crucificado para vencer finalmente todo lo que produce muertes. Morimos en la cruz para suprimir la cruz. La resurrección celebra el triunfo de la vida en contra de todas las fuerzas que se oponen a ella. El hombre y mujer de fe no muere; nace dos veces. El gozo de la resurrección sirve precisamente para derribar las rocas que taponean nuestras tumbas. Es la efusión del Espíritu Santo que nos ha dejado Jesucristo para transformar la realidad.

A las mujeres les encarga: “Vayan y díganles a mis hermanos…”. A los apóstoles: “Yo les envío…”. Y a todos sus seguidores: “Vayan a todos los pueblos y háganles discípulos míos”. Hemos recibido las primicias del Reino de Dios, el shalom (paz) de su misericordia, ahora debemos contagiar al mundo entero de amor, justicia, solidaridad, verdad, libertad y alegría. No vamos solos/as, llevamos al Espíritu Santo para guiarnos y hacernos capaces de entregarnos al servicio desinteresado de nuestros hermanos/as. Con la Pascua inicia una nueva creación. Ya no hay escusas… Y no hay quejas que valgan…

P. Rafael González Ponce MCCJ

Curso de renovación en Roma

El Curso de Renovación Comboniana (CCR) es un período sabático que el Instituto Comboniano ofrece a los cohermanos con edades comprendidas entre los 45 y los 65 años. Este año asisten 11 misioneros, en la Casa Generalicia de Roma, de enero a mayo, interrumpiendo sus actividades para hacer una sabia relectura de su vida y luego regresar a la misión. Los participantes de este año provienen de nueve países y de diferentes sectores del ministerio misionero. Por edad, oscilan entre los 55 y los 74 años. El CCR está coordinado por el Padre Fermo Bernasconi y el Padre Alberto Silva.

Durante el CCR se da mucha importancia y tiempo a la vida comunitaria ya la reflexión y oración personal y grupal, que permite a cada uno compartir más libre y fácilmente sus experiencias personales de vida y misión, y fomentar la comprensión mutua.

Por lo general, todas las mañanas se presenta un tema de formación, con el fin de ayudar a los participantes a revisar las diversas etapas de la vida personal, comunitaria, religiosa y misionera. Por eso, semana tras semana, se suceden diferentes temas que abarcan las diversas dimensiones de la vida y que ayudan a cada misionero a releer la propia vida individual y comunitaria, a renovarse desde el punto de vista espiritual y vocacional, a recordar la vida y los Escritos de Comboni, para revisar el estilo de vida ante los diversos desafíos de la misión hoy, teniendo en cuenta también las Actas del XIX Capítulo General.

El CCR también incluye varias visitas de estudio y convivencia, con el fin de crear un espíritu de comunidad. El grupo ya ha estado en Greccio y Fonte Colombo -la tierra de San Francisco, el gran inspirador de la vida sencilla y de la misión-, en Subiaco, la tierra de San Benito, y ya ha visitado y participado en varias celebraciones en la zona de la “Tre Fontane”, donde reside el grupo. Una visita final fue a la comunidad de Castel Volturno, una “peregrinación” en los desafíos de la misión comboniana en Europa, al servicio de la población inmigrante y de la población local, para el enriquecimiento mutuo.

Quedan todavía dos visitas muy especiales en el programa, que crean una gran expectación en todos: a Verona y Limone sul Garda, tierra del Padre y Fundador San Daniel Comboni, y, en las últimas semanas, a Tierra Santa, a conoce los lugares bíblicos y las calles donde Jesús cumplió su misión.

El P. Pierino Landonio nos cuenta cómo va el curso, a pesar del reducido número de participantes, y cómo el grupo lo está viviendo personalmente: «Fuimos bien recibidos por las dos comunidades presentes en la Casa Generalicia, y estamos ‘magistralmente’ acompañados. Nos parecen muy interesantes los temas tratados y ofrecidos para la reflexión y la oración personal. No tenemos ninguna duda de que el curso se está convirtiendo en una experiencia enriquecedora para cada uno de nosotros. Después de décadas de vida comprometida en varios países en un servicio misionero a veces agotador o aparentemente poco fecundo, volviendo sobre nuestros pasos y reservando más tiempo para estar con Él en una dimensión contemplativa, al final será sólo para el bien de los Misión en sí. Pedimos su recuerdo en la oración”.

Participantes del Curso de Renovación (país de origen – país donde trabaja):
P. Ngumba-Lelo Joseph (RD Congo – Kenia)
P. José Manuel Guerra Brites (Portugal – Portugal)
P. Mario Andrighetto (Italia – Brasil)
P. Rodríguez Martín Juan Manuel (España – Brasil)
P. Denima Darama Emmanuel (RD Congo – Sudán del Sur)
P. Pierino Landonio (Italia – Egipto)
Fr. Afanvi Jean Kossi (Togo – Togo)
Fr. Rodríguez Fayad Jorge Arturo (México – Sudán del Sur)
P. Tesfaghiorghis Hailè Berhane (Eritrea – Eritrea)
P. Rojas Zevallos Ibercio (Perú – Perú)
P. Leandro Araya Leonardo (Costa Rica – Mozambique)

Visita del Papa a Sudán del Sur

Por: Hno. Jorge Fayad, mccj

La a visita del Papa a Sudán del Sur del 3 al 5 de febrero pasado, se esperaba con ansias mucho tiempo antes, o al menos desde que las autoridades civiles fueron invitadas por el Papa al Vaticano para vivir juntos un retiro de reconciliación el 16 de marzo de 2019.
Al llegar el Papa a Sudán del Sur, no hizo su habitual recorrido desde el aeropuerto a la ciudad en el papamóvil, fue en un auto regular, creando un desconcierto en la gente que lo esperaba para saludarlo y hacerlo sentir bienvenido desde las banquetas de sus calles. Para muchos fue un poco frustrante al verlo pasar en carro cerrado, velozmente y sin dar sus habituales bendiciones. La razón fue que iba con líderes de otras religiones y no querían exponerlos a ningún tipo de peligro.

Para los conocedores de los viajes del Papa, esta visita fue puesta de forma positiva sobre el valor inestimado de presencia en este país ensangrentado por tantos conflictos internos entre sus habitantes. Llegó para impulsar los acuerdos de paz entre las diferentes facciones políticas. Este interés no era sólo de él, sino que lo realizaba junto a los líderes de las iglesias del norte de Europa; con el arzobispo de la Iglesia anglicana y con el coordinador de las Iglesias de Escocia. Por tanto, fue una visita con carácter eminentemente ecuménico. Este gesto ha sido ampliamente elogiado por fieles de otras denominaciones cristianas que le reconocen su deseo por la paz de Sudán del Sur y la unidad de las Iglesias cristianas.
Las grandes expectativas se fueron cumpliendo, una a una, con las homilías de los tres líderes religiosos, haciendo presente el concepto cristiano de «paz», con toda su dimensión actual, dirigido específicamente a los gobernantes de este país.

El encuentro de oración que se realizó junto a los cristianos de diferentes denominaciones siempre tuvo una dimensión ecuménica. El papa Francisco, líder de la Iglesia católica; Justin Welby, arzobispo de Canterbury y primado de la iglesia anglicana; e Iain Greenshields, moderador de la asamblea general de Escocia, agradecieron con palabras de aprecio y ánimo al pastor Thomas Tut Puot Mut, presidente del Concilio de Iglesias de Sudán del Sur, quien realiza grandes acciones para mantener la unión de los cristianos. Los tres líderes religiosos se refirieron al valor de la vida en fraternidad que se encuentra en el Evangelio, enfatizando una humanidad donde todos sean considerados hijos de Dios y hermanos en Jesucristo, que nos propone ser embajadores de paz (cf Mt 5,9).
El Papa resaltó con sus palabras que la Iglesia, además de su unión íntima con Dios, es también un signo de unidad entre el género humano, dejando a un lado todo tipo de divisiones tribales, raciales, religiosas y nacionalistas, así como san Pablo lo expresa al comunicar que Cristo es nuestra paz y la unidad entre todos. (cf Ef 2,14).
Las reacciones a la visita del Papa han sido diversas: el presidente Salva Kiir Majardit se ha comprometido a restablecer el diálogo con las diversas facciones y actores que forman un frente independiente de oposición al gobierno federal. El presidente dijo que la visita papal es una piedra histórica milenaria que permanecerá en la mente de sus ciudadanos; de ella se esperan muchos frutos en beneficio de la nación y un «alto» al tráfico de armas, un punto final a las diferencias tribales y participación política en todos los ámbitos de la sociedad.

En este país, que ha estado en guerra por más de cuatro décadas, el Papa motivó a sus habitantes a fomentar una paz duradera. Luego de su visita a los campos de desplazados internos (refugiados) declaró que «el futuro no puede estar en los campos de desplazados… ¡Es necesario que todos los niños tengan la oportunidad de ir a la escuela e incluso el espacio para jugar futbol! Hay necesidad de crecer como sociedad abierta, mezclándose, formando un sólo pueblo a través de los desafíos de la integración, incluso aprendiendo las lenguas que se hablan en todo el país y no sólo dentro del propio grupo étnico».
Durante su encuentro con los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, Francisco los motivó a que, en su búsqueda por la justicia y la paz, no pueden ser neutrales, y los alentó a que hablaran siempre con la verdad. Haciendo alusión a san Daniel Comboni, como ejemplo, los exhortó a comprometerse con todas sus fuerzas a la evangelización, incluso hasta la muerte, así como lo hizo el fundador de los Misioneros Combonianos.
Por otra parte, en las diócesis católicas se organizaron peregrinaciones desde lugares alejados de Yuba, la capital del país. La diócesis de Rumbek, con su obispo –el comboniano Christian Carlassare– y los pastores de otras iglesias cristianas, se pusieron así en movimiento en un largo camino que duró nueve días. A su paso por tantos poblados mucha gente se les unía, provocando una inusitada alegre esperanza. Este fue un signo más que mantiene viva la fe de este enorme y rico país, que un día logren la tan anhelada paz.

Celebrando los 75 años en B.C.S.

La comunidad comboniana de La Paz, B.C.S. acaba de concluir las celebraciones por los 75 años de la llegada de los primeros combonianos a aquellas tierras. La gran fiesta, que tuvo lugar el sábado 18, estuvo precedida por un triduo que comenzó el miércoles 15 con una Eucaristía y la predicación sobre San Daniel Comboni, presidida por Monseñor Jaime Rodriguez. El jueves 16 de marzo se celebró una Eucaristía por los Misioneros Combonianos que trabajaron en BCS, recordando su vida y apostolado, presidida por el Padre Juvencio Gonzalez, sacerdote diocesano, acompañado de otros sacerdotes de la diócesis de La Paz.

De izquierda a derecha: Mons. Jaime Rodríguez, P. Arturo García y P. David Ojeda

El viernes 17 se recordó la fundación del Seminario Diocesano por los padres Carlos Pizzioli e Iafet Bricalli. La Misa estuvo presidida por el p. Arturo García, primer sacerdote diocesano. Estuvieron presentes el padre rector del seminario David Ojeda, algunos sacerdotes diocesanos y un grupo representante de seminaristas.

Exposición fotográfica en la capilla de María Auxiliadora

El sábado 18 de marzo fue el día grande de la fiesta, con una Misa presidida por Mons. Jaime Rodríguez y una cena en la que se presentaron las semblanzas de los primeros combonianos que llegaron a México. Hubo también una exposición fotográfica con recuerdos de la llegada y presencia de los Misioneros Combonianos (fotos, etc). Un extenso reportaje sobre estos festejos será publicado en nuestra revista Esquila Misional del mes de mayo.

Semblanza de los primeros combonianos llegados a México

El Estado de México reconoce al pueblo afromexicano en su Constitución

El pasado 10 de marzo, la Gaceta del Estado de México publicó un decreto por el cual se reforma el artículo 17 de la Constitución Política de este Estado de la República Mexicana, añadiéndole un párrafo en el que se “reconoce a los pueblos y comunidades afromexicanas, cualquiera que sea su autodenominacion, como parte de la composición pluricultural del Estado de México”. Con esta reforma, la población afromexicana del Estado de México gozará a partir de ahora de los mismos derechos y privilegios que ya eran reconocidos para las poblaciones indígenas. AQUÍ el texto completo del decreto.

Una Iglesia en Comunión

Uno de los principales valores que tenemos como Familia Comboniana es la importancia de estar en comunidad, y ahora que he tenido una experiencia fuera del país, en Sudáfrica, he llegado a asimilar más el hecho de estar juntos. Ciertamente habrá discrepancias al vivir juntos, pero eso es algo que enriquece la vida comunitaria.

Por: Fernando Uribe, escolástico comboniano

Desde que tomé la decisión de unirme a esta aventura misionera, en julio de 2011 hasta la fecha, he vivido muchas experiencias que me llevan a agradecer a Dios por todas ellas y a madurar más mi vocación. Dejar familia, casa y amigos puede sonar a «estar solo», pero como dice la Palabra de Dios, «todo el que haya dejado casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (cf Mt 29,19).
Esto es lo que me acompaña en mi viaje de formación durante estos años, el hecho de sentirse en familia y hacer sentir a los demás que viven dentro de una, y con todo y los problemas que puede haber dentro de un núcleo familiar, lo importante es saber cómo tratarlos y permanecer juntos. Además, es precisamente en las diferencias cuando uno crece y aprecia los dones que Dios da a cada uno de los miembros de la familia.
Así, he llegado a entender más el llamado que el papa Francisco hace a la comunidad eclesial, a ser una Iglesia sinodal. Esto puede causar cierta confusión por las palabras usadas, pero para entenderlo debemos visualizarla como una Iglesia fraterna. Y para explicarlo quiero contarles la experiencia que tuve al vivir en Sudáfrica, porque me hizo entender aún más esta realidad.


La Iglesia sudafricana promueve y vive la comunión con otras Iglesias y religiones mediante encuentros en los que comparten las necesidades del pueblo para encontrar la mejor manera de atenderlos. Algunos de los ejemplos más claros que manifestó la importancia de caminar juntos fue atender la pandemia de Covid-19 o los problemas de violencia, ya que fueron tratados desde los ángulos social y espiritual.
Ser una Iglesia sinodal es ser una Iglesia que está en comunión, que se abre al otro y ve con ojos de Dios al hermano o hermana que nos necesita. Así que la pregunta es, ¿qué estoy haciendo para fomentar la unidad?
Seamos esa Iglesia que construye puentes a pesar de las diferencias; seamos capaces de encontrar lo que nos une, el amor de Dios por cada uno de nosotros.