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La Familia comboniana en el mundo

Cuando se cumplen 195 años del nacimiento de nuestro fundador, San Daniel Comboni, les presentamos este dossier sobre la Familia Comboniana, formada por los Misioneros Combonianos, las Misioneras Combonianas, las Misioneras Seculares Combonianas y los Laicos Misioneros Combonianos. Son diferentes maneras de vivir el carisma dado a la Iglesia a través de un gran hombre y un santo misionero.
La Familia Comboniana

La Familia Comboniana es una comunidad de personas que nace en torno a la figura de un misionero, San Daniel Comboni, un hombre nacido hace casi dos siglos, el 15 de marzo de 1831, en un pequeño pueblecito a orillas del lago de Garda, Limone.

Desde Limone sul Garda, Daniel partió para estudiar en Verona, en el Instituto de Don Mazza, y para comprender, con una visión de futuro aún no apagada, cómo un continente lejano como África, desde entonces y aún hoy expoliado de sus riquezas naturales y humanas, tenía la necesidad de emprender un camino que partiera de sí mismo, de su gente.

Daniel invocaba entonces una misión y una Iglesia capaces de unir fuerzas para la salvación de África y de sus pueblos. Es el mismo anhelo que mueve hoy a la Familia Comboniana.

En ese Plan para la regeneración de África que Comboni, por una intuición carismática, comienza a soñar a los pies de la tumba de San Pedro el 15 de septiembre de 1864, se dibuja un mundo diferente que se resume en un lema: «Salvar África con África». Un lema que sueña con convertir a las personas en protagonistas de su presente y su futuro a partir de las realidades cotidianas en las que viven, de las esclavitudes antiguas y modernas que les son impuestas por una riqueza occidental cada vez más ávida.

Comboni sabe que la primera herramienta para la salvación es la educación. Se dedica, ante todo, a la formación de maestros y artesanos, así como de catequistas, religiosas y sacerdotes, para que cada persona, dentro de su propia comunidad, encuentre su manera de vivir el Evangelio, la cercanía y el compartir. Así nace el embrión de un movimiento misionero que reúne a religiosos y laicos, hombres y mujeres, autóctonos y expatriados, capaces de compartir necesidades e intereses en la complementariedad de un objetivo que parte de la conciencia de que cada persona se salva si todos se salvan, que cada persona puede llegar a ser lo que es si los demás tienen la misma posibilidad. Es un proyecto de humanidad que no se limita al continente africano, sino que extiende su huella a toda Europa, que debe conocer esa tierra lejana y contribuir a la salvación.  Comprendiendo la importancia no sólo de la formación, sino también de la información, Comboni piensa en una revista: «Gli Annali del Buon Pastore» (Los Anales del Buen Pastor).

Es una época de trata de esclavos, de grandes discriminaciones basadas en el color y en las diferencias religiosas, Comboni comprendía la necesidad de unir los mundos del saber de entonces, el mundo civil, cultural y político, tendidos hacia una causa común. Su sueño transcendió el tiempo, su sueño sigue siendo actual, no sólo porque se ha cumplido la frase que él mismo pronunció: «Yo muero, pero mi obra no morirá», sino porque aún hoy vivimos una época de esclavitud y de pensamientos de supremacía.

La obra de Daniel vio nacer los institutos religiosos de las Hermanas Misioneras Combonianas y los Misioneros Combonianos y, en tiempos más recientes, las Misioneras Seculares Combonianas y los Laicos Misioneros Combonianos. Así, su anhelo –«si tuviera mil vidas, las daría todas por la misión»– ha seguido manifestándose a lo largo del tiempo, en las vidas de quienes han elegido continuar el Plan, traducirlo en el camino de una familia, la Familia Comboniana.

Somos hombres y mujeres capaces de ampliar los horizontes geográficos de ese sueño, abriéndonos a servir a los más pobres y abandonados presentes tanto en África como también en Europa, América y Asia; en esos lugares fronterizos, en las periferias de un mundo global que se convierte en Casa común, esa Casa que la Familia Comboniana habita allí donde vive su cotidianidad.

Les presentamos, pues, nuestra Familia, una Familia que sigue las huellas de San Daniel Comboni, con la esperanza de que quieran formar parte de un grupo de personas que va más allá de estar físicamente en el mismo lugar haciendo las mismas cosas. Somos una Familia que quiere compartir y acoger la riqueza que reside en la singularidad de cada persona, donde la diversidad del otro se convierte en un don que nos ayuda a comprender mejor nuestra propia identidad.


Misioneros Combonianos
Consejo General de los Misioneros Combonianos

Los Misioneros Combonianos somos una institución misionera católica presente hoy en más de 40 países, en todos los continentes. Nuestra misión es anunciar el Evangelio de Jesucristo, especialmente a los pueblos y grupos humanos que aún no lo conocen.

Todos los misioneros nos consagramos a Dios para esta misión: somos unos 1.500 en total. La mayoría son sacerdotes, aunque todavía hay un número significativo de hermanos, que participan plenamente en la misma misión a través de las más diversas competencias profesionales. Juntos, nos esforzamos por estar atentos a las necesidades concretas de las poblaciones a las que somos enviados, especialmente en el ámbito de la promoción humana, la educación, la salud, las comunicaciones y el desarrollo integral.

Procedentes de Europa, África, América y Asia, los Misioneros Combonianos trabajamos prioritariamente en contextos marcados por la pobreza, la marginación, la injusticia y formas nuevas y antiguas de esclavitud. En estos entornos nos preocupamos de formar comunidades cristianas vivas, capaces de ser fermento de promoción humana y transformación social. Nuestro servicio está animado por la esperanza de contribuir a la construcción de un futuro en el que la humanidad pueda vivir en armonía con la Madre Tierra, en paz entre los pueblos, reconociéndose en la dignidad común de hijos e hijas de Dios.

Fundados por San Daniel Comboni a mediados del siglo XIX, con el sueño de llevar el Evangelio y un desarrollo integral a los pueblos de África, los Misioneros Combonianos trabajamos hoy en todos los continentes. Estamos presentes tanto donde es necesario iniciar nuevas comunidades cristianas, como donde es necesario acompañar y apoyar a las Iglesias locales jóvenes, aún en fase de crecimiento y consolidación.

En el contexto del fuerte aumento de los flujos migratorios de nuestro tiempo, los Misioneros Combonianos desempeñamos hoy una parte significativa de nuestra misión también en el hemisferio norte, en particular en las periferias humanas y sociales de las grandes ciudades. En estos entornos compartimos la fe cristiana como fermento de fraternidad, diálogo intercultural y amistad social entre personas de diferentes pueblos, culturas y religiones.

El lema que guio a San Daniel Comboni, «Salvar África con África», sigue inspirando profundamente a los misioneros y misioneras combonianos. Se traduce en el compromiso de responsabilizar y emancipar a las personas y comunidades locales, para que sean protagonistas de su propio crecimiento cristiano, social y humano. Este estilo misionero se expresa de manera particular en la formación de líderes locales, tanto en las comunidades eclesiales como en los proyectos de desarrollo y justicia social.

En el corazón de cada misionero comboniano sigue «ardiendo la llama» que san Daniel vio salir del corazón abierto de Cristo en la cruz, en un momento contemplativo especial, en la basílica de San Pedro, en Roma, el 15 de septiembre de 1864: es el amor recibido del Corazón de Cristo, Buen Pastor, que aún hoy nos impulsa a ir al encuentro de los más pobres y abandonados. Dondequiera que seamos enviados, esta llama de amor nos anima a entablar un diálogo respetuoso con todos, para compartir la fe y promover caminos de fraternidad que reaviven la esperanza en un mundo reconciliado y en paz.

El carisma misionero donado por Dios a San Daniel Comboni es hoy compartido por diferentes realidades que, en su conjunto, constituyen la Familia Comboniana. Por ello, siempre que es posible, colaboramos estrechamente con las Hermanas Misioneras Combonianas, las Misioneras Seculares Combonianas y los Laicos Misioneros Combonianos. Cada grupo vive y encarna, según su vocación específica, el mismo espíritu misionero que animaba al Fundador.

El carisma de San Daniel Comboni es un don para toda la Iglesia y está abierto a múltiples formas de participación. Parte de la misión de las comunidades combonianas es también compartir este espíritu con las Iglesias de antigua fundación, para que puedan renovar su impulso misionero y colaborar activamente en el anuncio del Evangelio y en gestos concretos de solidaridad, justicia y paz, signos visibles del amor de Dios por toda la humanidad, sin distinción alguna.

Para más información: comboni.org


Misioneras Combonianas
Consejo General de las Misioneras Combonianas

Nacimos de un gran sueño de San Daniel Comboni, de un ideal que nos llena el corazón. Comboni nos dejó una herencia que es gracia y responsabilidad, don y conquista. Veía en nuestra identidad de mujeres misioneras la imagen de las mujeres del Evangelio, como escribió en una de sus cartas: «Si no tuviera tantas ocupaciones, me gustaría darles una idea del apostolado de estas hermanas, la verdadera imagen de las antiguas mujeres del Evangelio» (E. 3554).

Desde entonces, el testimonio de María Magdalena, de las mujeres que llevaban los aromas, de la samaritana, de la mujer que amasa el pan, de las mujeres estériles y hechas fértiles, junto con el de las otras discípulas de Jesús, ilumina nuestro camino y nuestra dedicación misionera como hermanas combonianas.

Como María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, que preparando perfumes y movidas por el Amor, van al sepulcro para ungir el cuerpo del Maestro, como estas tres mujeres, pequeña comunidad como muchas de nuestras comunidades, nos sentimos animadas a ponernos en camino cuando aún es de noche, con los ojos y los oídos atentos a los gemidos de la humanidad y del cosmos, a cuidar de la vida más herida, de todas las formas de vida y también de la muerte; a realizar gestos que parecen carecer de sentido; a cuidar de lo que otras personas han abandonado; a reconocer los signos de renacimiento presentes en la historia y ser nosotras mismas generativas; a ser amantes de la Vida y tener el valor y la docilidad de penetrar en el Misterio y dejarnos transformar por Él.

Muchas de nosotras conocemos tierras áridas, aparentemente sin vida, pero la experiencia nos dice que incluso el desierto tiene un potencial generativo, al igual que las mujeres estériles de la Biblia guardan en sí mismas una fecundidad que nadie les puede quitar. Es precisamente en los desiertos geográficos y existenciales donde anunciamos la Fuente de agua viva. A menudo, las realidades a las que somos enviadas parecen tierras áridas, convertidas en tales por la explotación y la violencia sufrida, pero están abiertas a acogernos, con la esperanza de un renacimiento.

Nuestra misión es ser pan, alimento y alegría; existencia entregada para aliviar el sufrimiento humano, para vivir el compartir y movilizar relaciones auténticas y humanizadoras. La mujer de la parábola une la harina, el agua y la levadura; nuestras manos mezclan nuestros conocimientos con los conocimientos de los pueblos a los que somos enviadas. Amasamos el pan de la existencia en sinergia con las fuerzas de otras mujeres y hombres, de organizaciones religiosas y civiles, para construir relaciones comunitarias y solidarias.

Los caminos recorridos son muchos: desiertos y bosques, periferias y fronteras, caminos de tierra, ríos y asfalto, pueblos y ciudades. Nos expresamos a través de diferentes ministerios, pero con un único deseo: cuidar de la vida, de la vida empobrecida y explotada que incluye los cuerpos humanos, pero también los cuerpos-territorio de la tierra, el agua, los bosques, igualmente empobrecidos y explotados. El cuidado es un camino de reciprocidad, porque al cuidar nos sentimos cuidadas, y también porque cuando un ser es violado, toda la red de la vida sufre. El cuidado es un acto comunitario y político. Es ternura, pero también transgresión contra un sistema dominante.

La mujer sin nombre que dialoga con Jesús, la Samaritana, nos recuerda la capacidad de ir más allá de nuestros límites y fronteras, de establecer relaciones en las que circula el poder, de reconocernos capaces de abandonar nuestras seguridades y convicciones para lanzarnos hacia caminos inéditos. La mujer samaritana y el hombre judío que la encuentra en el pozo nos hablan del encuentro posible entre etnias diferentes y de la superación de los prejuicios que separan a hombres y mujeres. Su diálogo pasa de la esfera material a la espiritual, como suele ocurrir en la misión cuando, tras satisfacer las necesidades primarias, se llega, con humildad, a hablar del Misterio, a dar testimonio del Dios-Presencia que rompe todos los esquemas en los que intentamos encerrarlo.

«La Sabiduría clama por las calles, en las plazas hace oír su voz»; Jesús anuncia en las calles y en las casas; Comboni se adentra en los patios y en los desiertos. Alimentados por una espiritualidad femenina, bíblica y místico-política, nuestros pasos siguen sus huellas, anunciadoras de relaciones de reciprocidad, de una humanidad reconciliada consigo misma y con toda la creación.

Para más información: misionerascombonianas.org


Misioneras Seculares Combonianas

«El Señor también os ha elegido para colaborar con la oración, la entrega total de vosotras mismas y la obra del apostolado, incorporándoos a la misma familia fundada por nuestro padre monseñor Daniel Comboni». Esta expresión del padre Egidio Ramponi –a quien se debe la idea fundacional de nuestro Instituto– dirigida a las cuatro primeras jóvenes que el 22 de agosto de 1951 que se entregaron al Señor en lo que sería el Instituto Secular de las Misioneras Combonianas, contiene el núcleo esencial de nuestra vocación y pertenencia a la Familia Comboniana.

La aprobación pontificia del 22 de mayo de 1983 fue una etapa importante para nuestro Instituto, un punto de llegada de una historia que ha ido evolucionando, pero también un punto de partida para un camino que nos ha llevado a enfocar mejor nuestra identidad, hasta hoy. La reciente aprobación de las Constituciones actualizadas, fruto de un largo período de reflexión, es una señal de ello.

Nuestro propio nombre, Misioneras Seculares Combonianas, expresa la identidad de nuestra vocación, que se fundamenta en la misma experiencia de Cristo vivida por Comboni, en su amor por los últimos y en «hacer causa común con ellos». Compartir su pasión por Cristo y por la humanidad se traduce en la entrega total de nosotras mismas en respuesta a la llamada, a través de la profesión de los consejos evangélicos.

Una pasión que se alimenta del encuentro personal con el Señor, del que brota el deseo de compartir con todas las personas, y en particular con las más alejadas, la Buena Nueva del Evangelio, para que todos puedan conocerlo, encontrarlo y tener vida en abundancia (cf. Jn 10, 10).

La «secularidad» es la dimensión que caracteriza el espíritu y la forma en que encarnamos el don del carisma comboniano; esto nos une a la condición de todos los cristianos laicos que viven en el mundo, insertados en su propio ambiente social, profesional y eclesial.

Es una forma de vida que tiene su referencia en la Encarnación del Hijo de Dios y que implica una plena pertenencia a la historia, vivida al estilo de Jesús, el más humano de los hombres, hijo y hermano de todos, que nos lleva a compartir las mismas situaciones, incluso de precariedad e incertidumbre, de la mayoría de la gente común, a hacernos cargo de los retos, los sufrimientos y las esperanzas de la humanidad.

Como Misioneras Seculares Combonianas estamos integradas, cada una en su propio entorno, en su propia situación, viviendo de su propio trabajo. Esta es nuestra forma de transformar el mundo desde dentro con el espíritu del Evangelio.

En sintonía con las imágenes evangélicas de la sal y la levadura, elementos sencillos de la vida cotidiana que actúan desde dentro, ponemos el acento en ser fermento misionero en cada realidad y situación humana, más que en la visibilidad de la organización, de las obras o de las estructuras. Este es el elemento que nos une a todas en la pluralidad de situaciones de vida, entornos, actividades, edades, y que se manifiesta en una multiplicidad de formas de vivir y expresar la misión.

Cultivamos una actitud de apertura a las situaciones fronterizas en nuestro país o en otros países, dispuestas a ir a las diferentes periferias del mundo. Un «ir» que es ante todo salir de nosotras mismas, de nuestros estrechos límites, para ampliar los horizontes al mundo entero, sobre todo a las personas más pobres, a los últimos…; una actitud que impregna toda nuestra experiencia y que puede concretarse también en la elección de un servicio en contextos o lugares diferentes a los de la vida ordinaria.

Nos anima el deseo de mantener viva en todas partes esa apertura misionera que hace del partir hacia los últimos el criterio, no solo de una auténtica vida evangélica, sino también humana.

Nos sentimos llamadas a vivir en primera persona esta «tensión de salida», siendo testigos de ella también ante los demás de todas las formas posibles, en las relaciones interpersonales, en las diferentes situaciones cotidianas, en las comunidades cristianas y en todos los contextos de vida y compromiso, también a través de iniciativas específicas, abiertas a la colaboración con todas las personas de buena voluntad.

Para más información: secolaricomboniane.it


Laicos Misioneros Combonianos
Coordinación general LMC

Desde los inicios de su misión, San Daniel Comboni llevó con él a laicos que pudieran colaborar en África, que pudieran compartir sus profesiones y así ayudar las comunidades necesitadas de desarrollo. Él decía que los misioneros laicos “contribuyen a nuestro apostolado más de lo que los sacerdotes participan en la conversión, porque los alumnos negros y los neófitos están con ellos durante un período de tiempo bastante largo. Éstos, con el ejemplo y la palabra son verdaderos apóstoles para los alumnos, quienes les observan y los escuchan más de lo que pueden observar y escuchar a los sacerdotes” (E 5831).

Y no solo los misioneros, sino que creía que la formación de los laicos y laicas constituía un elemento central de su manera de hacer misión, el insistía en Salvar África con África: “Todos mis esfuerzos están dirigidos a fortalecer estas dos misiones donde preparamos buenos individuos indígenas de las tribus centrales, para que ellos se conviertan en apóstoles de fe y de civilización en su patria” (E 3293); “he conseguido formar competentes maestros y catequistas negros, además de zapateros, albañiles, carpinteros, etc. y proveer las estaciones de Jartum y Cordofán. Indígenas así formados son indispensables para la existencia de una misión”. (E3409).

Representantes de los LMC en la asamblea de Europa

Representantes de los LMC en la asamblea de América

Representantes de los LMC en la asamblea de África

A la luz de este carisma muchos laicos y laicas que acompañaban a los religiosos en las animaciones misioneras de sus países pidieron también poder ser misioneros y misioneras e ir con esta vocación a otros países. Así, a finales de los años ochenta, surgieron los grupos de Laicos Misioneros Combonianos. Grupos de laicos dispuestos a poner sus competencias profesionales y su vida al servicio de la misión. Comboni nos quería Santos y Capaces, por ello nuestro empeño como cristianos es poder compartir nuestra vida de fe y nuestra experiencia profesional con las personas que más lo necesitan.

LMC de México

Actualmente estamos presentes en 21 países de Europa, América y África colaboramos tanto en comunidades internacionales, donde LMC de diversos países nos unimos para tener una presencia misionera común y compartir nuestra vida con las comunidades que lo necesitan en las periferias de las ciudades o en las zonas rurales donde muchos son olvidados, como en nuestros países de origen donde, como laicas y laicos insertos en la sociedad, intentamos plantear un estilo de vida alternativa y solidario con los excluidos de este mundo.

A modo de ejemplo podríamos contaros lo importante de ofrecer formación en agricultura ecológica en el nordeste de Brasil para desde el acompañamiento y formación de las comunidades hacer frente a los grandes latifundios o a las empresas de minería extractivista.

Lo mismo ocurre en la República Centroafricana, donde acompañamos a la población Pigmea-Aka en sus campamentos, con escuelas de integración y procuramos que se les reconozcan sus derechos como ciudadanos de primera en una sociedad que trata de relegarlos.

En Mozambique también estamos empeñados en la formación profesional de los jóvenes de comunidades rurales, ofreciéndoles una cualificación que les permita acceder al mercado laboral, o acompañando a las innumerables comunidades de la parroquia que viven en el interior, donde casi nada llega.

O en las periferias de las grandes ciudades latinoamericanas (Perú, Brasil, Guatemala…) donde hay tantas personas que intentan sobrevivir y ganarse la vida, personas que migran desde el interior para procurar trabajo en la ciudad, pero que a menudo apenas sobreviven por la precariedad laboral que encuentran.

También en Europa encontramos muchas personas migrantes que acompañar, personas procedentes de los países donde estamos presentes y a las que también acompañamos desde nuestra experiencia misionera de vida en África o América, e intentamos que se sientan tan acogidos como nosotros nos sentimos en sus países; acompañándolas y apoyándolas en su integración en la nueva sociedad.

Y todo ello queremos vivirlo desde nuestras comunidades locales, porque sentimos que nuestra llamada misionera ha sido a vivir esta vocación desde la comunidad; por ello nos reunimos para formarnos, rezar, compartir nuestra vida, nuestros sueños y nuestro compromiso misionero.

Para más información: lmcomboni.org

Asamblea general y nueva coordinación de los LMC

Del 9 al 15 de diciembre pasado se celebró la VII Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) en la casa comboniana de Maia (Portugal). El lema de la asamblea fue «Todos juntos para la misión». Los 29 participantes -20 LMC y 9 misioneros combonianos- procedían de 16 países de tres continentes: África (9), América (9) y Europa (11). Durante la asamblea fueron elegidos los miembros del nuevo Comité Central que coordinará los LMC durante los próximos seis años.

comboni.org

La mañana del primer día se dedicó a la oración. La misa de apertura estuvo presidida por el Padre Fernando Domingues, Superior Provincial de Portugal. El martes 10 y el viernes 13 se escucharon testimonios online de los LMC que trabajan en comunidades internacionales en Mozambique, Kenia, República Centroafricana, Perú y Brasil. El miércoles 11 tuvo lugar un encuentro online con representantes de los Consejos Generales de la Familia Comboniana. El jueves por la tarde, los participantes peregrinaron al Santuario Mariano de Fátima.

Los principales temas tratados durante la Asamblea fueron: la presentación del camino recorrido por cada grupo de LMC de los diferentes países durante los últimos seis años, y la reflexión y aprobación del estatuto de los LMC, que será presentado al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Nuevo comité central 2024, elegido en la asamblea de Maia.

El sábado 14 fueron elegidos los miembros del nuevo Comité Central que coordinará los LMC durante los próximos seis años (en la foto, de izquierda a derecha): Flavio Schmidt, de Brasil, Mukami Anne Mutheede, de Kenia, Anna Obyrtacz, de Polonia, y Alberto de la Portilla, de España, que fue reelegido como coordinador general.

Alberto, en el comunicado que dirigió a los LMC y a toda la Familia Comboniana, subrayó las esperanzas que nacen de esta nueva asamblea: «una asamblea que esperamos nos ayude a madurar y profundizar nuestra vocación en todos los rincones del mundo, y a adquirir responsabilidad en nuestro camino de autonomía a todos los niveles».

Nuevo Comité Central de los Laicos Misioneros Combonianos

En el marco de la celebración de la VII Asamblea General De los Laicos Misioneros Combonianos que se celebró del 9 al 14 de diciembre en Maia, Portugal, tuvo lugar la elección del nuevo Comité Central que coordinará el Movimiento LMC durante los próximos 6 años.

Los miembros del nuevo Comité Central son (en la foto, de izquierda a derecha): Flavio Schmidt de Brasil, Mukami Anne Mutheede de Kenia, Alberto de la Portilla de España (que continúa como coordinador general) y Anna Obyrtacz de Polonia.

Son muchos los retos que se han planteado en esta Asamblea y que a lo largo de los próximos 6 años habrá que ir dando respuesta con la ayuda y guía del Espíritu.

Como Movimiento LMC España, damos gracias a Dios por el trabajo de esta Asamblea y por la disponibilidad y servicio a la misión del nuevo equipo coordinador. Que el Señor os bendiga.

LMC

VII Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos

Del 9 al 15 de diciembre de 2024, se celebrará la VII Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) en la Casa de la Comunidad Comboniana en Maia, norte de Portugal. El lema de la asamblea es «Todos juntos para la misión». La mañana del primer día, hoy 9 de diciembre, estuvo dedicada a la oración. Presidió la misa de apertura el P. Fernando Domingues, Superior Provincial de Portugal.

Son en total 29 participantes -20 LMC y nueve misioneros combonianos- de 16 países y de tres continentes: África (9), América (9) y Europa (11). De los cinco miembros del actual Comité Central, están presentes los laicos Alberto de la Portilla (España) y Marco Piccione (Italia), y el P. Arlindo Pinto (Roma), persona de contacto del Consejo General Comboniano para los LMC.

El miércoles 11 habrá un encuentro online con representantes de los Consejos Generales de la Familia Comboniana: Hermanas Misioneras Combonianas, Misioneras Seculares Combonianas y Misioneros Combonianos. El jueves por la tarde habrá una peregrinación al Santuario Mariano de Fátima. El martes y el viernes, online, se escucharán testimonios de LMC que trabajan en comunidades internacionales, en Mozambique, Kenia, República Centroafricana, Perú y Brasil.

Los principales temas que se tratarán durante la Asamblea son: la presentación del camino recorrido por cada grupo de LMC de los diferentes países durante los últimos seis años a todos los niveles (formación, misión, economía y organización); la reflexión y aprobación del estatuto de los LMC que se presentará al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en el Vaticano; por último, la elección del nuevo Comité Central para los próximos seis años.

Los trabajos concluirán el sábado 14 de diciembre, por la tarde, con una Misa presidida por el Padre David Domingues, Vicario General de los Misioneros Combonianos. Al día siguiente, Tercer Domingo de Adviento y Día Internacional de los LMC, el P. David presidirá también la Misa en presencia de los participantes en la asamblea, junto con el pueblo de Dios, en la capilla de la casa de Maia.

40 años de los LMC en Alemania

El 12 de octubre, los misioneros combonianos invitaron a todos los antiguos Laicos Misioneros Combonianos (LMC) a la casa de Ellwangen para reencontrarse después de mucho tiempo. En enero de 1984, Hans Eigner fue el primer LMC que fue a Kenia para una misión de tres años. Desde entonces, más de doscientos jóvenes de ambos sexos han seguido su ejemplo y han invertido un valioso tiempo de sus vidas en solidaridad con los pueblos del Sur Global, adquiriendo muchas experiencias vitales y de fe, confianza y aptitudes interculturales.

Más de treinta antiguos LMC aceptaron la invitación y la alegría de volver a verse fue realmente grande. Todos dijeron estar agradecidos por sus respectivos servicios misioneros en Ecuador, Perú, Sudáfrica, Kenia y Uganda, y felices por la oportunidad de pasar juntos un día de valioso intercambio e interacción.

Tras dar la bienvenida a los invitados y a los hermanos, el superior provincial, P. Hubert Grabmann, describió la situación y los retos de los misioneros combonianos en la provincia de lengua alemana. A pesar del envejecimiento de los hermanos, seguimos en contacto con la Familia Comboniana en otras cicoscripciones, particularmente en Sudán del Sur, Uganda y Kenia.

El Hno. Hans Eigner contó su itinerario personal – primero en el Seminario Menor Comboniano de Neumarkt, después como primer LMC alemán en Kenia – que le llevó a tomar la decisión de hacerse él mismo misionero comboniano: comentó: «Fui a África como “mejorador del mundo” y volví a Alemania como misionero».

El Padre Günther Hofmann explicó los cambios en el movimiento LMC a lo largo de cuarenta años, utilizando fotos tomadas en las misiones durante este tiempo. Al regresar de su experiencia misionera, muchos de ellos tuvieron que completar su formación profesional.

Los LMC de hoy son más jóvenes, normalmente pasan un año comprometidos en un proyecto comboniano en el extranjero para el que están bien preparados y adecuadamente apoyados. La piedra angular de ser LMC siempre ha sido la misma: vivir juntos, rezar juntos y trabajar juntos.

Christoph Koch, antiguo LMC en el campo, informó a los presentes sobre cómo se formó el grupo alemán de LMC y cómo ahora mantiene contactos «en red» con el movimiento internacional de LMC en los diversos distritos combonianos. Las situaciones vitales de los miembros son diferentes: algunos son solteros, otros están casados y viven con sus familias. Todos, sin embargo, llevan a la práctica de diversas maneras el carisma misionero de Daniel Comboni.

Por la tarde hubo ocasión de reunirse en pequeños grupos para intercambiar ideas con quienes han trabajado en el mismo país. Otros reflexionaron sobre Alemania como «país de misión». Todos tuvieron algo que decir y el resultado fue un rico intercambio de experiencias personales, caracterizado por una abundante sabiduría vital.

La jornada concluyó con una solemne Santa Misa, en la que todos expresaron su gratitud y reconocimiento.

Asamblea de los LMC de México

Del 27 al 29 de septiembre tuvimos nuestra asamblea nacional en preparación al encuentro internacional 2024, la cita fue en la ciudad de México donde participamos 15 LMC de los distintos grupos del movimiento nacional, el P. Filomeno Ceja MCCJ como nuestro asesor presente y el P. Luis Enrique Ibarra invitado para dar el tema de Animación Misionera.

Por: LMC México

En un ambiente de oración y dinamismo conseguimos abordar los temas proporcionados por el comité central que nos faltaba trabajar, hicimos grupos donde cada uno tuvimos la oportunidad de expresar nuestro sentir misionero ante la realidad presentada, además que establecimos nuestros compromisos a partir de lo que podemos realizar en nuestra localidad. Hemos conseguido abordar todos los temas aún estamos realizando los documentos que se enviaran al comité central y conseguimos hacer el plan de trabajo para el próximo año.

Hemos establecido fechas donde se destaca los momentos de oración en el retiro mensual presencial en cada grupo, fechas para oración virtual donde todos participemos recordando momentos claves de la vida de Comboni, como para fortalecer el espíritu y nuestro retiro presencial a nivel nacional, así como la fecha para nuestra próxima asamblea.

Las fechas para el inicio y cierre de la experiencia de comunidad.

La formación para el siguiente año.

Las actividades que se realizarán para reunir recursos económicos el siguiente año. Para seguir enviando nuestra aportación al comité central, sostener la experiencia de comunidad y la casa de misión en Metlatónoc.

Cada uno de los miembros escribimos nuestra carta compromiso donde especificamos a lo que nos vamos a comprometer el siguiente año. Misma que fueron recibidas por el Asesor y Coordinador del movimiento LMC en México. Realmente fueron momentos de felicidad al ver concretizar algo puntual por cada uno de los LMC presentes.

La fiesta no se hizo esperar y todos compartimos de lo típico que cada uno tiene en su región. Gracias a Dios todos regresamos con bien a nuestras ciudades.