Unión de enfermos misioneros. Ser misioneros desde la enfermedad

Todos  hemos escuchado muchas veces que  somos misioneros desde nuestro bautismo. Cuando nuestro Señor nos dijo: «Vayan  al  mundo entero y  prediquen el  Evangelio a toda creatura», estaba dándonos una responsabilidad. Todos somos enviados a llevar el Evangelio «a toda creatura», no sólo a los que están cerca. Por tanto, soy responsable de que el anuncio del Evangelio llegue a todos los continentes: Oceanía, Asia, África, América y Europa. Todos somos misioneros y desde nuestra condición debemos comprometernos con el anuncio del Evangelio. Ante esto nos surgen dos preguntas, ¿cómo vivir esta responsabilidad desde la enfermedad?, ¿cómo ser misionero desde el sufrimiento? La Unión de Enfermos Misioneros (UEM) es una opción concreta para vivir esta responsabilidad que tenemos, para que nadie se quede sin dar una respuesta al mandato misionero. Nos asociamos a esta red conformada por enfermos y visitadores para colaborar juntos en favor de la misión ad gentes.

Por: Hna. Gloria Guadalupe HERNÁNDEZ H., emj 21
Fotos: OMPE

¿Qué es la Unión de Enfermos Misioneros?

Es un programa que está dentro de la Obra de San Pedro Apóstol. Pero más que un programa, la UEM, es una red de cristianos que viven su vocación misionera desde la enfermedad o desde la ancianidad. También es una comunidad conformada por enfermos, ancianos, visitadores, voluntarios en comunión por la misión; comunidad de vida y oración que se ofrece al Señor por la salvación de todos los hombres, por la santificación de los misioneros y por el aumento de vocaciones nativas.

¿Qué busca la UEM?

El objetivo es asociar, animar y formar a enfermos, ancianos, personas con discapacidad, voluntarios y visitadores  para  que, a través de un encuentro personal con Cristo y desde su enfermedad, padecimientos o apostolado misionero, colaboren con Cristo en la misión ad gentes.

La UEM trata de dar una respuesta positiva al misterio del dolor y del sufrimiento, que nuestro mundo tiende a ver sólo como un fenómeno negativo; la ofrenda espiritual que hacen los enfermos, ancianos, excluidos y personas con discapacidad es rica en frutos para la misión de la Iglesia universal. La enfermedad ofrecida es algo que la Iglesia ha tenido siempre como un don valiosísimo. Como dijo san Pablo VI en la clausura del Concilio Vaticano II, «ustedes, que sienten más pesada la carga de la Cruz, tengan ánimo. Ustedes son los preferidos del Reino de Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida. Ustedes son los hermanos de Cristo paciente, y con Él, si quieren, están salvando al mundo».

Lo que sostiene nuestro ser y quehacer en la UEM es vivir de manera sólida los valores cristianos como: la oración, la misericordia, el amor a la cruz, a los sacramentos y a María; la alegría en medio de la cruz y la entrega de todo lo que vivimos. Por ello, hacemos vida el lema: «Viva mi cruz, y yo en ella con Jesús».

Todo el servicio de la UEM está bajo el cuidado y la intercesión  de la Santísima Virgen de Guadalupe, y de santa Teresa del Niño Jesús. Santa María de Guadalupe, por ser la gran misionera de nuestra patria y, a la vez, por socorrer al enfermo (al tío Bernardino); y santa Teresa del Niño Jesús, por ser la patrona de las misiones, por enseñarnos el camino de la infancia espiritual y porque supo ser misionera en la enfermedad.

Los beneficios de la UEM

Los socios de la  UEM  reciben el caudal de oraciones de todos y cada uno de los enfermos inscritos en ella; tienen la  posibilidad de formarse integralmente para hacer una mejor ofrenda espiritual o material en favor de las misiones. Además, los días 12 de cada mes, y muchas más veces durante el año, la   Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificio Episcopales celebra una misa por todos los socios vivos y difuntos. Como símbolo de entrega  al  Señor, los nombres de los socios inscritos en la UEM son depositados en una urna que está a los pies del Santísimo Sacramento en adoración perpetua. De esta manera, todos los socios están en sintonía con la misión evangelizadora de la Iglesia: «o vas, o envías, o ayudas a enviar» (beata Paulina Jaricot).

Para ser socio de la UEM sólo hay dos requisitos: llenar la ficha de inscripción correspondiente y entregarla  al  visitador o directamente al secretario parroquial de la UEM, así como registrarse en la página oficial de las OMPE en el apartado de  la UEM; y rezar diariamente por las misiones y en especial por los no cristianos, ofreciendo sus sufrimientos y uniéndolos a los de Cristo Jesús y María Santísima. El socio deberá pedirle a algún familiar o amigo que, en caso de fallecimiento, lo comunique a su  visitador  para  que la misa de sufragio correspondiente sea aplicada. En la UEM no existe una cuota fija, pero el socio puede ofrecer donativos según sus posibilidades, si así lo desea, y poder hacer vida la petición de san Juan Pablo II: «Que ninguna vocación se pierda por falta de recursos económicos».

El visitador de la UEM

Los visitadores son cristianos en todo el sentido de la palabra, motivan y acompañan a los enfermos y ancianos para que, desde sus sufrimientos, sean misioneros. Los rasgos que identifican al visitador misionero y le dan un perfil propio y característico son los valores, actitudes, habilidades, destrezas y conocimientos que lo capacitan para despertar, avivar y sostener el espíritu misionero universal.

El visitador es testigo, ante todo, del amor de Dios. Es una persona madura,  comprometida con Cristo, de una comunidad eclesial concreta, una persona con sentido de Iglesia universal. Entusiasta, capaz de entusiasmar a los demás y animar. Intérprete de la voz de Dios en los demás. Ama y hace amar a Jesús. No es protagonista. Vive un fuerte espíritu de fe como discípulo misionero, en comunión eclesial fraterna; en obediencia al Padre en relación con la persona de Cristo y en fidelidad y docilidad al Espíritu Santo.

El visitador promueve misioneros; invita a la conversión y al bautismo; ama y respeta a todos; anima a enfermos misioneros; crea ambiente de cooperación misionera; vive integrado en la comunidad eclesial y está atento al camino de la pastoral de conjunto, en comunión con los responsables de las pastorales, en apoyo a las actividades misioneras y en la convivencia con todas las personas.

En definitiva, la UEM es una forma concreta de responder al mandato misionero, y se conforma por enfermos, ancianos y visitadores. Al hacerse socio se posibilita, con la oración y el ofrecimiento de la enfermedad, que el Señor siga enviando operarios a su mies y que la semilla del Evangelio dé frutos en tierras de misión; y a su vez, que el socio crezca en su propio camino de santificación.

Jornada Mundial del Enfermo

Una fecha muy  importante para la UEM es la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra cada año el 11 de febrero. Instituida el 13 de mayo de 1992 por san Juan Pablo II, tiene como objetivo sensibilizar al pueblo de Dios y, por consiguiente, a las diversas instituciones sanitarias  católicas y a la misma  sociedad civil, ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos.

Ante todo, es una jornada de comunión. En ella, toda la Iglesia se une para orar, acompañar y reconocer el valor de quienes viven la  enfermedad  con  fe. Por eso, la hemos preparado juntos –la Unión de Enfermos Misioneros y la Pastoral de la Salud del Episcopado  Mexicano–,  como  signo  de fraternidad y servicio compartido, todo, para que esta fiesta sea expresión viva del amor y de la cercanía de Cristo hacia todos los que sufren.

En este año 2026, el papa León XIV nos invita a contemplar el tema: «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro». Este llamado nos conduce a mirar al buen samaritano del Evangelio como modelo del amor que no pasa de largo ante el sufrimiento, sino que se detiene, se conmueve y actúa. Nuestra Iglesia particular en México, unida a este espíritu, propone vivir esta Jornada bajo el lema: «Los enfermos, misioneros de la paz de Cristo», considerando que la paz es uno de los ejes pastorales propuestos por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

En medio de su fragilidad, nuestros enfermos hacen suyo el grito de toda la humanidad herida por la guerra, la violencia y el odio. A ejemplo del buen samaritano, ellos llevan el dolor del mundo ante el altar del Señor, convirtiendo su sufrimiento en oración, su silencio en ofrenda y su esperanza en testimonio de paz. Así, comprendemos que los enfermos no sólo son objeto de nuestra compasión, sino verdaderos misioneros de la paz de Cristo, y que con su vida, nos enseñan a amar, a llevar el dolor del otro y a transformar el sufrimiento en comunión.

El lema: «El enfermo, misionero de la paz de Cristo» representa un cambio profundo de perspectiva sobre la enfermedad y el sufrimiento en la vida cristiana. Lejos de considerar a los enfermos únicamente como receptores de cuidado y compasión, este lema los reconoce como agentes activos de evangelización y portadores de la paz que sólo Cristo puede dar.

Esta visión se entrelaza armoniosamente con el tema propuesto por el papa León XIV: «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro», creando un círculo virtuoso de amor, servicio y testimonio.

El tema papal nos presenta al buen samaritano como modelo de compasión activa: aquel que se acerca, se conmueve y actúa. Sin embargo, nuestro lema complementa esta mirada al reconocer que la persona herida en el camino también tiene una misión.

Cuando el samaritano carga con el dolor del herido, no sólo lo salva físicamente; le devuelve su dignidad y le permite, desde su propia vulnerabilidad, convertirse en testigo del amor de Dios. El enfermo que experimenta esta compasión se transforma en misionero: alguien que, desde su fragilidad, irradia la paz de Cristo a quienes lo rodean.

Objetivos de la UEM para la Jornada Mundial del Enfermo 2026

  • Sensibilizar a las comunidades cristianas, familias y sociedad sobre la importancia de acompañar con amor y dignidad a los enfermos, al compartir con ellos su dolor, como signo de auténtica compasión.
  • Reafirmar el papel evangelizador de los enfermos, cuyo testimonio de fe y esperanza irradia la paz de Cristo y fortalece la vida misionera de la Iglesia.
  • Impulsar la unidad familiar y comunitaria en torno al cuidado y la oración por  los  enfermos,  al hacer de estos espacios verdaderos hogares de misericordia y paz.
  • Fomentar gestos concretos de caridad y solidaridad que manifiesten la cercanía de la Iglesia con los enfermos y con quienes los atienden, a ejemplo del Buen Samaritano.

Ecuador: Nuevo Consejo Provincial con dos mexicanos

La Provincia comboniana de Ecuador ha iniciado una nueva etapa tras la elección del nuevo Superior Provincial y el nuevo Consejo. Dos mexicanos forman parte del nuevo equipo de dirección: el P. Juan Martín Rodríguez, nuevo Superior Provincial, y el Hno. Armando Ramos, consejero provincial. En la foto, comenzando por la izquierda: P. Ramón Vargas, P. Ghebrezghiabiher Woldehawariat Kidanemariam, P. Juan Martin Rodriguez (Provincial), Hno. Armando Ramos, Y P. Alcides Costa.

Como todas las circunscripciones combonianas distribuidas por todo el mundo, la Provincia de Ecuador ha elegido también a su nuevo equipo de dirección para el trienio 2026-2028. El P. Juan Martín Rodríguez, mexicano, ha sido elegido Superior Provincial.

Originario de La Ribera, en el estado de Jalisco, el P. Juan Martín fue ordenado sacerdote el 25 de febrero de 1995, tras haber estudiado la Teología en Brasil. En 2003 fue destinado a Eritrea, pero cuatro años después se vio obligado a salir tras la expulsión de los misioneros por el gobierno eritreo. Fue destinado a Colombia, donde permaneció seis años. Desde 2014 se encuentra en Ecuador, donde fue formador del postulantado y vicesuperior provincial, hasta que el 1 de enero de este año comenzó su nueva responsabilidad tras ser elegido Superior Provincial.

Por su parte, el Hno. Armando Ramos, nació en Poza Rica de Hidalgo, en el estado de Veracruz. Tras hacer sus primeros votos en 1994, fue destinado a Nairobi, en Kenia, para completar su formación como Hermano Comboniano. Trabajó como misionero en Sudán del Sur, Zambia y Etiopía, alternando períodos de servicio misionero en México. Desde 2023 se encuentra en Ecuador, en el centro afroecuatoriano de Guayaquil. Desde el 1 de enero forma parte del nuevo Consejo Provincial de los Combonianos en Ecuador.

Ambos consejos (saliente y entrante). De izquierda a derecha: P. Ramón Vargas, P. Ottorino Poletto (anterior Provincial), P. Ghebrezghiabiher Woldehawariat Kidanemariam, P. Pablo Jaramillo, Hno. Armando Ramos, P. Juan Martin Rodriguez, P. Alcides Costa

Padre Alfonso Cigarini: 100 años de vida y misión

El pasado 7 de enero de 2026, el padre Alfonso Cigarini, misionero comboniano, cumplió cien años de vida y dedicación a la misión del Reino. Nacido en Bagno, diócesis de Reggio Emilia, el 7 de enero de 1926, en la región de Emilia-Romaña, en el centro-norte de Italia, ingresó muy joven en el Seminario Episcopal Urbano de Reggio Emilia, donde permaneció hasta el final del tercer año de secundaria, cultivando siempre en su corazón el deseo de convertirse en misionero.
Padre Alfonso Cigarini en la comunidad de São José do Rio Preto, en Brasil

En noviembre de 1952 ingresó en el noviciado comboniano de Florencia, durante el cual asistió al primer curso de teología en el Seminario de Fiesole. El 9 de septiembre de 1954 hizo sus primeros votos temporales y fue destinado al escolasticado de Venegono Superiore para concluir sus estudios de teología. El 9 de septiembre de 1956 hizo la profesión perpetua y fue ordenado sacerdote el 15 de junio de 1957 en la catedral de Milán por el arzobispo Giovanni Battista Montindi, futuro Pablo VI.

Después de la ordenación, el padre Alfonso desempeñó su ministerio misionero en tres continentes: Europa, África y América. De 1957 a 1962 trabajó en Mozambique. De 1963 a 1976 estuvo en Portugal. De 1976 a 1978 estuvo en Italia; de 1978 a 1984 en Brasil. Tras pasar dos años en su país natal, en 1985 regresó de nuevo a Brasil hasta el año 2000, cuando volvió a Italia por un año. En 2001 fue destinado de nuevo a Brasil, donde reside actualmente.

En Brasil, el padre Alfonso trabajó en Uruçuí, en el estado de Piauí, diócesis de Floriano, en Sucupira y Tasso Fragoso, en el estado de Maranhão, diócesis de Balsas, en Santa Rita, en el estado de Paraíba, archidiócesis de Paraíba, y en Timon, en el estado de Maranhão, diócesis de Caxias. Hoy vive en la Casa Comboni, que acoge a misioneros ancianos y enfermos, en São José do Rio Preto, en la diócesis del mismo nombre, en el sureste de Brasil.

El padre Alfonso —o «Funsein», como se le llama en su tierra natal— es un testimonio de vida y misión. Ha llegado a los 100 años con gran energía y entusiasmo misionero, a pesar de su frágil salud. Para él, la fe sigue siendo el principal motor de la longevidad. «Lo que me motiva es la presencia de Jesús, que nos invita a esperar un cielo nuevo y una tierra nueva. Lo que dejo a las personas es la invitación a llevar una vida serena, tratando de ser buenos ejemplos, valorando al prójimo y manteniendo la esperanza en un futuro mejor», subrayó el padre Alfonso el día de su centenario.

Alabemos a Dios por el don de su vida y su vocación misionera.

Padre Raimundo Nonato Rocha dos Santos,
Superior Provincial de los Combonianos en Brasil

comboni.org

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026

La Semana de oración por la unidad de los cristianos tiene lugar del 18 al 25 de enero en el hemisferio norte. Este año, las reflexiones  han sido preparadas por la Iglesia Apostólica Armenia, bajo la coordinación del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias (CEI).

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026
Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu,
como una es la esperanza a la que habéis sido llamados
.”
Efesios 4,4


Materiales para
LA SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
y para todo el año


La Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero de 2026 este año con el lema «Un solo espíritu, Una sola esperanza». El Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión de Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de Iglesias elaboran conjuntamente los materiales para ayudar a la reflexión y las celebraciones del Octavario. Este año, la Iglesia Apostólica Armenia ha sido la encargada de preparar los textos oracionales y de meditación de esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

“Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida”, de la carta de San Pablo a los Efesios (4,4), es el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026, un versículo bíblico que “resume la profundidad teológica de la unidad cristiana”.

Los textos de este año fueron preparados por la Iglesia Apostólica Armenia y se llevarán a cabo, como de costumbre, del 18 al 25 de enero en el hemisferio norte.

La unidad es un mandamiento divino en el corazón de nuestra identidad cristiana, más que un simple ideal. Representa la esencia de la vocación de la Iglesia: un llamado a reflejar la armonía y la unidad de nuestra vida en Cristo en medio de nuestra diversidad. Esta unidad divina es fundamental para nuestra misión y se sustenta en el profundo amor de Jesucristo, quien nos presentó un propósito unificado, explica la guía del Octavario por la Unidad Cristiana.

El guion para la Octava de 2026 explica que las epístolas de San Pablo “enfatizan la importancia de la unidad dentro de la Iglesia”, exhortando a las personas a vivir su vocación dignamente, “con humildad, mansedumbre, paciencia y amor (Efesios)”, y destaca que su visión de la unidad en Romanos (12:6) muestra la “diversidad de dones que edifican el Cuerpo de Cristo”, mientras que el llamado de San Pablo “a las relaciones armoniosas” (2 Corintios 13:11 y Filipenses 2:1-2) invita a los creyentes a “ser de una sola mente y un solo espíritu en su compromiso con Cristo”.

En la Biblia, está escrito, el llamado de Dios a la unidad “resuena desde los tiempos más remotos”, y el recurso de oración destaca varios ejemplos en el Antiguo y el Nuevo Testamento donde Jesucristo “eleva el concepto de unidad a una dimensión espiritual”, reflejando la profunda relación entre Él y el Padre, y la unidad entre sus seguidores “no es meramente la ausencia de conflicto, sino un profundo vínculo espiritual que refleja la unidad de la Santísima Trinidad”.

Las oraciones y reflexiones para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026 fueron preparadas por la Iglesia Apostólica Armenia, con “hermanos y hermanas” de las Iglesias católicas y evangélicas locales, en la histórica sede espiritual y administrativa de la Iglesia Apostólica Armenia, la Santa Sede de Etchmiadzin, “durante los inspiradores días de la bendición del Murón (óleo santo) y la consagración de la catedral”, el 28 y 29 de septiembre de 2024.

“Estos recursos se basan en tradiciones centenarias de oración y súplica utilizadas por el pueblo armenio, junto con himnos originados en los antiguos monasterios e iglesias de Armenia, algunos de los cuales datan del siglo IV”, se lee en la guía, que invita a las personas a aprovechar esta “herencia cristiana compartida y a profundizar su comunión en Cristo, que une a los cristianos de todo el mundo”.

También se propone un servicio ecuménico, titulado “Luz de Luz para la Luz”, adaptado de una de las horas diarias de oración de la Iglesia armenia, y este recurso para el Octavario de 2026 se puede descargar del sitio web del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos de la Santa Sede.

El ecumenismo es el conjunto de iniciativas y actividades destinadas a promover el retorno a la unidad de los cristianos, rota en el pasado por cismas y rupturas. Las principales divisiones entre las iglesias cristianas se produjeron en el siglo V, tras los Concilios de Éfeso y Calcedonia (Iglesia Copta de Egipto, entre otras); en el siglo XI, con el cisma entre Occidente y Oriente (Iglesias Ortodoxas); en el siglo XVI, con la Reforma Protestante y, posteriormente, con la separación de la Iglesia de Inglaterra (Iglesia Anglicana).

La ‘Octava por la Unidad de la Iglesia’, conocida hoy con otro nombre, comenzó a celebrarse en 1908, por iniciativa del estadounidense Paul Wattson, sacerdote anglicano que luego se convirtió al catolicismo.


La Semana de oración por la unidad de los cristianos tiene lugar del 18 al 25 de enero en el hemisferio norte. Este año, las reflexiones  han sido preparadas por la Iglesia Apostólica Armenia, bajo la coordinación del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias (CEI).

Donatella Coalova – Ciudad del Vaticano
Per gentile concessione di
Vatican News

Así como la tierra árida, seca y desolada necesita agua, también el mundo desgarrado y ensangrentado por la guerra y el odio anhela ardientemente la reconciliación y la koinonía -comunión-. En este contexto tan difícil, las palabras del Papa León XIV resuenan con aún más fuerza:

“¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela! Escuchen su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo nosotros somos uno. Y esta es la vía que hemos de recorrer juntos, unidos entre nosotros, pero también con las Iglesias cristianas hermanas, con quienes transitan otros caminos religiosos, con aquellos que cultivan la inquietud de la búsqueda de Dios, con todas las mujeres y los hombres de buena voluntad, para construir un mundo nuevo donde reine la paz” (Homilía en la celebración eucarística con motivo del inicio del ministerio petrino, 18 de mayo de 2025).

En profunda sintonía con la predicación del Papa, la próxima Semana de oración por la unidad de los cristianos tendrá como tema:

“Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados” (Efesios 4,4).

La versión definitiva de los textos de este año fue elaborada del 13 al 18 de octubre de 2024 en la Santa Sede de Echmiadzín, en Armenia.

De hecho, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias confiaron la redacción de los textos al Departamento para las Relaciones Interconfesionales de la Iglesia Apostólica Armenia. Este coordinó al grupo ecuménico de cristianos armenios que redactó una primera versión y luego trabajó con el equipo internacional nombrado conjuntamente por el Dicasterio y el Consejo Ecuménico para finalizar los textos.

En Armenia, una constante preocupación por la unidad

Como explican las primeras páginas, las oraciones y reflexiones fueron preparadas por los fieles de la Iglesia Apostólica Armenia en colaboración “con sus hermanos y hermanas de las Iglesias armenias católica y evangélica”. Los armenios tienen un pasado doloroso, marcado por varias dominaciones extranjeras, por las terribles violencias de 1915 y por la dureza del régimen soviético. Pero estas pruebas han despertado en el corazón de este pueblo un deseo apasionado de unidad. San Juan Pablo II escribió con razón en Ut unum sint: “Unidos en el seguimiento de los mártires, los creyentes en Cristo no pueden permanecer divididos”. 

En la introducción teológica y pastoral del material para 2026, los redactores afirman con fuerza: “La unidad, más que un simple ideal, está en el corazón de nuestra identidad cristiana. Representa la esencia de la llamada de la Iglesia a reflejar la unidad armoniosa de nuestra vida en Cristo en la diversidad”.

El texto subraya que en la Iglesia Apostólica Armenia la oración por la unidad es constante: “Al proclamar el Credo, los fieles declaran su fe en la Iglesia ‘una, santa, católica y apostólica’, profesando así la centralidad de la unidad de la fe para su vida espiritual. Este compromiso con la unidad encuentra su plena epresión en las elebraciones eucarísticas de la Iglesia, donde las oraciones de la comunidad se elevan no solo por los cristianos de todo el mundo y sus líderes espirituales, sino también por la unidad de la misma Iglesia. Cada domingo, en la Liturgia, los fieles se unen y cantan: ‘La Iglesia se ha hecho una’, es una manifestación tangible de una misma fe común y de un mismo fin compartido”.

Las oraciones de san Nersés y san Gregorio de Narek

La celebración ecuménica de 2026 lleva por título “Luz de Luz para la Luz”. Se trata de una adaptación de la “Oración del amanecer”, una de las oraciones diarias de la Iglesia armenia, compuesta por el Catholicos san Nersés “el Agraciado” (1102-1173). Gran misionero, concentró en este texto sus reflexiones y oraciones sobre Cristo, Luz de Luz, para captar la atención de sus oyentes, muchos de los cuales pertenecían entonces al grupo de los “adoradores del sol”, muy difundido en Armenia.

Conocido por sus escritos teológicos y sus himnos llenos de poesía y espiritualidad, san Nersés es también recordado por su compromiso en favor de la unidad de los cristianos. San Juan Pablo II habló de él como del “Catholicós que conjugó un amor extraordinario a su pueblo y a su tradición con una clarividente apertura hacia las otras Iglesias, en un esfuerzo ejemplar de búsqueda de la comunión en la plena unidad” (Carta apostólica con ocasión del 1700º aniversario del Bautismo del pueblo armenio, 2 de febrero de 2001, n. 7). La referencia explícita a esta gran figura en el material para la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2026 es particularmente significativa.

Igualmente importante es la referencia a otro ilustre teólogo, místico y poeta armenio, venerado como santo tanto por católicos como por ortodoxos: san Gregorio de Narek (950-1005). En 2015, con motivo del centenario de las violencias contra los armenios, la Iglesia católica lo proclamó Doctor de la Iglesia. Inspirándose en uno de sus escritos, el texto para la Semana de oración recoge esta plegaria:

“Oh Jesucristo, Luz de la Luz, habita en nosotros, que nos hemos reunido para adorar tu santo y precioso nombre. Que tu resplandor vivificante encienda en entre nosotros un amor más profundo. Que tu luz radiante nos impulse a una unidad cada vez más floreciente. Como las diversas flores del jardín de tu Reino, que tu divino resplandor nos haga florecer en armonía. Y así, juntos, todos te alabemos y glorifiquemos siempre con alegría a ti, al Padre y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén”. 

Dr. Cédric Ouanekpone, Premio Mundo Negro a la Fraternidad

El próximo 31 de enero el joven doctor centroafricano Cédric Ouanekpone recibirá el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2025 por su compromiso para mejorar el acceso a unas condiciones sanitarias dignas en la República Centroafricana. Pese a tener múltiples ofertas de trabajo en Europa, prefirió quedarse en su país para ayudar a su gente. El premio le será entregado durante el XXXVIII Encuentro África organizado por la revista Mundo Negro.

Al concluir su especialización médica en Estrasburgo (Francia), el doctor Cédric Patrick Ouanekpone tenía muy claro que iba a regresar a su país, la República Centroafricana (RCA). Rechazó el seductor contrato que le ofrecieron y de nada sirvió que intentaran renegociar al alza su salario. Era el primer nefrólogo en su país y sabía que el Centro Nacional de Hemodiálisis de Bangui, construido en 2020 por el Banco Africano de Desarrollo y entregado al Gobierno para su gestión, llevaba dos años sin funcionar por falta de un especialista. Ouanekpone asumió la dirección médica del centro e inmediatamente comenzaron a salvarse vidas.

Nacido en Bangui el 8 de marzo de 1986, Cédric fue bautizado cuando tenía dos años en Nuestra Señora de Fátima, una parroquia muy importante en su historia personal, administrada por los Misioneros Combonianos. Las primeras revueltas que vivió el país en 1996 obligaron a cerrar las escuelas y Cédric se benefició, junto a otros niños y niñas, de un programa de apoyo escolar organizado por la parroquia. En el año 2000 entró en el seminario menor de los Carmelitas. Quería ser religioso, pero tres años después salió atraído por la investigación científica.

Al estallar la rebelión de la Seleka en 2012, el joven había concluido sus estudios de Medicina en la Facultad de Ciencias de la Salud de Bangui, aunque a causa de la guerra tuvo que esperar para obtener su título. El ciclo de la violencia continuó varios años, convirtiendo la Parroquia de Fátima en un inmenso campo de refugiados con más de 5 mil personas acogidas. Su responsable, el ugandés P. Moses Otii, se apoyó en Cédric y en otros jóvenes sanitarios de la parroquia para hacer frente a esa emergencia sanitaria. Cédric atendió sin apenas medios a ancianos y niños y ayudó a dar a luz a decenas de mujeres.

En 2014, en plena crisis, la ONG francesa Cercle de Haute Réflexion sur la Jeunesse llegó al país con un cargamento de medicamentos y Cédric se encargó de consultar y establecer el tratamiento para infinidad de personas, incluso de los barrios musulmanes del PK5. Tuvo que hacerlo casi a escondidas para evitar que lo acusaran de ayudar al enemigo en un conflicto que fue calificado de forma injusta como interreligioso. Cuando la ONG quiso pagar sus servicios según los estándares europeos, el doctor Ouanekpone se negó aduciendo que era su humilde contribución a sus hermanos y hermanas.

Cinco años después, la ONG presentó la candidatura de aquel joven médico al Premio Mundial de Humanismo. En la localidad macedonia de Ohrid recibió este reconocimiento de manos del ex primer ministro italiano Romano Prodi, galardonado también en aquella ocasión.

Cédric Ouanekpone eligió la especialidad de Nefrología, una de las más exigentes, para salvar vidas en su país, donde tantas personas afectadas de insuficiencia renal morían de forma irremisible por falta de cuidados médicos especializados. Después de formarse en su país, continuó sus estudios en Senegal (tres años) y en Francia (uno más), para lo que recibió apoyo, entre otros, de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.

En la actualidad, su servicio en el Centro Nacional de Hemodiálisis de Bangui le permite recibir un sueldo de forma regular, pero guiado por su fe cristiana, Cédric nunca ha cejado en su compromiso social. La falta de servicios sanitarios de calidad le llevó a abanderar el proyecto del complejo médico “Mama Ti Fatima”, amparado por la Asociación Nuestra Señora de Fátima para el Desarrollo, creada el 11 de julio de 2020.

El carácter afable y comunicativo del galeno, pero sobre todo su gran capacidad de liderazgo y de trabajo en equipo, ha conseguido entusiasmar a otros jóvenes médicos y sanitarios que comparten su visión, lo que ha permitido que el complejo médico crezca enfrente de la parroquia. En 2020 se abrió la farmacia y en 2023 el centro de análisis médicos. En diciembre, el apoyo de la organización austriaca Missio-Viena permitió terminar el edificio del ambulatorio de urgencias y pronto comenzarán los trabajos de la maternidad con la financiación de la organización estadounidense The Papal Foundation. Además, la colaboración entre la ANDFD y la Diócesis de Mbaiki ha permitido la organización de nueve clínicas móviles para acercar los cuidados médicos a las personas más desfavorecidas

El sanitario centroafricano compagina sus múltiples actividades con la docencia en la Facultad de Ciencias de la Salud de Bangui, el único centro universitario médico de todo el país. También dirige las tesis doctorales de jóvenes médicos, convencido del papel fundamental de la formación. «Cuantos más profesionales sanitarios tengamos, mejor será nuestro futuro, porque la situación de la RCA es terrible. Tenemos uno de los porcentajes de médicos por habitante más bajos del mundo (0,21 por 10 000 habitantes) y ningún médico especialista en el interior del país. Los pocos que somos estamos en Bangui», señala con tristeza, pero sin un pesimismo paralizante. A aquellos médicos que «por elección libre» trabajan fuera de la RCA les lanza un mensaje: «Nunca es tarde para regresar, porque vuestra presencia aquí es indispensable y podéis ayudar a más personas que si os quedáis fuera». 

MUNDO NEGRO

México: Inicia su andadura el nuevo consejo Provincial

Del 5 al 8 de enero, tuvo lugar en la casa provincial de Xochimilco la primera reunión del nuevo consejo provincial de los Misioneros Combonianos de México. En la mañana del primer día estuvieron presentes el superior provincial y los consejeros salientes. El padre Mario Alberto Pacheco hizo su profesión de fe y su juramento como nuevo superior provincial. En la foto, los consejos entrante y saliente, con los dos provinciales al centro.
El nuevo consejo provincial. Por la izquierda, sentados: P. Mario Alberto Pacheco (nuevo superior provincial) y Hno. Juan Carlos Salgado. De pie: P. Luis Enrique Ibarra, P. Víctor Mejía y P. Lauro Betancourt.

El equipo que dirigirá los destinos de los combonianos en México durante los próximos tres años inició su andadura con la primera reunión que tuvo lugar en la sede provincial de Xochimilco. Durante la mañana del primer día estuvieron presentes el anterior provincial, padre Rafael Güitrón, y sus consejeros. Durante ese encuentro los consejeros salientes compartieron sus impresiones y sentimientos al concluir los tres años de servicio a la provincia. Fueron sentimientos de gratitud y también de apoyo hacia quienes tienen la responsabilidad de tomar el relevo para acompañar y guiar los destinos de los Combonianos durante los tres próximos años, periodo que estará marcado fundamentalmente por la reunificación de las provincias de México y Centroamérica en una sola circunscripción comboniana.

El resto de la mañana de ese primer día se dedicó a poner al corriente al nuevo provincial y su consejo sobre los asuntos en curso y las cuestiones pendientes que tendrán que afrontar. También se dedicó un tiempo a informar al nuevo consejo sobre la situación económica y financiera de la provincia, informe realizado por el administrador provincial, que concluyó con la entrega oficial de los balances y estados de cuentas al nuevo consejo provincial.

Al final del día, en el transcurso de la Eucaristía, el nuevo provincial, el padre Mario Alberto Pacheco, hizo su solemne profesión de fe y el juramento como nuevo superior provincial ante el padre Rafael Güitrón, provincial saliente, ante todos los consejeros y ante la comunidad comboniana presente en la celebración. Los días siguientes, el nuevo consejo provincial inició su propio camino como equipo que guiará a los Misioneros Combonianos de México hasta 2028.

El P. Mario Alberto Pacheco, presta juramento como nuevo superior provincial para el período 2026-2028