Octubre, mes misionero. 100 años del DOMUND
Hoy, fiesta de Santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones, iniciamos el mes misionero por excelencia. Este año es muy especial, porque el próximo día 18 celebraremos los 100 años del DOMUND (Domingo Mundial de las Misiones). Cien años de comunión y de apoyo a los que se encuentran en tierras lejanas para anunciar el Evangelio. El Papa León XIV nos anima a estar en comunión con ellos.
En su mensaje para la 100ª Jornada Mundial de las Misiones, que lleva por título «Uno en Cristo, unidos en la misión», León XIV señala como condición indispensable para que el mensaje misionero de la Iglesia sea creíble la necesidad de sentirnos unidos como hermanos que se hacen uno en Cristo.
El Papa insiste en que toda la Iglesia debe sentirse misionera y hace un llamamiento especial recordando a «todos los misioneros y misioneras ad gentes de hoy; personas que, como san Francisco Javier, han dejado su tierra, su familia y toda seguridad para anunciar el Evangelio, llevando a Cristo y su amor a lugares a menudo difíciles, pobres, marcados por conflictos o culturalmente lejanos. Unámonos todos a ellos en la misión evangelizadora mediante el testimonio de la vida en Cristo, la oración y la contribución a las misiones».
Lo que realmente nos anima y sostiene a los misioneros cuando estamos lejos de nuestra tierra –más allá de las ayudas económicas– es saber que lejos de donde estamos, en nuestra tierra de origen o en otros lugares, hay personas que nos recuerdan, que rezan y que viven en comunión con nosotros. Si nos sintiéramos solos, nuestra misión no tendría sentido y duraría menos que una gota de agua en mitad del desierto.
En este mes misionero por excelencia y al cumplirse los 100 años del DOMUND, no caigamos en la fácil tentación de liberar nuestra conciencia dando un pequeño donativo. El Domingo Mundial de las Misiones es mucho más que una simple colecta. El Papa afirma con insistencia que todos somos responsables de todos. Si decimos que somos uno en Cristo, debemos sentirnos unidos unos a otros, tanto con los de aquí como con los hermanos que viven en tierras lejanas.
Ese «sentirnos unidos» va más allá de una simple ayuda económica, debe implicar un esfuerzo por conocer la realidad de nuestros hermanos, sentirnos en comunión con ellos, «reír con los que ríen y llorar con los que lloran», como dice san Pablo; asumir nuestra responsabilidad de seguir enviando misioneros, orar por ellos y colaborar en la medida de nuestras posibilidades. Solo entonces nuestra aportación económica adquirirá un verdadero sentido misionero. Como afirma también el Papa en su mensaje, «cada don, por pequeño que sea, se convierte en un acto significativo de comunión misionera».
