Sudán del Sur: Evangelizar es sembrar paz

En un Sudán del Sur marcado por la violencia, las divisiones, los conflictos y profundas heridas, evangelizar significa también sembrar paz. Y la paz nace cuando aprendemos a ver en el otro no a un enemigo que hay que eliminar, sino a un hermano que hay que reconocer.

Cuando Jesús envía a los setenta y dos discípulos en misión, les dice una palabra que parece casi escandalosa: «Miren, los envío como corderos en medio de lobos». No dice: «Los envío como leones». No dice: «Los envío más fuertes que sus adversarios». No dice: «Los envío con las herramientas necesarias para vencer». Dice: «Los envío como corderos en medio de lobos».

Esta palabra tiene mucho que decir a la Iglesia que vive y anuncia el Evangelio en Sudán del Sur. Porque, en un país marcado por la violencia, las divisiones, los conflictos y profundas heridas, evangelizar significa también sembrar paz. Y la paz no nace de la victoria de uno sobre el otro. No nace de la eliminación del adversario. Nace cuando aprendemos a ver en el otro no a un enemigo que hay que eliminar, sino a un hermano que hay que reconocer.

El cordero no se convierte en lobo

Nos sentimos espontáneamente atraídos por la fuerza. Cuando hay un lobo, quisiéramos tener un lobo más fuerte. Cuando hay violencia, sentimos la tentación de responder con una violencia mayor. Cuando alguien nos amenaza, quisiéramos tener el poder necesario para imponernos. Pero así corremos el riesgo de adoptar la misma lógica de aquello que queremos combatir.

Jesús propone otro camino. El cordero no vence porque sea más fuerte que el lobo. Vence porque no se convierte en lobo. Esta es la fuerza de la no violencia cristiana. No significa ser débiles. Significa no permitir que el mal del otro determine aquello en lo que yo me convierto. El otro puede odiar, pero yo no debo convertirme en odio. El otro puede ser violento, pero yo no debo convertirme en violencia. El otro puede humillarme, pero yo no debo perder la dignidad de reconocerlo como hermano. Permanecer como corderos significa no permitir que el lobo que hay en el otro haga nacer el lobo que hay dentro de mí. Este es uno de los mayores desafíos de la paz.

La primera palabra del misionero es Paz

Jesús dice a sus discípulos: «En cualquier casa donde entren, digan primero: “Paz a esta casa”». Es significativo. La primera palabra del misionero no es una lección de teología. Es paz. El misionero no llega para conquistar al otro. Llega para entrar en relación con él.

Y Jesús añade: «Coman lo que les ofrezcan». El misionero llega pobre. Se deja acoger. Se sienta a la mesa del otro. Come su comida. Entra en su vida. Y entonces descubre algo fundamental: el otro no es simplemente alguien a quien llevar el Evangelio. Es alguien a través de quien Dios también puede encontrarse conmigo. Esta es una gran escuela de misión.

En Sudán del Sur lo aprendemos cada día: la misión no consiste solamente en hablar a la gente, sino en caminar con la gente. No podemos construir la paz desde arriba. Debemos entrar en las heridas de las comunidades, escuchar, compartir y crear espacios en los que las personas puedan encontrarse y reconocerse nuevamente como hermanos.

Devolver un rostro al enemigo

Uno de los dramas más profundos de la violencia es este: antes de golpear el cuerpo del otro, la violencia mata el rostro del otro dentro de nosotros. Para poder ejercer violencia contra una persona, tengo que dejar de verla como persona. Se convierte en una etiqueta: es de aquella etnia; es extranjero; es un enemigo; es uno de los que nos hicieron daño. Cuando el otro se convierte simplemente en el enemigo, resulta más fácil odiarlo.

Por eso, la misión de la Iglesia consiste también en devolver un rostro a quien ha sido convertido en enemigo. Decir a las comunidades: Antes de pertenecer a esta o aquella etnia, somos personas. Antes de ser adversarios, somos hermanos.

La Iglesia debe ser un espacio en el que las personas aprendan nuevamente a encontrarse. Una Iglesia que atraviesa las divisiones. Una Iglesia que no construye nuevos enemigos. Una Iglesia que denuncia la injusticia sin odiar a quien es injusto. Una Iglesia que enseña la reconciliación sin olvidar a las víctimas. Una Iglesia que desarma no solamente las manos, sino también las palabras y el corazón.

La paz comienza en las pequeñas comunidades

Jesús envía a sus discípulos sin bolsa, sin alforja, sin sandalias de repuesto. Es como si dijera: «No pongan su seguridad en el poder. Su fuerza estará en la relación, en la confianza, en la palabra y en el testimonio». Esto es particularmente importante cuando hablamos de paz. A menudo pensamos que para construir la paz se necesitan, ante todo, instrumentos de poder. El Evangelio nos muestra, en cambio, un poder diferente: el poder desarmado de la fraternidad.

Lo vemos concretamente en los Comités de Justicia y Paz presentes en las diócesis de Sudán del Sur y promovidos por las Iglesias desde una perspectiva ecuménica. No son simplemente personas que hablan de paz. Son personas que buscan construirla allí donde las relaciones están heridas. Entran en las comunidades. Escuchan. Recogen miedos y sufrimientos. Favorecen el diálogo. Intentan impedir que un conflicto se convierta en venganza y que la venganza se convierta en una nueva guerra.

No entran diciendo: «He venido a derrotar a alguien». Entran diciendo: «He venido a escuchar». No llevan un arma; llevan una palabra. No buscan un vencedor. Buscan un camino para que las personas puedan volver a vivir juntas. Y aquí vemos concretamente qué significa ser corderos en medio de lobos.

La paz no comienza solamente en las grandes mesas políticas. Comienza cuando, en una pequeña comunidad, alguien encuentra el valor de decir: «Detengámonos. Escuchémonos. No queremos que nuestros hijos sigan pagando el precio de nuestro odio». Eso ya es Evangelio. Eso ya es evangelización. Eso ya es el Reino de Dios que se acerca.

También el rechazo puede convertirse en testimonio

Jesús no oculta a sus discípulos que podrán ser rechazados. Esto es importante. En la misión podemos pensar que el éxito consiste en ser acogidos. Pero Jesús nos enseña que incluso el rechazo puede convertirse en un lugar de testimonio. Jesús mismo fue rechazado. Y en la cruz, Dios asume sobre sí el rechazo de la humanidad sin responder con otro rechazo.

El mal cae sobre el Cordero y el Cordero no devuelve el mal. Esta es la fuerza de la cruz. No significa buscar el sufrimiento. Significa que el amor verdadero permanece fiel incluso cuando no es correspondido. Por eso, el rechazo no es necesariamente un fracaso de la misión. Puede convertirse en el lugar donde el amor demuestra que es más fuerte que el odio.

Evangelizar significa cambiar de mentalidad

Por eso, la vocación de la Iglesia en Sudán del Sur es grande. No estamos llamados solamente a predicar la paz. Estamos llamados a convertirnos en una comunidad de paz. Evangelizar significa sembrar una mentalidad nueva: de la venganza a la reconciliación; del miedo a la confianza; de la división a la fraternidad; del odio a la responsabilidad por el bien común.

Porque una guerra puede continuar incluso cuando las armas callan, si dentro de nosotros siguen viviendo el resentimiento, la sospecha y el deseo de venganza.

La paz no es solamente el silencio de las armas. Es la transformación del corazón. Y esta transformación debe llegar especialmente a los jóvenes. No podemos permitir que una generación herede la guerra de la generación anterior. Una madre que enseña a sus hijos a no odiar a los hijos de sus enemigos ya está construyendo la paz. Un joven que deja el arma ya está construyendo la paz. Dos comunidades que, después de años de conflicto, aceptan sentarse a la misma mesa ya están construyendo la paz. Una Iglesia que crea ese espacio de encuentro ya está evangelizando. El Reino de Dios se hace cercano cuando una persona decide no vengarse.

Bienaventurados los que trabajan por la paz

Por eso comprendemos mejor la bienaventuranza de Jesús: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios». No dice: bienaventurados los que hablan de paz. Dice: bienaventurados los que trabajan por la paz. La paz es un verbo. Es un trabajo. Es una vocación. Es un camino. Y quienes trabajan por la paz son los corderos de los que habla Jesús. No porque sean débiles, sino porque han descubierto una fuerza más grande que la violencia: la fuerza de no devolver mal por mal; la fuerza de permanecer fieles al amor; la fuerza de ver un hermano allí donde otros ven un enemigo.

Esta es quizás una de las mayores formas de testimonio que la Iglesia puede ofrecer a Sudán del Sur y al mundo. No podemos construir la paz eliminando al otro. Construimos la paz cuando reconocemos que el otro pertenece a nuestra misma humanidad. Y aquí llegamos al corazón del Evangelio. El Cordero no mata al lobo. El Cordero ofrece su propia vida. Esta es la lógica de la cruz. Esta es la lógica de la misión. Esta es la lógica de la paz.

La Iglesia está llamada a ser un cordero en medio de los lobos. No un cordero resignado. Un cordero que, con la fuerza desarmante del amor, de la verdad, de la justicia y de la fraternidad, abre un camino nuevo. Porque quizá la pregunta decisiva no sea: «¿Cómo podemos llegar a ser más fuertes que nuestros enemigos?», sino: «¿Cómo podemos hacer para que ya no haya enemigos?» La respuesta del Evangelio es sencilla y radical: reconociéndonos como hermanos. Esta es la paz que debemos sembrar. Esta es la paz que debemos testimoniar. Esta es la paz por la que vale la pena dar la vida.

Bienaventurados los que trabajan por la paz. Bienaventurados los corderos que no se convierten en lobos. Bienaventurados aquellos que dan su vida para que el mundo tenga vida. Serán llamados hijos de Dios.

+ Christian Carlassare, mccj
Obispo de Bentiu (Sudán del Sur)

comboni.org

El Papa convoca a una jornada de ayuno y oración por la paz

«El próximo viernes, 22 de agosto, celebraremos la memoria de la Santísima Virgen María Reina. María es la Madre de los creyentes aquí en la tierra y también es invocada como Reina de la paz. Mientras nuestra tierra sigue siendo herida por las guerras en Tierra Santa, Ucrania y muchas otras regiones del mundo, invito a todos los fieles a vivir el día 22 de agosto en ayuno y oración, suplicando al Señor que nos conceda la paz y la justicia y que seque las lágrimas de quienes sufren a causa de los conflictos armados en curso».

Con estas palabras, el Papa invitaba durante la audiencia del pasado miércoles a todos los cristianos a una jornada de ayuno y oración por la paz y la justicia. Ante las negociaciones por alcanzar acuerdos en conflictos como el de Ucrania y en Gaza, donde Israel se prepara para una ocupación total, León XIV ha reiterado su llamado a la paz, reclamando alto el fuego en Ucrania, la resolución de la crisis humanitaria en Gaza y la liberación de los rehenes israelíes. Coincidiendo con la festividad de Santa María Reina, invocada por la cristiandad como Reina de la Paz. «Pedimos a María Reina de la Paz que interceda por los pueblos, para que puedan alcanzar el camino y la vía de la paz», concluyó.

Comunicado del II Taller de VIVAT México

Tepoztlán, Morelos, México, 15 de junio de 2023.
Del 13 al 15 de junio de 2023, 18 participantes pertenecientes a 6 congregaciones religiosas miembros de VIVAT México, asociados y laicos, nos reunimos en Tepoztlán, Morelos – México para construir y reforzar VIVAT como un movimiento profético.

En el taller se abordó la historia de VIVAT México y VIVAT internacional; estructuras y formas de trabajo; planificación estratégica y plan de acción de cada una de ellas. Asimismo, se vieron la estructura y mecanismos de la ONU. Se compartieron también experiencias y buenas prácticas de JPIC de las Congregaciones, la perspectiva bíblica de JPIC, así como el análisis social, derechos humanos y defensa, los cuales son temas de abogacía y trabajar en redes.
Desde la realidad donde estamos inmersos, constatamos que se siguen vulnerando los derechos humanos fundamentales de las personas con quienes trabajamos. Estas situaciones continúan desafiándonos a crear nuestras estrategias para reducir esta vulnerabilidad y trasformar su situación para que puedan vivir una vida digna.
Nos comprometemos a dar a conocer qué es VIVAT a nuestras comunidades religiosas y a nuestros asociados, enfatizando qué todos somos miembros de VIVAT.
Partiendo de esta identidad y sentido de pertenencia sugerimos que, en nuestros ministerios, realicemos las actividades teniendo presente en todo momento el compromiso y la posibilidad de abogar por las causas que surjan para que su dignidad de las personas sea reconocida y restituida.
Desde esta conciencia profética que ha sido fortalecida en el Taller mediante la reflexión y compartir de nuestros ministerios y analizar la realidad en la que vivimos, constatamos la violencia social generalizada en todos los ámbitos de la vida y los sinnúmeros de problemas que brotan desde esta realidad, incluido la migración forzada de personas vulnerables.
Consecuentemente, priorizamos el trabajo de promover la cultura de la paz en México durante los próximos tres años mediante el compromiso intercongregacional y la colaboración con otros actores sociales.
Por ello, nos comprometemos a focalizar nuestros esfuerzos con actividades concretas para cumplir el compromiso antes mencionado con el propósito de construir el Reino de Dios favoreciendo la vida plena (cfr. Jn 10,10) para las personas desfavorecidas y

vulnerables en nuestra sociedad. Ponemos nuestra confianza en la acción del Espíritu de Santo que nos precede y nos acompaña en la historia.
Hermanas de la Santa Cruz (CSC)
Hermanas Misioneras Combonianas (CMS)
Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo (MSCS)
Misioneras Siervas del Espíritu Santo (SSpS)
Misioneros Oblatos de María Inmaculada (OMI)
Sociedad del Verbo Divino (SVD)
Asociados Laicos:
Asociados Oblatos
Asociados de la Santa Cruz
Fundación Arnoldo Janssen AC