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Puerto Rico: Una fiesta misionera y sinodal para la Iglesia de América

Martes, 19 de noviembre 2024
Una página para la historia de la isla borinquen se abre este martes con la inauguración de Sexto Congreso Americano Misionero (CAM6) que hasta el próximo 24 de noviembre reunirá en la ciudad de Ponce a unos 1300 misioneros, 900 voluntarios y asistentes, de 40 delegaciones de la Iglesia continental, desde Alaska hasta la Patagonia. [CAM6]

“América, con la fuerza del Espíritu, testigos de Cristo” es el lema del Sexto Congreso Americano Misionero (CAM6) que se celebrará en Puerto Rico 2024 de este martes 19 hasta el 24 de noviembre. Unos 1300 participantes, 1100 delegados Internacionales, 900 organizadores y voluntarios de todo el continente abrirán un espacio de reflexión misionológica para discernir y presentar propuestas a los desafíos que enfrenta la Iglesia continental hoy.

“Puerto Rico está de fiesta sinodal. Hoy en el Caribe acogemos a nuestra Iglesia de América para asumir la responsabilidad misionera a través del anuncio y del testimonio”. Estas las palabras que abren el mensaje de los obispos de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico, publicado tras la rueda de prensa de presentación, realizada ayer, en la Catedral San Juan Bautista en el Viejo San Juan,  con la participación, entre otros, de monseñor Roberto González Nieves, arzobispo de San Juan, anfitrión del evento y del enviado del Papa Francisco, el cardenal Baltazar Porras Cardoso, arzobispo emérito de Caracas (Venezuela).

La misión con un nuevo ardor

En su mensaje, conjuntamente con la Obras Misionales Pontificias y los organizadores del CAM6, los obispos invitan al pueblo de Dios de Puerto Rico a participar en el lanzamiento oficial del evento, hoy, en el auditorio Juan “Pachín” Vicéns en Ponce, ciudad sede del evento misionero. “Convocamos a toda la Iglesia de Puerto Rico a unirse a esta Eucaristía de Apertura para que, como puertorriqueños y como pueblo, elevemos las oraciones para el éxito de este Congreso”.

“Impulsar con nuevo ardor la misión de la Iglesia, de caminar juntos a la escucha del Espíritu, para ser testigos de la fe en Jesucristo en la realidad de nuestros pueblos –escriben los obispos boricuas–. Es una responsabilidad y una oportunidad como Iglesia ser parte de este acontecimiento internacional”.

CAM6 en sinodalidad

América estará representada por obispos, sacerdotes, religiosos, laicos de movimientos eclesiales y líderes de comunidades. Delegados de 40 países, bajo la coordinación general del P. José Orlando Camacho Torres, trabajarán sobre la base del instrumentum laboris CAM6, fruto de un trabajo de escucha, iluminación, reflexión y discernimiento que, en clave sinodal misiológica, fue realizado por tres principales instancias: desde la Iglesia de Puerto Rico, desde las direcciones nacionales de las Obras Misionales Pontificias de América y desde la colaboración del Dicasterio para la

Evangelización.  Entre los temas de enfoque se destacan: La misión de la Iglesia; La transformación social en un contexto de desigualdades; Los testimonios de experiencias misioneras en el Continente; Testigos de Cristo en un contexto de diferencias; Evangelizadores con Espíritu “hasta los confines de la tierra”; y “De América hacia el mundo y del mundo hacia América en sinodalidad y comunión misionera!”.

Una Iglesia en salida

En la conferencia de prensa, monseñor González Nieves, arzobispo de San Juan, destacó que la apertura del evento coincide con la fiesta de Nuestra Señora de la Providencia, Patrona de la nación puertorriqueña y por lo tanto un momento de de profunda conmoción, fe y encuentro con el Señor. Por su parte, el cardenal Porras Cardoso, legado pontificio expresó su agradecimiento, señalando que estar en Puerto Rico le resulta una gracia muy especial, desde donde irradiar el espíritu misionero a todo el continente: “Este no es simplemente un encuentro como para hacer propaganda -señaló el purpurado venezolano – sino para hacer crecer ese sentido de ser Iglesia en salida”.

Monseñor Emilio Nappa, secretario adjunto del Dicasterio para la Evangelización y presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP), en su saludo, calificó de valiosa e importante la experiencia en el encuentro de OMP Estados Unidos, los días previos al CAM6. Al tiempo que resaltó la promoción humana y la fraternidad en el contexto actual, por lo que el CAM6 debe relanzar “la importancia en la conciencia de ser un pueblo de Dio.

José Frontera Agenjo, presidente de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, en Ponce, sede de este importante acontecimiento, acogió a la delegación misionera. “Es un privilegio para la PUCPR servir de sede al VI Congreso Americano Misionero. El CAM6 es un evento de gran trascendencia que está muy atado tanto a la misión educativa como pastoral de nuestra Universidad. El espacio que crea para compartir las experiencias, estrategias y desafíos de la misión evangelizadora refuerza el compromiso de los fieles a ser testigos activos del Evangelio”.

La apertura se transmitirá en vivo en español, inglés, francés y portugués por las redes sociales oficiales en Facebook CAM6 Puerto Rico (https://fb.watch/vYfWOK35C-/) y en YouTube CAM6 Puerto Rico (https://www.youtube.com/watch?v=ODPVuYz-RgY). También, se transmitirá en canales de televisión y emisoras de radio de Puerto Rico. Además, se tendrá disponibles intérpretes de lenguaje de señas para la comunidad sorda presente y que sintonicen las transmisiones.

El último Congreso Americano Misionero tuvo lugar en Bolivia, en 2018, y en cuya conclusión fue nombrada la isla borinquen, sede de esta sexta edición.

Con información de: Vatican News

Mons. Vittorino Girardi, Doctor Honoris Causa en Costa Rica

El pasado 13 de noviembre, el Consejo Universitario de la Universidad Teológica de América Central (UTAC), en Costa Rica, confirió el doctorado Honoris Causa al profesor Mons. Vittorino Girardi, misionero comboniano, obispo emérito de Tilarán-Liberia y gran colaborador de nuestra revista Esquila Misional, por su labor docente y su colaboración en el acompañamiento pastoral de muchas generaciones de religiosos. La ceremonia de investidura había sido precedida por una celebración eucarística, presidida por Mons. Mario Enrique Quirós Quirós, obispo de Cartago.

Por: P. Carlos Humberto Rodríguez Cascante, mccj

Philogène, un joven estudiante haitiano, haciendo la presentación de Mons. Vittorino Girardi.

“¿Quién es Mons. Vittorino Girardi? Como a él mismo le gusta definirse, es un pecador arrepentido y perdonado por Dios”. Con estas palabras, Philogène, un joven haitiano, alumno suyo, en nombre de los estudiantes, agradecía su labor docente en la Universidad Teológica de América Central (UTAC) desde su fundación en 2010 y aún antes, cuando los diferentes institutos religiosos de Costa Rica establecieron el Instituto Teológico de América Central (ITAC) como centro de formación filosófica y teológica para sus candidatos a la vida consagrada.

Fray Mario Madrigal, Rector de la Universidad, entrega la Biblia a Mons. Vittorino.

En una ceremonia sobria pero emotiva, con la presencia de las autoridades académicas de la Universidad, de los estudiantes de filosofía, teología y ciencias de la religión, de los misioneros combonianos presentes en Costa Rica y de un nutrido grupo de amigos y bienhechores, el día 13 de noviembre, Fray Mario Madrigal, Rector de la Universidad, en nombre del Consejo Universitario, dio lectura al decreto por el que la UTAC, por primera vez en su historia, confería el doctorado Honoris Causa, por su labor docente y su colaboración en el acompañamiento pastoral de muchas generaciones de religiosos de toda Centroamérica y el Caribe, al misionero comboniano Mons. Vittorino Girardi, obispo emérito de Tilarán-Liberia.

Enseguida, en el acto de la investidura, le fueron entregados el traje académico y los demás símbolos universitarios, a saber, la toga, la muceta, el birrete, el libro de la ciencia (en su caso fue la Biblia), así como una placa conmemorativa y un diploma. Con un breve discurso de agradecimiento del nuevo doctor finalizó el acto de investidura.

La ceremonia de investidura había sido precedida por una celebración eucarística, presidida por Mons. Mario Enrique Quirós Quirós, obispo de Cartago, como encargado ante la Conferencia Episcopal de la Comisión Nacional de Cultura y Educación y de la Universidad Católica de Costa Rica.

Oración en medio del camellón de la carretera

Por: P. Pedro Pablo Hernández, mccj
Desde Hawassa, Etiopía

Desu, mi compañero de misión, un hermano comboniano etíope, regresó el viernes pasado de un viaje de dos semanas visitando en diferentes partes del país a los jóvenes candidatos que desean entrar a nuestro seminario. Platicamos sobre su viaje y sus ‘aventuras misioneras’ al ir de un pueblo a otro, de encontrarse con los párrocos de los jóvenes y de las entrevistas que les hizo en sus casas. Al final de la conversación lo noté cansado y no me llamó la atención de que no se presentara a la oración vespertina ni a la cena… dejé que descansara.

Al día siguiente lo noté más débil y al preguntarle si se encontraba bien, me contestó que estaba saliendo de un resfriado que no sabía dónde lo había agarrado.

El Domingo no lo vi en el día y pensé que después de ir a Misa en la catedral, había ido a visitar una familia. Sin embargo, cuando lo vi en la noche me dijo que se había vuelto a sentir mal y había dormido todo el día en su cuarto.

El lunes lo vi muy activo durante todo el día realizando todas sus tareas. Su entusiasmo y energía en lo que estaba haciendo era tan solo temporal pues el martes en la mañana, después de que regresé de misa, no lo vi. Así que fui a su cuarto y al verlo metido en cama y enfermo todavía, le dije que se parara, que se lavara y que en 10 minutos lo llevaría al hospital de las Hermanas Franciscanas para que valorizaran qué tenía.

Así lo hicimos y en el camino me dijo que estaba muy cansado y débil pues no había dormido nada durante la noche. Al salir del carro lo dejé caminar delante de mí mientras yo iba a registrarlo, y vi que se tambaleaba y caminaba en zig-zag. Tres de las Hermanas Franciscanas vinieron rápido y lo ayudaron a sentarse en la sala de espera. El doctor de turno lo vio y le pidió que se hiciera varios tipos de análisis, llevando al de la sangre a mostrar lo que padecía: había agarrado la terrible malaria. Lo más probable es que un mosquito lo haya picado en la visita que hizo al candidato que se encuentra cerca de la frontera con Sur Sudan.

El doctor les dijo de inmediato a las hermanas que le llevaran la medicina que les indicó, que le hicieran una canaleta en la vena de la mano y empezaran a subministrarle los medicamentos vía intravenosa. Así lo hicieron y me dijo que lo tendrían bajo observación y con medicamentos fuertes por 24 horas.

Las hermanas hicieron todo lo posible para hacerlo sentir bien, le llevaron comida y, como es de costumbre en toda religiosa y mamá de casa, le empezaron a dar miles de consejos, recomendaciones o indicaciones de lo que tenía que hacer para mejorar más rápido. A eso había que multiplicarlo por tres, pues no era una monjita, sino tres, y las tres hablando al mismo tiempo. (¡!!)  Al final me dio gusto que lo había dejado en buenas manos: con la medicina del doctor y el cuidado de las religiosas. 

Al finalizar la misa de esta mañana que presidí junto con el diácono que fue ordenado el sábado pasado y otros cinco sacerdotes de diferentes países: Tanzania, Uganda y Etiopía, (estaban de paso para la reunión de directores de escuelas que el Vicariato organizó para las cinco zonas étnicas donde la Iglesia Católica tiene presencia), le hablé al Hermano Desu para preguntarle cómo estaba y si necesitaba algo de casa. Le llevé un cambio de ropa y al encontrarlo lo vi ya muy recuperado y con entusiasmo, la alegría y la sonrisa habían regresado a su rostro, pues ya había dormido toda la noche y los medicamentos estaban dando resultado. Pero no lo dieron de alta todavía; tenía que seguir recibiendo la medicina y seguir observando si la malaria abandonaba su cuerpo. Sabiendo esto, empecé mi camino de regreso.

Pero no me fui derecho a casa. Entre el pequeño pueblo de Bushulo y la ciudad de Hawassa que ya están prácticamente pegados, hay un lugar muy bonito y relajante donde las aguas del lago llegan hasta la carretera. Ahí me paré no solamente para contemplar la belleza del lugar, sino para elevar también una pequeña oración de acción de gracias por la salud del Hermano Desu.

Mientras lo hacía, escuché a dos hombres que desde lejos me decían algo que no entendía, pero al acercarse más comprendí su pregunta amárico: “¿Has visto las barcas? Tienen pescado por si quieres comprar”. Les dije que no, pues el de ahí era más pequeño que el que vendían al otro lado del lago. Pensé que comenzarían a molestarme, insistiendo en que le comprara algo a sus amigos pescadores.

Sin embargo, la conversación poco a poco se volvió muy amena, platicando de las diferencias de estilo de vida en diferentes países. Yo les hacía notar, por ejemplo, el gran don que tienen los etíopes de hacer amigos con mucha facilidad y que saludaban a todos con mucho respeto. Y como muestra, los invité a que nos paráramos en medio del camellón de la calle-carretera y que se pusieran a ver que a todas las personas que yo saludaría, responderían elevando la mano y mostrando una sonrisa. Lo hice con las personas que pasaba a pie, en moto, en tuk-tuk (triciclo motorizado), o en minibús. Cada vez que alguien contestaba mi saludo, ellos reían abiertamente, junto con los otros jóvenes que ya se habían acercado a seguir nuestra platica.

Entre ellos uno de repente me dijo ‘Padre’. Me sorprendí y le pregunté cómo sabía que era sacerdote. Me contestó que era porque me había puesto a platicar con ellos, así como otros misioneros lo hacían antes cuando empezaron su misión por esos rumbos. Después me dio una lista de los primeros misioneros Combonianos que habían llegado ahí, empezando con el P. Bruno Lonfernini y con el P. Tomasoni quien empezó el hospital.

Posteriormente otro de ellos, el que me había preguntado si quería pescado, salió con que él también era católico, y lo mismo dijo el que estaba a su lado. Al final de nuestra plática, uno de ellos me preguntó: “Bueno, y al final de todo, ¿por qué te detuviste aquí, frente al lago?” Le dije que hice porque quería orar un tenish gizie, un ratito. Al escuchar mi respuesta, uno ellos, me dijo que se despedía para que siguiera mi oración.

En ese momento, en mi mente una ‘vocecita’ me dijo: si ya te dijeron que eran católicos, que conocen a varios misioneros y ya han entablado el inicio de una amistad, ¿qué te detiene a que los invites a orar contigo? Así que inmediatamente les dije, “antes de que nos vayamos, ¿les parece si rezamos el Padre Nuestro juntos?” Sin ninguna demora asintieron a mi pregunta y al poner mis manos en señal de oración, poniendo las palmas hacia arriba, ahí donde estábamos, sin movernos y mientras pasaban carros y motores de un lado y el otro del camellón donde estábamos parados, nos pusimos a rezar juntos el Padre Nuestro en amárico. Mientras lo hacíamos, me fijé que uno de ellos, el que me había preguntado si quería pescado y que decía que era católico, no había abierto la boca durante la oración. Le pregunté por qué no lo había hecho y me contestó que era porque sólo la sabía en Sidamo. Por tal motivo, los invité a que rezaran ahora la misma oración, pero en su lengua.

Terminamos, de mi parte, con mi bendición y de su parte con una invitación: “Padre, ¿cuándo vienes a nuestra capilla a saludar a la comunidad que tenemos aquí cerca y a orar un rato con nosotros? Les dije que con alegría lo haría en el futuro, cuando se lo comente al párroco de ahí me de permiso de ir.

No me sorprendió que antes de que, así como dice el dicho mexicano “aquí se rompió una taza y cada uno se va a su casa”, Fierewu, el joven que me quería vender pescado me pidiera que intercambiáramos números telefónicos. Por este motivo ahora conozco también su nombre y lo recordaré no solamente porque me invitó a visitar la comunidad cristiana (capilla) a la cual pertenece, sino también porque hoy rezamos junto con sus amigos y conocidos sobre el camellón de la calle-carretera.

No hay lugar en el mundo que impida a uno entablar una relación con Dios por más incómodo o impropio que pueda parecer.  En cualquier lugar se puede hacer oración y en cualquier lugar uno puede dar testimonio de su fe, incluso en momentos cuando uno menos lo espera. ¡Dios conceda total salud al Hermano Desu y bendiga a Firewu y su comunidad cristiana!

Misioneros Combonianos en Chad: El pueblo no se beneficia del dinero del petróleo

Chad, crisis climática y pobreza
Desde uno de los países más pobres, la petición de condonación de la deuda, como quiere el Papa, para apoyar los servicios básicos y las actividades agrícolas, crear infraestructuras para frenar los daños medioambientales. Los combonianos denuncian la explotación de las multinacionales y piden «una llamada de atención» a la comunidad internacional. «Eternizar la ayuda es sólo una solución amortiguadora: hay que desencadenar procesos de paz, justicia y promoción humana».

Vatican News

Con más del 40% de la población por debajo del umbral de la pobreza, Chad vive en un sufrimiento crónico agravado por los daños climáticos de una magnitud sin precedentes en las últimas semanas, los violentos enfrentamientos con los grupos armados del fundamentalista islámico Boko Haram y la dificultad de gestionar un flujo continuo de desplazados que huyen de la sangrienta guerra civil en el vecino Sudán. Los misioneros combonianos presentes en el país cuentan el enorme esfuerzo que hay que emplear en una tierra al límite de la habitabilidad, sobre todo en los meses de verano.

El dinero del petróleo va a parar a las armas o a las multinacionales

Chad es un país que desempeña un papel importante en el equilibrio del Sahel, entre otras cosas por su disposición a acoger refugiados, y sus esfuerzos deben ser reconocidos. Así lo afirmó la Representante Especial de la UE para el Sahel, Emanuela Del Re, en la apertura de la reunión convocada en Yamena con los enviados especiales de la UE en la región, así como los de EEUU, Canadá, Reino Unido, Noruega, Suiza y Japón. Que, a pesar de todo, se encuentra entre los países más pobres del mundo es un hecho, y que desde 2003 Chad se ha convertido en exportador de petróleo, sin dejar de ser el segundo país menos desarrollado del planeta precedido por Sudán del Sur, es un defecto que lleva décadas a la vista y que preocupa mucho a quienes han estado allí en varias ocasiones para apoyar a una población que está agotada.

Chad: la pobreza de las periferias

Uno de ellos es el padre Renzo Piazza, que llegó aquí en 1982; estuvo nueve años, a los que siguieron otros nueve de ausencia y regresó en 2000 para diez años. Después de 14 años, en septiembre, se encontró con una capital que le resultaba irreconocible: desbordada, caótica. Explica que en las capitales africanas la población se duplica cada diez años. «Como ya no se encuentra sitio en el centro, se para en los suburbios, donde la vida es difícil, sin carreteras ni electricidad. Sin embargo, la gente prefiere quedarse allí porque el terreno es más barato y pueden construir una pequeña casa con el riesgo de que la derriben cuando haya que hacer obras de infraestructura». El misionero cuenta que «aquí todo es una lucha, viajar, trabajar bajo un sol abrasador, con traslados en furgonetas que son una ruina. Si no eres capaz de luchar aquí no sobrevives». De marzo a mayo, pues, es invivible por el calor. Casi todo el dinero va a las multinacionales. «Hace unos 20 años, señala, planearon que gran parte de los beneficios de la venta de petróleo fueran a parar a las generaciones futuras. Luego, en cambio, se compraron armas para garantizar la seguridad. Se han hecho algunas obras públicas, pero en esencia se mantiene una situación de gran pobreza».

Apoyo al llamamiento del Papa en favor de la anulación de la deuda

Para un país como el Chad, la anulación de la deuda podría tener repercusiones importantes y positivas, aunque ello dependería de la gestión de los fondos liberados. Así comenta una mujer, feligresa del Padre Renzo y con un cargo de responsabilidad a nivel ministerial, el llamamiento del Papa Francisco en su mensaje a Cop29 en favor de la condonación de la deuda de los países pobres. «Una operación de este tipo para un país como Chad, explica, debería funcionar teniendo en cuenta el refuerzo de los servicios básicos (acceso al agua potable, atención sanitaria y educación); el apoyo a la agricultura y la seguridad alimentaria, sectores bajo presión debido a la sequía y la degradación de la tierra (con menos deudas que devolver, el gobierno podría invertir más en mejorar los sistemas de riego o las técnicas de cultivo); invertir en infraestructuras (transporte, energía y comunicación) para desarrollar el comercio, pero también la conexión entre las zonas rurales y urbanas; reducir la pobreza y la desigualdad con una mejor asistencia social, especialmente en las regiones aisladas donde el acceso a los recursos y a las oportunidades económicas es limitado».

Inundaciones y residuos, ultraje a un territorio degradado

Para agravar un contexto de carencias como el del Chad, las recientes inundaciones, como informa el padre Piazza, siguen afectando a muchas familias y han afectado a 16 países de África Occidental y Central. El misionero afirma que en la capital «la vida es bastante tranquila, no hay signos tangibles en comparación con lo que ha ocurrido en las regiones del lago Chad». Explica, sin embargo, que el riesgo de acabar inundado se da cada vez con más frecuencia, ya que Yamena es el lugar donde confluyen los dos grandes ríos del país y, cuando el periodo es más crítico, si uno no se refugia con sacos de arena, muchos barrios se inundan. «En algunas zonas vi camiones con arena para crear barreras. En el sur, donde había campos cultivados, los frutos se echaron a perder. La Iglesia puso a disposición terrenos que tenía para acoger a los que tuvieron que abandonar sus casas. Recibieron sacos de arroz. Hoy en día se organizan para atender a los necesitados. Se trata de soluciones provisionales, señala, pero hay que adelantarse». Está claro, añade, que «nos enfrentamos a los daños del cambio climático». Al agua le acompaña el otro efecto desestabilizador, el de los residuos: «Las carreteras están llenas de canales para que el agua escurra, pero éstos están llenos de basura porque la recogida no funciona. Y con el viento, como ahora, la arena también se espesa. El resultado es que todo está obstruido». El ACNUR, que se ha comprometido a proporcionar asistencia inmediata y apoyo a largo plazo a los desplazados y a las comunidades de acogida, ha expresado su preocupación al respecto: «Es probable que los efectos catastróficos de las inundaciones se prolonguen mucho más allá de la temporada de lluvias de este año, exacerbando las dificultades a las que ya se enfrentan las comunidades vulnerables».

Ataques de Boko Haram e inestabilidad interna

En el Ángelus del 1 de noviembre, Francisco expresó su cercanía a los chadianos azotados por las inundaciones, del mismo modo que se dolió por las víctimas del grave atentado terrorista de los días inmediatamente anteriores, que costó la vida a decenas de personas y del que se culpó al ejército local, que habría matado por error a decenas de pescadores en un intento de golpear a los yihadistas de Boko Haram. Desde 2009, cuando este grupo armado somalí inició su campaña de violencia en el noreste de Nigeria, la insurgencia se ha extendido rápidamente a los países vecinos, entre ellos Níger, Camerún y Chad, con una amenaza que prácticamente ha remitido. Para intentar frenar estos repetidos brotes, las naciones vecinas de Chad «han pedido ayuda al ejército local, que tiene mucha experiencia, a pesar de que Boko Haram ha sufrido más bajas», explica el padre Piazza. El clérigo afirma que ha conocido a varias personas que han perdido a miembros de su familia en los enfrentamientos. «Seguro que Boko Haram no será derrotado porque está demasiado arraigado en muchas zonas», admite y se refiere al estado de ánimo -en su opinión falso- de ciertos sectores de la población convencidos de que en realidad no se trata de Boko Haram sino de movimientos rebeldes. Ciertamente, los grupos yihadistas han reorganizado y relanzado sus operaciones aprovechando la inestabilidad política interna de Chad, donde la transición presidencial de 2021 sigue marcada por las protestas y los disturbios.

La dolorosa acogida de los refugiados sudaneses

Desde la frontera con Camerún, donde se encuentra la capital, hasta Abéché, al noreste, hay unos 700 kilómetros. El Hermano Enrico Gonzales, también comboniano, vive aquí desde hace tres años. Junto con un hermano y un sacerdote diocesano, anima la parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús que cubre el territorio fronterizo con Sudán. Se trata de una zona muy delicada, en perpetuo desamparo, puerta de entrada de los refugiados de Sudán. Los campos de refugiados acogen hasta cincuenta mil personas, con el desierto acechando. «El agua es un problema muy grave. Casi todas las agencias humanitarias del mundo han intervenido para intentar paliar la situación, pero es realmente muy difícil. Intentamos hacer lo que podemos», confiesa el misionero. La parroquia se encuentra en el vicariato de Mongo, una ciudad a 400 kilómetros de Abéché: «Aquí, Cáritas diocesana está interviniendo en algunos campamentos para construir refugios, pozos, pero es complicado. No es tanto la cuestión de la seguridad lo que crea problemas, porque la situación aquí es relativamente tranquila, pero desde el punto de vista logístico hay cuestiones críticas. Por ejemplo, aquí hay un aeropuerto pero, al ser militar, es de uso exclusivo de las fuerzas chadianas. El transporte de convoyes tarda demasiado, especialmente durante la temporada de lluvias. Algunos refugiados han sido trasladados aquí, a la espera de ser reconocidos. El flujo es continuo. Estuve en Sudán hace 20 años y ahora me he encontrado con hijos y nietos de refugiados de la guerra de Darfur», afirma.

«Llegué a Chad hace diez años y todavía encuentro desplazados sudaneses que ahora se han instalado aquí. Creo que se quedarán aquí seguro porque, a pesar de todo, sigue siendo seguro», continúa Gonzales, satisfecho de que al menos el gobierno no haya cerrado la frontera, pues de lo contrario los sudaneses se verían atrapados en un destino de muerte segura debido al conflicto civil que no les da tregua. El hermano Enrico utiliza el arma de la ironía para exorcizar el cansancio y la rabia que siente ante una guerra civil, la del vecino Sudán -a la que también el Papa dirige continuamente su pensamiento-, que califica de «espantosa» y en la que el propio Comboni College se ha llevado la peor parte, saqueado e incendiado. Gonzales también tuvo que tratar con refugiados sudaneses cuando vivía en Egipto, pero nunca se acostumbró a la carnicería y el sufrimiento de los campos, hoy olvidados por la comunidad internacional. «Es necesario un toque de atención», advierte.«Las grandes organizaciones intentan hacer lo que pueden, pero aquí el problema es siempre el mismo: eternizar la ayuda en lugar de resolver el problema de fondo, que sería desencadenar procesos de paz, reconciliación y justicia. Pero es extremadamente complejo».

Por una pastoral sinodal que supere el clericalismo

La zona de Abéché está habitada por una minoría muy reducida de cristianos, donde «las relaciones con los musulmanes son formalmente buenas», informa el Hermano Enrico. El padre Piazza vuelve de la capital para hablar de la colaboración interna en la vida de la Iglesia, comprometida en la pastoral penitenciaria y en los suburbios «donde no hay nada, pero hay gente, personas de buena voluntad que se han organizado para encontrar un lugar donde rezar los domingos». Cuenta que trabajan duro en la animación tratando de cuidar la formación en esta zona que poco a poco se convertirá en vicaría y luego en parroquia. «Actualmente sólo hay un toldo que cobija a los que rezan. En la fiesta de Comboni había 1.500 personas. Un cambio hermoso que he visto, cuenta el misionero, es que ahora encuentras en las comunidades personas que se han hecho mayores, cristianos que han crecido en fidelidad a la Iglesia y que garantizan los servicios dando continuidad. Aquí ya se pone en práctica la sinodalidad y la ministerialidad, con el trabajo de los equipos principalmente en manos de los laicos, sin los cuales el sacerdote no podría realmente hacer nada». Su último pensamiento se refiere al Papa Francisco, «un don que el Espíritu Santo ha dado a la Iglesia de hoy, un don también para la Iglesia del Chad. Mi deseo, concluye, es que se le escuche más en esta Iglesia que tiene tendencia a replegarse en el clericalismo. Debemos tener paciencia para que crezca en los dos pulmones, en la oración pero también en la dimensión de la promoción humana». Concluye con una anécdota que vale por años y años de misión, la mayor recompensa: «una vez la mujer de un catequista me dijo “Tú eres mi hermano”».

Mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de los Pobres: 17 de noviembre de 2024

«La esperanza cristiana abraza también la certeza de que nuestra oración llega a la presencia de Dios; pero no cualquier oración: ¡la oración de los pobres!». Lo dice el papa Francisco en su mensaje para la octava Jornada Mundial de los Pobres, que se celebra el domingo 17 de noviembre. Su título «La oración del pobre sube hasta Dios (cf. Sirácida 21,5)» está relacionado con este año dedicado a la oración en vista del Jubileo de 2025.

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
17 de noviembre de 2024

La oración del pobre sube hasta Dios (cf. Sirácida 21,5)

Queridos hermanos y hermanas:
1. La oración del pobre sube hasta Dios (cf. Si 21,5). En el año dedicado a la oración, con vistas al Jubileo Ordinario 2025, esta expresión de la sabiduría bíblica es muy apropiada para prepararnos a la VIII Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el próximo 17 de noviembre. La esperanza cristiana abraza también la certeza de que nuestra oración llega hasta la presencia de Dios; pero no cualquier oración: ¡la oración del pobre! Reflexionemos sobre esta Palabra y “leámosla” en los rostros y en las historias de los pobres que encontramos en nuestras jornadas, de modo que la oración sea camino para entrar en comunión con ellos y compartir su sufrimiento.

2. El libro del Eclesiástico, al que nos referimos, no es muy conocido, y merece ser descubierto por la riqueza de temas que afronta sobre todo cuando se refiere a la relación del hombre con Dios y con el mundo. Su autor, Ben Sirá, es un maestro, un escriba de Jerusalén, que escribe probablemente en el siglo II a. C. Es un hombre sabio, arraigado en la tradición de Israel, que enseña sobre varios ámbitos de la vida humana: del trabajo a la familia, de la vida en sociedad a la educación de los jóvenes; presta atención a los temas relacionados con la fe en Dios y con la observancia de la Ley. Afronta los problemas arduos de la libertad, del mal y de la justicia divina, que también hoy son de gran actualidad para nosotros. Ben Sirá, inspirado por el Espíritu Santo, quiere transmitir a todos el camino a seguir para una vida sabia y digna de ser vivida ante Dios y ante los hermanos.

3. Uno de los temas a los que este autor sagrado dedica mayor espacio es la oración. Lo hace con mucho ímpetu, porque da voz a su propia experiencia personal. En efecto, ningún escrito sobre la oración podría ser eficaz y fecundo si no partiera de quien cada día está en la presencia de Dios y escucha su Palabra. Ben Sirá declara haber buscado la sabiduría desde la juventud: «En mi juventud, antes de andar por el mundo, busqué abiertamente la sabiduría en la oración» (Si 51,13).

4. En su recorrido, descubre una de las realidades fundamentales de la revelación, es decir, el hecho de que los pobres tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios, de tal manera que, ante su sufrimiento, Dios está “impaciente” hasta no haberles hecho justicia, «hasta extirpar la multitud de los prepotentes y quebrar el cetro de los injustos; hasta retribuir a cada hombre según sus acciones, remunerando las obras de los hombres según sus intenciones» (Si 35,21-22). Dios conoce los sufrimientos de sus hijos porque es un Padre atento y solícito hacia todos. Como Padre, cuida de los que más lo necesitan: los pobres, los marginados, los que sufren, los olvidados. Pero nadie está excluido de su corazón, ya que, ante Él, todos somos pobres y necesitados. Todos somos mendigos, porque sin Dios no seríamos nada. Tampoco tendríamos vida si Dios no nos la hubiera dado. Y, sin embargo, ¡cuántas veces vivimos como si fuéramos los dueños de la vida o como si tuviéramos que conquistarla! La mentalidad mundana exige convertirse en alguien, tener prestigio a pesar de todo y de todos, rompiendo reglas sociales con tal de llegar a ganar riqueza. ¡Qué triste ilusión! La felicidad no se adquiere pisoteando el derecho y la dignidad de los demás.

La violencia provocada por las guerras muestra con evidencia cuánta arrogancia mueve a quienes se consideran poderosos ante los hombres, mientras son miserables a los ojos de Dios. ¡Cuántos nuevos pobres producen esta mala política hecha con las armas, cuántas víctimas inocentes! Pero no podemos retroceder. Los discípulos del Señor saben que cada uno de estos “pequeños” lleva impreso el rostro del Hijo de Dios, y a cada uno debe llegarles nuestra solidaridad y el signo de la caridad cristiana. «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187).

5. En este año dedicado a la oración, necesitamos hacer nuestra la oración de los pobres y rezar con ellos. Es un desafío que debemos acoger y una acción pastoral que necesita ser alimentada. De hecho, «la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria» (ibíd., 200).

Todo esto requiere un corazón humilde, que tenga la valentía de convertirse en mendigo. Un corazón dispuesto a reconocerse pobre y necesitado. En efecto, existe una correspondencia entre pobreza, humildad y confianza. El verdadero pobre es el humilde, como afirmaba el santo obispo Agustín: «El pobre no tiene de qué enorgullecerse; el rico tiene contra qué luchar. Escúchame, pues: sé verdadero pobre, sé piadoso, sé humilde» (Sermón 14,3.4). El humilde no tiene nada de que presumir y nada pretende, sabe que no puede contar consigo mismo, pero cree firmemente que puede apelarse al amor misericordioso de Dios, ante el cual está como el hijo pródigo que vuelve a casa arrepentido para recibir el abrazo del padre (cf. Lc 15,11-24). El pobre, no teniendo nada en que apoyarse, recibe fuerza de Dios y en Él pone toda su confianza. De hecho, la humildad genera la confianza de que Dios nunca nos abandonará ni nos dejará sin respuesta.

6. A los pobres que habitan en nuestras ciudades y forman parte de nuestras comunidades les digo: ¡no pierdan esta certeza! Dios está atento a cada uno de ustedes y está a su lado. No los olvida ni podría hacerlo nunca. Todos hemos tenido la experiencia de una oración que parece quedar sin respuesta. A veces pedimos ser liberados de una miseria que nos hace sufrir y nos humilla, y puede parecer que Dios no escucha nuestra invocación. Pero el silencio de Dios no es distracción de nuestros sufrimientos; más bien, custodia una palabra que pide ser escuchada con confianza, abandonándonos a Él y a su voluntad. Es de nuevo Sirácida quien lo atestigua: “la sentencia divina no se hace esperar en favor del pobre” (cf. Si 21,5). De la palabra pobreza, por tanto, puede brotar el canto de la más genuina esperanza. Recordemos que «cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. […] Esa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 2).

7. La Jornada Mundial de los Pobres es ya una cita obligada para toda comunidad eclesial. Es una oportunidad pastoral que no hay que subestimar, porque incita a todos los creyentes a escuchar la oración de los pobres, tomando conciencia de su presencia y su necesidad. Es una ocasión propicia para llevar a cabo iniciativas que ayuden concretamente a los pobres, y también para reconocer y apoyar a tantos voluntarios que se dedican con pasión a los más necesitados. Debemos agradecer al Señor por las personas que se ponen a disposición para escuchar y sostener a los más pobres. Son sacerdotes, personas consagradas, laicos y laicas que con su testimonio dan voz a la respuesta de Dios a la oración de quienes se dirigen a Él. El silencio, por tanto, se rompe cada vez que un hermano en necesidad es acogido y abrazado. Los pobres tienen todavía mucho que enseñar porque, en una cultura que ha puesto la riqueza en primer lugar y que con frecuencia sacrifica la dignidad de las personas sobre el altar de los bienes materiales, ellos reman contracorriente, poniendo de manifiesto que lo esencial en la vida es otra cosa.

La oración, por tanto, halla la confirmación de su propia autenticidad en la caridad que se hace encuentro y cercanía. Si la oración no se traduce en un actuar concreto es vana, de hecho, la fe sin las obras «está muerta» (St 2,26). Sin embargo, la caridad sin oración corre el riesgo de convertirse en filantropía que pronto se agota. «Sin la oración diaria vivida con fidelidad, nuestra actividad se vacía, pierde el alma profunda, se reduce a un simple activismo» (Benedicto XVI, Catequesis, 25 abril 2012). Debemos evitar esta tentación y estar siempre alertas con la fuerza y la perseverancia que provienen del Espíritu Santo, que es el dador de vida.

8. En este contexto es hermoso recordar el testimonio que nos ha dejado la Madre Teresa de Calcuta, una mujer que dio la vida por los pobres. La santa repetía continuamente que era la oración el lugar de donde sacaba fuerza y fe para su misión de servicio a los últimos. El 26 de octubre de 1985, cuando habló a la Asamblea General de la ONU mostrando a todos el rosario que llevaba siempre en mano, dijo: «Yo sólo soy una pobre monja que reza. Rezando, Jesús pone su amor en mi corazón y yo salgo a entregarlo a todos los pobres que encuentro en mi camino. ¡Recen también ustedes! Recen y se darán cuenta de los pobres que tienen a su lado. Quizá en la misma planta de sus casas. Quizá incluso en sus hogares hay alguien que espera vuestro amor. Recen, y los ojos se les abrirán, y el corazón se les llenará de amor».

Y cómo no recordar aquí, en la ciudad de Roma, a san Benito José Labre (1747-1783), cuyo cuerpo reposa y es venerado en la iglesia parroquial de Santa María ai Monti. Peregrino de Francia a Roma, rechazado en muchos monasterios, trascurrió los últimos años de su vida pobre entre los pobres, permaneciendo horas y horas en oración ante el Santísimo Sacramento, con el rosario, recitando el breviario, leyendo el Nuevo Testamento y la Imitación de Cristo. Al no tener siquiera una pequeña habitación donde alojarse, solía dormir en un rincón de las ruinas del Coliseo, como “vagabundo de Dios”, haciendo de su existencia una oración incesante que subía hasta Él.

9. En camino hacia el Año Santo, exhorto a cada uno a hacerse peregrino de la esperanza, ofreciendo signos concretos para un futuro mejor. No nos olvidemos de cuidar «los pequeños detalles del amor» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 145): saber detenerse, acercarse, dar un poco de atención, una sonrisa, una caricia, una palabra de consuelo. Estos gestos no se improvisan; requieren, más bien, una fidelidad cotidiana, casi siempre escondida y silenciosa, pero fortalecida por la oración. En este tiempo, en el que el canto de esperanza parece ceder el puesto al estruendo de las armas, al grito de tantos inocentes heridos y al silencio de las innumerables víctimas de las guerras, dirijámonos a Dios pidiéndole la paz. Somos pobres de paz; alcemos las manos para acogerla como un don precioso y, al mismo tiempo, comprometámonos por restablecerla en el día a día.

10. Estamos llamados en toda circunstancia a ser amigos de los pobres, siguiendo las huellas de Jesús, que fue el primero en hacerse solidario con los últimos. Que nos sostenga en este camino la Santa Madre de Dios, María Santísima, que, apareciéndose en Banneux, nos dejó un mensaje que no debemos olvidar: «Soy la Virgen de los pobres». A ella, a quien Dios ha mirado por su humilde pobreza, obrando maravillas en virtud de su obediencia, confiamos nuestra oración, convencidos de que subirá hasta el cielo y será escuchada. 

Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2024, Memoria de san Antonio de Padua, patrono de los pobres.

FRANCISCO

Mensaje del Consejo General de los Combonianos a los misioneros que trabajan en Mozambique

El Consejo General de los Misioneros Combonianos ha enviado un mensaje de solidaridad a sus hermanos que trabajan en la Provincia de Mozambique, en el que dicen seguir con gran preocupación las noticias e imágenes de violencia y destrucción que les llegan desde allí. Al tiempo les animan a seguir dando testimonio de su solidaridad con las personas con las que conviven y les recuerdan que «hoy, más que nunca, estamos llamados a proclamar la Buena Nueva de la paz como único camino para construir una sociedad basada en el respeto a la dignidad humana y en la atención a los más desfavorecidos».

comboni.org

Mensaje a los Hermanos de Mozambique

Queridos Hermanos de la Provincia de Mozambique:

Como Consejo General, seguimos con gran preocupación las noticias e imágenes de violencia y destrucción de bienes públicos y privados que nos llegan de Mozambique como reacción al fraude y a la falta de transparencia en el anuncio de los resultados de las elecciones generales -presidenciales, legislativas, asambleas provinciales y gobernadores- del pasado 9 de octubre.

Las manifestaciones populares, que debían ser pacíficas, degeneraron en actos de violencia, que fueron reprimidos por la fuerza por la policía -especialmente en las grandes ciudades- causando más de veinte muertos y centenares de heridos. Estas manifestaciones de violencia, que sólo generan odio y muerte, angustia y miedo, nos han llevado a expresar, en nombre del Instituto, nuestra cercanía a cada uno de ustedes y a todo el pueblo de Mozambique.

Sabemos que todo el país atraviesa momentos difíciles y que, por regla general, quienes acaban sufriendo las consecuencias nefastas de los conflictos violentos son las personas más pobres e indefensas.

Ante el agravamiento de la situación, pedimos a todos los hermanos que permanezcan vigilantes e informados sobre los acontecimientos, y que sean solidarios con quienes buscan la verdad y la justicia, en comunión con la Iglesia local. Sin duda, la resiliencia puede y debe ayudarnos a superar la adversidad actual y a encontrar vías pacíficas para orientar y dar esperanza al pueblo y al país.

Nuestra presencia en Mozambique en los últimos 77 años, inspirada en la Palabra de Dios y en el testimonio de San Danilo Comboni, se ha distinguido siempre por la capacidad concreta de asumir un estilo de misión comprometido e inserto en la realidad de la gente, y de hacer causa común con las alegrías y los dolores de quienes nos han sido confiados.

Les animamos, por tanto, a seguir siendo solidarios con las personas que los rodean, transmitiéndoles la esperanza que brota del Evangelio. Hoy más que nunca, estamos llamados a proclamar la Buena Nueva de la paz como único camino para construir una sociedad basada en el respeto de la dignidad humana y en la preocupación por los más desfavorecidos.

Damos gracias a Dios por su testimonio de entrega al pueblo con el que comparten la misión, y nos sentimos también solidarios con todos los mozambiqueños y mozambiqueñas que anhelan un futuro mejor y -hoy sobre todo- la paz.

Esperamos también que la profunda tradición cristiana y los valores ancestrales del pueblo sean el pilar desde el que construir una reflexión serena y justa que ayude a superar la actual polarización de fuerzas entre el gobierno y la sociedad civil.

Rezamos por el cese inmediato de la violencia en Mozambique y pedimos la intercesión de San Daniel Comboni, para que os ayude a vivir con fe y esperanza este doloroso momento.

Que Dios los bendiga, los proteja y les dé la fuerza y la sabiduría para afrontar estos momentos difíciles.

Permanezcamos unidos en la solidaridad, rezando juntos por la paz.

El Consejo General