Navidad: el amor de Dios abraza la humanidad

Texto y fotos: P. Wédipo Paixão, mccj

La palabra “misión” viene del latín misio, que significa “enviar”. El misionero es el enviado, pues porta un mensaje de parte de un emisor hacia un destinatario. Al reflexionar un poco sobre el significado de este verbo, entendamos la Navidad como una celebración de bienvenida al “enviado” del Padre, que es Jesús.

En esta época donde las familias se reúnen, casas y calles se llenan de luces de colores y se intercambian regalos, vale la pena meditar sobre cómo recibimos nosotros el mensaje de Cristo, quien vino para anunciar un novedoso “proyecto de vida”.

La forma en que Dios entra en nuestra historia es un tanto escandalosa. Elige una sencilla y piadosa muchacha de un pueblo casi insignificante, llamado Nazaret. Los evangelios nos dicen que nació en un rincón, entre los pobres, junto a los animales. Quienes esperaban que el Mesías naciera en un palacio, no entendieron la maravillosa sencillez de Dios reflejada en aquel Niño de aquella humilde pareja.

Así, en el misterio de la Navidad, estamos llamados a recibir al enviado del Padre, que es su propio Hijo, y que viene a comunicarnos a un Dios enamorado de su creación, que no soporta vivir lejos de ella, y que, siendo omnipotente y poderoso, se hace frágil y rechaza la soledad; un Padre que abraza a la humanidad desde adentro, desde su propio corazón y no le teme al riesgo de lo que eso pueda significar, porque Él es amoroso.

Cuando una persona ama mucho a otra, una madre, un hijo, un esposo, una esposa… es habitual que le diga: “¡Eres mi vida!” o “¡Vida mía!”. Porque el amor y la vida van siempre unidas. El autor de la vida es el Padre, que es todo amor.

Durante los domingos de Adviento, la Palabra de Dios nos invita a estar atentos y vigilantes a su llegada, a que aumentemos nuestra fe en el Señor de la vida. El nacimiento de Jesús se manifiesta en nuestra existencia y en la de todos los hombres y mujeres ante la expectativa de un Dios que viene a vivir con nosotros y que guía nuestros pasos hacia Él. Nuestra esperanza y fe se fundamentan en ese amor divino que Él nos tiene y que se ha manifestado.

¿Cómo permanecemos ante ese amor? ¿callados? ¿indiferentes? Quizá estos sean algunos de los grandes problemas de nuestra época: esa indiferencia que nos hace insensibles, apáticos y egoístas, que no nos deja sentir y experimentar la ternura divina en nuestras vidas. Desde que Él nos pensó y nos creó, fuimos llamados a la comunión con Él, y no al aislamiento; estamos invitados a entregarnos, y no a ser egoístas.

Dios, que es amor en sí mismo, nos ha creado a su imagen y semejanza, e imprime en nosotros la capacidad y necesidad de amar y ser amados. Las diversas formas de vida que elegimos o en las que nos encontramos –soltería, matrimonio, celibato– son caminos específicos para vivir esta única y fundamental vocación al amor. El amor no es una emoción o sentimiento pasajero, es la esencia misma del Evangelio y el centro de la vida cristiana. Jesús lo dejó claro: el mandamiento más grande es amar a Dios con todo el corazón, con todo nuestro ser, y amar al prójimo como a uno mismo.

El amor tiene un nombre personal: Jesucristo. Él es el amor encarnado, el modelo perfecto de entrega y servicio. Entonces, el amor verdadero, tal como lo enseña, se manifiesta en el respeto profundo hacia todo ser, y en la generosidad, la compasión, el perdón y el servicio hacia todo lo demás. En definitiva, que los demás no sólo sean amados, sino que se sientan de esa manera.

Deseo compartir una pequeña reflexión tomada del libro “El Icono vacío”, de Alicia Torres: «Dios se hizo Peregrino… No bastó que nos amara, nos quiso revelar ese amor. Desde la creación del primer ser humano, Él se puso a caminar en la persona de su Hijo. En el inicio, el Hijo era la Palabra con que Dios entretenía a los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento. Él habló a la conciencia de Abrahán. Era poco. Marcó un encuentro con Moisés en el monte Sinaí. Era lejos. Caminó con el pueblo de Israel por el desierto, haciéndose nube de fuego para indicar la dirección. No bastaba. Armó su tienda y acampó con ellos. Era efímero. Pidió un templo para quedarse cerca de sus casas, pero ni este deseo satisfecho detuvo la peregrinación de Dios. Finalmente, Él se sumergió en la humanidad y expuso su corazón a disposición del corazón humano. ¡Qué riesgo! Jesús es Dios peregrinando en la Tierra, Él podía haber estado eternamente seguro en el cielo, pero quiso hacer del corazón humano su santuario».

Parece cumplirse lo que se dice de Él: «Todo niño quiere ser hombre, todo hombre quiere ser rey, todo rey quiere ser dios. Sólo Dios quiso ser niño».

Jubileo: ¿Con qué nos quedamos?

Por: P. Rafael González Ponce, mccj

El próximo 6 de enero de 2026, Epifanía del Señor, en la basílica de San Pedro, en Roma, se cerrará la Puerta Santa indicando la terminación del Jubileo. Sin embargo, aun si el programa de celebraciones concluye, nos preguntamos: ¿cómo me quedo?

DICIEMBRE
14: Jubileo de los presos

Se trata de cosechar un fuerte deseo de transformación y una constante determinación por «ser jubileo permanente», en unión con Jesucristo –eterno Jubileo del amor del Padre–. Se cerrarán las Puertas Santas de todas las catedrales y basílicas del mundo para que ahora salgamos por los caminos de la humanidad como «peregrinos» de esa «esperanza que no defrauda». El Jubileo se hace misión sin fronteras, ahí donde apremie la misericordia.

Como peregrinos significa: dejarnos sor-prender por Dios que nos desinstala de nuestra mediocridad e indiferencia. Ponernos en camino para dejar atrás egoísmos y sistemas que desfiguran nuestra dignidad y esclavizan los sueños de una tierra nueva y cielos nuevos. Además, consiste en emprender un sendero desconocido, desde lo pequeño y sencillo, para reconstruir vínculos de fraternidad y procesos de vida auténtica.

La «Esperanza» es nuestro apellido, le pertenecemos. La gran novedad de este peregrinaje es precisamente que Dios camina con nosotros. De hecho, Jesús es el Camino. No sólo consiste en abandonarnos confiadamente en sus manos, que es fuente de paz, sino tener la certeza, contra toda evidencia, que su amor tiene la última palabra, y no los poderes malignos que nos aprisionan. En pocas palabras, no es la injusticia ni la violencia ni la mentira ni el vacío los que determinarán nuestro destino, sino el amor de Dios por su Creación, que se manifiesta en Cristo Jesús.¡Bienvenidos al nuevo «Jubileo de la vida cotidiana» y de la hondura de cada momento que asumimos en plenitud! Escribamos cada día una página del Evangelio. Tras los pasos del Maestro, quien dijo: «Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo».

¿Ha disminuido la pobreza?

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC

HECHOS

Nuestros gobernantes han presentado estadísticas para demostrar que su gobierno y su partido han logrado reducir los índices de pobreza. ¡Qué bueno que así fuera! Ciertamente los programas sociales han ayudado a mucha gente y eso ya es un derecho constitucional, independientemente del partido en el poder; sin embargo, no faltan personas pudientes que también los reciben, con lo cual se desconfía si el objetivo es reducir la pobreza, o ganar votos en las elecciones. A todo adulto mayor se le da dinero cada dos meses, aunque no sea pobre. ¡Basta que tengas más de 60 años, seas pobre o rico, y tienes tu apoyo económico bimensual asegurado! ¿Eso es ayudar a los pobres, o comprar conciencias para un partido? Y también depende del método que usan para medir la pobreza, porque ésta es multifactorial. Que sigue habiendo miles de pobres, es indudable. Basta que salgamos de nuestro ambiente de confort, y veremos cuántas personas apenas sobreviven.

Es verdad que las condiciones generales de nuestros pueblos han mejorado, pero esto no es logro del sexenio anterior y del presente solamente. Hace años, en Chiapas, particularmente en la selva, muchos pueblos no tenían luz eléctrica, y ahora la tienen; no había escuelas, y ya las hay; incluso hay bachilleratos y algunas universidades; ya hay más clínicas de salud y hospitales, aunque a veces con muchas carencias de implementos. Por los años 2000, yo tenía que viajar en avionetas muy frágiles a lugares distantes, por falta de caminos; hoy hay carreteras por todas partes, aunque no siempre en buenas condiciones para los tiempos lluviosos. Las mujeres en general, sobre todo las indígenas, no tenían acceso a la escuela ni a la política; hoy todo eso ha cambiado; no sólo reciben la educación básica de Kinder, Primaria y Secundaria, sino que muchísimas cursan la Preparatoria y diversas especialidades en la Universidad. Hoy ocupan cargos políticos a nivel local, municipal, estatal y federal. Es innegable que muchos aspectos han mejorado, pero repito que esto no sólo se debe a este gobierno y a su partido, sino a gobiernos y partidos de sexenios anteriores.

En mi pueblito, han mejorado las condiciones de la mayoría de las personas, pero esto no sólo por los programas sociales del gobierno, sino por su trabajo, por sus organizaciones laborales, y sobre todo por las remesas que les mandan sus familias desde los Estados Unidos. Ahora, las disposiciones arbitrarias de Donald Trump han afectado gravemente la situación económica de muchas familias.

ILUMINACION

Dice el Papa León XIV en su reciente exhortación Dilexi te (Te amé):

“Al compromiso concreto por los pobres también es necesario asociar un cambio de mentalidad que pueda incidir en la transformación cultural. En efecto, la ilusión de una felicidad que deriva de una vida acomodada mueve a muchas personas a tener una visión de la existencia basada en la acumulación de la riqueza y del éxito social a toda costa, que se ha de conseguir también en detrimento de los demás y beneficiándose de ideales sociales y sistemas políticos y económicos injustos, que favorecen a los más fuertes. De ese modo, en un mundo donde los pobres son cada vez más numerosos, paradójicamente, también vemos crecer algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común. Eso significa que todavía persiste —a veces bien enmascarada— una cultura que descarta a los demás sin advertirlo siquiera y tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano. Hace algunos años, la foto de un niño tendido sin vida en una playa del Mediterráneo provocó un gran impacto y, lamentablemente, aparte de alguna emoción momentánea, hechos similares se están volviendo cada vez más irrelevantes, reduciéndose a noticias marginales” (11).

“No debemos bajar la guardia respecto a la pobreza. Nos preocupan particularmente las graves condiciones en las que se encuentran muchísimas personas a causa de la falta de comida y de agua. Cada día mueren varios miles de personas por causas vinculadas a la malnutrición. En los países ricos las cifras relativas al número de pobres tampoco son menos preocupantes. En Europa hay cada vez más familias que no logran llegar a fin de mes. En general, se percibe que han aumentado las distintas manifestaciones de la pobreza. Esta ya no se configura como una única condición homogénea, más bien se traduce en múltiples formas de empobrecimiento económico y social, reflejando el fenómeno de las crecientes desigualdades también en contextos generalmente acomodados. Recordemos que «doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Sin embargo, también entre ellas encontramos constantemente los más admirables gestos de heroísmo cotidiano en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias». Si bien en algunos países se observan cambios importantes, «la organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje», sobre todo si pensamos en las mujeres más pobres” (12).

ACCIONES

Sin esperar todo del gobierno, cada quien sigamos trabajando para mejorar las condiciones de nuestras familias y de nuestras comunidades. El desarrollo de nuestra patria depende de todos, organizándonos para avanzar en la economía y en los demás aspectos de la vida.

Jubileo: todos somos invitados

Por: P. Rafael González Ponce, mccj

NOVIEMBRE
16 de noviembre: Jubileo de los Pobres
22-23 de noviembre: Jubileo de los Coros y Corales

El Jubileo nos enseña que en el corazón de Dios Padre hay cabida para todos, sin ninguna discriminación a causa de etnia, condición social, cultura, credo… Jesucristo ha muerto y resucitado por todos y desea que juntos alcancemos la plenitud de su amor. El Espíritu Santo derrama sus dones más allá de cualquier frontera física, mental o espiritual. Por ello, la esencia del Jubileo es un grito profético: que en medio del odio, las guerras, la injusticia y la violencia, su plan de fraternidad siga adelante y nada ni nadie pueda destruirlo. En eso consiste la «esperanza que no defrauda» (Rom 5,5).

Acercándonos a la conclusión del Año Santo, volvamos la mirada a diferentes grupos (o mejor dicho, realidades) convocados a los «grandes brazos» de la basílica de San Pedro, y que intentan reflejar la universalidad y el colorido de la humanidad entera: comunicadores, fuerzas armadas y policías, artistas, diáconos, voluntarios, enfermos y agentes sanitarios, adolescentes, personas con discapacidad, trabajadores, empresarios, bandas musicales, Iglesias orientales, cofradías, familias, niños y abuelos, movimientos, asociaciones y nuevas comunidades, Santa Sede, deportistas, gobernantes, seminaristas, obispos, sacerdotes, jóvenes, ministros de la consolación, trabajadores de la justicia, catequistas, misioneros, migrantes, vida consagrada, espiritualidad mariana, educadores, pobres, coros y corales, presos… Sin mencionar la incontable variedad de grupos en las diversas catedrales y santuarios del orbe entero.

Cruzamos los umbrales de la Puerta Santa, ahora nos toca salir fortalecidos por la «puerta de la misión» hasta los últimos rincones de la tierra para proclamar con nuestra voz, y sobre todo con nuestra vida, el Evangelio que hace nuevas todas las cosas (cf Ap 21,5). Misión para la cual, Jesucristo nos repite: ¡No tengan miedo! ¡Yo estoy con ustedes siempre hasta el fin del mundo! (cf Mt 28,20;14,27).

Jubileo indígena virtual

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC

Foto: Adn-CELAM

HECHOS

Como a nivel mundial no se previó un Jubileo para los Pueblos Originarios, con motivo de los 2025 años de la Encarnación del Verbo eterno del Padre, lo organizaron en forma virtual la Comisión de Pueblos Originarios del CELAM, que coordina Mons. José Hiraís, obispo de Huejutla, México, más el Equipo Asesor del CELAM en Teología India, que preside el cardenal Alvaro Ramazzini, de Huehuetenango, Guatemala, y la Articulación Ecuménica Latinoamericana de Pastoral Indígena (AELAPI), coordinada por la Hna. Josefa Ramírez, de Argentina. Algunos participaron por Zoom y otros por diversas redes. A pesar de la propaganda que hicimos, no fueron muchos los que se conectaron, quizá porque no les interesaba el asunto, o por sus múltiples ocupaciones. El Papa León XIV y el Prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral nos enviaron un profundo mensaje.

Hay una actitud recurrente de menosprecio hacia estos pueblos, como si fueran ignorantes, necios, tercos, medio paganos. ¡No los conocen! Cuando empecé a convivir con ellos, siendo párroco de una etnia otomí, San Andrés Cuexcontitlán, yo también los menospreciaba un poco, no como personas, pero sí en su cultura. Dios me concedió la gracia de empezar a valorarlos, sin desconocer sus deficiencias como las de otras culturas. Son otra forma, legítima como las demás, de ser personas, de vivir en familia y en pueblo, de ser creyentes. Como obispo en Chiapas, pude convivir más con ellos y comprender más su dignidad y su aporte a la humanidad.

Desde que era párroco con ellos, de 1966 a 1970, ya muchos menospreciaban su propia cultura, por toda la marginación que sufrían. Yo quería aprender su idioma, pero los catequistas se oponían, pues decían que ya no querían que sus hijos lo hablaran, para no exponerse a tantos desprecios, como los que ellos habían sufrido. Muchos indígenas no quieren aparecer como tales, por la misma razón: les hemos hecho sentir vergüenza de su forma de ser y de vivir. Sin embargo, seguimos luchando por que se valore su cultura y no se pierda. También algunos de entre ellos están empeñados en preservarla, ya que puede servir como un aporte para una vida digna de todos.

ILUMINACION

Resalto algunas frases del Papa León XIV, en su mensaje para esta ocasión:

“El jubileo debe ser para nosotros primordialmente un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, ‘puerta’ de salvación, siendo ocasión de reconciliación, de memoria agradecida y de esperanza compartida, más que una mera celebración externa. Al programar los momentos jubilares, el Papa Francisco ha querido poner de relieve la universalidad de la Iglesia, que no uniforma, sino que acoge, dialoga y se enriquece con la diversidad de los pueblos; incluye de modo especial a ustedes, los Pueblos Originarios, cuya historia, espiritualidad y esperanza constituyen una voz irremplazable dentro de la comunión eclesial.

Somos un Pueblo de hermanos, uno en el Uno. Es desde esa Verdad que debemos releer nuestra historia y nuestra realidad, para afrontar el futuro con la esperanza a la que nos convoca el Año Santo, a pesar de los trabajos y la tribulación. Siendo Pueblos Originarios, fortalecen con la certeza de que Uno sólo es el origen y la meta del universo, el Primero en todo; origen de toda bondad, y por ello, fuente primera de todo lo que es bueno, también en nuestros pueblos.

La larga historia de evangelización que han conocido nuestros Pueblos Originarios, como han enseñado tantas veces los obispos de América Latina y del Caribe, va cargada de ‘luces y sombras’. No hay cismas entre nosotros. El Jubileo, tiempo precioso para el perdón, nos invita a perdonar de corazón a nuestros hermanos, a reconciliarnos con nuestra propia historia y a dar gracias a Dios por su misericordia para con nosotros.

De ese modo, reconociendo tanto las luces como las heridas de nuestro pasado, entendemos que sólo podremos ser Pueblo, si realmente nos abandonamos al poder de Dios, a su acción en nosotros. Él, que ha insertado en todas las culturas las ‘semillas del Verbo’, las hace florecer en una forma nueva y sorprendente, podándolas para que den más frutos. Así lo afirmaba mi Predecesor, san Juan Pablo II: «La fuerza del Evangelio es en todas partes transformadora y regeneradora. Cuando penetra una cultura ¿quién puede sorprenderse de que cambien en ella no pocos elementos? No habría catequesis si fuese el Evangelio el que hubiera de cambiar en contacto con las culturas» (CT, 53). Por ello, en el diálogo y el encuentro, aprendemos de los distintos modos de ver el mundo, valoramos lo que es propio y original de cada cultura, y juntos descubrimos la vida abundante que Cristo ofrece a todos los pueblos. Esa vida nueva se nos da precisamente porque compartimos la fragilidad de la condición humana marcada por el pecado original, y porque hemos sido alcanzados por la gracia de Cristo, que por todos derramó hasta la última gota de su Sangre, para que tuviéramos ‘Vida en abundancia’, sanando y redimiendo a cuantos le abren el corazón a la gracia que nos fue donada.

En el concierto de las naciones, los pueblos originarios han de presentar con valentía y libertad su propia riqueza humana, cultural y cristiana. La Iglesia escucha y se enriquece con sus voces singulares. Recordamos también la llamada del Evangelio a evitar la tentación de poner en el centro lo que no es Dios —sea el poder, la dominación, la tecnología o cualquier realidad creada—, para que nuestro corazón permanezca siempre orientado al único Señor, fuente de vida y esperanza.

Por eso, para quienes, por misericordia de Dios, nos llamamos y somos cristianos, todo nuestro discernimiento histórico, social, psicológico o metodológico encuentra su sentido último en el mandato supremo de dar a conocer a Jesucristo, que murió para el perdón de nuestros pecados y resucitó para que seamos salvos en su Nombre, ya desde esta tierra, y luego le adoremos con todo nuestro ser en la gloria del Cielo.

Les invito a renovar el compromiso con el mandato del Señor: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo», difundiendo la alegría que brota de haberse encontrado con su Divino Corazón” (12-X-2025).

(AQUÍ el mensaje completo)

ACCIONES

No despreciemos más a los hermanos de los Pueblos Originarios. Aprendamos a valorar su cultura, diferente a la nuestra, porque, en sus vivencias que son conformes con el Evangelio, Dios enrique a la sociedad y a la Iglesia.

“Dilexit te”. Encuentro con los pobres, encuentro con Jesús

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC

HECHOS

A Mons. Samuel Ruiz, mi antecesor en Chiapas, muchos lo criticaron porque defendió con todo su ser la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas de su diócesis, que eran tratados como esclavos, discriminados y oprimidos. Cuando yo fui enviado allá, algunos temían que yo fuera a echar por tierra su labor pastoral; otros deseaban precisamente eso, que la diócesis caminara por otro sendero y se dejara de luchar por la dignidad de los pueblos originarios. Como comprobé que esa labor era netamente evangélica y católica, en vez de condenarla, procuré continuarla y darle más solidez, pues la opción por los pobres no es tanto una opción que se pueda asumir o no, sino que es constitutiva en la Iglesia. Si no se hace esa opción, no seríamos ni cristianos.

Es verdad que algunos, sobre todo de los más importantes catequistas de esa diócesis, optaron por las armas y se levantaron contra el sistema opresor. Mi antecesor les ayudó a tomar conciencia de la injusticia que sufrían y que habría que cambiar el sistema social, cultural y político, pero fue enemigo de la lucha armada; nunca alentó ese camino; incluso cesó en sus cargos a esos catequistas. Algunos lo clasificaron como impulsor de una teología de la liberación que consideraban marxista, comunista y no católica; sin embargo, lo que hizo, y se continúa haciendo, es una teología de la liberación netamente bíblica, católica y perfectamente acorde con las opciones divinas.

El Papa Francisco, en continuidad con toda la tradición bíblica y patrística, y con el magisterio más reciente de los Papas, insistió mucho en este amor preferencial por los pobres, y por ello lo criticaron. Esperaban que su sucesor diera marcha atrás y que la Iglesia se centrara más en lo religioso, en la liturgia, en las prácticas piadosas, y dejara de impulsar la justicia social, los derechos y la dignidad de los marginados, el cuidado de la casa común. Resulta que el Papa León XIV, sobre todo en su reciente Exhortación Apostólica Dilexi te (Te amé), no da marcha atrás, sino que profundiza esta opción preferencial, que nunca será exclusiva ni excluyente.

ILUMINACIÓN

La exhortación del Papa tiene cinco capítulos: Algunas palabras indispensables, Dios opta por los pobres, una Iglesia para los pobres, una historia que continúa y un desafío permanente. Desde el principio, dice que trata de continuar lo que el Papa Francisco había previsto decirnos, e incluso transcribe algunas de sus frases. Comparto con ustedes algunos párrafos de lo que ahora nos dice el Papa León XIV:

“El amor divino y humano del Corazón de Cristo se identifica con los más pequeños de la sociedad y con su amor, entregado hasta el final, muestra la dignidad de cada ser humano, sobre todo cuando es más débil, miserable y sufriente. Contemplar el amor de Cristo nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás, nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor” (2).

Comparto “el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres. De hecho, también yo considero necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en el llamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse” (3). “Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad” (4).

“No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia. En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos” (5).

“Estoy convencido de que la opción preferencial por los pobres genera una renovación extraordinaria tanto en la Iglesia como en la sociedad, cuando somos capaces de liberarnos de la autorreferencialidad y conseguimos escuchar su grito” (7).

“Dios se muestra solícito hacia la necesidad de los pobres. Por eso, escuchando el grito del pobre, estamos llamados a identificarnos con el corazón de Dios, que es premuroso con las necesidades de sus hijos y especialmente de los más necesitados. Permaneciendo, por el contrario, indiferentes a este grito, el pobre apelaría al Señor contra nosotros y seríamos culpables de un pecado, alejándonos del corazón mismo de Dios” (8).

El Papa lo acaba de remachar en su homilía del Jubileo de la espiritualidad mariana: “Existen formas de culto que no nos unen a los demás y nos anestesian el corazón. Entonces no vivimos verdaderos encuentros con aquellos que Dios pone en nuestro camino. Cuidémonos de toda instrumentalización de la fe, que corre el riesgo de transformar a los diferentes —a menudo los pobres— en enemigos, en ‘leprosos’ a los que hay que evitar y rechazar. El camino de María va tras el de Jesús, y el de Jesús es hacia cada ser humano, especialmente hacia los pobres, los heridos, los pecadores. Por eso, la auténtica espiritualidad mariana hace actual en la Iglesia la ternura de Dios, su maternidad” (12-X-2025).

ACCIONES

Para ser verdaderos adoradores de Dios, auténticos seguidores de Jesús, ejemplares fieles católicos, necesitamos ser buenos samaritanos con todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, y ser una manifestación del amor de Dios y de la Virgen María para ellos.