Sudán: nueva plataforma web para aprender la lengua de sordos

El pasado sábado 9 de mayo, en las instalaciones del Comboni College of Science and Technology (CCST) de Port Sudan, tuvo lugar la presentación de la plataforma web para el aprendizaje de la lengua de signos en el dialecto sudanés, destinada a personas sordas. (En la foto: La Dra. Ilham Idriss Gismallah, directora general del Ministerio de Salud y Desarrollo Social —área social— del Estado del Mar Rojo, se dirige al público)

Por: Padre Jorge C. Naranjo Alcaide, mccj,
Comboni College of Science and Technology
Port Sudan

Los asistentes pudieron escuchar las diferentes intervenciones del padre Jorge Naranjo, director del CCST y presidente del Consejo de Administración; de Mohamed Jib Allah Ali Jib Allah, presidente de la Unión Nacional de Personas Sordas de Sudán; y de Amna Abd Al-Qadir, secretaria del Consejo para las Personas con Discapacidad del Estado del Mar Rojo.

De izquierda a derecha: Amna Abd Al-Qadir, secretaria del Consejo para las Personas con Discapacidad del Estado del Mar Rojo; el Dr. Adam Mohamed Adam, director general del Ministerio de Educación General del Estado del Mar Rojo; el general Fath Allah, secretario general del Estado del Mar Rojo; y el padre Jorge Naranjo.

Kinda Gebre Tesfay, responsable de la plataforma, explicó al público la estructura del proyecto. Las lecciones en vídeo se dividen en dos niveles: solo se puede acceder al segundo tras haber superado el examen final del primero. La plataforma facilita, además, el acceso a traductores acreditados para diversas organizaciones, favoreciendo así el empleo, la inclusión social y una mayor disponibilidad de servicios de traducción cualificados.

Tras «navegar» por la plataforma digital, varias autoridades expresaron su reconocimiento por el proyecto que, a pesar de haberse desarrollado en el Estado del Mar Rojo, tiene un alcance nacional: el Dr. Adam Mohamed Adam, director general del Ministerio de Educación General del Estado del Mar Rojo; la Dra. Ilham Idriss Gismallah, directora general del Ministerio de Salud y Desarrollo Social (sector social) del Estado del Mar Rojo; el general Fath Allah, secretario general del Estado del Mar Rojo, en representación del gobernador, el general Mustafa Mohamed Noor.

En el evento también estuvieron presentes representantes de UNICEF, de la Autoridad Federal de Regulación de las Telecomunicaciones, de la Dirección de Educación Especial del Ministerio de Educación General del Estado del Mar Rojo, de diversas organizaciones de personas con discapacidad, de las escuelas combonianas, de la Iglesia católica y de la Iglesia episcopal, así como los equipos de AISPO y del CCST que participan en el proyecto.

Los equipos de CCST, AISPO y SNUD que participan en el proyecto, con San Daniel Comboni al fondo.

El cantante invidente Ameen Omer Hamid concluyó la ceremonia con una canción especial, compuesta para la ocasión.

El proyecto que ha hecho posible esta iniciativa ha sido financiado por la Agencia Italiana de Cooperación al Desarrollo –Oficina de Addis Abeba- y ha sido coordinado por AISPO, el CCST y la Unión Nacional Sudanesa de Personas Sordas (SNUD). Esta última cuenta con 38 sedes en el país, a través de las cuales se difundirá el uso de la plataforma. La noticia ha sido difundida en las páginas de Facebook del Ministerio de Salud y Desarrollo Social del Estado del Mar Rojo y de la SNUD.

Visita del Superior General a Sudán: «La reflexión sobre los escenarios futuros está llena de esperanza»

«Cuando observas un bosque desde lejos, no ves ningún sendero. Es cuando te acercas que ves un camino». Con estas palabras, nuestro colaborador laico desde hace mucho tiempo, Mansour Mahani, de Omdurman, describe la reapertura de la escuela Comboni Boys’ en Masalma, Omdurman, el pasado mes de septiembre, a pesar de todas las dificultades y los muchos temores. La sabiduría contenida en estas palabras describe bien la visita a Sudán del superior general, padre Luigi Codianni, que tuvo lugar del 4 al 21 de noviembre. La presencia del padre Luigi en este turbulento periodo de guerra ha sido ese «acercamiento» que podría permitir al Instituto mirar a Sudán con ojos renovados. (En la foto, de izquierda a derecha: P. Diego Dalle Carbonare, P. Luigi Codianni, el Sr. Mansour y el Sr. Khalil en Omdurman).

Llegó a Port Sudan el martes 4 de noviembre. El miércoles y el jueves tuvo la oportunidad de visitar la nueva sede del Comboni College of Science and Technology, la escuela secundaria y algunas de nuestras escuelas en los suburbios. También se reunió en línea con el obispo auxiliar de Jartum, Mons. Daniel Adwok, que partía hacia la asamblea plenaria de obispos en Malakal. El obispo expresó su deseo de que los misioneros combonianos continúen tanto su labor de catequesis y pastoral como su compromiso educativo. También subrayó la importancia de ser realistas en este período de guerra y agradeció a los misioneros combonianos su testimonio de resiliencia en Kosti.

Después de obtener (con algo de retraso) los permisos necesarios, el Superior General y el Provincial partieron el viernes 7 hacia Atbara para reunirse con el arzobispo Michael Didi y escuchar de él cuál puede ser la visión de la Iglesia local en este difícil momento. El sábado 8 continuaron su viaje hacia Kosti, donde llegaron la mañana del domingo 9, a tiempo para la misa.

El Superior General pudo visitar los centros parroquiales y las escuelas (en particular Kadugli, Barrio 63, Lea y Goz el Salam) y quedó muy impresionado al ver que los hermanos de Kosti están contentos de quedarse, a pesar de todas las dificultades. También entre la gente se palpa la determinación de seguir adelante y no rendirse.

De izq. a dcha.: P. Luigi Codianni (Superior General), El director de la escuela comboniana deKosti; el P. Franck Mandozi y el P. Diego Dalle Carbonare (Superior Provincial).

Tras nuevos retrasos en la obtención de los permisos, el Superior General y el Superior Provincial partieron el jueves 13 hacia Omdurman, donde se reunieron con el padre Yousif William y el padre Lorenzo Baccin, que se habían trasladado dos semanas antes a la casa de las Misioneras de la Caridad. El viernes 14 visitaron Jartum (el Comboni College, Villa Gilda, la escuela Saint Francis, el cementerio y la catedral) y nuestra casa provincial en Jartum Norte. La desolación del centro de Jartum solo se ve tímidamente interrumpida por unas pocas personas que caminan por las calles desiertas; sin embargo, aquí y allá se ven tiendas en reparación y hombres trabajando para reconstruir lo que queda de sus casas y lugares de trabajo.

PP. Luigi Codianni, Lorenzo Baccin y Yousif William en la iglesia parroquial de la sede provincial en Jartum Norte.

Nuestra casa provincial, a orillas del Nilo, está siendo rápidamente invadida por la vegetación, una señal más de la resistencia de la vida y del paso del tiempo; sin embargo, en general, podemos estar agradecidos de que las estructuras sólo hayan sufrido daños leves. El sábado 15 visitaron la parroquia de Masalma, con sus dos escuelas. Es impresionante ver cómo los profesores estaban dispuestos a trabajar sin apenas salario con tal de que los niños volvieran a la escuela. El domingo 16, los padres celebraron con la comunidad cristiana de Thaura (bloque 48).

La visita nos ha permitido comprender que, por ahora, es mejor reabrir nuestra presencia en Masalma; por eso estamos pidiendo al arzobispo que nombre a uno de nosotros como párroco. También estamos planificando algunas intervenciones de mantenimiento (la parte principal se refiere a la reparación de las chapas perforadas por las balas, y luego algunos muros, el mobiliario y el restablecimiento de la electricidad y el agua).

Misa conclusiva del viaje en el Centro Christ the King, Inqaz, Port Sudan.

El Superior General concluyó su visita a Port Sudan con encuentros personales con los hermanos de la comunidad y una reunión online con el Consejo Provincial y el Consejero General para la APDESAM. La reflexión sobre los escenarios futuros es animada y llena de esperanza.

El último día, el Superior General participó en la celebración de la misa en el centro Christ the King en Inqaz, un suburbio al sur de Port Sudan, donde, gracias también a la solidaridad de la DSP y de la Provincia Italiana, el año pasado se construyeron nuevas instalaciones escolares. Esto también es un signo de esperanza, mientras la comunidad local se prepara para volver a ser un centro en el que la catequesis y las liturgias puedan desarrollarse con regularidad.

La guerra en Sudán sigue causando estragos, como nos recuerdan las terribles noticias procedentes de Darfur. El bosque es espeso y, a veces, el camino puede parecer oscuro e impenetrable. Pero, paso a paso, el sendero se abre.

Fr. Diego Dalle Carbonare
comboni.org

Tras la última matanza en Sudán, algunos miran a Dubái (y a Occidente)

Entrevista realizada por Por Miguel Ángel Malavia
y publicada por Vida Nueva Digital

Fotos: Cáritas Sudán y archivo de Jorge Naranjo.

El comboniano español Jorge Naranjo, que lleva 17 años como misionero en el país, denuncia la complicidad de los Emiratos Árabes Unidos.

La guerra civil en Sudán, que enfrenta al ejército regular (y a otros grupos independientes que se le suman) y a una milicia llamada Fuerza de Apoyo Rápido, ha tenido en las últimas horas uno de sus episodios más oscuros, cuando los paramilitares del segundo grupo se han hecho con el control de El Fasher, capital de Darfur del Norte, en la región septentrional del país africano. Tal y como han denunciado los militares, han decretado una matanza sin control y han asesinado, desde el domingo 26 de octubre, a “más de 2.000 civiles desarmados, la mayoría mujeres y niños”.

Aunque no hay cifras oficiales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sí ha dado el miércoles 29 de octubre un dato que puede ofrecer una idea de la salvajada perpetrada: tras ser atacado el Hospital Materno Saudí de El Fasher, hay “460 pacientes y acompañantes asesinados”.

Doble vocación

Alguien que conoce bien lo que sucede es Jorge Carlos Naranjo Alcaide, madrileño de 51 años, que tiene dos almas que encarna en Sudán: su fe, que se plasma en su condición de sacerdote y misionero comboniano (llegó a Jartum en 2008), y su pasión por la ciencia y la tecnología.

Por esta segunda vocación, entre otras muchas cosas, dirige el Comboni College of Science and Technology (CCST) y es miembro del Comité Científico del Archivio Comboniano, del Consejo de Administración del Northern College of Medical Sciences and Technology (Meroe) o del Consejo Asesor del Centro de Investigación del Micetoma de la Universidad de Jartum. También es uno de los fundadores de C-Hub Limited Company, una incubadora que apoya la creación de start-ups digitales por parte de jóvenes sudaneses y refugiados en Sudán, y del Comité nacional de ICOMOS Sudán.

Es decir, es un hombre hondamente comprometido con la esperanza y que, tras 17 años en un país africano devastado por una cruenta guerra civil, no deja de mirar a lo alto y a los lados, abrazando a Dios y a sus semejantes. Lo que, como le cuenta a Vida Nueva, pasa por encarnarse en su realidad cotidiana “Mi trabajo en la universidad, en Jartum, está a 700 metros del palacio presidencial. Así que, cuando el 15 de abril de 2023, estalló el conflicto bélico, el campus, que también incluye una escuela de primaria y secundaria, se convirtió en un campo de batalla. La situación fue muy difícil, con 1.000 niños en primaria y 600 en secundaria, más los jóvenes que iban a la universidad, que eran en ese momento unos 150”.

Cada vez más cruel

Desde esa “primera manifestación de la guerra”, la realidad es que “cada vez se ha vuelto más cruel”. Lo que ha llevado a que “mucha gente de la capital se haya visto a huir de sus casas, muchas veces a la fuerza y a punta de kalasnikhov. Desgraciadamente, muchos de los estudiantes que conocí, al irse a la carrera, no pudieron llevarse ningún documento universitario y han acabado en el extranjero sin poder demostrar el grado de su formación”.

En ese primer momento de desesperación, “el primer objetivo que nos planteamos los combonianos, gracias a la generosidad de mucha gente, fue apoyar la evacuación de las personas desde lugares que se habían convertido en campo de batalla hasta otros más seguros”.

La mayoría optaba por “volver a las zonas rurales de donde eran originarios y donde a lo mejor estaban sus abuelos o los padres”. En ese sentido, muchos acudían al sur del país, “donde la Iglesia católica mantiene una presencia muy significativa”. Trabajando en red, gracias al “sostén solidario de muchos”, pudieron “apoyar financieramente” ese éxodo hacia un ámbito de mayor seguridad.

La ilusión de los estudiantes

Pese a todo, Naranjo recuerda cómo los estudiantes no perdieron la ilusión por continuar con su formación: “A los dos meses, envié un cuestionario a nuestros alumnos universitarios para ver si, a pesar de la situación, deseaban continuar o no de algún modo con las clases. Hasta un 73% de los que pudieron contestar lo hicieron afirmativamente. Así que empezamos, poco a poco, un proceso de transformación digital, formando a los profesores, muchos de ellos igualmente desplazados o refugiados, para adaptar nuestros programas, que eran presenciales, al modo online”.

Pese al esfuerzo, llegó un nuevo revés: “En ese momento, el ministro de Universidades anunció que se suspendían todas las actividades académicas hasta ese 15 de octubre”. Así que, “a partir de ese momento, decidimos operar desde Port Sudán, una ciudad a orillas del Mar Rojo que está a 1.100 kilómetros de la capital, Jartum. Controlada por el ejército sudanés, era una zona bastante segura porque la protege una cadena montañosa paralela al mar. De hecho, cuando el general Burhan, el jefe del ejército sudanés y presidente del Consejo Soberano de Transición, consiguió salir de su cuartel militar en Jartum, donde había permanecido rodeado por las milicias durante meses, se instaló allí”.

Tuvo que ser desde ese nuevo enclave donde “empezamos a organizar esa transición digital de nuestros programas. El desafío fue particularmente complicado para el grado de enfermería, en el que no se puede prescindir de la formación práctica y hace falta que los estudiantes tengan contacto físico. Pero también este escollo se superó, pues firmamos un acuerdo con el Ministerio de Salud del Estado del Mar Rojo y organizamos una clínica práctica para los estudiantes que podían desplazarse a Port Sudán, terminando luego el proceso en varios hospitales”.

Difícil travesía

Sin duda, ese fue un reto mayúsculo, ya que “significaba que algunos de estos jóvenes, de 19 o 20 años, tenían que atravesar 2.000 kilómetros y pasar por los respectivos puestos de control de cada uno de los dos ejércitos para llegar hasta aquí. Para nosotros, eso conllevaba intentar contactar con los dos bandos enfrentados y escribirles cartas para explicar por qué tenían que dejarles pasar. Fue complicado, pero, sobre todo, me quedo con la valentía de los estudiantes, con su deseo de aprender, que les llevaba a arriesgar la vida por construirse un futuro. De ahí mi admiración impresionante por ellos”.

Y es que “algunos, realmente, han pasado experiencias muy duras para poder continuar su recorrido académico. Me quedo con esa esperanza. Aunque están en un túnel, trabajan para salir de él y ver al final del mismo una luz. Lo mismo puedo decir del cuerpo docente, que también está desperdigado por el país en condiciones muy críticas y mantiene su compromiso”.

Pese a todo, el compromiso de todos está dando frutos: “Un claro ejemplo es el Departamento de Enfermería. Una vez que tuvimos que desplazarlo a Port Sudán, donde yo también estoy ahora, se ha beneficiado de ello la comunidad local. Esta zona era muy marginada y el personal de sus hospitales carecía muchas veces de formación sanitaria. Ahora, gracias a nuestra presencia, se están involucrando muchos profesionales de la zona, especialmente en cuidados paliativos, que es algo que dominamos mucho”.

Ayuda a las familias

Así, el panorama ha mejorado mucho: “Hablamos de una ciudad con medio millón de habitantes y que tiene que acoger a miles de desplazados que huyen del conflicto con recursos muy limitados. A nivel estructural, también hay graves carencias en agua o electricidad, por lo que formar a voluntarios de la comunidad local para acompañar a las personas con enfermedades crónicas y terminales en sus propios hogares, ha sido esencial para muchas familias que no tienen tan fácil ir al hospital a menudo para cambiar las gasas de las heridas de su ser querido”.

Aunque sean granos de mostaza, generan mucha esperanza: “En 2024 pudimos formar a 203 voluntarios para este equipo sanitario, siendo algunos cristianos y otros musulmanes”. Y eso, recalca Naranjo, “es importante en un país herido por un conflicto con odios tribales”.

Estos voluntarios, “con diferentes orígenes étnicos y religiosos, comparten su motivación de acercarse a la persona en necesidad, en un ejercicio de misericordia. Un musulmán empieza con su oración: ‘En el nombre de Dios, el compasivo, el misericordioso’. Y, a nosotros, Cristo también nos ha revelado el rostro misericordioso del Padre”.

La misericordia que une

Así que “la misericordia es esa base sobre la que se puede construir algo en común. La misericordia es ese movimiento que hace salir a la persona de sí misma para encontrar a aquel que sufre. Y eso es lo que ha unido a todo este grupo de voluntarios, coordinamos desde la universidad para hacer este servicio en la comunidad”.

En cuanto al conflicto como tal, el misionero aclara que, “actualmente, el ejército regular sudanés controla el este del país y la zona central alrededor del valle del río Nilo, mientras que la milicia de las Fuerzas de Apoyo Rápido está asentada fundamentalmente en el oeste”. Obviamente, “detrás de una guerra de este tipo hay una lucha por el poder, pero no se pueden equiparar los dos ejércitos en el sentido de que lo que vemos aquí es que la mayor parte de la gente huye de los lugares a los que llegan las Fuerzas de Apoyo Rápido y buscan refugio en las zonas que controla el ejército, y eso me parece muy significativo”.

En el caso de El Fasher, suponía un enclave esencial, pues era la única ciudad que quedaba bajo el poder del ejército regular en la región norteña. De hecho, “llevaba asediada desde hace muchos meses. En ella viven 2.600 personas y, a pesar de los llamamientos de las Naciones Unidas, no se permitía el paso de ayuda humanitaria ni se permitía a sus ciudadanos salir”. De hecho, los pocos que lo hacían y caían en manos de la milicia, eran “violados y asesinados”.

Odio étnico

Y todo “sobre una base étnica, pues los paramilitares pertenecen a tribus nómadas árabes y tienen un especial odio hacia las tribus de carácter más africano, a las que intentan exterminar. Y lo peor es que, además de hacerlo, lo emiten a través de las redes sociales con vídeos, como hacen los grupos terroristas”. En ese sentido, apunta que estos grupos son “apoyados fundamentalmente por los Emiratos Árabes Unidos (EAU)”.

Ellos “se benefician de este conflicto porque los dos ejércitos, para comprar armas, tienen que vender oro, y de hecho la producción de este mineral se ha duplicado en este tiempo. El oro entra en los mercados internacionales a través de Dubái, capital de los EAU. Además, tienen muchos intereses estratégicos en la región y por eso apoyan a las milicias. Les hacen llegar las armas a través de Libia y Chad, y ahora puede que también desde Sudán del Sur. También les ofrecen apoyo logístico y sanitario, tratando en hospitales a sus heridos. Por no hablar de que envían mercenarios colombianos”.

Toda una red de complicidades, pues sabe de “un buque con armas que salió de Dubái, pasó por Holanda y Grecia y, a través de Libia, acabó en Darfur… Y es que, a pesar del embargo que pesa sobre Darfur, es increíble pensar cómo toda esta mercancía bélica ha pasado por la Unión Europea”. El resultado lo hemos comprobado en las últimas horas.

De ahí el aldabonazo final de Naranjo, que pone la atención en cómo los Emiratos Árabes Unidos “son un aliado estratégico de Estados Unidos o Israel. Con ellos llegan a acuerdos de trillones de dólares en materias como la inteligencia artificial o las armas… Y, sin embargo, no se escuchan demasiadas voces críticas en Occidente sobre esta relación”.

Una plataforma web para la enseñanza de la lengua de signos en árabe sudanés

El Comboni College of Science and Technology (CCST) está desarrollando una plataforma web para la enseñanza de la lengua de signos en árabe sudanés, con el objetivo de facilitar la comunicación con personas sordas o con problemas de audición. El sitio web está diseñado para enseñar la lengua a través de recursos multimedia y está dirigido a usuarios sudaneses de habla árabe que desean aprenderla por motivos personales, profesionales o educativos.

P. Jorge Naranjo Alcaide, mccj

El objetivo principal es promover la inclusión, la comunicación y la sensibilización en Sudán, en particular entre los profesores, las familias y las organizaciones que apoyan a las comunidades de personas sordas o con discapacidad auditiva.

El sitio web también facilitará el acceso a traductores acreditados por la Unión Nacional de Personas Sordas de Sudán, de modo que las instituciones puedan incluir fácilmente a las personas con problemas auditivos en sus actividades. La grabación de las videolecciones comenzó el 30 de septiembre con un traductor acreditado proporcionado por la Unión Nacional de Personas Sordas de Sudán.

El desarrollo de la plataforma digital está a cargo de un profesor del Departamento de Informática del Colegio, en colaboración con tres recién graduados de los cursos de licenciatura en Informática y Tecnologías de la Información. El proyecto forma parte de una iniciativa más amplia, dirigida por la Asociación Italiana para la Solidaridad entre los Pueblos (AISPO) y financiada por la Agencia Italiana para la Cooperación al Desarrollo – Oficina de Addis Abeba, que tiene como objetivo promover la integración de las personas con diferentes tipos de discapacidad.

En el mismo ámbito, el departamento de inglés colabora con AISPO para traducir del árabe al inglés 1200 planes de negocio presentados por personas con discapacidad en el Estado del Mar Rojo.

comboni.org

El conocimiento es más fuerte que la guerra

Una alumna del Comboni College de Jartum comparte este testimonio sobre cómo quedó el centro educativo tras la guerra en Sudán y su sueño de un futuro lleno de esperanza.

«Nuestro College era más que un edificio… era una pequeña patria que nos unía en los sueños y el conocimiento, en el trabajo duro y el éxito, en las risas en medio de las clases y en los trasnochados exámenes. Pero la guerra… La guerra no distingue entre piedras y seres humanos.

Las computadoras portátiles donde solíamos pasar horas investigando y aprendiendo, fueron destruidas. La biblioteca, una vez tranquila y llena de libros y esperanza, quedó reducida a escombros. Los pasillos, que vieron el inicio de nuestra trayectoria académica, tienen sus paredes rotas, sus asientos desaparecidos, y hasta el eco de nuestras voces ya no está presente. No queda ni un solo rincón que quede intacto… incluso los pequeños pasillos, incluso los lugares donde solíamos descansar entre clases, todos se han convertido en ruinas. Caminamos por el mismo lugar donde soñábamos, pero hoy no encontramos más que silencio, polvo y recuerdos que hieren el corazón.

Pero a pesar de la destrucción… Todavía tenemos esperanza, todavía soñamos con una patria segura y una universidad que pueda volver a enseñar y formar mentes nuevamente. Todavía creemos que el conocimiento es más fuerte que la guerra y que un día reconstruiremos… Seguimos creyendo que el conocimiento es más fuerte que la guerra, y que un día reconstruiremos… piedra a piedra, un sueño.»

«Donde el desierto florece». Campos de refugiados sudaneses en Chad

Texto y foto: Hno. Enrico Gonzales, mccj
Desde Abeché, Chad

Desde hace unos meses, Cáritas del Vicariato Apostólico de Mongo, en el noreste de Chad, interviene en los campos de refugiados sudaneses que han podido llegar al país, huyendo de una guerra fratricida que aún continúa. Desde el comienzo de esta crisis, el gobierno chadiano ha mantenido una política de apertura, de acogida del cerca de medio millón de refugiados que viven en esta zona semidesértica del país. Las razones de esta política de «puertas abiertas» son múltiples: proximidad étnico-religiosa (los sudaneses son todos musulmanes), lazos familiares y económicos (las minas de oro y otros metales preciosos que todos codician).

Estos campos de refugiados se encuentran en el territorio de la parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús, confiada a los Misioneros Combonianos que, entre otras comunidades dispersas por el territorio, se ocupan de las pequeñas comunidades cristianas de dos pueblecitos al norte de la ciudad de Abéché. De una fase inicial de acogida y emergencia (proporcionándoles lo necesario para sobrevivir) -Cáritas y otras ONG internacionales que operan en la zona- se está pasando a otra de autosustento, de autodesarrollo, favoreciendo las intervenciones para mejorar el pastoreo y la agricultura.

En este sentido, nos gustaría informar de lo siguiente. Cáritas, al igual que otros agentes de la zona, ha favorecido un conjunto de iniciativas en las que la población local (a menudo propietarios de las tierras en las que se interviene) y grupos de mujeres sudanesas cultivan juntos, siguen y cosechan en parcelas convertidas en huertos (irrigados gracias a pozos utilizados para este fin así como al consumo de agua potable por parte de la población local y los refugiados) hortalizas, cebollas, tomates y una variedad de otros productos agrícolas destinados al consumo y al mercado tanto local como en la no muy lejana Abéché; especialmente cebollas.

La señora de la foto se llama Khaltouma Gibril. Es una de las animadoras de estos equipos mixtos (mujeres locales – mujeres sudanesas) que, gracias a su trabajo, han transformado estas parcelas, antaño áridas, en huertos verdes y productivos, tanto económicamente como en términos de salvaguarda de la dignidad de las mujeres implicadas en la gestión de los huertos. Khaltouma, como líder de uno de estos grupos, desempeña un papel de «puente»: al conocer la lengua local y las costumbres sociales, le resulta fácil relacionarse con sus hermanas sudanesas.

Es una pequeña historia positiva en una situación humanamente muy difícil (entorno geográfico hostil, escasez de agua, pobreza generalizada de la población local). Es significativo que tanto Cáritas como las ONGs allí presentes favorezcan una serie de intervenciones conjuntas en favor de la población local y de los refugiados. La sinergía así practicada parece ser positiva, favoreciendo la comprensión mutua, la dignidad de las mujeres (a menudo marginadas o peor), un trabajo que literalmente da sus frutos.

¿Hasta cuándo continuará esto? ¿Hasta cuándo permanecerán los refugiados sudaneses en esta zona del Chad? La historia nos dice que hasta que no se den las condiciones para un retorno pacífico al país, estas personas permanecerán donde están.

Un pequeño testimonio personal: en Abéché conocí a hijos y nietos de sudaneses que habían huido como consecuencia de la guerra de los años noventa. Cáritas está comprometida en este proceso de desarrollo y apoyo a la población local sudanesa de refugiados: puede hacerlo gracias a la solidaridad del movimiento internacional de Cáritas; Khaltouma y sus hermanas sudanesas están allí para dar testimonio -trabajando duro- de que es posible hacer florecer el desierto y la esperanza de una vida digna.