El Superior General de los Combonianos nombrado obispo auxiliar de Addis Abeba

El Santo Padre ha nombrado hoy al Rev. P. Tesfaye Tadesse Gebresilasie, misionero comboniano, hasta ahora Superior General de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, Obispo Auxiliar de la Archieparquía de Addis Abeba (Etiopía), asignándole la sede titular de Cleopátride.

Elegido como Superior General en el Capítulo de 2015, el P. Tesfaye fue reelegido para un nuevo mandato de seis años en el Capítulo de 2022, que se celebró con un año de retraso a causa de la pandemia del Covid-19. Con su nominación como obispo auxiliar de la Archieparquía de Addis Abeba, el Instituto de los Misioneros Combonianos debe ahora elegir un nuevo Superior General hasta el término del mandato en 2028.

El padre Tesfaye Tadesse Gebresilasie nació en Harar el 22 de septiembre de 1969 y pocos meses después llegó a Addis Abeba, de donde era y es su familia. Realizó todos sus estudios, desde la escuela primaria hasta el final de la secundaria, en la ciudad de Addis Abeba. En 1986 entró en el postulantado de los Misioneros Combonianos, hizo sus estudios de Filosofía, en el Philosophicum del CFIPT en Addis Abeba. Inmediatamente después de terminar los estudios de Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (91-94), hizo el Año Propedéutico de Estudios Islámicos (94-95) en el Pontificio Instituto de Estudios Islámicos y Árabes de Roma (PISAI). Estudió árabe en el centro académico de Dar Comboni en El Cairo y luego siguió otro año de estudios islamológicos en el PISAI de Roma, (96-97). Posteriormente obtuvo la licencia en Estudios Árabes e Islamología en Roma, en el mismo instituto, en 2000-2001.

Emitió sus primeros votos en el Instituto de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, el 1 de mayo de 1991, en el noviciado de Awassa, Etiopía, y sus votos perpetuos en Roma el 1 de noviembre de 1994. Fue ordenado diácono en Roma el 06/01/95 y sacerdote en Addis Abeba, en su parroquia dedicada a San Salvador, el 26 de agosto de 1995. Después de sus estudios de lengua árabe e islamología, ejerció como párroco en Jartum (Sudán) en la parroquia de Omdurman (1997-2000) y en el Vicariato de Awassa en Etiopía en los años (2001-02); después de un breve curso de formación en la Universidad Salesiana de Roma (UPS), ejerció su ministerio en la promoción vocacional y la formación (2003-04).

De 2002 a 2004 fue Consejero Provincial en Etiopía, y en 2005 fue elegido Superior Provincial de los Combonianos en Etiopía, cargo que desempeñó hasta septiembre de 2009, cuando fue elegido Consejero General en el XVII Capítulo General de 2009. De 2005 a 2009 fue presidente de la Asociación (Conferencia) de Superiores Mayores Religiosos de Etiopía (CMRS).

En 2015, durante el XVIII Capítulo General, fue elegido Superior General y en el XIX Capítulo General fue reelegido Superior General para un segundo mandato.

De 2017 a 2022 fue Vicepresidente y Presidente de SEDOS y de 2018 a 2021 miembro del Consejo Ejecutivo de la USG (Uniones de Superiores Generales); participó en la primera y segunda sesiones del Sínodo sobre la Sinodalidad (octubre de 2023 y 2024) como delegado electo de la USG.

El 6 de noviembre el papa Francisco lo nombró obispo auxiliar de la Archieparquía de Addis Abeba, Etiopía, asignándole la sede titular de Cleopátide.

Mons. Odelir José Magri, nuevo arzobispo metropolitano de Chapecó, en Brasil

Mons. Odelir José Magri, misionero comboniano y hasta ahora obispo de Chapecó, en Brasil, acaba de ser nombrado por el papa Francisco arzobispo metropolitano al elevar el rango de la diócesis de Chapecó a arquidiócesis.

La arquidiócesis de Chapecó (en latín: Archidioecesis Xapecoënsis) es una circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica en Brasil. Se trata de una arquidiócesis latina, sede metropolitana de la provincia eclesiástica de Chapecó. Desde el 5 de noviembre de 2024 su arzobispo es Odelir José Magri, misionero comboniano.

La arquidiócesis tiene 15 663 km² y extiende su jurisdicción sobre los fieles católicos de rito latino residentes en 80 municipios del estado de Santa Catarina. La sede de la arquidiócesis se encuentra en la ciudad de Chapecó, en donde se halla la Catedral de San Antonio de Padua. La arquidiócesis tiene como sufragáneas a las diócesis de Caçador, Joaçaba y Lages.

En 2021, en la entonces diócesis, existían 46 parroquias agrupadas en 9 regiones pastorales: São Miguel do Oeste, Itapiranga, Campo Erê, Chapecó, Seara, Palmitos, Xanxerê, Quilombo y Pinhalzinho. La diócesis fue erigida el 14 de enero de 1958 mediante la bula Quoniam venerabilis del papa Pío XII, obteniendo el territorio de la diócesis de Lages y de la prelatura territorial de Palmas (hoy diócesis de Palmas-Francisco Beltrão).​ El 12 de junio de 1975 cedió una parte de su territorio para la erección de la diócesis de Joaçaba mediante la bula Quo aptius del papa Pablo VI.​

El 5 de noviembre de 2024 el papa Francisco elevó el rango de la diócesis a sede metropolitana y nombró a Mons. Odelir Magri, su titular, primer arzobispo metropolitano.

Mons. Odelir José Magri, misionero comboniano, nació el 18 de abril de 1963 en Campo Erê, diócesis de Chapecó, estado de Santa Catarina. Estudió Filosofía en la Pontifícia Universidade Católica do Paraná en Curitiba-PR y Teología en el Institut Catholique de Paris. Asistió al curso para Formadores de Seminaristas organizado en São Paulo-SP en colaboración con la Pontificia Università Gregoriana de Roma.

El 26 de junio de 1988 hizo su Profesión Religiosa en la Congregación de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, recibiendo la ordenación sacerdotal el 18 de octubre de 1992.

Ha ocupado los siguientes cargos: misionero en Kinshasa (República Democrática del Congo), donde también fue formador de postulantes; formador y párroco en São Paulo-SP; consejero provincial; maestro de noviciado y superior de la comunidad en Contagem-MG; vicesuperior provincial; asistente general y después vicario general de los Misioneros Combonianos en Roma.

El 11 de octubre de 2010 fue nombrado obispo de Sobral, recibiendo la ordenación episcopal el 12 de diciembre del mismo año. El 3 de diciembre de 2014 fue trasladado como obispo de Chapecó. desde el 5 de noviembre es su nuevo arzobispo metropolitano.

En la Conferencia Episcopal Brasileña, fue presidente de la Comisión Episcopal de Acción Misionera y Cooperación Intereclesial y actualmente es presidente CNBB (Conferência Nacional dos Bispos do Brasil) de la región Sul 4.

¡Siempre recordaré a los Combonianos!

Por: Hna. Mary Ortiz, hpssc

Soy Mary Ortiz, originaria de Torreón, Coahuila. Nací el 20 de septiembre de 1962.  Soy religiosa de la congregación de Hermanas de los Pobres, Siervas del Sagrado Corazón (HPSSC), de Zamora, Michoacán, y actualmente radico en la ciudad de Querétaro en la Casa de Oración.

Hace muchos años, cuando yo era adolescente y estudiaba la secundaria en el colegio La Luz que dirigían entonces las Hijas del Corazón de María y luego en el colegio La Paz de las Hermanas del Verbo Encarnado, conocí al hermano Pedro García, español, comboniano y misionero de corazón, gracias a la comunidad de Carmelitas Descalzas de San José de Ávila, de Celaya, Guanajuato, en donde tenía una tía, hermana de mi papá.

A Dios y al hermano Pedro debo mi vocación misionera, mi amor por la misión ad gentes y por África, muy especialmente por el Chad, a donde fui enviada por mis superiores como una gracia del Señor.

Empecé a participar en algunas jornadas de vida cristiana y misionera que organizaba el Padre Enzo Canonici, también comboniano, quien tenía contactos en Torreón y organizaba sus retiros en Casa Íñigo. Ahí fue despertando algo, sin embargo, terminaban las jornadas y seguía mi vida ordinaria. Fue hasta que mi tía invitó al hermano Pedro, quien quería ir a Torreón a hacer promoción vocacional, a quedarse con nuestra familia. Nosotros lo veíamos poco, él salía temprano y llegaba tarde, solo mi madre y yo lo esperábamos para ofrecerle la cena. Celebró su cumpleaños con nosotros, le hicimos una fiesta, éramos todos unos niños, él se emocionó mucho y entonces vino lo bueno, sacó su proyector y nos enseñó unas filminas de su misión en Ecuador compartiendo lo bello que era entregar la vida y llevar el Evangelio y el Rosario a los lugares más alejados.

El Hno. Pedro García, mccj

Pedro terminó su apostolado en Torreón y se fue, pero se quedó la emocionante y desafiante motivación que despertó en mí. Comenzamos a escribirnos y él entabló una amistad conmigo (creo vivía en un pueblo de Guanajuato); me enviaba rosarios misioneros, libros para leer, como la vida de Daniel Comboni, el Héroe de Molokai, San Agustín, etc. No tuve más contacto con misioneros ni misioneras combonianas porque en Torreón ellos no tenían obras, evangelizaban a través de la revista Esquila Misional.

Cada año, íbamos a Zamora a visitar a mis tías, hermanas de mi papá, de las cuales dos pertenecían al instituto al que pertenezco yo ahora. Yo sentía algo de inquietud en mi corazón, y la invitación que Dios me hacía a través del hermano Pedro dejó una huella profunda en mi corazón.

En 1979 conocí a la Hermana Silvia del Carmen Fernández HPSSC. Trabajaba en Torreón en una escuela que tenían con los jesuitas. Sólo nos veíamos en la iglesia de San José, en misa los domingos. Ella me invitó a una jornada vocacional a Zamora y Dios tuvo a bien llamarme a su servicio para esa comunidad. Mi primera experiencia en la misión ad gentes fue en el Perú, en el departamento de Cajamarca y en el vicariato apostólico de San Francisco Javier que dirigían los jesuitas.

Con el tiempo, nuestras superioras respondieron (como un regalo de Dios) a la invitación de Monseñor Michele Russo, obispo comboniano, para ir a su diócesis en Chad, en donde próximamente cumpliremos 25 años de presencia..

Fui feliz en el Chad, en las misiones de Maybombay y de Mbikou durante 15 años, conocí gente maravillosa, tengo experiencias inolvidables de gente que me hizo gozar la vida con muy poco y vivir el momento presente, con fe inmensa, con el corazón incansable. Ahí volví a tener contacto con los misioneros y misioneras combonianos. Pregunté por el Hermano Pedro García. Nos volvimos a poner en contacto. Creía que volvería a encontrarme con él personalmente, pero Dios tenía otros planes. El Hermano me invitó a su casa en Madrid, él iría por mí al aeropuerto, pero el Señor Jesús quiso llamarle a su presencia un día antes de que pudiéramos vernos.

No puedo dejar de agradecer a Dios el haber puesto a Pedro en mi camino; gracias a Monseñor Russo, hombre de paz y de generosa bondad, a los combonianos por su labor evangelizadora y gracias a mi congregación por haberme regalado la oportunidad de compartir mi vida en África.

P. Fernando Uribe Mendoza, nuevo sacerdote comboniano

El pasado 19 de octubre la parroquia San Miguel Arcángel de Villa Progreso, en el municipio de Ezequiel Montes, estado de Querétaro, se volcó generosamente con uno de sus hijos, el comboniano Fernando Uribe Mendoza, para celebrar con alegría su ordenación sacerdotal. Hasta allí acudieron numerosos combonianos procedentes de varios lugares del país, así como los seminaristas combonianos y numerosos grupos de Sahuayo y San Francisco del Rincón, donde Fernando trabajó durante los últimos años de su formación y donde ejerció su ministerio diaconal, especialmente con jóvenes.

La celebración comenzó mucho antes del inicio de la misa, con una procesión en la que Fernando, acompañado por su familia y un buen grupo de amigos y fieles de la parroquia, se dirigió desde su casa hasta la explanada del templo parroquial donde sería ordenado sacerdote.

La misa fue presidida por Mons. Fidencio López Plaza, obispo de Querétaro. En la homilía hizo alusión al evangelio que el P. Fernando había escogido para la ocasión (Jn 15,9-17). Destacó cuatro ideas en cuatro frases del evangelio:

– Como el Padre me amó, así los amo yo, permanezcan en mi amor. Según expresó el obispo, Dios es amor, ama a todos; y nuestro gran reto es descubrir ese amor y permanecer en él.

– Ámense unos a otros como yo los he amado. Dios nos da la medida según la cual debemos amar: hemos de amar como Él nos amó.

– Ustedes son mis amigos, ya no los llamaré siervos. El amigo sabe escuchar y siempre busca esa relación de amistad.

– No me eligieron ustedes a mi, yo los elegí a ustedes. Es Dios quien nos elige y nos confía una misión. No somos nosotros los que decidimos dónde ir ni cuándo ir.

Con palabras sencillas pero muy profundas, Mons. Fidencio invitó al P. Fernando a vivir estas cuatro recomendaciones de Jesús durante toda su vida misionera y terminó su homilía invocando al Arcángel San Miguel y a la Virgen de Guadalupe para que lo acompañen en su nueva misión.

Al día siguiente, Domingo Mundial de las Misiones, el P. Fernando celebró su primera misa como nuevo sacerdote. De nuevo estuvo acompañado por varios de sus hermanos combonianos, por el párroco de Villa Progreso y por un gran número de amigos y familiares y de toda la comunidad parroquial. Al final de la misa y en un gesto muy emotivo, recibió la bendición de su mamá, que lo entrega con generosidad para el servicio a la misión. La bendición fue también para pedir a Dios que lo acompañe en su nueva misión en Sudáfrica, a donde ha sido destinado y donde ejercerá su ministerio sacerdotal y misionero los próximos años.


Vídeo de la ordenación


Vídeo de la primera misa

Biblia y gramática de la lengua ndau (Mozambique). Homenaje póstumo a dos combonianos

Los Misioneros Combonianos y la Arquidiócesis de Beira celebraron un encuentro para la presentación de dos libros, “la Biblia (Mazwi en Mwari)” y “Elementos de la Lengua Ndau, Gramática y Diccionario”, para rendir homenaje a sus autores combonianos, el P. Giocondo Pendin (fallecido en Matola, el 9 de marzo de 2021) y el P. Manuel dos Anjos Martins (fallecido en Tete, el 27 de noviembre de 2022)

El acto tuvo lugar el 8 de octubre en la Facultad de Economía y Gestión (FEG) de la Universidad Católica de Mozambique. Contó con la presencia de Mons. Claudio Dalla Zuanna, Arzobispo de Beira, Mons. António Constantino Bogaio, Obispo Auxiliar de Beira, el Superior Provincial de los Misioneros Combonianos en Mozambique, P. José Joaquim Luis Pedro, el Rector Magnífico, P. Filipe Sungo, el Alcalde de Beira, Albano Carige, religiosos y religiosas, laicos y otros invitados.

Los dos libros fueron presentados por el profesor Samuel Simango, conferenciante de EYF, que elogió el trabajo intenso, dedicado y generoso de los dos misioneros combonianos. Las figuras de los dos autores, el P. Giocondo y el P. Manuel dos Anjos, fueron presentadas por el P. José Joaquim y el P. Jeremias dos Santos Martins, respectivamente.

Estas presentaciones se complementaron con el conmovedor testimonio de Rosa Paz, catequista de la parroquia de Alto da Manga, donde el padre Giocondo trabajó mientras traducía la Biblia.

Los dos misioneros vivieron muchos años en Mozambique, estudiaron a fondo las lenguas locales y siguen siendo un punto de referencia en la salvaguardia del patrimonio inmaterial que representan las lenguas locales.

P. Jeremias dos Santos Martins, mccj

comboni.org

50 años en Mongoumba, Centroáfrica

El 18 de octubre se cumplen 50 años de la llegada de los Misioneros Combonianos a Mongoumba, Centroáfrica. El P. Fernando Cortés Barbosa, misionero comboniano mexicano y con varios años de trabajo misionero en Mongoumba, nos ofrece este pequeña crónica histórica de nuestra presencia en esta misión centroafricana.

Por: P. Fernando Cortés Barbosa, mccj

Una misión de echar las redes mar adentro

Los inicios de la evangelización en 1911

La misión de Mongoumba recibía sus primeras visitas pastorales hacia 1911 de parte del padre Marc Pédron, misionero espiritano, de nacionalidad francesa, como parte del recorrido que realizaba por la región de la Lobaye. El testimonio más antiguo que se tiene de la iglesia en Mongoumba es una carta del padre espiritano George Ratzmann, que data del 1 de marzo de 1950, en la que lamenta haber encontrado el templo en ruinas a causa de las fuertes lluvias. Mas no se arredró porque se apresuró a levantar uno nuevo el año siguiente.

Fundación de la parroquia de Mongoumba en 1968

Había Misioneros Dominicos, de nacionalidad española, desempeñando su labor en el antiguo Zaire (actual República Democrática del Congo), pero a causa de los conflictos políticos que se vivían en ese país, en la década de los 60, fueron recibidos en 1966 por el arzobispo de Bangui, Mons. Cucherousset, quien les ofreció la misión de Mongoumba. Ellos aceptaron y en febrero de 1968 ya se encontraban en la misión, que tres meses después se convertiría en parroquia. En este mismo año llegaron tres religiosas Dominicas de Namur, quienes se dedicaron a atender la maternidad, el servicio social y el apostolado, hasta que concluyeron su misión en 1983.

Misioneros Combonianos en Mongoumba hacia 1974

Seis años después de haber tomado posesión de la parroquia de Mongoumba, los Padres Dominicos la entregarían a los Misioneros Combonianos. De modo que, el 18 de octubre de 1974, llegaban a instalarse a la misión los padres italianos Euro Casale y Paolo Berteotti, que fueron recibidos por una comunidad católica de 2 mil miembros y con apenas veinte aspirantes a bautizarse. No fueron fáciles los primeros años de labor pastoral. Sucede que algunos misioneros no duraban suficiente tiempo en la misión a causa de enfermedades, por agotamiento físico y hasta psíquico o porque no se adaptaban al ambiente. Y no faltaron quienes tuvieron que repensar seriamente su vocación misionera frente a los desafíos u otras propuestas que se les iban presentando. Eran momentos críticos para meditar las palabras que san Daniel Comboni dirigía a quienes aspiraban ir a las misiones: “El misionero que no tuviera un real sentimiento de Dios y un vivo interés por su gloria y por el bien de las almas, le faltaría aptitud para su ministerio y con el tiempo caería en una suerte de vacío y de soledad insoportables”.[1]

Además, la misión contaba con sus propias dificultades, entre ellas, la gente no vivía con entusiasmo su fe cristiana, tanto así que en algunas comunidades la catequesis no funcionaba. El director de la escuela había prohibido la enseñanza religiosa y Mongoumba ya no era más que un lugar de esparcimiento que atraía visitantes de otros lados. Una realidad así recordaba aquella advertencia, tan actual, que en 1937 hiciera por carta el Provincial de Toulouse a los Misioneros Capuchinos destinados a Centroáfrica: “Los religiosos deben ser resistentes y de fe probada, porque continuamente tendrán que vivir solos… El país es difícil y agotador, por lo tanto se requiere de una gran voluntad para permanecer como un buen religioso y para resistir a diversas tentaciones”[2].

La falta de una asistencia estable de Padres Combonianos en la misión llevó a considerar hacia 1980 la idea de atender Mongoumba desde una localidad vecina, Mbata, que en noviembre de 1982 se convertiría en parroquia comboniana. La crisis no era fácil de sortear, tanto así que en 1988 los padres combonianos Venanzio Milani, asistente general en Roma, y Michele Russo, provincial de Chad y Centroáfrica, decidieron cerrar la casa de los padres en Mongoumba, con la indicación que desde Bangui y Mbata algunos sacerdotes se trasladaran a la misión al menos los fines de semana y las fiestas importantes. Y finalmente, a partir de 1995, Mbata se tomaría por sede para atender tres parroquias combonianas, entre ellas Mongoumba. Si ampliamos un poco la visión, nos daremos cuenta que la Delegación Comboniana de Centroáfrica a duras penas se daba abasto con su escaso personal para sostener las misiones que tenía a su cargo en el país y los padres tenían que hacer malabares para dar una mayor atención pastoral posible.

La labor misionera de Marisa Caira 1978-1999

No obstante la escasez de sacerdotes para atender adecuadamente la misión, la Divina Providencia no se olvidaría de Mongoumba al enviar un soporte valioso en la persona de Marisa Caira, una laica italiana, consagrada, de 52 años de edad, quien llegaría a Centroáfrica en 1978, procedente de una misión en Burundi, para poco después instalarse en Mongoumba donde permanecería hasta 1999, prestando sus servicios a la misión por más de 20 años, siendo al día de hoy la persona que por más tiempo y de modo ininterrumpido ha permanecido en Mongoumba desarrollando su labor misionera. Marisa Caira tuvo que echarse en hombros la misión, llegando a ser el referente de la labor pastoral, pues tuvo que guiar la catequesis, fundar algunas capillas, encargarse del área de la salud, dirigir la educación de la escuela católica y dar atención a los pigmeos. A ella se debe la fundación de la “Da ti ndoye” (Casa de acogida) el 1 de agosto de 1988, para personas con alguna discapacidad que requiriesen de rehabilitación o de alguna operación, que aun hoy sigue en funcionamiento. En octubre de 1991, para la conformación de una comunidad, Marisa recibía a Lucía Belloti y más tarde a Giuseppina Braga, ambas laicas consagradas de nacionalidad italiana, quienes poco antes de la partida de Marisa fueron destinadas a otra misión centroafricana.

Los Laicos Misioneros Combonianos en 1998

Hacia el final del servicio de Marisa Caira, y a petición de la Delegación Comboniana de Centroáfrica, los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) de España envían a las laicas Teresa Monzón y Monserrat Benajes, que llegan a Mongoumba el 1 de junio de 1998. Marisa las recibió y las introdujo a la vida de la misión hasta su retorno definitivo a Italia ocho meses después. Con una presencia a distancia de los Padres Combonianos, también las laicas tuvieron que conducir la misión por algunos años. Cabe señalar que, desde entonces y hasta la fecha, han pasado 17 laicos por Mongoumba, siendo mujeres la mayoría. Algunas renovaron sus servicios a la misión. Las nacionalidades más representativas han sido de España, Portugal y Polonia. Ellas, además de asumir las obras creadas por Marisa, se hicieron cargo del servicio de Caritas, de la gestión de medicamentos, del seguimiento a la educación católica y de una atención más cercana al pueblo Aka. Los LMC junto con los Misioneros Combonianos constituyen actualmente la comunidad apostólica para la organización de la vida de la misión.

Reapertura de la comunidad de los Combonianos en 2009

La parroquia de Mbata pasaría al clero diocesano el 24 de octubre de 2009. Es entonces cuando se tiene pensado reabrir la comunidad comboniana en Mongoumba con tres objetivos específicos: servicio pastoral permanente en la parroquia, acercamiento al pueblo Aka y vivencia de la comunidad apostólica entre padres y LMC. Con esta novedad, en diciembre de 2009 llegaría el padre italiano Giuseppe Brisacani, pero antes, en octubre, había llegado para dirigir la parroquia el padre español Jesús Ruíz Molina, quien llegará a ser consagrado obispo en 2017, para pasar en 2021 a dirigir la diócesis de Mbaïki, a la que actualmente pertenece la misión. Con él serían dos los padres que, habiendo pasado por Mongoumba, terminarían siendo obispos. El otro es Michele Russo, italiano, que de 1976 a 1979 estuvo en Mongoumba, fue obispo de Doba, en Chad y falleció en 2019.

A partir de finales de 2009 la misión gozará de una mayor permanencia de padres combonianos, quienes comenzarán a hacer períodos de entre tres, seis y nueve años en la misión. Entre ellos, además de los ya mencionados, en orden de llegada se encuentran Maurice Kokou, de Togo; Samuel Yacob, de Etiopía; Fernando Cortés, de México; y más recientemente Giovanni Zaffanelli, de Italia; y Billo Junior, de Centroáfrica. Además, fueron recibidos un par de sacerdotes diocesanos para que comenzaran su servicio sacerdotal en la misión. La parroquia, dividida en sectores pastorales, gozará de un mayor seguimiento por parte de los misioneros. Con la apertura de las comunidades eclesiales de base se buscará que los católicos den testimonio de la Palabra de Dios en lo concreto de la vida cotidiana. Además, la comunidad apostólica se repartirá las comisiones, grupos y movimientos existentes para mejorar su atención a la gente. Se elaboró un plan pastoral para seguir ciertos objetivos por año y una carta de la comunidad religiosa que guiara un horario cotidiano, la vida fraterna y el fomento espiritual entre sus miembros. Tan bien había comenzado la reapertura de la comunidad de los Combonianos que, por esas vueltas que da la vida, también tuvieron que hacerse cargo de la pastoral en Mbata hasta 2011, no sin poco sacrificio, mientras se regularizaba la presencia de sacerdotes diocesanos en esa parroquia.

Una pastoral misionera puesta a prueba

Cuando el 6 de diciembre de 2009 el padre Jesús Ruiz tomaba posesión de la parroquia, apenas dos días después el territorio de Mongoumba se cimbraba con una avalancha de refugiados provenientes de la República Democrática del Congo huyendo de la violencia que se desataba en aquel país. En pocas semanas los refugiados eran alrededor de 25 mil. Este suceso supuso una dura prueba a la pastoral parroquial. Muchos refugiados, con el paso del tiempo, se dispersaron por el territorio o buscaron regresar poco a poco a su país. Fue en la comunidad de Batalimó donde unos 7 mil 500 fueron reagrupados. A los católicos, que venían, se dio atención pastoral durante cuatro años.

Ni bien se calmaba el asunto de los refugiados congoleños, en marzo de 2013 a Centroáfrica le tocaría vivir un golpe de Estado que dejaría profundas heridas entre sus habitantes. Por un lado los “Seleka”, de raigambre musulmana, eran los que habían dado el golpe; y de otro lado los “Antibalaka”, que los medios presentaban como milicias cristianas, eran los que se habían alzado contra los golpistas. Ambas partes provocarían muerte, destrucción y un sinnúmero de refugiados. Mongoumba no fue ajena a este conflicto, que también supuso una dura prueba para la misión. Los musulmanes que vivían en Mongoumba temían las represalias por parte de antibalaka, quienes llegaron a destruir su mezquita, razón por la cual tuvieron que salir huyendo. A causa de esta situación católicos, evangélicos y musulmanes, convocados por la parroquia, crearon el Comité de Acuerdo Interreligioso para la defensa de la justicia y la procuración de la paz. El 8 de diciembre de 2013 hacían una marcha por la unidad y para manifestarse por el cese de la violencia.

En la actualidad

En los últimos quince años la misión de Mongoumba ha visto cómo se ha vuelto más estable y significativa la presencia de los Combonianos, quienes, junto con los LMC, además de asegurar una mayor permanencia y cercanía con el pueblo, se han dado a la tarea de realizar algunas construcciones como capillas, salas de reuniones y una biblioteca, y en rehabilitar algunos espacios para un mejor servicio, especialmente en las áreas de la educación y de la salud. De hecho el templo parroquial, aquel que levantara el padre George Ratzmann en 1951, como dijimos al inicio, fue mejorado para su reinauguración el 1 de enero de 2017, bajo la gestión de Mons. Jesús Ruíz Molina, cuando fungía como párroco de la misión. Las casas de los padres y de los laicos también recibieron algunas mejoras para volverlas más confortables, y se pudo conseguir algunos vehículos para llegar a toda la parroquia en menos tiempo.

Una misión que se abre paso

La parroquia actualmente cuenta con unos 5 mil bautizados, de los cuales la mitad están confirmados. En sus diecisiete comunidades hay catequistas preparando a niños y jóvenes para los sacramentos de iniciación cristiana, y casi todas cuentan con grupos, movimientos o fraternidades que tienen una espiritualidad específica para el crecimiento de su fe y de su pertenencia eclesial. Se ha conseguido que algunas parejas lleguen al altar para el sacramento del matrimonio, pero ésta sigue siendo una ardua tarea. Se busca impulsar una mayor conciencia misionera para que los cristianos se sientan llamados y enviados por el Señor. No han faltado incluso el surgimiento de algunas vocacionales sacerdotales. También se procura acompañar al pueblo Aka en la vivencia de su fe cristiana y para atender a sus necesidades dada la exclusión en la que vive. El principal reto es hacer que los bautizados vivan como cristianos y que se liberen de creencias tradicionales que juegan en su contra, como el “likundú” o hechicería. Sin duda alguna hay mucho por hacer y mejorar. Pero la misión, que la hacen todos, sigue abriéndose paso según su lema: “Église londo, tambula, kpe mbeto pepe” (Iglesia levántate, avanza sin miedo).

A cincuenta años de atención pastoral en Mongoumba los misioneros han visto tanto sus límites como sus capacidades, pues no pocas veces les faltaron algunas condiciones o recursos para asegurar una permanencia más estable en la misión, y no obstante, por gracia de Dios, podían recoger con gusto los frutos del evangelio que como semilla iban sembrando con esfuerzo por el camino. Es entonces cuando se aprende aquel sentido de lo que Jesús dijera a sus discípulos, de no llevar ni oro ni plata por el camino mientras se anuncia el Reino, se curan enfermos y se expulsan demonios, pues al trabajador no le faltará su salario (Mt 10, 7-10). Lo cierto es que, de cualquier modo, con o sin personal suficiente, de cerca o de lejos y aun en medio de duras pruebas, los Misioneros Combonianos jamás dejaron de anunciar el evangelio y de brindar asistencia por básica que fuera a una misión a la que el Señor los envió no para quedarse en la comodidad de la orilla, sino para echar siempre las redes mar adentro (Lc 5,4).

P. Fernando Cortés Barbosa
Misionero Comboniano
Misión de Mongoumba, Centroáfrica


Fuentes de consulta:

  • Les Missionaires Comboniens en Republique Centrafricaine. Fundazione Nigrizi Onlus. 2015.
  • Ruiz Molina Jesús, MCCJ. Jubilé de la paroisse St. George de Mongoumba 1968-2018. Mundo Negro, Madrid, 2018.
  • Toso Carlo, OFM cap. Centrafrique, un siècle d’évangélisation. Conference Episcopale Centrafricaine. Bangui, 1994.

[1] Reglas del Instituto de las Misiones para el África, 1871. Décimo capítulo del reglamento destinado a desarrollar el espíritu y las virtudes de los postulantes.

[2] Centrafrique, un siecle d’evangelisation. Carlo Toso, ofm, cap. Bangui, Conference Episcopale Centrafricaine, 1994, p. 137.