En camino hacia la Pascua – 1
Miércoles de Ceniza
Una invitación a la reconciliación

P. Enrique Sánchez González, mccj

El camino que deseamos iniciar hoy empieza con una invitación a dejarnos reconciliar con Dios, con nosotros mismos y con los demás. “Déjense reconciliar” es la palabra que queremos acoger y anidar en nuestros corazones a lo largo de este tiempo que nos llevará hasta la experiencia de encontrarnos con el Señor Jesús resucitado.

Nos dejaremos iluminar en este momento de partida por la Palabra de Dios que encontramos en dos textos: 2Co 5, 11-21 y Is 53.

  1. – ¿ Qué podría significar la palabra reconciliarse  para nosotros hoy ?

+ Reconciliarse es, de alguna manera, volver a poner en el centro de nuestras vidas lo que realmente es importante, lo esencial, lo que realmente vale la pena; aquello a lo que nunca deberíamos renunciar. Es volver a nuestra verdad, a aquello que le da sentido y orientación a nuestra vida.

+ Para reconciliarnos tenemos que empezar por hacer un alto en nuestro camino para ver en dónde nos encontramos, quiénes somos y qué hemos hecho de nuestra vida. Es importante entender qué o quién nos ha ido guiando en nuestro caminar y qué es lo que hemos ido persiguiendo con todos nuestros esfuerzos y sacrificios.

¿En dónde hemos puesto nuestro corazón y qué es lo que ha ocupado toda nuestra atención?

+ Si deseamos entrar en el camino de la reconciliación, necesitamos revestirnos con el manto de la humildad para bajar a lo profundo de nosotros mismos y para reconocer ahí con gratitud todo lo bueno que Dios ha ido haciendo en nosotros y a través de nosotros.

Necesitamos igualmente humildad para aceptar con honestidad todo aquello que nos ha alejado de Dios y que nos ha hecho caer en la arrogancia de creer que no necesitamos de él.

+ La experiencia de la reconciliación nos debería de llevar a vivir reconociendo la bondad de Dios que nos mueve a agradecer, a expresar nuestra gratitud porque descubrimos en lo ordinario de nuestra vida la bendición de Dios.

Vivir reconciliados nos debe de llevar al deseo de la conversión y al ahelo del bien, de lo bueno y de lo bello. Nos debe de mover al anhelo de Dios que orienta nuestra vida hacia él.

+ Dejarse reconciliar lo podemos entender también como la invitación a apropiarnos de nuestra auténtica identidad como hijos de Dios. Es la provocación que nos mueve a reconocer y a vivir los valores que Dios ha puesto en nuestro corazón.

Significa apostarle a la justicia, creer en la fraternidad, ejercer la solidaridad, ser alegres en el servicio y disponibles para amar.

En este sentido, reconciliarse es el camino que nos lleva a poner el amor de Dios en el centro de lo que somos para poder desenmascarar todas las tendencias que nos mueven a la violencia, al egoísmo, al odio, al desprecio de los demás.

+ No se trata, por lo tanto, simplemente de poner orden en nuestras vidas, de arreglar lo que se desacomodó. Es cuestión más bien de darle un orden nuevo a nuestra existencia. No sólo hay que reconciliarse, hay que vivir reconciliados dándonos la oportunidad de crecer en la paz con nosotros mismos, en comunión profunda con el Señor y con los demás.

+ La reconciliación vivida de esta manera  nos hace testigos del Dios que nos habita y discípulos de Jesús que comparte con nosotros su misión.

  • – En camino hacia la Pascua

La experiencia que nos proponemos vivir en estas semanas la queremos pensar como un camino que nos llevará al encuentro con el Señor que viene a nuestro encuentro, que nos busca y desea entregarse por nosotros.

Es un camino, por lo tanto, algo que nos mueve a desubicarnos, a dejar nuestras seguridades y a asumir una actitud de abandono. Queremos ser mendicantes de su misericordia.

Para ponernos en camino necesitamos aligerar nuestros equipajes, liberarnos de todo aquello de lo que nos hemos ido cargando y de aquello a lo que nos hemos ido apegando.

El camino hacia la pascua nos quiere llevar con paciencia a recorrer con paso seguro el sendero que nos obligará a pasar por la experiencia del sufrimiento ( recorrer el camino que lleva al calvario) al reconocer nuestra fragilidad y miseria, nuestro pecado y la resistencia a abandonarnos en las manos de Dios.

Nos obligará a hacer las cuentas con nuestra experiencia de la muerte (entrar  en los sepulcros de nuestra historia) que nos enseña que convertirnos es morir un poco cada día a las inclinaciones que nos llevan a dar cabida al mal en lo ordinario de nuestras vidas.

El camino que conduce a la pascua nos llevará también, y es lo más bello, a hacer la experiencia de Jesús resucitado (salir victoriosos de la tumba vacía) para que la vida plena de Dios se manifieste sin límites en nosotros.

3.- Dejarse reconciliar apostándole al futuro

Vivir reconciliados es una tarea y una meta. Se trata de vivir una experiencia en la que nos vamos haciendo personas nuevas en la medida en que nos dejamos moldear por los valores del Evangelio y por el reconocimiento de la presencia de Jesús en nuestras vidas. Nos reconciliamos cuando encontramos el centro de nuestro ser, cuando optamos por lo esencial y cuando ponemos a Jesús en el centro de nuestro caminar.

Como tarea, nos sentimos comprometidos con o en un trabajo que nos ayuda a convertirnos en personas responsables de nuestro crecimiento y madurez. Nos vamos apropiando de aquello que nos ayuda a trascendernos, es decir, a  reconocer en nosotros la huella de Dios que nos identifica como hijos suyos, con lo que esto implica.

Se trata de una labor paciente en la que dejamos que la gracia de Dios vaya trabajando en nosotros para poder entender quiénes somos según el proyecto de Dios.

Como lo escuchamos en las palabras de san Pablo, es una invitación a “dejarse” reconciliar. Esto significa que no es algo que lograremos o que alcanzaremos con nuestra buena voluntad; es obra que Dios realiza en nosotros.

Somos, como dice el profeta Jeremías, barro en las manos del alfarero. Somos arcilla que sólo Dios puede volver a moldear. Somos esa obra nueva que Dios está siempre recreando. (Cfr. Jeremías 18, 1-7)

4.- Reconciliados en Cristo

Dios nos llama en este tiempo a volver a él, reconociendo que en Cristo nos hace criaturas nuevas. La reconciliación es un don que se nos ofrece gratuitamente en Cristo. Por su entrega y su sacrificio se abre para nosotros la posibilidad de una vida nueva y plena.

Durante este tiempo, contemplando el sacrificio de Cristo, la reconciliación aparece como la posibilidad para despojarnos de todo aquello que nos tiene esclavizados y bajo el dominio de la muerte y del pecado.

Por eso, dejarse reconciliar es camino de conversión, de apertura a una vida nueva en Cristo.

Aceptar la reconciliación en Cristo se traduce en nosotros como posibilidad de entendernos y descubrirnos amados por el Señor  que lo ha dado todo para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Reconciliados en Cristo somos hombres y mujeres nuevos, capaces de vivir en la verdad y libres de todo engaño y ajenos a la maldad.

ME PONGO EN ORACIÓN

Me retiro y me pongo en la presencia del Señor acogiendo su invitación a estar con él.

*   Pido la gracia del Espíritu Santo para que me guíe y me ayude a permanecer en el Señor

Dialogo conmigo mismo para ver en dónde me encuentra el Señor en este momento de mi vida.

*  ¿En qué aspectos de mi vida siento la necesidad de reconciliarme?

*  ¿Qué estoy dispuesto o dispuesta a mover en mi vida para que se manifieste lo bueno y lo auténtico de mí?

* Contemplo y agradezco la entrega de Jesús por mí y me reconozco amado o amada por Dios que me ama siempre. Me dejo reconciliar y me pongo en camino aceptando que Dios tiene un proyecto de vida para mí.

* Pido una gracia especial para este tiempo de camino hacia la Pascua.

* Concluyo con un Padre Nuestro y una Ave María

Textos para la reflexión: Mt 11, 28-30    Filipenses 2, 6-11