Archives abril 2025

Reunión nacional de Pastoral Afromexicana

Por Hna. Ruperta Palacios
(https://jocruz4.wixsite.com/cimarronmex)

Los días 24-26 de marzo del 2025 la pastoral afromexicana se reunió en el Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas -CENAMI- con el objetivo de “Iniciar el camino de reflexión, a partir de la experiencia Guadalupana, hacia el XVI Encuentro de Pastoral Afro de América Latina y el Caribe y buscar juntos cómo responder a los clamores y esperanzas de los pueblos afromexicanos”.

Participaron más de 50 personas provenientes de los estados de Oaxaca, Veracruz y Guerrero. En este encuentro, los participantes tomaron conciencia de que la realidad que viven los pueblos negros en México, son clamores que se elevan al cielo y claman por justicia, dignidad, inclusión, protección y liberación.

Se reflexionó sobre cómo el Dios del Éxodo que ve, oye y baja a liberar, es el mismo en el cual creían nuestros ancestros, un Dios que busca la liberación y protección para nuestros pueblos ante las antiguas y nuevas esclavitudes. “RUJA”: Liberación y “URRA”: protección, son los gritos que resuenan desde las realidades de nuestros pueblos y se hacen escuchar con esas advocaciones africanas.

Dios, es un Dios que “ruge”, que sale en defensa de los más vulnerables para liberarlos. Desde la tradición bíblica se reconoce que Dios no es alguien neutro, Él toma partido por el huérfano, la viuda y el extranjero y, durante la diáspora africana, se pone de lado de los esclavizados. Y, como el salmista, el pueblo afromexicano pide protección a Dios: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen”. (Sal 15) 

Aunque este pueblo pasó por las cañadas más obscuras de la vida, Dios siempre le acompañó, lo cuidó y lo protegió bajo sus alas, pues sus descendientes están aquí, nosotros/as también somos hijos, nietos y bisnietos de un mandinga, de un congolés, de un dahomeyano…

El Dios que ruje en busca de liberación y protección, también es un Dios alegre, que danza en medio de su pueblo, según la experiencia del profeta “cusita” (africano) Sofonías. El pueblo afromexicano nunca perdió la esperanza en Dios, aminoraba el dolor, la tragedia, los traumas por medio de la danza y el sentido de fiesta. Desde esta experiencia bíblica reconoce que Dios está en medio de él, como aquel que salva y redime. La esperanza le hace resistir ante las dificultades.

La celebración eucarística del día 26 de marzo 2025 quedó marcada en el corazón de muchos afromexicanos, por fin el pueblo afro arrojó las cadenas y entró como pueblo libre al santuario de nuestra señora de Guadalupe, ella como madre de todos abrió sus brazos y nos dijo con una voz muy dulce y tierna:

“Tú también eres mi hijo, mi hija muy amada, hacía muchos siglos que yo esperaba y yo soñaba con este momento. Tú siempre serás bienvenido/a a esta casita sagrada, aquí tienes un lugar en mi corazón. Yo también tengo tú mismo color.” ¡Toquen los tambores, el bote, la charrasca, la armónica, den gritos de alegría, hoy es un día fiesta!

Dicen que los “diablos” entraron a esta basílica. Yo no vi a los diablos, yo vi a personas humanas, que entraron con gran libertad, venciendo los miedos, danzando como en el gran día de fiesta. Vi a un pueblo que se regocijaba, que cantaba con el alma, vida y corazón.

Les ¿digo una cosa? Dijo la virgen: su presencia devolvió el alma a esta basílica, el toque de los tambores retumbó también en mi corazón, yo estoy alegre porque ustedes han venido a verme a esta su casita. 

Nota: Para más información sobre la Pastoral Afromexicana, visite la página web Cimarronmex

Haití: las bandas armadas asesinan a dos religiosas

Dos religiosas de la congregación de las Petites Sœurs de Sainte Thérèse, han sido asesinadas en Mirebalais, en el centro de Haití, el pasado 31 de marzo, durante un ataque perpetrado por bandas armadas que han invadido la zona desde el pasado lunes. El arzobispo de Puerto Príncipe, Max Leroy Mésidor, ha confirmado la noticia expresando que se trata de “una inmensa pérdida para la comunidad”.

Las víctimas, Evanette Onezaire y Jeanne Voltaire, fueron asesinadas el lunes, cuando la ciudad de Mirebalais fue atacada por la coalición criminal Viv Ansanm. La violencia también se extendió a asaltos a comercios, comisarías de policía e incluso una prisión, de la que al parecer se han fugado más de 500 reclusos.

Según los informes locales, las religiosas trabajaban en una escuela de Mirebalais y se habían refugiado en una casa con una chica durante los ataques. Sin embargo, las bandas armadas irrumpieron en la vivienda, abrieron fuego y mataron a las hermanas.

La situación en Mirebalais sigue siendo crítica. El delegado departamental del gobierno en la zona, Frédérique Occéan, ha indicado que los cadáveres en descomposición están esparcidos por las calles, generando un olor nauseabundo. Las autoridades municipales se encuentran ausentes y muchos residentes han huido de la ciudad.

En las últimas horas, también se ha reportado un ataque al Hospital Universitario de Mirebalais por parte de las mismas bandas armadas. En la capital, ayer, miles de personas salieron a las calles en protesta por el aumento de la violencia y los ataques de las bandas. Las manifestaciones incluyeron a desplazados que viven en campamentos adyacentes a Puerto Príncipe, junto con los residentes de barrios como Canapé-Vert, Turgeau, Carrefour-Feuilles, Pacot, Debussy, Delmas y zonas cercanas. La Policía Nacional haitiana ha utilizado gases lacrimógenos para dispersar a la multitud cuando está se encontraba cerca de la Ville d’Accueil, sede del Consejo Presidencial de Transición y del gobierno.

Según datos de la ONU, la violencia en Haití causó al menos 5.600 muertos en 2023, un aumento de mil respecto al año anterior. Además, se reportaron más de 2.000 heridos y alrededor de 1.500 secuestros. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, había denunciado, horas antes de los incidentes en Mirebalais, que entre julio y febrero al menos 4.239 personas fueron asesinadas y 1.356 resultaron heridas por armas de fuego llegadas ilegalmente del extranjero, a pesar del embargo impuesto por el Consejo de Seguridad de la ONU.

crédito: agencia FIDES

¡Detente, analiza, decide!

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC

HECHOS

Las informaciones nos invaden y nos saturan. El celular no cesa de sonar o de vibrar, ni de día ni de noche; si alguien lo extravía, se siente en el aire, perdido. Muchos viven al ritmo vertiginoso de cada día. Si no estás al tanto de todo lo que llega por las redes, pareciera que no tienes de qué conversar, que no vales; por ello, tienes la obsesión de estar informado de todo, no para hacerte mejor persona y ayudar a resolver problemas comunitarios, sino sólo para saber de todo. Casi nadie lee textos largos y libros; sólo mensajes y videos cortos, que se suceden sin control. Por ello, tanta superficialidad mental y conductual en adolescentes y jóvenes, y también en quienes ya no lo somos.

Afortunadamente, hay jóvenes adultos que le han encontrado sentido a su vida siendo servidores abnegados en su familia y en la comunidad. Permanecen solteros no por ser egoístas y comodinos, sino para estar más libres y servir. Una hermana mía decidió no casarse, a pesar de las varias oportunidades que tenía, para servir a mis papás, a la familia y a la comunidad. Me asistió en mis diferentes cargos eclesiales. Ahora ya es muy mayor de edad y con achaques propios de los años, pero ¡es una mujer realizada y fecunda! Sembró mucho amor, y ahora recibe cariño y apoyo de todos.

Pero hay jóvenes, y no tan jóvenes, que pasan los años y no deciden su vida; nunca terminan de estudiar; son eternos adolescentes, que hacen lo que les da la gana, casi siempre con el dinero de papá. No asumen responsabilidades. No quieren casarse por ninguna ley, menos por la Iglesia; su decisión es andar libres, tener dinero, viajar, divertirse y hacer lo que sus sentimientos les sugieren o lo que el mundo les propone. Son veletas a merced de los vientos culturales. Si se llegan a casar, o a juntarse, no quieren hijos, porque tenerlos exige dedicación, sacrificar tiempo, dinero y libertad. A unos los acostumbraron desde niños a ser egoístas, a sólo recibir y exigir lo que querían; no les educaron para ser corresponsables en el trabajo del hogar o de la comunidad; los papás y abuelos les cumplían todos sus caprichos. ¡Qué será de ellos cuando enfermen o envejezcan! Con estas juventudes, ¡qué presente y qué futuro nos espera!

No por presumir, pero yo desde los doce años tomé la decisión de ser sacerdote. Claro, a esa edad no se comprende todo lo que esto implica. Pero, a los 23-24 años, asumí esa decisión de por vida, y no me he arrepentido de ello. La mayoría de nosotros los adultos podríamos suscribir lo mismo, cada quien en su vocación. ¡Eran otros tiempos!

ILUMINACION

El Papa Francisco, cuya lenta recuperación celebramos, cuando aún estaba en el hospital, envió un mensaje para la LXII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, en que dice a los jóvenes:

“En nuestro tiempo, muchos jóvenes se sienten perdidos ante el futuro. Experimentan con frecuencia incertidumbre sobre su porvenir laboral y, más profundamente, una crisis de identidad, que es también una crisis de sentido y de valores, y que la confusión del mundo digital hace aún más difícil de atravesar.

Quiero dirigirles una invitación llena de alegría y aliento para ser peregrinos de esperanza, entregando la vida con generosidad. La vocación es un don precioso que Dios siembra en el corazón, una llamada a salir de nosotros mismos para emprender un camino de amor y servicio. Ustedes, jóvenes, están llamados a ser los protagonistas de su vocación o, mejor aún, coprotagonistas junto con el Espíritu Santo, quien suscita en ustedes el deseo de hacer de su vida un don de amor.

Toda vocación, cuando se percibe profundamente en el corazón, hace surgir la respuesta como un impulso interior hacia el amor y el servicio; como fuente de esperanza y caridad, y no como una búsqueda de autoafirmación.

Queridos jóvenes, el mundo los empuja a tomar decisiones apresuradas, a llenar sus días de ruido, impidiéndoles experimentar un silencio abierto a Dios, que habla al corazón. Tengan el valor de detenerse, de escuchar dentro de ustedes mismos y de preguntarle a Dios qué sueña para ustedes. El silencio en la oración es indispensable para ‘leer’ la llamada de Dios en la propia historia y responder con libertad y de manera consciente.

El recogimiento permite comprender que todos podemos ser peregrinos de esperanza si hacemos de nuestra vida un don, especialmente al servicio de quienes habitan las periferias materiales y existenciales del mundo. Quien se pone a la escucha de Dios no puede ignorar el clamor de tantos hermanos y hermanas que se sienten excluidos, heridos o abandonados. Toda vocación nos abre a la misión de ser presencia de Cristo allí donde más se necesita luz y consuelo. Los fieles laicos, en particular, están llamados a ser ‘sal, luz y levadura’ del Reino de Dios a través del compromiso social y profesional” (19-III-2025).

ACCIONES

Joven: Si tú no te detienes, si no piensas, ni no analizas, si no decides, no vas a ser más que un juguete de la vida. Sé tú: reflexiona, analiza pros y contras, ventajas y desventajas, no sólo para lo inmediato, sino para los años siguientes. Construye tu vida; no dejes que otros te la hagan como quieran.

Papás: quieran mucho a sus hijos; y, por ello, no sólo denles todo lo que pidan, sino edúquenlos también para la corresponsabilidad familiar, para diversos servicios dentro del hogar y con una dimensión social más amplia hacia la comunidad. ¡Que lleguen a ser buenos servidores de los demás, en las diferentes vocaciones!

De México a Colombia. Retos y alegrías de la misión

El sacerdote comboniano Guillermo Aguiñaga Pantoja, ha realizado su actividad misionera en Polonia, Sudán del Sur y México. A inicios de febrero pasado, el padre Guillermo se incorporó al trabajo de la parroquia María Madre del Buen Pastor en la comunidad de Charco Azul, en Cali, Colombia. De 2018 a 2024, vivió entre los indígenas de la sierra de Zongolica, en el estado de Veracruz, experiencia que nos comparte en este texto.

Por: P. Guillermo Aguñaga Pantoja, mccj
Desde Cali, Colombia

No cabe duda de que el Señor sigue confiando en uno. Después de 40 años como religioso misionero comboniano, y 35 años como sacerdote, no queda más que decir gracias. Las fuerzas, la edad, los trabajos, la entrega y tantas otras cosas ya no son las mismas, pero la fidelidad y bondad de Dios siempre están ahí. Él se sigue fijando en mí para continuar con la misión que me ha encomendado y que yo libremente acepté.

Reconozco que no ha sido del todo fácil. He tenido pruebas, retos, dificultades, miles de sorpresas, aventuras, tristezas, alegrías y momentos grises y brillantes, pero Él nunca me ha dejado solo. Cómo olvidar a tanta gente que Dios ha puesto en mi camino: mis padres, mis hermanos, familia, amigos, bienhechores, compañeros y un sinnúmero de fieles y personas que he encontrado en los diferentes lugares donde he estado compartiendo mi vida y mi fe… Si les hablara de todas y cada una de estas experiencias no terminaría, pero sí me gustaría decir que aprecio y valoro cada una de ellas y las asumo como una gran bendición. De todas he aprendido a crecer y aceptar mis límites y toda clase de retos y de pruebas.

Misión de Comalapa, en la Sierra de Zongolica

Luego de tantas experiencias misioneras durante 29 años, en 2018 el Señor me concedió un nuevo reto: trabajar en la misión de la Sierra de Zongolica, en el bello estado de Veracruz. La parroquia, dedicada a san José, está situada en el poblado de Comalapa, perteneciente a la diócesis de Orizaba. Comalapa está rodeado de bellas montañas y acantilados; para llegar ahí hay que viajar unas dos horas por carreteras sinuosas y grandes pendientes. La parroquia está compuesta por 50 localidades o pueblitos y casi el 90 por ciento de su población es de origen náhuatl, aunque un buen número habla español. La población total suma unas 17 mil personas.

Quiero compartirles esta última experiencia misionera, no porque sea más importante que las otras que Dios me ha concedido, sino porque aún está fresca en mi mente y porque ha representado una gran oportunidad para reinventarme y volver a conocer mejor las raíces de la cultura y sus tradiciones. Así es, en la parroquia se sentía un ambiente sagrado, lleno de mucha fe, tradiciones, costumbres y ritos que aún se mantienen vivos.

Fue bonito recorrer los caminos, veredas y senderos a través de las montañas para llegar a cada una de las comunidades, visitar a las familias en sus casas o atender a los enfermos. Cualquier celebración se convierte en fiesta, a la que todos están invitados a participar. Es impresionante la cantidad y variedad de alimentos que preparan. Todos cooperan y alcanza para todos, incluso para llevar a casa.

Ritos y celebraciones

Fue motivo de gran alegría y satisfacción vivir entre esa gente humilde y sencilla. Sus danzas y ritos enriquecían cada uno de nuestros actos litúrgicos y celebraciones. Cómo olvidar el Xochikoscatl o rito de purificación dado por los ancianos del pueblo, que te llenaban de incienso y te ponían un collar, una corona y un ramo de flores, que representan la dignidad, el respeto y el poder para proclamar y celebrar sagradamente la eucaristía. Es la bendición que te otorgan para entrar al recinto sagrado.

También celebran el Xochitlali, un rito en el que se utilizan varios elementos, como comida (mole, tamales, sopa, tortillas y pan) y bebidas (atole, café, champurrado, licor, tequila, cerveza, etcétera) y otras cosas. Todas estas ofrendas se meten en un pequeño hoyo después de haber rezado e invocado a Dios en la lengua local. A continuación se cubre el agujero con la misma tierra y se vuelven a poner flores. Este ritual se utiliza para pedir permiso al Creador por una nueva obra, por un año de bendiciones, para pedir perdón por situaciones adversas, para pedir lluvia o una buena cosecha. Con todo esto demuestran una profunda y auténtica fe que manifiestan orgullosamente. Aunque algunos no profesen la religión católica o estén alejados, no se pierden las fiestas y las grandes celebraciones.

Todo esto parecería folclor, pero para quien lo vive y experimenta constituye una gran riqueza y bendición, porque logras renovarte y transformarte de manera increíble. Me siento agradecido con Dios porque esto me llenó de alegría, tocó mi vida y renovó mi vocación misionera.

También agradezco al obispo de Orizaba, Eduardo Cervantes Merino, que nos concedió colaborar y llevar nuestro carisma comboniano a ese lugar y por haberme hecho sentir como hermano entre el presbiterio diocesano. Mi aprecio y cariño a todos esos fieles por haberme aceptado como uno de ellos. A pesar de mis límites, siento haber dado todo lo mejor de mí y haberme entregado en esa bella misión de Comalapa.

Nueva misión en Colombia

Ahora que estoy mayor, y cuando pensaba que me iba a dormir en mis laureles, recibí un llamado para salir a una nueva misión. Se me presentaron varias opciones y al final me propusieron ir a Colombia. Parece fácil, quizá porque es la misma lengua y con cosas más o menos similares a mi país, pero mirándola fijamente, también hay diferencias y nuevas cosas que aprender. Con todo esto, siento que el Señor me ha consentido, siempre camina a mi lado y me da nuevos bríos para comenzar esta nueva aventura.

Me recibieron de maravilla todos mis hermanos combonianos que trabajan acá. Me siento en casa y como un niño que aprende y mira con curiosidad y admiración todas las cosas, personas, lugares, historia, cultura y costumbres de este país. Mi nuevo destino es la parroquia María Madre del Buen Pastor, entre la población de mayoría afrocolombiana.

Tiempo de dudas

Por: P. Rafael Pérez Moreno, mccj
desde Guatemala

Cuando llegué a Guatemala en noviembre de 2022 me destinaron a Casa Comboni, una comunidad para la animación misionera y la promoción vocacional donde también tenemos un centro para la formación en temáticas actuales de los líderes parroquiales. Estoy comprometido un poco con todo, pero me pidieron de forma especial que centrara mi servicio en la promoción vocacional y, desde entonces, acompaño a jóvenes guatemaltecos con inquietudes misioneras. Siempre es bonito trabajar en el mundo juvenil, aunque sea necesaria mucha paciencia porque no siempre se ven los resultados de manera inmediata. Los jóvenes cambian mucho, lo que no quiere decir que sean contradictorios, sino solo que están atravesando un período en sus vidas donde son normales las dudas y las incertidumbres. Estando con ellos siento a veces que no sé por dónde me van a salir, pero también sé que mi presencia cercana puede ayudarles mucho y eso me da ánimos.

Una parte importante de mi trabajo consiste en recorrer parroquias, grupos juveniles y colegios, pero también participar en las expo vocacionales, que son encuentros eclesiales donde se presentan a los jóvenes las múltiples vocaciones que ofrece la Iglesia para vivir un compromiso cristiano, incluida la vida religiosa. Solemos ir religiosos y religiosas de diversas congregaciones para presentarnos y yo, como comboniano, siempre hablo del carisma misionero ad gentes. Las expo vocacionales son ocasiones magníficas para conocer a jóvenes e invitarlos a venir a las convivencias que organizo todos los primeros fines de semana de mes.

Conozco y hablo con muchos chicos durante mis visitas, pero la realidad es que son muy pocos los que responden positivamente a la invitación para participar en las convivencias, y menos todavía los que se animan a entrar en un proceso de acompañamiento más personalizado. Durante estos dos años he podido comprender que los guatemaltecos, y en general los pueblos latinoamericanos, están muy arraigados a la familia y a la tierra, por eso cuando decimos a los jóvenes que nuestro carisma exige salir fuera del propio país durante largos períodos de la vida, aprender otras lenguas, convivir con culturas diferentes y hacerlo con una mentalidad abierta, se van alejando poco a poco. No importa, aunque sean pocos los candidatos a la vida misionera que les propongo, todos los que participan en las convivencias reciben una formación humana y religiosa que estoy seguro de que les ayudará en sus vidas.

Durante el año realizamos dos o tres campos de misión con los jóvenes. Tienen lugar en Navidad y Pascua, pero también en Cuaresma, que son tiempos litúrgicos que en Guatemala se experimentan de una manera muy vivencial. Solemos ir a nuestra parroquia de San Luis de Petén, en el norte del país, e invitamos a los jóvenes a integrarse en las comunidades cristianas. No solo participan en los actos religiosos, sino que también visitan a los enfermos e incluso organizan encuentros con los jóvenes locales. Así se dan cuenta de que los combonianos somos de diferentes nacionalidades y trabajamos con un marcado estilo misionero.

Como promotor vocacional doy mucha importancia a la capacidad de escucha y a la empatía, que es un actitud humana que nos hace capaces de ponernos en la piel de los de-más y darnos cuenta de lo que están viviendo. Cada joven es diferente y hay que tener mucha paciencia, darle tiempo y no juzgar demasiado rápido. Los jóvenes están un poco saturados de información y un poco descentrados, por eso intento ayudarles a crecer en lo que yo llamo «criterio propio», para que sean críticos a las realidades de la vida y se den cuenta de que no todo vale. Me gusta empoderarlos y decirles que tienen muchos valores y virtudes, que sepan explotarlos y que no piensen solo en lo más cómodo y gratificante a corto plazo.

Si todo va bien, en febrero podrían entrar en el postulantado comboniano de Costa Rica tres jóvenes guatemaltecos a los que estoy acompañando: José, Julio y Nelson. Cada uno es diferente, pero todos han hecho un bonito camino. El curso aquí termina en diciembre, mes en el que escribo. Si todos aprueban y los exámenes psicológicos son favorables, la decisión será suya.

José viene de una familia muy sencilla. Dejó de estudiar para echar una mano en el negocio familiar, una pequeña tienda de frutas y productos perecederos. Un día me dijo: «Quiero ser como usted», y yo me quedé extrañado. Cuando le pregunté qué quería decir, me respondió que tenía muchas ganas de ayudar a la gente y hablarles de la Palabra de Dios, pero que sabía que no tenía la preparación necesaria y su familia no tenía recursos para ayudarle con los estudios. Comenzamos un proceso juntos, hablé con su familia y al final consiguió compaginar el trabajo con los estudios. Ahora está a punto de obtener el graduado de acceso a la universidad para adultos.

Aunque Julio y Nelson son de ciudades distintas, es curioso que ambos están estudiando para ser contables. Julio vive en Retalhuléu y Nelson en Alotenango, dos departamentos lejanos a la capital, lo que no les impide participar en las convivencias. Julio tiene facilidad para interactuar con los demás, tiene inquietud y es bastante religioso. Nelson es muy bromista, jovial y sabe ver lo positivo en todo, lo que no es una cualidad menor. Visito periódicamente a sus familias y paso días enteros conviviendo con ellas para conocerlas y que ellas me conozcan a mí. Ojalá sigan adelante con fe y esperanza, sorteando todas las dificultades y lleguen a ser buenos misioneros combonianos.

Jubileo: Dios nos regala su perdón incondicional

Este mes toca el turno al corazón mismo del Jubileo: el perdón, en especial a través del sacramento de la reconciliación. El perdón ofrecido por Dios durante el Año Santo, de manera gratuita e incondicional, es fuente de vida nueva y paz profunda.

ABRIL
(05-06) Jubileo de los enfermos y del mundo de la sanidad
(25-27) Jubileo de los adolescentes
(28-30) Jubileo de las personas con discapacidad

El perdón nos lleva a reconocer la bondad de Dios y a dejar nuestras miserias en sus manos compasivas. La reconciliación nos mueve a la gratitud con Dios por todas sus bendiciones, nos hace humildes ante nuestros pecados y nos conduce a renovar continuamente nuestro «sí» a Cristo. En todo ello, nuestro Padre toma la iniciativa de buscarnos en medio de nuestras luchas; porque, «aún siendo pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom 5,8). De hecho, todo es don suyo, y espera que correspondamos con amor y con nuestra conversión.

El perdón nos solidariza con los más pobres y los que sufren y nos sensibiliza con sus necesidades. Además, nos transforma en constructores de paz para establecer relaciones de armonía entre la humanidad y en toda la creación… La reconciliación es el termómetro de la vida cristiana en todas sus vocaciones y ministerios. Abandonar dicho sacramento es caer en las garras del egoísmo, la soberbia, la mediocridad, el odio destructivo y el miedo que todo lo asfixia. Durante el Jubileo, el perdón tiene como fin encauzarnos en el tropel de la santidad y el compromiso misionero.

El Papa dice: «La reconciliación sacramental representa un paso decisivo, esencial e irrenunciable para el camino de fe de cada uno. En ella, permitimos que el Señor destruya nuestros pecados, sane nuestros corazones y nos levante y abrace para mostrarnos su rostro tierno y compasivo. No hay mejor forma de conocer a Dios que dejándonos reconciliar con Él (cf 2Cor 5,20), experimentando su perdón. Por ello, no renunciemos a la confesión, sino redescubramos la belleza del sacramento de la sanación y la alegría, del perdón de los pecados… Esa experiencia no puede sino abrir el corazón y la mente para perdonar. Hacerlo no cambia el pasado, pero puede permitir que cambie el futuro y se viva de forma distinta… El futuro iluminado por el perdón hace posible que el pasado se lea con otros ojos…» (Spes non confundit 23).

P. Rafael González Ponce, mccj