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Las chicas primero

La situación de discriminación en el acceso a la educación que sufren las chicas centroafricanas con respecto a los varones motivó la fundación del Internado Sainte Monique, en Mbata. Este proyecto de promoción humana de las Dominicas Misioneras de África ha recibido el apoyo de la ONG española Manos Unidas, que financió la construcción de uno de los edificios de dormitorios del centro. En él 170 chicas se preparan para tener un futuro mejor.

Texto y fotos: P. Enrique Bayo, mccj. MUNDO NEGRO

Dos toques de bocina y unos pocos segundos de espera bastaron para que el guardián abriera el portón del Internado Sainte Monique, situado en la ciudad centroafricana de Mbata, en la provincia de Lobaye. Ante nuestros ojos apareció una gran parcela con varios edificios de planta baja y algunos árboles, debajo de los cuales algunos grupos de chicas de diferentes edades charlaban de manera animada. Algunas de ellas reconocieron al volante del vehículo al misionero comboniano burgalés Mons. Jesús Ruiz, obispo de Mbaiki, y levantaron sus brazos con energía para saludarle.

El coche giró a la izquierda y pocos metros después quedó aparcado junto a la comunidad de las Dominicas Misioneras de África. Antes de que pudiéramos descender, varias religiosas se encontraban al pie del vehículo para darnos la bienvenida «a la africana», con grandes muestras de alegría. 

Mons. Ruiz me había advertido de que nuestra visita iba a ser corta, por lo que en cuanto me presentaron a las cinco religiosas de la comunidad, dos ruandesas y tres centroafricanas, encendí mi grabadora, me colgué al cuello la cámara de fotos y comencé a hacer preguntas. La hermana centroafricana Clémentine Mbanga, superiora de la comunidad y principal responsable del internado, se ofreció a acompañarme y mostrarme el centro. La religiosa estuvo a mi lado durante toda la visita.

Era jueves y las chicas más mayores estaban en clase, mientras que las más jóvenes parecían disfrutar de un momento de recreo en el patio del centro. Por mucho que miraras el entorno, era imposible encontrar entre ellas una cara seria. Me acerqué a una de las chicas, Janice, para preguntarle por qué estaba en el internado y su respuesta me gustó mucho: «Para estudiar y convertirme en alguien que sea útil a la sociedad centroafricana». Por eso de constatar la primera impresión, realicé la misma pregunta a otras tres alumnas del centro con las que tuve la oportunidad de hablar: Sarah, Miséricorde y Gwendoline. Todas respondieron más o menos igual que Janice: querían formarse para contribuir al bien de su país. Ante la firmeza de sus palabras, comprendí que era un mensaje muy bien interiorizado que expresaban con convicción. Las cinco chicas a las que entrevisté se mostraron también unánimes a la hora de valorar de forma muy positiva el cariño y la cercanía que reciben de las hermanas dominicas en Sainte Monique.

Una clase del internado

Un proyecto para paliar una deficiencia

El centro nació en el año 2012 por pura necesidad. Las religiosas dominicas y el entonces obispo de la diócesis de Mbaiki, el comboniano italiano Mons. Guerrino Perin, eran conscientes del bajo porcentaje de escolarización en la República Centroafricana, que en algunas provincias apenas alcanza el 50 % de la población, pero sobre todo les dolía la gran discriminación que sufren las niñas, que no disponen de las mismas oportunidades que los niños para estudiar. Todo ello les llevó a poner en marcha un internado para chicas donde ofrecerles una formación de calidad. «Nuestra mentalidad cultural empuja a las chicas a quedarse en casa para ayudar a sus madres en lugar de ir a la escuela», se lamentaba la Hna. Mbanga, «y nosotras no podemos aceptar una actitud que frena a las chicas y les impide ir adelante con sus vidas». También las palabras de la religiosa sonaban con mucha convicción.

Los comienzos del proyecto tuvieron a la humildad ­como principal seña identitaria. El primer año fueron cuatro las chicas acogidas, al año siguiente eran ya ocho y, poco a poco, gracias al apoyo de diferentes organizaciones y del propio Mons. Jesús Ruiz, el Internado Sainte Monique ha ido creciendo de manera constante. En la actualidad, para el curso 2025/2026, las instalaciones del centro acogen a 170 chicas de entre 7 y 16 años, aunque tiene capacidad para unas 200.

Un viejo caserón remodelado con un porche acoge el pabellón de las clases, mientras que los dos grandes edificios donde viven las chicas, con cinco dormitorios cada uno, fueron construidos después de la fundación del internado. El más reciente fue posible gracias a la ayuda de la ONG católica Manos Unidas y acoge a las chicas de Primaria. Los dormitorios son amplios, cada uno cuenta con capacidad para una veintena de chicas, repartidas en diez literas de dos camas cada una. Los lavabos se encuentran en un pasillo lateral dentro del propio edificio, mientas que los baños y las duchas están situados en el exterior, a pocos metros de distancia.

Para que el funcionamiento de esta comunidad sea armónico, las religiosas prestan especial atención al orden. Por este motivo, en cada dormitorio una chica es elegida como responsable para supervisar la limpieza y asegurar la disciplina entre las chicas. Lo mismo sucede en cada una de las clases, donde las alumnas votan en secreto a su delegada. Austine Mbada, delegada de quinto de Enseñanza Media, ha asumido su rol muy en serio, porque «si me han elegido es para que haga lo que tengo que hacer. Si alguna compañera tiene comportamientos turbulentos, tengo que aconsejarla para que cambie y darle buenos consejos para orientarla y ayudarla».

El comedor del internado.

Disciplina y formación

La mayoría de las muchachas del internado son originarias de la provincia de Lobaye, cuyo territorio coincide con la diócesis de Mbaiki. Proceden de poblaciones como Boda, ­Boganangone, Ngotto, la ciudad de Mbaiki o Mongoumba, pero hay también chicas de otras provincias e incluso de Bangui, la capital del país. No abundan en la República Centroafricana centros que ofrezcan a las chicas una disciplina y una formación de calidad como las que proponen en Sainte Monique, por eso, los padres que pueden permitírselo no dudan en enviar a sus hijas a Mbata.

Estudiar aquí no es gratis, pero el coste se adapta a las circunstancias de cada una de las internas. A las chicas cuyos padres trabajan y tienen posibilidades económicas les piden 300 000 francos CFA al año, unos 460 euros, mientras que para el resto de las chicas el coste es de 170 000 francos –260 euros–. Sin embargo hay situaciones especiales. Por iniciativa de Mons. Jesús Ruiz, las hijas de los catequistas que están dando su vida por la Misión pagan solo 85 000 francos –130 euros–, mientras que los otros 85 000 francos son aportados por la diócesis. En el caso de las jóvenes pigmeas aka, la diócesis se hace cargo de sus estudios y estancia en el internado.

En el presente curso son nueve las chicas aka. Todas estudian Primaria. «Su nivel de estudios es muy bajo y nos vemos obligadas a asignarles clases más bajas que las que les corresponderían por la edad, pero es la única manera de que vayan cogiendo confianza y progresen en los estudios», señala la Hna. Mbanga.

El obispo de Mbaiki, Mons. Jesús Ruiz, en el internado Sainte Monique con varias chicas.

Sistema educativo

Nueve profesores, ocho hombres y una mujer, son los encargados de impartir las clases. Las religiosas dominicas prestan un especial cuidado en el proceso de selección del personal docente. Se les exige que preparen bien sus clases y que den buen ejemplo, pero, además, la Hna. Clémentine indica que, «en diálogo con ellos, se les ha pedido que no faciliten las cosas, que sean exigentes a la hora de evaluar, porque aquí la gente ama la facilidad». Ella misma es profesora e imparte Geografía e Historia tanto en el internado como en la escuela pública de Mbata. «En aquel centro –dice la ­religiosa– soy la única mujer que da clases. Para la mujer es muy difícil alcanzar un nivel de estudios que le permita ser profesora. En toda la provincia de Lobaye solo hay 13 mujeres profesoras en Primaria, mientras que los hombres son centenares. Por suerte, esta mentalidad de relegar a la mujer está cambiando y nuestro internado es expresión de ese cambio».

El sistema educativo centroafricano prevé seis años de Primaria –Fundamental 1–, cuatro de Enseñanza Media –Fundamental 2– y tres de instituto. Los años se cuentan en sentido inverso al sistema educativo español, de manera que la Primaria va de sexto a primero, mientras que la Media comienza en sexto y se extiende hasta tercero. Los tres cursos del instituto son segundo, primero y terminal. El aprobado en este último da acceso a la universidad.

En el Internado se imparten los ciclos completos de Fundamental 1 y 2. Aunque las hermanas tienen intención de comenzar también el instituto, de momento no ha sido posible. No obstante, las chicas que concluyen la Enseñanza Media tienen la oportunidad de trasladarse a la comunidad que las Dominicas Misioneras de África tienen en Bangui ­para ­completar sus estudios. Los frutos, ­enfatizan las religiosas, comienzan a verse.

Una de las primeras chicas en matricularse en el internado hizo en 2025 su primera profesión religiosa como dominica y otras tres jóvenes han llegado a la universidad. Dos están matriculadas en segundo de Medicina y la otra comenzó este curso la licenciatura de Geografía e Historia. «Para nosotras son el orgullo del internado. Seguro que en 20 años o menos habrá chicas salidas de aquí que se habrán convertido en personas influyentes que ayudarán a desarrollar nuestro país», comenta la Hna. Clémentine.

Formación humana y espiritual

Además de la académica, las dominicas se preocupan mucho por la formación humana y espiritual de las internas. Todas siguen el curso de Educación a la Ciudadanía que imparte la Hna. Mbanga, así como también una formación específica sobre vida y amor. «Sorprende la ignorancia con que las chicas llegan al internado en materia de sexualidad, por ejemplo la cuestión de la menstruación es un tabú. Como sus padres no les explican nada, tienen que informarse con sus amigas. Aquí intentamos darles una formación seria en estos aspectos tan importantes», señala la superiora. A ello se añaden las prácticas para aprender a hacer la colada, cocinar, arreglar la cama y la ropa y saber presentarse y comportarse delante de los adultos.

En un lateral del centro, algunas de las chicas cultivan una pequeña huerta donde crecen legumbres, verduras y frutas, alrededor del cual deambulan algunas gallinas camperas. Este servicio ayuda a las chicas a aprender a trabajar la tierra, además de producir alimentos que sirven para el consumo interno. Lo mismo sucede con la cría de unos pocos corderos aunque, como señala la superiora, la falta de medios no les ha permitido desarrollar más esta actividad ganadera.

Con respecto a la formación espiritual, las clase de Religión están aseguradas por un sacerdote de la parroquia. Si bien algunas de las chicas son protestantes e incluso musulmanas, sus familias fueron advertidas antes de matricularse de que el internado ofrece solo formación católica. Todas las internas deben seguir la clase de Religión y están invitadas a participar en los momentos de oración comunitaria. Además de las eucaristías dominicales, cada día se reza el rosario junto a la gruta de la Virgen, situada en un rincón de la parcela, y los domingos dedican 30 minutos a la adoración silenciosa del Santísimo Sacramento.

Exterior de la Parroquia Saints Pierre et Paul, de Mbata, donde las jóvenes participan algunos domingos en la celebración eucarística.

La vida dentro del internado

A escasos 400 metros del internado se encuentra la Parroquia Saints Pierre et Paul, en Mbata, donde las chicas acuden a misa algunos domingos. Cuando es posible, un sacerdote viene al centro para celebrar la eucaristía. Estas ocasionales salidas dominicales y las visitas al dispensario médico en caso de necesidad son las únicas oportunidades que las chicas tienen para salir fuera del centro. Ni siquiera están previstos paseos lúdicos los fines de semana, de manera que toda la vida de las internas se desarrolla en el reducido espacio del internado.

Al preguntar a la Hna. Mbanga si esta situación de semiclausura no se hace demasiado pesada para las jóvenes internas, su rostro refleja cierta resignación. «Es cierto que nos gustaría salir más. Si tuviéramos un autobús podríamos hacer excursiones, pero no es posible. Los chicos están siempre ahí, al acecho de las chicas. A veces incluso trepan el muro para ver lo que hacemos, lo que nos obliga a tener guardianes día y noche para asegurarnos de que a ninguno se le ocurra saltar. En cada uno de los edificios donde están los dormitorios, una hermana o una mujer del personal auxiliar pasa la noche con las internas», dice la religiosa, que enseguida asegura que las «chicas soportan muy bien la vida del internado. Se sienten protegidas y les gusta estar aquí. Durante las vacaciones de fin de curso y durante la Navidad y la Semana Santa regresan a sus casas y siempre dicen a sus padres que tienen ganas de regresar al Sainte Monique».

El centro no dispone de sala de televisión y las chicas no pueden tener teléfono móvil, pero cada sábado de 15 a 17 horas se organiza una sesión de danza tradicional, cantos y pequeños teatros donde las internas disfrutan a lo grande. Ese día, pero también el domingo, las religiosas abren el pequeño almacén de las sorpresas donde se guardan los aperitivos, las patatas fritas y los caramelos que los padres traen para sus hijas y que son distribuidos para alegría de todas.

El portón se volvió a abrir cuando Mons. Jesús Ruiz y yo montamos en el coche para seguir nuestro viaje hasta Mongoumba. Al igual que a nuestra llegada, salimos del internado acompañados por los saludos alegres de las chicas y de las religiosas que las acompañan y educan.  

Dr. Cédric Ouanekpone, Premio Mundo Negro a la Fraternidad

El próximo 31 de enero el joven doctor centroafricano Cédric Ouanekpone recibirá el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2025 por su compromiso para mejorar el acceso a unas condiciones sanitarias dignas en la República Centroafricana. Pese a tener múltiples ofertas de trabajo en Europa, prefirió quedarse en su país para ayudar a su gente. El premio le será entregado durante el XXXVIII Encuentro África organizado por la revista Mundo Negro.

Al concluir su especialización médica en Estrasburgo (Francia), el doctor Cédric Patrick Ouanekpone tenía muy claro que iba a regresar a su país, la República Centroafricana (RCA). Rechazó el seductor contrato que le ofrecieron y de nada sirvió que intentaran renegociar al alza su salario. Era el primer nefrólogo en su país y sabía que el Centro Nacional de Hemodiálisis de Bangui, construido en 2020 por el Banco Africano de Desarrollo y entregado al Gobierno para su gestión, llevaba dos años sin funcionar por falta de un especialista. Ouanekpone asumió la dirección médica del centro e inmediatamente comenzaron a salvarse vidas.

Nacido en Bangui el 8 de marzo de 1986, Cédric fue bautizado cuando tenía dos años en Nuestra Señora de Fátima, una parroquia muy importante en su historia personal, administrada por los Misioneros Combonianos. Las primeras revueltas que vivió el país en 1996 obligaron a cerrar las escuelas y Cédric se benefició, junto a otros niños y niñas, de un programa de apoyo escolar organizado por la parroquia. En el año 2000 entró en el seminario menor de los Carmelitas. Quería ser religioso, pero tres años después salió atraído por la investigación científica.

Al estallar la rebelión de la Seleka en 2012, el joven había concluido sus estudios de Medicina en la Facultad de Ciencias de la Salud de Bangui, aunque a causa de la guerra tuvo que esperar para obtener su título. El ciclo de la violencia continuó varios años, convirtiendo la Parroquia de Fátima en un inmenso campo de refugiados con más de 5 mil personas acogidas. Su responsable, el ugandés P. Moses Otii, se apoyó en Cédric y en otros jóvenes sanitarios de la parroquia para hacer frente a esa emergencia sanitaria. Cédric atendió sin apenas medios a ancianos y niños y ayudó a dar a luz a decenas de mujeres.

En 2014, en plena crisis, la ONG francesa Cercle de Haute Réflexion sur la Jeunesse llegó al país con un cargamento de medicamentos y Cédric se encargó de consultar y establecer el tratamiento para infinidad de personas, incluso de los barrios musulmanes del PK5. Tuvo que hacerlo casi a escondidas para evitar que lo acusaran de ayudar al enemigo en un conflicto que fue calificado de forma injusta como interreligioso. Cuando la ONG quiso pagar sus servicios según los estándares europeos, el doctor Ouanekpone se negó aduciendo que era su humilde contribución a sus hermanos y hermanas.

Cinco años después, la ONG presentó la candidatura de aquel joven médico al Premio Mundial de Humanismo. En la localidad macedonia de Ohrid recibió este reconocimiento de manos del ex primer ministro italiano Romano Prodi, galardonado también en aquella ocasión.

Cédric Ouanekpone eligió la especialidad de Nefrología, una de las más exigentes, para salvar vidas en su país, donde tantas personas afectadas de insuficiencia renal morían de forma irremisible por falta de cuidados médicos especializados. Después de formarse en su país, continuó sus estudios en Senegal (tres años) y en Francia (uno más), para lo que recibió apoyo, entre otros, de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.

En la actualidad, su servicio en el Centro Nacional de Hemodiálisis de Bangui le permite recibir un sueldo de forma regular, pero guiado por su fe cristiana, Cédric nunca ha cejado en su compromiso social. La falta de servicios sanitarios de calidad le llevó a abanderar el proyecto del complejo médico “Mama Ti Fatima”, amparado por la Asociación Nuestra Señora de Fátima para el Desarrollo, creada el 11 de julio de 2020.

El carácter afable y comunicativo del galeno, pero sobre todo su gran capacidad de liderazgo y de trabajo en equipo, ha conseguido entusiasmar a otros jóvenes médicos y sanitarios que comparten su visión, lo que ha permitido que el complejo médico crezca enfrente de la parroquia. En 2020 se abrió la farmacia y en 2023 el centro de análisis médicos. En diciembre, el apoyo de la organización austriaca Missio-Viena permitió terminar el edificio del ambulatorio de urgencias y pronto comenzarán los trabajos de la maternidad con la financiación de la organización estadounidense The Papal Foundation. Además, la colaboración entre la ANDFD y la Diócesis de Mbaiki ha permitido la organización de nueve clínicas móviles para acercar los cuidados médicos a las personas más desfavorecidas

El sanitario centroafricano compagina sus múltiples actividades con la docencia en la Facultad de Ciencias de la Salud de Bangui, el único centro universitario médico de todo el país. También dirige las tesis doctorales de jóvenes médicos, convencido del papel fundamental de la formación. «Cuantos más profesionales sanitarios tengamos, mejor será nuestro futuro, porque la situación de la RCA es terrible. Tenemos uno de los porcentajes de médicos por habitante más bajos del mundo (0,21 por 10 000 habitantes) y ningún médico especialista en el interior del país. Los pocos que somos estamos en Bangui», señala con tristeza, pero sin un pesimismo paralizante. A aquellos médicos que «por elección libre» trabajan fuera de la RCA les lanza un mensaje: «Nunca es tarde para regresar, porque vuestra presencia aquí es indispensable y podéis ayudar a más personas que si os quedáis fuera». 

MUNDO NEGRO

Navidad, un Dios humano

Por: Mons. Jesús Ruíz, mccj
Desde Mbaïki, Centroáfrica

Dice Leonardo Boff que “todo niño quiere ser hombre; todo hombre quiere ser rey; todo rey quiere
ser Dios…, solo Dios quiso ser niño”.
Estamos acostumbrados a ver en el Niño de Belén al hijo de Dios, pero a riesgo de que nuestra fe se convierta en un cuento de hadas, pues un Dios Niño no es nada fácil de digerir… En nuestras liturgias
hablamos demasiado del Dios omnipotente, el todopoderoso, la fuerza de Dios…, pero en definitiva lo que Dios nos ha manifestado es algo pequeño, vulnerable, frágil, sin fuerza… ¿De verdad que creemos en ese Dios Niño, o fantaseamos con el cuento dulzón del Niño de Navidad, pero nuestra creencia está en la fuerza de Dios?

¡Qué riesgo el de Dios que quiso hacerse hombre! Aceptar la humanidad, toda humanidad, los buenos y los malos. Pensaba estos días cómo desde entonces toda humanidad tiene sentido, toda humanidad está habitada por Dios, la humanidad tiene futuro, la humanidad está llena de Dios. «Dios no se avergüenza de la bajeza del hombre, entra en ella. […] Dios ama lo perdido, lo despreciado, lo insignificante, lo marginado, débil y afligido. Donde los hombres dicen «perdido», Él dice «salvado». […] Donde los hombres apartan indiferente o altaneramente la mirada, allí pone él su mirada llena de incomparable amor ardiente. Donde los hombres dicen «despreciable», allí Dios exclama «bendito». Allí donde en nuestra vida hemos llegado a una situación en la que sólo podemos avergonzarnos ante nosotros mismos y ante Dios, […] allí mismo Dios se hace cercano, como nunca antes: es allí donde Dios quiere irrumpir en nuestra vida, es allí donde muestra su cercanía, para que comprendamos el milagro de su amor, de su cercanía y de su gracia». (Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano, mártir del nazismo)

Es en este Niño-Dios que he intentado leer la muerte de mi papá, fallecido recientemente. El papa Francisco ha inaugurado el año del jubileo abriendo la puerta de la basílica de san Pedro de Roma y luego la puerta en una prisión. La liberación de Dios es liberación de los cautivos, perdón de la deuda externa, que paren las guerras… Este Niño que se nos ha dado es el Príncipe de la paz, aunque El sufriera toda violencia en su cuerpo humano. Así hoy la humanidad sigue sufriendo tanta violencia.

Ordenación e instalación de Mons. Victor Hugo Castillo, Obispo de Kaga-Bandoro

Mons. Víctor Hugo Castillo Matarrita, misionero comboniano costarricense, hasta ahora superior de la Delegación Comboniana en Centroáfrica, fue nombrado Obispo de Kaga-Bandoro (República Centroafricana) por el Papa Francisco el pasado 5 de septiembre. El pasado domingo 17 de noviembre, en el atrio de la catedral Santa Teresa del Niño Jesús de Kaga-Bandoro, tuvo lugar su ordenación episcopal y su instalación como nuevo obispo de dicha diócesis. La solemne celebración estuvo presidida por Su Eminencia el Cardenal Dieudonné Nzapalainga, Arzobispo Metropolitano de Bangui.

La Carta Apostólica, fechada el 5 de septiembre de 2024, por la que Mons. Víctor Hugo Castillo Matarrita es nombrado Obispo de Kaga-Bandoro, fue leída durante la celebración eucarística en presencia del Cardenal Dieudonné Nzapalainga, C.S.Sp, los obispos presentes -entre ellos los combonianos Mons. Juan José Aguirre Muñoz, obispo de Bangassou, y Mons. Jesús Ruiz Molina, obispo de M’Baïki-, el colegio de consultores, numerosos hermanos combonianos, el clero diocesano y religioso y el Pueblo de Dios.

Mons. Castillo Matarrita, después de haber recibido la imposición de manos del consagrante, Card. Nzapalainga, y de los dos obispos co-consagrantes, Mons. Nestor-Désiré Nongo-Aziagbia, S.M.A, obispo de Bossangoa, y Mons. Miroslaw Gucwa, obispo de Bouar, se dirigió a los fieles con estas palabras: «Hermanos y hermanas, cristianos de Kaga-Bandoro, hombres y mujeres de buena voluntad que viven en las prefecturas de Nana Grebizi, Bamingui Bangoran y La Kemo, sé que han sufrido mucho por los acontecimientos que han sacudido nuestro país. Pero quisiera invitarlos a mirar lejos, hacia el futuro. Mirémoslo juntos con ojos de esperanza. Cristo está ante nosotros. Confíen en Dios, no tengan miedo. Nuestro desaliento nunca podrá vencer la cercanía del Dios de la Vida. Trabajemos juntos para reconstruir la fraternidad, la comunión en la Iglesia. Mi deseo es que en esta tierra bendita podamos experimentar la imparcialidad de Dios. También quisiera invitarlos a no perder la alegría de la acogida, del encuentro. La alegría es esa hermosa característica que Dios les ha dado. Y se desarrolla aún más cuando se acogen unos a otros como hermanos y hermanas».

Representando al Consejo General de los Combonianos estuvo el Padre Elias Sindjalim Essognimam, Asistente General, que describió el evento como «un día lleno de emoción» y belleza. «Fue hermoso ver la alegría del pueblo de Dios, subrayó, que se consideraba huérfano y que ahora ha encontrado un pastor; ver las danzas africanas, la generosidad de la gente que, en su pobreza, ha dado tantas cosas al nuevo obispo, para su vida y para su misión. También fue hermoso ver a los dos obispos combonianos imponiendo las manos a su hermano. Fue una hermosa celebración, una hermosa fiesta». Sin embargo, dijo el padre Elías, «ante los retos que afronta la diócesis, y que serán los mismos retos que afrontará el obispo Victor Hugo, me han surgido muchas preguntas, que no tienen respuesta, pero -concluyó- lo importante es ser conscientes, como nos dice nuestra fe, de que Dios está con nosotros, en esta misma barca, y nunca nos abandonará».

Mons. Víctor Hugo Castillo Matarrita nació el 19 de marzo de 1963 en Mansión, Diócesis de Tilarán, Costa Rica. Ingresó en la Congregación de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús e hizo su profesión perpetua el 27 de septiembre de 1991 en París, donde estudió teología. Fue ordenado sacerdote el 8 de agosto de 1992 en Costa Rica. Ha desempeñado los siguientes cargos: misionero en Centroáfrica y párroco en Grimari (1993-1998); formador y superior local en el postulantado comboniano de Bangui (1998-2001); superior provincial y presidente de la Conferencia de Superiores Mayores de África Central (2002-2007); formador de postulantes en San José y consejero de la Delegación de América Central (2009-2012); superior provincial para América Central (2013-2019) y superior local de la comunidad de hermanos estudiantes en Roma (2020-2022). Desde el 1 de enero de 2023 es superior de la Delegación de los Combonianos en Centroáfrica.

comboni.org

50 años en Mongoumba, Centroáfrica

El 18 de octubre se cumplen 50 años de la llegada de los Misioneros Combonianos a Mongoumba, Centroáfrica. El P. Fernando Cortés Barbosa, misionero comboniano mexicano y con varios años de trabajo misionero en Mongoumba, nos ofrece este pequeña crónica histórica de nuestra presencia en esta misión centroafricana.

Por: P. Fernando Cortés Barbosa, mccj

Una misión de echar las redes mar adentro

Los inicios de la evangelización en 1911

La misión de Mongoumba recibía sus primeras visitas pastorales hacia 1911 de parte del padre Marc Pédron, misionero espiritano, de nacionalidad francesa, como parte del recorrido que realizaba por la región de la Lobaye. El testimonio más antiguo que se tiene de la iglesia en Mongoumba es una carta del padre espiritano George Ratzmann, que data del 1 de marzo de 1950, en la que lamenta haber encontrado el templo en ruinas a causa de las fuertes lluvias. Mas no se arredró porque se apresuró a levantar uno nuevo el año siguiente.

Fundación de la parroquia de Mongoumba en 1968

Había Misioneros Dominicos, de nacionalidad española, desempeñando su labor en el antiguo Zaire (actual República Democrática del Congo), pero a causa de los conflictos políticos que se vivían en ese país, en la década de los 60, fueron recibidos en 1966 por el arzobispo de Bangui, Mons. Cucherousset, quien les ofreció la misión de Mongoumba. Ellos aceptaron y en febrero de 1968 ya se encontraban en la misión, que tres meses después se convertiría en parroquia. En este mismo año llegaron tres religiosas Dominicas de Namur, quienes se dedicaron a atender la maternidad, el servicio social y el apostolado, hasta que concluyeron su misión en 1983.

Misioneros Combonianos en Mongoumba hacia 1974

Seis años después de haber tomado posesión de la parroquia de Mongoumba, los Padres Dominicos la entregarían a los Misioneros Combonianos. De modo que, el 18 de octubre de 1974, llegaban a instalarse a la misión los padres italianos Euro Casale y Paolo Berteotti, que fueron recibidos por una comunidad católica de 2 mil miembros y con apenas veinte aspirantes a bautizarse. No fueron fáciles los primeros años de labor pastoral. Sucede que algunos misioneros no duraban suficiente tiempo en la misión a causa de enfermedades, por agotamiento físico y hasta psíquico o porque no se adaptaban al ambiente. Y no faltaron quienes tuvieron que repensar seriamente su vocación misionera frente a los desafíos u otras propuestas que se les iban presentando. Eran momentos críticos para meditar las palabras que san Daniel Comboni dirigía a quienes aspiraban ir a las misiones: “El misionero que no tuviera un real sentimiento de Dios y un vivo interés por su gloria y por el bien de las almas, le faltaría aptitud para su ministerio y con el tiempo caería en una suerte de vacío y de soledad insoportables”.[1]

Además, la misión contaba con sus propias dificultades, entre ellas, la gente no vivía con entusiasmo su fe cristiana, tanto así que en algunas comunidades la catequesis no funcionaba. El director de la escuela había prohibido la enseñanza religiosa y Mongoumba ya no era más que un lugar de esparcimiento que atraía visitantes de otros lados. Una realidad así recordaba aquella advertencia, tan actual, que en 1937 hiciera por carta el Provincial de Toulouse a los Misioneros Capuchinos destinados a Centroáfrica: “Los religiosos deben ser resistentes y de fe probada, porque continuamente tendrán que vivir solos… El país es difícil y agotador, por lo tanto se requiere de una gran voluntad para permanecer como un buen religioso y para resistir a diversas tentaciones”[2].

La falta de una asistencia estable de Padres Combonianos en la misión llevó a considerar hacia 1980 la idea de atender Mongoumba desde una localidad vecina, Mbata, que en noviembre de 1982 se convertiría en parroquia comboniana. La crisis no era fácil de sortear, tanto así que en 1988 los padres combonianos Venanzio Milani, asistente general en Roma, y Michele Russo, provincial de Chad y Centroáfrica, decidieron cerrar la casa de los padres en Mongoumba, con la indicación que desde Bangui y Mbata algunos sacerdotes se trasladaran a la misión al menos los fines de semana y las fiestas importantes. Y finalmente, a partir de 1995, Mbata se tomaría por sede para atender tres parroquias combonianas, entre ellas Mongoumba. Si ampliamos un poco la visión, nos daremos cuenta que la Delegación Comboniana de Centroáfrica a duras penas se daba abasto con su escaso personal para sostener las misiones que tenía a su cargo en el país y los padres tenían que hacer malabares para dar una mayor atención pastoral posible.

La labor misionera de Marisa Caira 1978-1999

No obstante la escasez de sacerdotes para atender adecuadamente la misión, la Divina Providencia no se olvidaría de Mongoumba al enviar un soporte valioso en la persona de Marisa Caira, una laica italiana, consagrada, de 52 años de edad, quien llegaría a Centroáfrica en 1978, procedente de una misión en Burundi, para poco después instalarse en Mongoumba donde permanecería hasta 1999, prestando sus servicios a la misión por más de 20 años, siendo al día de hoy la persona que por más tiempo y de modo ininterrumpido ha permanecido en Mongoumba desarrollando su labor misionera. Marisa Caira tuvo que echarse en hombros la misión, llegando a ser el referente de la labor pastoral, pues tuvo que guiar la catequesis, fundar algunas capillas, encargarse del área de la salud, dirigir la educación de la escuela católica y dar atención a los pigmeos. A ella se debe la fundación de la “Da ti ndoye” (Casa de acogida) el 1 de agosto de 1988, para personas con alguna discapacidad que requiriesen de rehabilitación o de alguna operación, que aun hoy sigue en funcionamiento. En octubre de 1991, para la conformación de una comunidad, Marisa recibía a Lucía Belloti y más tarde a Giuseppina Braga, ambas laicas consagradas de nacionalidad italiana, quienes poco antes de la partida de Marisa fueron destinadas a otra misión centroafricana.

Los Laicos Misioneros Combonianos en 1998

Hacia el final del servicio de Marisa Caira, y a petición de la Delegación Comboniana de Centroáfrica, los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) de España envían a las laicas Teresa Monzón y Monserrat Benajes, que llegan a Mongoumba el 1 de junio de 1998. Marisa las recibió y las introdujo a la vida de la misión hasta su retorno definitivo a Italia ocho meses después. Con una presencia a distancia de los Padres Combonianos, también las laicas tuvieron que conducir la misión por algunos años. Cabe señalar que, desde entonces y hasta la fecha, han pasado 17 laicos por Mongoumba, siendo mujeres la mayoría. Algunas renovaron sus servicios a la misión. Las nacionalidades más representativas han sido de España, Portugal y Polonia. Ellas, además de asumir las obras creadas por Marisa, se hicieron cargo del servicio de Caritas, de la gestión de medicamentos, del seguimiento a la educación católica y de una atención más cercana al pueblo Aka. Los LMC junto con los Misioneros Combonianos constituyen actualmente la comunidad apostólica para la organización de la vida de la misión.

Reapertura de la comunidad de los Combonianos en 2009

La parroquia de Mbata pasaría al clero diocesano el 24 de octubre de 2009. Es entonces cuando se tiene pensado reabrir la comunidad comboniana en Mongoumba con tres objetivos específicos: servicio pastoral permanente en la parroquia, acercamiento al pueblo Aka y vivencia de la comunidad apostólica entre padres y LMC. Con esta novedad, en diciembre de 2009 llegaría el padre italiano Giuseppe Brisacani, pero antes, en octubre, había llegado para dirigir la parroquia el padre español Jesús Ruíz Molina, quien llegará a ser consagrado obispo en 2017, para pasar en 2021 a dirigir la diócesis de Mbaïki, a la que actualmente pertenece la misión. Con él serían dos los padres que, habiendo pasado por Mongoumba, terminarían siendo obispos. El otro es Michele Russo, italiano, que de 1976 a 1979 estuvo en Mongoumba, fue obispo de Doba, en Chad y falleció en 2019.

A partir de finales de 2009 la misión gozará de una mayor permanencia de padres combonianos, quienes comenzarán a hacer períodos de entre tres, seis y nueve años en la misión. Entre ellos, además de los ya mencionados, en orden de llegada se encuentran Maurice Kokou, de Togo; Samuel Yacob, de Etiopía; Fernando Cortés, de México; y más recientemente Giovanni Zaffanelli, de Italia; y Billo Junior, de Centroáfrica. Además, fueron recibidos un par de sacerdotes diocesanos para que comenzaran su servicio sacerdotal en la misión. La parroquia, dividida en sectores pastorales, gozará de un mayor seguimiento por parte de los misioneros. Con la apertura de las comunidades eclesiales de base se buscará que los católicos den testimonio de la Palabra de Dios en lo concreto de la vida cotidiana. Además, la comunidad apostólica se repartirá las comisiones, grupos y movimientos existentes para mejorar su atención a la gente. Se elaboró un plan pastoral para seguir ciertos objetivos por año y una carta de la comunidad religiosa que guiara un horario cotidiano, la vida fraterna y el fomento espiritual entre sus miembros. Tan bien había comenzado la reapertura de la comunidad de los Combonianos que, por esas vueltas que da la vida, también tuvieron que hacerse cargo de la pastoral en Mbata hasta 2011, no sin poco sacrificio, mientras se regularizaba la presencia de sacerdotes diocesanos en esa parroquia.

Una pastoral misionera puesta a prueba

Cuando el 6 de diciembre de 2009 el padre Jesús Ruiz tomaba posesión de la parroquia, apenas dos días después el territorio de Mongoumba se cimbraba con una avalancha de refugiados provenientes de la República Democrática del Congo huyendo de la violencia que se desataba en aquel país. En pocas semanas los refugiados eran alrededor de 25 mil. Este suceso supuso una dura prueba a la pastoral parroquial. Muchos refugiados, con el paso del tiempo, se dispersaron por el territorio o buscaron regresar poco a poco a su país. Fue en la comunidad de Batalimó donde unos 7 mil 500 fueron reagrupados. A los católicos, que venían, se dio atención pastoral durante cuatro años.

Ni bien se calmaba el asunto de los refugiados congoleños, en marzo de 2013 a Centroáfrica le tocaría vivir un golpe de Estado que dejaría profundas heridas entre sus habitantes. Por un lado los “Seleka”, de raigambre musulmana, eran los que habían dado el golpe; y de otro lado los “Antibalaka”, que los medios presentaban como milicias cristianas, eran los que se habían alzado contra los golpistas. Ambas partes provocarían muerte, destrucción y un sinnúmero de refugiados. Mongoumba no fue ajena a este conflicto, que también supuso una dura prueba para la misión. Los musulmanes que vivían en Mongoumba temían las represalias por parte de antibalaka, quienes llegaron a destruir su mezquita, razón por la cual tuvieron que salir huyendo. A causa de esta situación católicos, evangélicos y musulmanes, convocados por la parroquia, crearon el Comité de Acuerdo Interreligioso para la defensa de la justicia y la procuración de la paz. El 8 de diciembre de 2013 hacían una marcha por la unidad y para manifestarse por el cese de la violencia.

En la actualidad

En los últimos quince años la misión de Mongoumba ha visto cómo se ha vuelto más estable y significativa la presencia de los Combonianos, quienes, junto con los LMC, además de asegurar una mayor permanencia y cercanía con el pueblo, se han dado a la tarea de realizar algunas construcciones como capillas, salas de reuniones y una biblioteca, y en rehabilitar algunos espacios para un mejor servicio, especialmente en las áreas de la educación y de la salud. De hecho el templo parroquial, aquel que levantara el padre George Ratzmann en 1951, como dijimos al inicio, fue mejorado para su reinauguración el 1 de enero de 2017, bajo la gestión de Mons. Jesús Ruíz Molina, cuando fungía como párroco de la misión. Las casas de los padres y de los laicos también recibieron algunas mejoras para volverlas más confortables, y se pudo conseguir algunos vehículos para llegar a toda la parroquia en menos tiempo.

Una misión que se abre paso

La parroquia actualmente cuenta con unos 5 mil bautizados, de los cuales la mitad están confirmados. En sus diecisiete comunidades hay catequistas preparando a niños y jóvenes para los sacramentos de iniciación cristiana, y casi todas cuentan con grupos, movimientos o fraternidades que tienen una espiritualidad específica para el crecimiento de su fe y de su pertenencia eclesial. Se ha conseguido que algunas parejas lleguen al altar para el sacramento del matrimonio, pero ésta sigue siendo una ardua tarea. Se busca impulsar una mayor conciencia misionera para que los cristianos se sientan llamados y enviados por el Señor. No han faltado incluso el surgimiento de algunas vocacionales sacerdotales. También se procura acompañar al pueblo Aka en la vivencia de su fe cristiana y para atender a sus necesidades dada la exclusión en la que vive. El principal reto es hacer que los bautizados vivan como cristianos y que se liberen de creencias tradicionales que juegan en su contra, como el “likundú” o hechicería. Sin duda alguna hay mucho por hacer y mejorar. Pero la misión, que la hacen todos, sigue abriéndose paso según su lema: “Église londo, tambula, kpe mbeto pepe” (Iglesia levántate, avanza sin miedo).

A cincuenta años de atención pastoral en Mongoumba los misioneros han visto tanto sus límites como sus capacidades, pues no pocas veces les faltaron algunas condiciones o recursos para asegurar una permanencia más estable en la misión, y no obstante, por gracia de Dios, podían recoger con gusto los frutos del evangelio que como semilla iban sembrando con esfuerzo por el camino. Es entonces cuando se aprende aquel sentido de lo que Jesús dijera a sus discípulos, de no llevar ni oro ni plata por el camino mientras se anuncia el Reino, se curan enfermos y se expulsan demonios, pues al trabajador no le faltará su salario (Mt 10, 7-10). Lo cierto es que, de cualquier modo, con o sin personal suficiente, de cerca o de lejos y aun en medio de duras pruebas, los Misioneros Combonianos jamás dejaron de anunciar el evangelio y de brindar asistencia por básica que fuera a una misión a la que el Señor los envió no para quedarse en la comodidad de la orilla, sino para echar siempre las redes mar adentro (Lc 5,4).

P. Fernando Cortés Barbosa
Misionero Comboniano
Misión de Mongoumba, Centroáfrica


Fuentes de consulta:

  • Les Missionaires Comboniens en Republique Centrafricaine. Fundazione Nigrizi Onlus. 2015.
  • Ruiz Molina Jesús, MCCJ. Jubilé de la paroisse St. George de Mongoumba 1968-2018. Mundo Negro, Madrid, 2018.
  • Toso Carlo, OFM cap. Centrafrique, un siècle d’évangélisation. Conference Episcopale Centrafricaine. Bangui, 1994.

[1] Reglas del Instituto de las Misiones para el África, 1871. Décimo capítulo del reglamento destinado a desarrollar el espíritu y las virtudes de los postulantes.

[2] Centrafrique, un siecle d’evangelisation. Carlo Toso, ofm, cap. Bangui, Conference Episcopale Centrafricaine, 1994, p. 137.

Nuevo obispo comboniano en Centroáfrica

Esta mañana se hizo público el nombramiento por parte del papa Francisco del P. Víctor Hugo Castillo Matarrita, misionero comboniano, como nuevo obispo de Kaga-Bandoro, en la República Centroafricana. El P. Víctor Hugo era hasta ahora el Superior de la Delegación de los Combonianos en Centroáfrica.

El P. Víctor Hugo nació el 19 de marzo de 1963 en Mansión, en la diócesis de Tiarán, Costa Rica. Ingresó en la Congregación de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús en su país natal e hizo su primera profesión religiosa el 7 de mayo de 1988 en el entonces noviciado de Sahuayo, México. Realizó sus estudios teológicos en el escolasticado internacional que entonces los Misioneros Combonianos tenían en París y fue ordenado sacerdote el 8 de agosto de 1992 en Costa Rica.

Su primer trabajo como misionero lo desempeñó en la República Centroafricana, como párroco en Grimari, entre 1993 y 1998. De 1998 a 2001 fue formador y superior en el postulantado de los Combonianos en Bangui, la capital del país. En 2002 fue elegido Superior Provincial de los Combonianos en Centroáfrica y presidente de la Conferencia de Superiores Mayores del país.

En 2008 regresó a Costa Rica para ser formador de postulantes en San José. En 2013 fue elegido Superior Provincial de los Combonianos en Centroamérica, cargo que ejerció hasta el 2020, en que fue nombrado responsable de la comunidad de estudiantes de los Combonianos en Roma. El 1 de enero de 2023 fue elegido nuevamente Superior de la Delegación de los Combonianos en Centroáfrica, cargo que ejercía hasta su nombramiento como obispo de Kaga-Bandoro el 5 de septiembre de 2024.