Comunicado final del Segundo Diálogo Nacional por la Paz

Guadalajara, Jalisco, 1 de febrero de 2026.

Del 30 de enero al 1 de febrero, en el ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara, más de 1,200 líderes sociales, religiosos, académicos, empresariales, autoridades locales y representantes de la sociedad civil provenientes de todo el país se reunieron en el Segundo Diálogo Nacional por la Paz, un espacio plural para mirar de frente la realidad de la violencia en México, compartir metodologías de construcción de paz y articular respuestas a la altura del momento histórico que vive la nación.

El encuentro reunió voces de todas las regiones del país, reflejando la diversidad de contextos, dolores y esperanzas que hoy atraviesan a México, con un objetivo común: reconstruir la paz desde lo local, con visión nacional y compromiso colectivo.

Durante el Diálogo se llevaron a cabo tres conferencias magistrales.

El académico Mauricio Merino abordó las causas estructurales de la violencia en México, subrayando la urgencia de recuperar al Estado como un espacio de acuerdos colectivos que dé marco institucional a la vida social.

El sacerdote Elías López reflexionó sobre los desafíos de la reconciliación nacional, destacando la necesidad de formar liderazgos comunitarios y sinodales capaces de construir propuestas desde la escucha.

Por su parte, Monseñor Ramón Castro enfatizó que construir la paz exige escuchar, discernir y actuar, es una vocación de toda persona para buscar un orden social de relaciones armonizadas, poniendo en el centro a las víctimas y convencidos que la paz solo se alcanza si hay verdad, justicia y reparación.

Asimismo, se desarrollaron mesas de análisis sobre los principales desafíos del país. El Dr. Alfonso Alfaro llamó a imaginar un Estado capaz de integrar a los jóvenes hoy atrapados por la violencia. Sandra Ley señaló la urgencia de fortalecer a las policías municipales. Sergio López Ayllón propuso la justicia cívica como una vía concreta desde lo local. Daniel Moreno subrayó la importancia de incorporar a los medios de comunicación como actores estratégicos en la construcción de paz. Alberto Olvera llamó a fortalecer las alianzas con la sociedad civil. Elena Azaola recordó la deuda pendiente con las cárceles. Sara González, universitaria, expuso los retos para activar la participación juvenil. Y José Medina Mora presentó el Modelo Inclusivo de Desarrollo como una contribución del sector empresarial a la paz.

En tres mesas adicionales se compartieron experiencias nacionales e internacionales de construcción de paz, confirmando que existen caminos viables con resultados concretos en los territorios. Entre ellas destacaron el Proyecto VIVA y los Centros Manresa en la Sierra Tarahumara, que han atendido a más de 8,000 personas en salud mental, así como experiencias de colaboración en el diseño de Consejos de Paz y Justicia Cívica con el gobierno federal. Los embajadores de Irlanda, Ruairí De Burca, y de Noruega, Dag Nylander, coincidieron en que todo proceso de paz debe construirse junto a las víctimas de la violencia y ofrecer caminos de reinserción para los victimarios.

El Diálogo contó también con la presencia de alcaldes y representantes municipales reconocidos por su trabajo en la construcción de la paz, provenientes de Centro, Tabasco; Escobedo y San Pedro Garza García, Nuevo León; Guadalajara, Zapopan y Jocotepec, Jalisco; Meoqui, Chihuahua; Cherán, Michoacán; y Tepoztlán, Morelos, quienes se sumaron a este esfuerzo como actores clave desde lo local.

De igual manera, diversas comunidades religiosas firmaron un compromiso común y presentaron un plan de trabajo conjunto. Participaron representantes de comunidades budistas, musulmanas, hinduistas, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tradiciones indígenas, comunidad ortodoxa, bautista, luterana, pentecostal y católica quienes se comprometieron a formarse frente a los desafíos de la violencia, aportar la riqueza ética de sus espiritualidades y fomentar el encuentro desde la diversidad religiosa en México.

En el marco del encuentro se entregaron reconocimientos a 13 empresas comprometidas con la construcción de una cultura de paz en sus entornos. Este distintivo fue entregado por CONCANACO-SERVYTUR, COPARMEX, CANACINTRA y USEM, y las empresas ganadoras fueron: La Norteñita, Bio TecLab, CEDIMI Laboratorios, Centro de Acopio y Soluciones Ambientales, Combuservicios, Controladora Vía Rápida Poetas, Criser, Estructuras Metálicas de Puebla, Grupo La Paz, La Vencedora, Restaurante Mar y Tierra, Talentoría y Desarrolladora Comuna.

Las metodologías de construcción de paz sistematizadas por este movimiento serán entregadas al gobierno federal, a los gobiernos estatales y a los gobiernos municipales del país aportando con ellas caminos para construcción de la paz desde programas probados en la atención de las violencias. Así como se entregaron a los 9 alcaldes presentes en el Diálogo Nacional por la Paz.

En las conclusiones se destacó que el gran reto es imaginar y reconstruir el Estado que México necesita para recuperar la paz, a partir de acuerdos que regulen la vida institucional y garanticen condiciones de vida digna para todas las personas.

Este segundo encuentro dejó tres claves fundamentales:

  1. El Estado somos todas y todos, y la paz exige acuerdos colectivos desde lo local, esto implica la conversión de quienes lucran con la violencia y quienes permanecen indiferentes ante ella.
  • Es urgente construir un sistema social que integre a las juventudes hoy excluidas y vulnerables, y ahí es importante escucharlos y construir junto con ellos.
  • No será posible una nueva convivencia sin atender y sanar la herida de las personas desaparecidas y acompañar de manera prioritaria a las víctimas de la violencia.

El encuentro concluyó con la lectura de un manifiesto, en el que se afirmó que el camino hacia la paz pasa por refundar la comunidad desde la escucha, el reconocimiento y el compromiso, abrir horizontes de esperanza para las juventudes y caminar del lado de las víctimas, teniendo como eje transversal la cultura del cuidado.

Diálogo Nacional por la Paz


Manifiesto por La Paz

Por aquellos a quienes estamos buscando, por quienes han sido víctimas de las violencias y por quienes vienen detrás, escribimos este manifiesto. 

En el Diálogo Nacional por la Paz decidimos no aceptar que el futuro de niñas y niños se hipoteque por falta de condiciones para crecer. Decidimos no negociar la dignidad humana a cambio de intereses económicos o políticos. Nos negamos a ser indiferentes ante el dolor y la vida que pende de un hilo. Y rechazamos toda complicidad frente a la violencia estructural y sistémica.

Proponemos refundar la comunidad, construir nuevas maneras de encontrarnos, de escucharnos, de navegar los conflictos, de llegar a acuerdos, de exigir, de ofrecer, de resistir, de ser con otros. Una manera distinta de cuidar la fragilidad, de preservar la vida, de posibilitar futuros, desde la familia hasta el estado, pasando por la escuela, la colonia, el centro de trabajo, la parroquia, el barrio con miras a construir un nosotros amplio, permeable y dispuesto a involucrarse y a sostener una esperanza organizada dirigida a la acción.

Cada paso, cada conversatorio, cada acuerdo, cada metodología que decidamos implementar, lo haremos con la conciencia de que estamos, desde el Diálogo Nacional, refundando nuestra forma de ser comunidad, ya sea que esas acciones estén enfocadas a la salud mental, al medio ambiente, a las policías, a las víctimas, a las juventudes o a las escuelas, a los migrantes, los funcionarios públicos, las empresas o universidades. Así, 

–       Habrá paz cuando visibilicemos, rechacemos y encontremos alternativas frente a las violencias de las que formamos parte;

–       Habrá paz cuando seamos capaces de conmovernos y movernos ante el dolor ajeno;

–       Habrá paz cuando cada individuo y cada sector, decidamos ser una voz de corresponsabilidad y trabajo, pero también de exigencia y denuncia, una voz que no tolere la injusticia, el odio, la impunidad;

–       Habrá paz cuando recuperemos nuestra capacidad colectiva de cuidar y ser cuidados, cuando frente a las miradas de niños y niñas, asumamos la responsabilidad de construir las condiciones para que su futuro sea posible.

–       Habrá paz cuando el costo de guardar silencio y ser indiferentes sea impagable; 

Por ti, por mí, por los que vienen, por los que ya no están.

Somos PAZ. Seremos MÁS.

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Tiempo de la creación. Un llamado por la justicia climática y la casa común

Mensaje de las Conferencias y Consejos Episcopales Católicos de África, Asia y América Latina y el Caribe, en ocasión de la COP30
El 1 de septiembre se celebra la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, una jornada que abre el llamado «Tiempo de la creación», que se celebra del 1 de septiembre al 4 de octubre, fiesta de san Francisco. Por otra parte, el próximo mes de noviembre tendrá lugar en Belem, Brasil, la 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que reunirá a representantes de 198 estados y otras partes para abordar la amenaza global del cambio climático.
En este contexto, las Conferencias y Consejos Episcopales Católicos de África, América Latina y el Caribe, y Asia han elaborado un documento conjunto en el que exhortan a los líderes mundiales a trabajar por una ambiciosa implementación del Acuerdo de París en favor de las personas y del planeta. El llamado también se dirige a la Iglesia y al público en general para que vivan la «conversión ecológica» (papa Francisco) y aborden «las heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a la diferencia y un paradigma económico que explota los recursos de la Tierra y margina a los más pobres» (papa León XIV). 
Un llamado  por la justicia climática y la Casa Común:
Conversión  ecológica, transformación  y resistencia  a las falsas  soluciones

La Iglesia católica presente en África, América Latina y el Caribe, y Asia, inspirada tanto en el legado del papa Francisco en su encíclica Laudato si’ (2015) y en su exhortación apostólica Laudate Deum (2023), como por el llamado del papa León XIV a vivir una ecología integral con justicia, paz y valor profético, presenta este documento como una expresión de su compromiso inquebrantable con la dignidad humana, la paz, la opción preferencial por los empobrecidos, la justicia climática y social-ecológica y el cuidado de la Casa Común.

Huerto ecológico en el centro de formación de catequistas de Bendoné, Chad

En reconocimiento del consenso científico –como el del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC)– sobre la necesidad de limitar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados para evitar consecuencias catastróficas, elevamos una voz profética que llama a la paz desde una conversión ecológica que transforme el modelo de desarrollo actual, basado en los extractivismos, la tecnocracia y la mercantilización de la naturaleza.

En la COP30, exigimos a los Estados una acción transformadora fundamentada en la dignidad humana, el bien común, la solidaridad y la justicia social, priorizando a los más vulnerables, entre estos, a la hermana madre Tierra.

I. Principios fundamentales

Con el calentamiento global alcanzando 1.55 grados centígrados en 2024 y la desertificación que ya afecta a 500 millones de personas en el sur global, la acción inmediata es esencial para evitar impactos irreversibles en los sistemas del clima y de la naturaleza. Nuestras decisiones actuales impactan a las generaciones futuras; abogamos por una justicia intergeneracional que asegure un planeta habitable y próspero para todas las formas de vida.

“Si te quedas sentado, no tendrás bosques en pie”

La crisis climática es también una crisis de valores que genera violencias; las soluciones deben unir justicia, ecología, derechos de la naturaleza y dignidad humana, aspectos fundamentales de la ecología integral y la construcción de la paz, superando la visión antropocéntrica.

La ecología integral propone un cambio estructural en las economías y los modelos de desarrollo, superando paradigmas tecnocráticos y extractivistas que perpetúan la explotación de los pueblos y la degradación ambiental.

El cambio climático, generado principalmente por el norte global, afecta a todos, pero de manera desproporcionada a los países del sur global; las políticas climáticas deben basarse en la equidad y en responsabilidades comunes, pero diferenciadas, y capacidades respectivas.

Madera procedente de talas masivas en Brasil

Las mujeres y las niñas se ven afectadas de manera desproporcionada por el cambio climático, sobre todo en el sur global, ya que se enfrentan a problemas que van desde la inseguridad alimentaria hasta la violencia, y arriesgan sus vidas como defensoras del medio ambiente.

Las soluciones deben integrar las cosmovisiones y prácticas de los pueblos y comunidades locales, garantizando el acceso a sus derechos vulnerados; no pueden limitarse a ajustes meramente técnicos y financieros.

II. Compromisos y responsabilidades

Oración por el cuidado de la Tierra durante el FOSPA X

Desde nuestra misión, nos comprometemos y reafirmamos que:

-Rechazamos las «falsas soluciones» de la financiarización y mercantilización de la naturaleza, oponiéndonos a los mecanismos de compensación de carbono y a la financiarización de los bienes comunes, que transfieren indebidamente la carga de reducir las emisiones de quienes las causan a quienes las sufren y anteponen el lucro a la vida; y que perpetúan la explotación de la tierra, sus seres vivos y sus pueblos, en lugar de abordar las causas de la crisis.

-Defendemos la justicia climática, asegurando que las decisiones de la COP30 y otras prioricen a las personas empobrecidas sobre las lógicas corporativas que profundizan las desigualdades.

-Exigimos la eliminación progresiva de los combustibles fósiles y rechazamos toda nueva exploración, explotación e infraestructura, en una trayectoria alineada con la meta de 1.5 grados centígrados, garantizando una transición energética justa, inclusiva y sostenible.

-Condenamos el «capitalismo verde», la minería, el «monocultivo energético», que sacrifican comunidades y ecosistemas; y exigimos una transformación económica radical que favorezca las condiciones para que la vida en la Tierra prospere.

-Fortalecemos la resistencia y la resiliencia de las comunidades, incidiendo en el acceso universal a recursos para la reparación de pérdidas y daños, mitigación y adaptación, desde estrategias locales de medios de vida y seguridad alimentaria, soberanía hídrica, gestión de emergencias y planificación territorial.

-Defendemos la soberanía de los pueblos indígenas y comunidades tradicionales sobre sus territorios, clave para la protección de los ecosistemas acuáticos y terrestres.

San Lorenzo, Ecuador. Río contaminado por la extracción de oro.

-Promovemos un nuevo paradigma de desarrollo basado en la solidaridad, la justicia social, la cooperación y el respeto por los límites planetarios y por las culturas de los pueblos, impulsando la agroecología, las nuevas economías y el desarrollo humano integral.

-Implementamos programas educativos sobre el cuidado de la Casa Común, la ecología integral, los derechos humanos, la sostenibilidad ambiental y la economía popular y solidaria.

-Cultivamos la espiritualidad en las artes, las culturas y los medios de comunicación para sensibilizar y promover narrativas de esperanza y acción colectiva.

-Crearemos el «Observatorio eclesial sobre justicia climática», mediante la Conferencia Eclesial de la Amazonia, para monitorear los compromisos de las COPs y su cumplimiento en el sur global, así como denunciar los compromisos incumplidos.

III. Llamado a la acción

Siderurgia de Tequia, Brasil. Foto: comboni press

Exigimos que los países ricos reconozcan y asuman su deuda social y ecológica como principales responsables históricos de la extracción de recursos naturales y de la emisión de gases de efecto invernadero, y que se comprometan con un financiamiento climático justo, accesible y efectivo, que no genere más deuda, para recuperar las pérdidas y daños existentes y la capacidad de resiliencia en el sur global.

Invitamos a una coalición histórica de actores tanto del sur como del norte global, comprometidos con la ética y la justicia, para abordar la cuestión de deudas, promover la resiliencia, y asegurar las condiciones para que la vida en el planeta prospere.

Exigimos alcanzar la deforestación cero en todos los biomas para 2030, como compromiso urgente ante la crisis climática.

Exigimos que los Estados implementen ¿NDC? ambiciosos a la altura de la urgencia climática y que comuniquen al mundo cómo implementarán las decisiones colectivas tomadas en COPs anteriores, incluida una transición energética socialmente justa.

Exigimos a los Estados la implementación de mecanismos de gobernanza climática con participación activa y vinculante de las comunidades, la sociedad civil y las organizaciones basadas en la fe para tomar decisiones.

Exigimos la protección de los pueblos y comunidades locales vulnerables al cambio climático y amenazados por conflictos sociales y ecológicos, reconociendo su rol clave en la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad.

Exigimos políticas que transformen los ciclos productivos y la cultura del consumo, para que sean cada vez más justas y sostenibles, asegurando que las transiciones económicas y energéticas no perpetúen desigualdades ni comprometan los derechos humanos ni los del medioambiente.

Exigimos con urgencia acción colectiva en pro del clima, de la biodiversidad y de los derechos de todos los seres vivientes, así como un cambio de modelo socioeconómico y cultural en favor del bien común y de las futuras generaciones.

Tala de árboles en Uruguay. Foto: comboni press

Tras la profunda decepción que ha supuesto el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG); exigimos que la financiación climática sea transparente, accesible y llegue de forma directa y efectiva –sin intermediarios– a las comunidades más vulnerables, impidiendo que los bancos de desarrollo y las instituciones financieras inviertan en combustibles fósiles y proyectos extractivos, y que no se base en la financiarización de la naturaleza ni aumente la deuda de los países del sur global.

Exigimos liberar las soluciones basadas en la naturaleza de la lógica mercantil, precisando su objetivo de mitigar el cambio climático, regenerar la biodiversidad y sostener los medios de vida de los pueblos.

Exigimos políticas alineadas con los límites planetarios: reducción de demanda y consumo, metas de decrecimiento, y transición hacía modelos económicos más circulares, solidarios y restauradores.

IV. Un camino de esperanza y conversión ecológica

Las Iglesias de África, América Latina y el Caribe, y Asia, en una alianza intercontinental que fortalece nuestra voz profética y promueve la cooperación entre pueblos del sur global, hacen un llamado a todas las personas de buena voluntad a emprender un camino de conversión ecológica, inspirados en la espiritualidad del cuidado, el «buen vivir» (Querida Amazonía, 8) y en la «sobriedad feliz» (Laudato si’, 223) propuestos por el papa Francisco.

Invitamos a la comunidad humana a educar en la conciencia ecológica, promoviendo estilos de vida que reduzcan el consumo excesivo y respeten la creación.

Alentamos a fortalecer redes de solidaridad y acción climática entre comunidades, organizaciones sociales, académicas y personas comprometidas con la justicia ecológica para defender la Casa Común.

En comunión con las víctimas y en alianza con comunidades y liderazgos amenazados por proteger sus territorios, exigimos la reparación de los daños y el respeto a los derechos humanos, así como el reconocimiento de una voz profética en defensa de los empobrecidos y de la hermana madre tierra.

Nos comprometemos con la formación de las nuevas generaciones para que comprendan la crisis climática como un desafío ético y moral, y lideren la transformación del mundo hacia un futuro justo y sostenible.

Fomentamos el diálogo entre el conocimiento científico y la sabiduría ancestral, valorando su aporte conjunto para la conservación de la naturaleza y la adaptación climática.

Pacto comboniano por la casa común

Reiteramos que la Iglesia, en su misión profética, no cesará de alzar la voz ante las injusticias ecológicas y sociales, recordando que el clamor de la Tierra es también el clamor de los pobres (Laudato si’, 49). Viendo la COP30 como una oportunidad histórica para una transformación estructural hacia la justicia climática y social-ecológica, nos comprometemos a seguir en diálogo con religiones vecinas por la justicia climática y el cuidado de la Casa Común. De igual manera, nos comprometemos a seguir en diálogo con la comunidad científica para que las acciones climáticas, basadas en la mejor evidencia, respondan a las necesidades locales, regionales y globales, incidiendo permanentemente en las políticas de los Estados.

Hacemos eco de las palabras del papa León XIV: lo que necesitamos en este momento es amor y unidad para «construir un mundo nuevo donde reine la paz».

Fruto del discernimiento colectivo de las Iglesias de África, América Latina y el Caribe, y Asia en preparación para la COP30 en el continente de la esperanza, invocando la inspiración del Espíritu Santo y en comunión con la misión de la Iglesia universal.

África, América Latina y el Caribe, y Asia, 12 de junio de 2025.


Recursos para vivir el Tiempo de la Creación

Para apoyar a parroquias, comunidades y familias, se han publicado materiales litúrgicos, pastorales y educativos, incluyendo:

Oración y LiturgiaVia Creationis, Nueva Misa Pro Custodia CreationisGuía de Celebración y libro de oraciones del Movimiento Laudato Si’.

Recursos ecuménicos y pastoralesmensaje del Papa León XIV para la X Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, materiales del Instituto de Investigación Laudato Si’ (Universidad de Oxford) y diversas iniciativas eclesiales de América y Europa.

Niños, jóvenes y familias: recursos educativos y actividades como Los creadores del bosque de Isaías, para que los más pequeños descubran que también son “semillas de paz”.

Proceso formativo en Ecología Integral para preparar la COP 30

adn-celam

Cáritas Latinoamérica y el Caribe, junto al Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), lanzan una nueva iniciativa formativa en clave de ecología integral, dirigida a miembros de organizaciones eclesiales comprometidas con el cuidado de la Casa Común en América Latina y el Caribe. El ciclo de cuatro webinars pre-COP 30 inicia el 29 de agosto y se extenderá hasta el 24 de octubre con el fin de fortalecer la capacidad de incidencia política de la Iglesia en la defensa de la justicia climática.

Propuesta formativa en cuatro bloques

Cada sesión tendrá una duración de una hora y media y contará con expertos de trayectoria en el ámbito ambiental, pastoral y social.

El primer bloque a desarrollarse el 29 de agosto, tiene como tema “Incidencia política en ecología integral”, la sesión estará a cargo de Estefanía González, líder ambiental reconocida por su experiencia en campañas sobre océanos, biodiversidad y cambio climático en América Latina. Abordará el funcionamiento de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y del Acuerdo de París, sus componentes, actores y espacios de participación.

Los siguientes bloques se realizaran el 12 de septiembre, 10 y 24 de octubre, con distintos diálogos sobre fundamentos para la incidencia, el estudio de los documentos relacionados con ecología integral y experiencias de incidencia visibilizando buenas prácticas locales en espacios internacionales. El proceso formativo se convierte así en un espacio donde la voz de los más vulnerables, la experiencia de los territorios y el Magisterio de la Iglesia confluyen para construir propuestas transformadoras hacia una ecología integral.

Objetivos y aprendizajes

El proceso tiene como propósito fortalecer las capacidades técnicas y pastorales de las organizaciones eclesiales, para que su voz y acción en torno a la COP 30 se fundamente en el discernimiento comunitario, la experiencia territorial y los aportes del Magisterio.

Al concluir el ciclo, los participantes habrán adquirido herramientas para comprender y explicar el funcionamiento del Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y del Acuerdo de París, así como para discernir los distintos niveles de incidencia y reconocer los públicos a quienes dirigir mensajes y propuestas de justicia climática.

También se espera que puedan valorar la importancia de los compromisos nacionales conectados con la realidad de las comunidades más vulnerables, e iluminar su acción a partir de documentos eclesiales, integrando en su práctica los aportes de obispos y Cáritas.

Iglesia que incide desde la esperanza

Los encuentros formativos tienen como propósito que los participantes incorporen lenguajes capaces de tender puentes con gobiernos, sociedad civil y organismos internacionales, y que aprendan a tejer procesos de incidencia “de abajo hacia arriba”, llevando las experiencias de los territorios a las agendas nacionales y globales.

Otro resultado esperado es la capacidad de visibilizar y compartir signos de esperanza mediante buenas prácticas que muestran que otra forma de habitar la creación es posible.

Con esta iniciativa, también se quiere que las comunidades eclesiales hispanoparlantes de América Latina y el Caribe participen en el debate climático global y lo hagan con criterios técnicos, fundamentos pastorales y una mirada sinodal.

𝗘𝗻𝗹𝗮𝗰𝗲 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘀𝗰𝗿𝗶𝗽𝗰𝗶𝗼́𝗻: https://bit.ly/WebinarIncidenciaEcologiaIntegral 

Reunión nacional de Pastoral Afromexicana

Por Hna. Ruperta Palacios
(https://jocruz4.wixsite.com/cimarronmex)

Los días 24-26 de marzo del 2025 la pastoral afromexicana se reunió en el Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas -CENAMI- con el objetivo de “Iniciar el camino de reflexión, a partir de la experiencia Guadalupana, hacia el XVI Encuentro de Pastoral Afro de América Latina y el Caribe y buscar juntos cómo responder a los clamores y esperanzas de los pueblos afromexicanos”.

Participaron más de 50 personas provenientes de los estados de Oaxaca, Veracruz y Guerrero. En este encuentro, los participantes tomaron conciencia de que la realidad que viven los pueblos negros en México, son clamores que se elevan al cielo y claman por justicia, dignidad, inclusión, protección y liberación.

Se reflexionó sobre cómo el Dios del Éxodo que ve, oye y baja a liberar, es el mismo en el cual creían nuestros ancestros, un Dios que busca la liberación y protección para nuestros pueblos ante las antiguas y nuevas esclavitudes. “RUJA”: Liberación y “URRA”: protección, son los gritos que resuenan desde las realidades de nuestros pueblos y se hacen escuchar con esas advocaciones africanas.

Dios, es un Dios que “ruge”, que sale en defensa de los más vulnerables para liberarlos. Desde la tradición bíblica se reconoce que Dios no es alguien neutro, Él toma partido por el huérfano, la viuda y el extranjero y, durante la diáspora africana, se pone de lado de los esclavizados. Y, como el salmista, el pueblo afromexicano pide protección a Dios: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen”. (Sal 15) 

Aunque este pueblo pasó por las cañadas más obscuras de la vida, Dios siempre le acompañó, lo cuidó y lo protegió bajo sus alas, pues sus descendientes están aquí, nosotros/as también somos hijos, nietos y bisnietos de un mandinga, de un congolés, de un dahomeyano…

El Dios que ruje en busca de liberación y protección, también es un Dios alegre, que danza en medio de su pueblo, según la experiencia del profeta “cusita” (africano) Sofonías. El pueblo afromexicano nunca perdió la esperanza en Dios, aminoraba el dolor, la tragedia, los traumas por medio de la danza y el sentido de fiesta. Desde esta experiencia bíblica reconoce que Dios está en medio de él, como aquel que salva y redime. La esperanza le hace resistir ante las dificultades.

La celebración eucarística del día 26 de marzo 2025 quedó marcada en el corazón de muchos afromexicanos, por fin el pueblo afro arrojó las cadenas y entró como pueblo libre al santuario de nuestra señora de Guadalupe, ella como madre de todos abrió sus brazos y nos dijo con una voz muy dulce y tierna:

“Tú también eres mi hijo, mi hija muy amada, hacía muchos siglos que yo esperaba y yo soñaba con este momento. Tú siempre serás bienvenido/a a esta casita sagrada, aquí tienes un lugar en mi corazón. Yo también tengo tú mismo color.” ¡Toquen los tambores, el bote, la charrasca, la armónica, den gritos de alegría, hoy es un día fiesta!

Dicen que los “diablos” entraron a esta basílica. Yo no vi a los diablos, yo vi a personas humanas, que entraron con gran libertad, venciendo los miedos, danzando como en el gran día de fiesta. Vi a un pueblo que se regocijaba, que cantaba con el alma, vida y corazón.

Les ¿digo una cosa? Dijo la virgen: su presencia devolvió el alma a esta basílica, el toque de los tambores retumbó también en mi corazón, yo estoy alegre porque ustedes han venido a verme a esta su casita. 

Nota: Para más información sobre la Pastoral Afromexicana, visite la página web Cimarronmex

Mujeres indígenas, Romper el silencio histórico y cultural

Del 27 al 30 de enero pasado se realizó la IX Asamblea de los Equipos Diocesanos de Pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicanos. En este encuentro, la participación de las mujeres fue determinante a la hora de delinear el enfoque y las directrices para el trabajo de reconstrucción, fortalecimiento y acompañamiento que se requiere en los procesos de estos pueblos, tanto en la Iglesia como en la sociedad mexicanas. Paulina Odilia Molina Capilla participó en este encuentro. Es originaria del pueblo purépecha de la región del lago de Pátzcuaro, en el estado de Michoacán. También es parte del Concejo de Fiscales de la Red de Mujeres Indígenas a nivel nacional y, desde este ministerio tradicional de los pueblos originarios, acompaña los procesos de crecimiento, autoestima y participación de las mujeres, tanto en el ámbito social como eclesial. Esta red impulsa todo un tejido de iniciativas para sanar el corazón herido de las mujeres por la discriminación, la pobreza, la invisibilización y deshumanización, tanto en la sociedad como en sus mismos pueblos de origen. Desde esta experiencia ella nos comparte su visión sobre la realidad de la mujer indígena en la actualidad.
Mujeres de pueblos originarios:
pierdan el miedo a expresar su palabra

Por: Paulina Odilia Molina Capilla
Entrevistó: Hno. Joel Cruz, mccj

Percibo la situación de las mujeres indígenas como de oportunidades; ahora depende mucho de nosotras no dejarlas pasar. Claro que tuvimos un pasado de discriminación, aunque es verdad que esta experiencia aún se percibe en algunas regiones y ámbitos. Pero también es verdad que la situación ha cambiado mucho; ahora el desafío radica en la preparación de las mujeres de los pueblos originarios para aprovecharlas. Ciertamente, hay algunas que están preparadas en diversos campos profesionales, pero aún son pocas para los ámbitos en los que se ven oportunidades para abrir caminos de participación.

Actualmente, sentimos que el reto es impulsar a las nuevas generaciones de mujeres de nuestros pueblos para que estudien y se preparen más, para abrir espacios de participación y romper el silencio histórico y cultural en la Iglesia y en la sociedad actual. No se trata de pelear espacios, sino de abrir-los donde se percibe la oportunidad de hacerlo. La situación actual plantea expresar nuestra palabra en los distintos foros y espacios de decisión, tanto en el ámbito eclesial como sociopolítico y cultural.

El silencio: hábito y costumbre para dejar atrás

La vergüenza y el miedo de expresar la propia palabra, junto al hábito histórico y cultural del silencio femenino en los pueblos originarios, actualmente es el muro por derribar, para que podamos ser también protagonistas de la transformación social y eclesial. La pena de no saber hablar, de no saber cómo expresar lo que pensamos y sentimos, el creer que no sabemos, que no tenemos el conocimiento suficiente para hablar de los asuntos que nos afectan a todos, provoca que el silencio de la mujer siga manifestándose en el miedo a organizarse, a participar, a actuar juntas en estos espacios o caminos que se ofrecen en la Iglesia, en la política, en la cultura…

Con frecuencia, aunque tengamos ideas y conocimientos y las oportunidades estén ante nosotras, la cultura del silencio en la que fuimos cultivadas nos hace una presencia muda. Por ejemplo, este año está dedicado a la mujer de los pueblos originarios a nivel nacional, es decir, con esta declaración se nos abren muchas coyunturas en diferentes ámbitos de la política, la cultura, la religión… pero si no nos sentimos preparadas o creemos que no tenemos algo que aportar, continuaremos arrinconadas en la invisibilidad y la resignación silenciosa.

Al tener presente esta cultura del silencio, en la que se forjó la presencia femenina en los pueblos originarios en nuestro país, el mayor esfuerzo debe concentrarse en el trabajo de animación de las mujeres a que pierdan el miedo a compartir su propia visión y comprensión de las diferentes realidades que nos envuelven, impulsar su preparación y capacitación para que vayan adquiriendo seguridad de su ser y de su saber, y esto facilite su participación en la transformación de la sociedad en los ámbitos en las que ellas sientan que pueden aportar. Las mujeres de los pueblos originarios poseemos muchos saberes en medicina, en oficios, en tradiciones, en educación… que por ahora esperan en el silencio ante la oportunidad de ser compartidos.

La fraternidad y la comunidad nos fortalecen porque actuamos desde el «nosotros»

En la Iglesia percibo un ambiente de hermandad entre la diversidad de pueblos originarios, se comparte mucho sobre nuestros usos y costumbres, sobre nuestro saber. Veo la fraternidad que existe en los espacios pastorales como un camino que ofrece muchas oportunidades para visibilizar la presencia de la mujer de nuestros pueblos originarios, para intentar romper el silencio que ha sido reforzado por la vergüenza, por el sentimiento de incapacidad, por la creencia de pertenecer a pueblos y culturas inferiores. En este sentido, la hermandad que se genera en la Iglesia, nos fortalece, nos da seguridad y sentimos que nuestros saberes son valorados y se comparten con todos los demás pueblos que forman parte del pueblo de Dios en México.

Cuando habla una mujer de los pueblos originarios, no lo hace desde el «yo», sino desde el «nosotros», no se ubica en el lugar de lo «mío», sino en el de lo «nuestro». Es decir, siempre habla por su pueblo, por su comunidad; sabe que es la voz de muchos y no sólo de un individuo. Su presencia y acción siempre busca el bien común, el bien de todas y todos. Por ello, las mujeres de los pueblos originarios somos muy «políticas», porque eso es la política: buscar el bien común, el bien de la comunidad. Todo lo que se aprende, todo apoyo que se consigue, se piensa siempre para todos los miembros de nuestros pueblos.

Los caminos y espacios que ahora pueden abrirse, debido a las oportunidades que se ven o se presentan en el ámbito sociopolítico, cultural y eclesial, nos piden caminar por la vía de la comunión y participación de las diferencias, de la posibilidad del enriquecimiento mutuo entre los pueblos, de la recreación de nuestras tradiciones y costumbres, del tiempo para compartir nuestras diferencias, y así, reconstruir comunitariamente nuestros saberes para el bien de todos.

Mujer: lugar donde se mantiene viva la memoria histórica y la tradición

La mujer en nuestros pueblos es como el depósito del saber ancestral, de la tradición y las costumbres. Precisamente porque está habituada a vivir en el silencio, puede observar y contemplar con detenimiento lo que elaboran los padres y abuelos; en ese silencio se descubre con capacidad para escuchar la palabra de los sabios en las comunidades, y luego, va forjando la personalidad de sus hijos desde esa sabiduría, desde ese espíritu de la tradición que viene pasando de generación en generación.

Se podría decir que, por las mujeres, la memoria histórica, la sabiduría ancestral y el espíritu originario de nuestras comunidades sigue vivo y presente. En ese sentido, ellas hacen la conexión entre la tradición y la novedad cultural del presente. Por ello, es fundamental su participación en todos los ámbitos de la convivencia social y eclesial para que los pueblos originarios compartan sus riquezas espirituales, culturales y humanas. Para que todo aquello guardado discretamente en su corazón, rompa el silencio y sea escuchado, conocido y vivido por todas las personas.

Reto: sensibilizar a nuestros pueblos para que la mujer se prepare y participe en la transformación social y eclesial.

Es cierto que pueden realizarse las cosas de manera empírica, pero ahora más que nunca, se requiere preparación y capacitación para abordar los desafíos de la participación en una sociedad y en un mundo donde la diversidad es algo inevitable. Un desafío que percibo, es la necesidad de sensibilizar a nuestros pueblos originarios para que la mujer se prepare y se le permita hacerlo, porque en todo se requiere capacitación. Dentro de la Iglesia, los retos son: ¿Cómo evangelizar teniendo presente los usos y costumbres de nuestros pueblos? ¿Cómo favorecer un encuentro entre el Evangelio y la cultura originaria sin crear un desencuentro destructivo que haga perder la fe? Para ello, se requiere estudio y capacitación; no puede dejarse todo a la espontaneidad y la improvisación.

En lo sociopolítico, las mujeres de nuestros pueblos también deben prepararse para entrar en los espacios donde los hombres, hasta ahora, no nos dejan entrar, precisamente por considerarnos incapaces y sin preparación. Ciertamente hay algunas capaces y valientes que ya ocupan cargos importantes en la política y la cultura, pero aún falta mucho camino por avanzar para vencer el miedo a participar en esos espacios donde la palabra de nuestros pueblos debe ser escuchada. Ciertamente, esto implica animar a las mujeres a tumbar el muro del silencio cultural que ensombrece nuestra presencia en la sociedad y en la Iglesia.

No todo es «bueno» en las culturas de nuestros pueblos

También es triste reconocer que entre los pueblos originarios hay culturas que degradan la dignidad de la mujer y la reducen a un objeto que se puede comprar y vender. Donde la mujer no puede decidir, elegir sobre su futuro ni sobre su vida misma, porque está encadenada a usos y costumbres que, por el hecho de ser mujer, no es considerada y tratada como un verdadero ser humano.

Por ello, la Iglesia y las autoridades políticas deben trabajar mucho para mejorar esta situación. La Iglesia hace lo suyo desde la evangelización de las culturas y desde la dignidad humana; y el Estado, desde las leyes enfocadas a los derechos humanos. Pero siento que hace falta mucho por conseguir; como que hay miedo de enfrentar la realidad o de no ser considerado un asunto de importancia, porque los enfoques, tanto de la evangelización como de la política no van en este sentido.

Asimismo, los usos y costumbres deben revisarse para analizar hasta qué punto favorecen la dignidad humana y cuándo la denigran o la destruyen. En el plano del trabajo eclesial, no se trata de aceptarlas sin cuestionarlas, sino de evangelizarlas. De parte del Estado, se trata de legislar y aplicar la ley para que nadie sea disminuido en su dignidad como hijo o hija de Dios y como ser humano.

Virgen de Guadalupe: compañera en el camino de transformación social

La Virgen de Guadalupe, como mujer y rostro que retrata la esencia de nuestros pueblos originarios, nos muestra cómo debe mirarse y acompañar al ser humano disminuido en su dignidad; es quien alienta nuestra fe en un camino lleno de dificultades. La conciencia de que es nuestra «Madre Indígena» permite sentirnos cobijadas a su cuidado ante el tejido de adversidades y circunstancias que encontramos. Su rostro indígena expresa que lo indígena no sólo es bueno, sino también es santo. Sabemos que ella nunca ha estado ajena a los procesos de cambio y transformación del país, al con-trario, ha abanderado diversas causas, como la Independencia y la Revolución, por ello, también tenemos la plena confianza de que ella camina con nosotras como compañera de nuestras luchas.
Mi mensaje para todos, en particular para las mujeres de los pueblos originarios de México, es que nunca se sientan desvalorizadas porque tenemos mucho que aportar, porque, directa o indirectamente, hemos aprendido numerosos saberes de nuestros antepasados y tenemos una extensa y rica cultura por compartir. También es importante buscar, juntas, formas de liberarse y superar esta realidad que nuestro corazón heredó de una historia cargada de negación y deshumanización. En estos tiempos de cambios, caminemos junto a todos los pueblos originarios en el país para abrir espacios y darnos a conocer, sin olvidar que la Virgen de Guadalupe camina a nuestro lado y abre camino junto con nosotras.

Informe de los encuentros de Panamá y San Antonio (Texas) sobre movilidad humana

Panamá: Encuentro de Obispos y secretarios ejecutivos de la pastoral de movilidad humana México – Centroamérica y El Caribe, de la Red Clamor, y del Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral del CELAM

Del 10 al 13 de febrero se llevó a cabo en Panamá el Encuentro de Obispos y secretarios ejecutivos de la pastoral de movilidad humana México – Centroamérica y El Caribe, de la Red Clamor, y del Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral del CELAM (CEPRAP).

El Observatorio Socio-Pastoral de Movilidad Humana de Mesoamérica y El Caribe (OSMECA), dio a conocer el servicio que ofrece a través del conocimiento de la realidad para orientarla a favor de las personas en contexto de movilidad.

El Dr. Víctor Carmona (de la Universidad de San Diego), señaló que las actuales medidas migratorias del gobierno norteamericano buscan atemorizar a los 13.7 millones de migrantes indocumentados, de los cuales el 62% lleva viviendo más de una década en Estados Unidos, especialmente en California, Texas y Nueva York. Destacó la valiente defensa de los migrantes por parte de los Obispos de Estados Unidos y del Papa.

El Cardenal Álvaro Ramazini (presidente de la Red CLAMOR) insistió en la necesidad de difundir la Carta Pastoral “Lo vio, se acercó y lo cuidó”, de los Obispos de Frontera y Responsables de Movilidad Humana de Norte, Centroamérica y El Caribe. Pidió cuidar la espiritualidad para no desanimarse, y propuso poner atención a lo que sucede en el tema migratorio, no solo en EE.UU. sino también en América Latina.

Se recordó que la Red CLAMOR, adscrita al CELAM, articula el trabajo pastoral de las organizaciones de la Iglesia Católica en América Latina y El Caribe, que acogen, protegen, promueven e integran a migrantes, refugiados, deportados y víctimas de trata, y se acordó seguir fortaleciendo este servicio basándose en la solidaridad y la subsidiariedad.

San Antonio, Texas: encuentro bianual de los obispos de la frontera Tex-Mex

Del 26 al 28 de febrero de 2025 se llevó a cabo en San Antonio, Tx la reunión bianual de los obispos de las diócesis de la frontera entre México y Texas. Este encuentro se celebra desde hace cuarenta años para coordinar esfuerzos en la proclamación del Evangelio. En esta ocasión, el enfoque fue la situación de los migrantes y refugiados. Se insistió en la necesidad de un sistema migratorio que responda a la realidad, y se renovó el compromiso de la Iglesia a seguir sirviendo a los migrantes y refugiados.

La Mtra. Tatiana Cloutier, titular del Instituto de Mexicanas y Mexicanos en el Exterior, señaló existen 53 consulados de México en EE.UU., en los que del 20 enero al 24 febrero 2025 se han atendido a 26,379 migrantes, brindándoles servicios de salud, orientación educativa, asesoría financiera, educación cívica y atención en lenguas originarias. En el caso de los retornados se ha implementado el programa “México te abraza”, en el que participan 34 dependencias federales, las 32 entidades federativas y el Consejo Coordinador Empresarial, coordinados por la Secretaría de Gobernación. El Instituto Nacional de Migración está a cargo de la recepción, cartas de repatriación y traslados; El Registro Nacional de Población, de emitir documentos de identidad y CURP; el IMSS afilia a los repatriados y su núcleo familiar; el Servicio Nacional de Empleo promueve la inclusión al mercado laboral. Además se ofrece acceso a los Programas de Bienestar y se entrega la Tarjeta Bienestar Paisano (2 mil pesos para el traslado a sus hogares). La Mtra. Cloutier afirmó la importancia de agradecer a la tierra de origen y de acogida, la necesidad de trabajar por la unidad, informar a la gente sobre los riesgos de la migración y trabajar con las autoridades.

Durante el Encuentro se visitó el “Mother Teresa Center”, que en dos años atendió a más de 335 mil refugiados legales, ofreciéndoles casa, alimento, ropa, escuela, clases de inglés y computación, gestión para el trabajo en 180 días y guardería. Pero con las disposiciones del actual gobierno, se tendrá que reducir al personal y reinventarse.

Mons. Mark Seitz afirmó que la crisis migratoria es fruto de un sistema migratorio roto y de una sociedad que no respeta la dignidad humana. Ante esto, propuso ofrecer un mensaje radical de igualdad y dignidad infinita, mostrar un camino de misericordia y esperanza, y fomentar la fraternidad. Animó a tomar medidas como región a la luz de la Carta Pastoral “Lo vió, se acercó y lo curó”. Propuso difundir información para que las personas conozcan sus derechos, trabajar con funcionarios locales, difundir información confiable, acompañar en la toma de decisiones, unir voces y brindar consuelo.

La Mtra. Cecilia Romero, que fuera Comisionada del Instituto Nacional de Migración (2006-2010), señaló que la migración es una realidad a gestionar. Comentó que las deportaciones aceleradas, que tienen por objeto intimidar a futuros migrantes, se están dando entre los migrantes indocumentados que están en el sistema (incluso por una infracción de tránsito) y de los que tienen procesos migratorios pendientes. Destacó que el incremento de personas varadas genera problemas con la sociedad y señaló que la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) enfrenta dificultades por falta de presupuesto, instalaciones y personal. Dijo que México necesita actualizar los acuerdos bilaterales de repatriación al interior; ampliar las visas laborales y temporales; regularizar a los extranjeros varados en México para su integración; aliviar al sistema de refugio (COMAR); completar la Ley de Migración. Insistió en la necesidad de liderazgo y de exigencia del respeto a la ley, ofrecer orientación y asesoría legal a migrantes, realizar campañas de prevención contra la discriminación, establecer alianzas locales con organizaciones de la sociedad y aprovechar las gracias del Año Jubilar para crecer en la esperanza.

+Eugenio A. Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros-Reynosa
Responsable de la Dimensión Episcopal de Pastoral de Movilidad Humana