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“¿Cómo desafía Laudate Deum nuestra misión?”

Por: P. José Vieira, desde Etiopía

El Papa Francisco publicó su Exhortación Apostólica Laudate Deum (LD) sobre la crisis climática, dirigida a todas las personas de buena voluntad, en la fiesta de San Francisco de Asís, ocho años después de su innovadora Carta Encíclica Laudato si’ (LS) sobre el cuidado de nuestra casa común. El “ecoPapa” retoma el tema ocho años después, porque nuestro sufrido planeta se está derrumbando al borde del colapso y el cambio climático está causando estragos en todas partes. Así lo explica:

“Han pasado ocho años desde que publiqué la Carta Encíclica Laudato Si’, cuando quise compartir con todos vosotros, mis hermanos y hermanas de nuestro sufrido planeta, mis más sentidas preocupaciones por el cuidado de nuestra casa común. Sin embargo, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que nuestras respuestas no han sido adecuadas, mientras que el mundo en el que vivimos se derrumba y puede estar acercándose al punto de ruptura. Además de esta posibilidad, es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará cada vez más la vida y las familias de muchas personas. Sentiremos sus efectos en los ámbitos de la sanidad, las fuentes de empleo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzosas, etc.”. (LD 2).

PLANETA SUFRIENTE: EL DIAGNÓSTICO

Los síntomas de “nuestro planeta sufriente” debido al cambio climático provocado por el calentamiento global debido a la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera son muchos y evidentes: temperaturas más elevadas, fenómenos meteorológicos extremos, olas de calor frecuentes, grandes sequías e inundaciones, fuertes nevadas. El hielo de los polos y de los glaciares se derrite a un ritmo alarmante mientras que el nivel del mar sube inundando las zonas costeras; las aguas del mar son más cálidas, más ácidas y con menos oxígeno, lo que amenaza la vida marina.

Los pobres, los que sufren el peor impacto de la crisis climática a través de problemas de salud, pérdida de propiedades, desplazamientos, son culpabilizados (LD 9). Sin embargo, los países más ricos son los grandes agentes del cambio climático.

“Si consideramos que las emisiones por individuo en Estados Unidos son aproximadamente dos veces superiores a las de los individuos que viven en China, y unas siete veces superiores a la media de los países más pobres, podemos afirmar que un amplio cambio en el estilo de vida irresponsable ligado al modelo occidental tendría un impacto significativo a largo plazo” (LD 72), subraya el Papa al final de su exhortación.

Una investigación de Oxfam y el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo que examina las emisiones de carbono revela que el diez por ciento más rico de la población mundial -unos ochocientos millones de personas- es responsable de la mitad de las emisiones globales de CO2, mientras que la mitad más pobre -unos cuatro mil millones de seres- emite sólo el ocho por ciento.

Francisco señala también como otra causa de la crisis climática el creciente paradigma tecnocrático que proclama el credo del crecimiento infinito e ilimitado y del poder humano, obteniendo el máximo beneficio al mínimo coste.

EL PLANETA QUE SUFRE: LA CURA

Para salvar nuestra casa común del colapso, el Papa propone repensar el uso del poder. Para equilibrar el progreso, la humanidad necesita también “un desarrollo de los valores y de la conciencia de la responsabilidad humana” (LD 24).

La ecología integral es otra respuesta clave a la crisis climática. El Papa escribió en Laudato Si’ que hay que “escuchar tanto el grito de la tierra como el grito de los pobres” (LS 49). En Laudate Deum subraya que “el ser humano debe ser reconocido como parte de la naturaleza” (LD 26). “Dejemos, pues, de pensar en el ser humano como autónomo, omnipotente e ilimitado, y empecemos a pensar en nosotros mismos de otra manera, de una manera más humilde pero más fecunda” (LD 68), añade.

Constatando la falta de voluntad de los políticos para cambiar el actual paradigma del desarrollo -que no suelen ir más allá de las frases hechas-, el Papa propone un nuevo multilateralismo para contrarrestar la concentración de poder en manos de una élite que obtiene enormes beneficios de los combustibles fósiles. Potencia la sociedad civil y la relación global-local apostando por soluciones “desde abajo” a la crisis climática.

Francisco hace un repaso crítico de las cumbres climáticas periódicas -COP o Conferencia de las Partes-. Algunas fueron oportunidades perdidas. Los acuerdos para acelerar la transición energética, pasando de los combustibles fósiles a las fuentes renovables, y para compensar a los países más pobres por los daños climáticos tienen que aplicarse plenamente.

El Papa hace también una lista de motivaciones espirituales, entre ellas la contemplación del universo como revelador de la belleza y riqueza de Dios que se mantiene unido al Señor Resucitado hacia su plenitud. “El mundo canta a un Amor infinito: ¿cómo no cuidarlo? (LD 65), se pregunta.

El “ecoPapa” invita a todos a unirse a la “peregrinación de reconciliación” (LD 69) con nuestra casa común a través de pequeños pasos que incluyen cambios culturales, de estilo de vida y de convicciones.

Concluye su reflexión con un pronunciamiento muy fuerte: “Cuando los seres humanos pretenden ocupar el lugar de Dios, se convierten en sus peores enemigos” (LD 73). Por tanto, hay que dejar que Dios sea Dios.

ALGUNAS PROVOCACIONES MISIONERAS

¿Cómo interpela Laudate Deum a nuestra misión en Etiopía? Tomo cinco provocaciones concretas de la Exhortación Apostólica.

1. Lo pequeño es grande: “Los pequeños cambios pueden provocar otros mayores” (LD 17)

Los católicos en Etiopía son una Iglesia muy pequeña, con menos de un millón de fieles (alrededor del 0,8 por ciento de su población). La presencia comboniana también es diminuta: 24 misioneros en ocho comunidades y otros dos en camino. La pequeñez puede crear un complejo de inferioridad, que nos lleve a escondernos en nuestra zona de confort -nuestras misiones- al margen de la sociedad.

Sin embargo, Jesús presenta el Reino de Dios en términos de pequeñez: un grano de mostaza, un poco de levadura. Llama a su pequeño rebaño a ser la luz, la sal y la levadura del mundo, tres cosas que en grandes cantidades significan un desastre seguro.

El Papa llama a la Iglesia católica y a los combonianos en Etiopía a vivir su plena ciudadanía sin miedo. La Iglesia da una gran contribución a la educación y a la sanidad. También debe ser una voz profética líder para los que no tienen voz en tiempos de disturbios a lo largo de las líneas de fractura étnicas a nivel regional y nacional, especialmente en cuestiones de Justicia, Paz e Integridad de la Creación.

2. Humildad

“[Comencemos] a pensar en nosotros mismos de manera diferente, más humilde pero más fructífera” (LD 68). Como combonianos, pasamos por un gran cambio histórico, especialmente en el Vicariato Apostólico de Hawassa: de sus fundadores con una historia misionera muy exitosa, pasamos a ser un grupo muy pequeño entre sus muchos agentes pastorales. Comboni quería a sus misioneros santos y capaces… y humildes (Escritos 6655). Para Comboni, la humildad es una virtud fundamental para servir a la misión, “fundamento de todas las virtudes” (Escritos 2814).

Este proceso de “despotenciación” nos hace partícipes de la propia kénosis de Jesús. La misión no es nuestra. Es missio Dei, la misión de Dios. Somos humildes trabajadores en la viña de Dios. Este proceso kenótico debería afectar también a nuestra relación con las personas a las que servimos y sus culturas, quitándonos las sandalias de nuestro etnocentrismo para descolonizar el servicio misionero.

3. Multilateralismo

“La globalización favorece intercambios culturales espontáneos, mayor conocimiento mutuo y procesos de integración de los pueblos, que acaban provocando un multilateralismo ‘desde abajo’ y no simplemente determinado por las élites de poder” (LD 38). El multilateralismo es para la sociedad civil lo que la ministerialidad es para la Iglesia: un fuerte remedio contra el elitismo y el clericalismo, donde los curas lo saben todo, lo hacen todo y mandan a todos. Debe venir “desde abajo”: al promover una Iglesia ministerial tenemos que escuchar a la comunidad cristiana, empoderándola y permitiéndole establecer su propia hoja de ruta.

4. La transición energética

“La necesaria transición hacia fuentes de energía limpias, como la eólica y la solar, y el abandono de los combustibles fósiles, no avanza a la velocidad necesaria” (LD 55). El carbono es la principal causa de la crisis climática mundial. La transición energética hacia fuentes renovables es la única forma de detenerla y revertirla. Tenemos que reducir nuestra huella de carbono de dos maneras: 1: prefiriendo la energía solar al gasóleo para alimentar nuestras casas; 2: manteniendo y revisando bien nuestros coches, ya que no tenemos dinero para comprar vehículos eléctricos o nuevos. Otras medidas: programar viajes, compartir coche y, cuando sea posible, utilizar medios de transporte locales.

5. Peregrinación de reconciliación

“Pido a todos que acompañemos esta peregrinación de reconciliación con el mundo que es nuestra casa y que ayudemos a hacerlo más bello, porque ese compromiso tiene que ver con nuestra dignidad personal y nuestros valores más elevados” (LD 69). Hay muchas pequeñas opciones que señalan nuestra participación en esta reconciliación global. Por ejemplo:

  • Optar por un estilo de vida sencillo y sostenible ecológica y económicamente para reducir la huella de carbono y contrarrestar el consumismo.
  • Comer menos carne y más proteínas de origen vegetal, ya que las vacas contribuyen al calentamiento global a través del metano.
  • Comprar a granel o en envases más grandes y elegir envases de vidrio, papel o metálicos para frenar la contaminación por plásticos.
  • Reducir los residuos y reciclar.
  • Comprar ropa de segunda mano en los mercados locales para contrarrestar la moda, responsable del diez por ciento de las emisiones de carbono.
  • Utilizar los ordenadores, teléfonos inteligentes y otros artilugios hasta el final de su vida útil, resistiendo a la tentación de lucir el último modelo.
  • Mantener nuestras casas reparadas, sin pérdidas de energía y agua.
  • Reforestar nuestros recintos con especies autóctonas evitando el eucalipto.

“Cada granito de arena ayuda” (LD 70), afirma Francisco. Pongamos nuestros granitos de arena para salvar al planeta y a nosotros mismos del eminente desastre que se cierne sobre nuestra casa común.

Mundo Negro recibe el VI Premio de Periodismo Ángel Herrera Oria

La revista Mundo Negro, editada por los Misioneros Combonianos de España, acaba de ser galardonada con el premio de periodismo otorgado por la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria. Según reza en la nota publicada por la Fundación, Mundo Negro recibe este premio “por tratarse de la revista de referencia para conocer la realidad del continente africano, que demuestra cómo los misioneros de la Iglesia católica se convierten en los mejores “corresponsales” sobre el terreno, terreno que conocen de primera mano porque forman parte de él. Esta publicación, elaborada por los Misioneros Combonianos, decana en el sector, una vez al mes nos acerca a la realidad política, económica, social, religiosa y humana de este continente africano, tantas veces olvidado”.

La Fundación Cultural Ángel Herrera Oria toma el nombre del que fuera primer presidente de la Asociación Católica de Propagandistas, el Siervo de Dios Ángel Herrera Oria, para mantener perdurable en la memoria todo el legado de obras y pensamiento de este insigne laico y cardenal de la Iglesia Católica. Es una obra de la Asociación Católica de Propagandistas de España, que tiene como fin contribuir a la promoción de la cultura en todas sus manifestaciones, como ejemplo del desarrollo intelectual de la persona, de su afán por la belleza y de la búsqueda de lo trascendente. La Fundación pretende hacer expresa la compatibilidad entre el conocimiento del hombre fruto del conocimiento y la investigación con la verdad revelada por Cristo a los hombres.

Estoy a la puerta y llamo

Por: P. Enrique Sánchez G., mccj
Imagen: Fano

Iniciamos, una vez más, nuestro itinerario hacia la Navidad. Dios toma el camino que lo conduce a nosotros y vuelve a sorprendernos manifestando su deseo de estar en medio de esta humanidad tan urgida de su presencia.
Escuchando unas palabras del último libro de la Biblia nos sentimos invitados a iniciar este camino hasta las grutas de nuestros corazones para encontrarnos ahí con Jesús que nace cuando le dejamos entrar a nuestros hogares.

Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos. (Ap 3, 20)

El Señor está en la puerta de nuestras vidas y llama, esperando que tengamos la valentía para dejarlo entrar como luz que viene a iluminar nuestras oscuridades para hacer resplandecer su rostro y responder al deseo más profundo de nuestro corazón. El deseo de conocer a Dios, pues sin él nuestras vidas no tienen sentido y nuestros corazones no están en paz.
Como el pueblo de Israel que caminaba en el desierto anhelando un día llegar a la tierra prometida, así nos sentimos hoy, en medio de un mundo que fascina y  desconcierta, que sorprende y encanta, pero al mismo tiempo provoca y desafía.
Nos sentimos bendecidos de Dios por tantos dones que recibimos cada día, pero nos duele ver a tantos hermanos que sufren y son maltratados por la indiferencia y la ausencia de amor que se traduce en violencia y desprecio de la vida.
Pero nos anima la promesa siempre presente en nuestra historia que ya el profeta Isaías anunciaba ocho siglos antes del nacimiento de Jesús.

“ El pueblo que caminaba en las tinieblas vio una gran luz… Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”. (Is 9,1-5)

El anuncio de la venida del Señor en este tiempo de adviento nos llena el corazón de esperanza y nos invita a renovar nuestra confianza, pues Dios sigue derramando su amor sobre cada uno de nosotros. Dios se sigue revelando como el Padre que nos busca porque nos ama. Es el Dios que se entrega a cada instante en la persona de su hijo, nuestro Señor Jesucristo, para compartir con nosotros su vida.
Dios inicia de nuevo el camino que lo conduce hasta lo más profundo de nuestra humanidad para hacernos entender que siempre estará con nosotros y que jamás se cansará de trabajar por nosotros y en nosotros.
El camino que nos conduce a la Navidad no es otro sino aquel que nos lleva a encontrarnos con lo mejor de nosotros mismos y nos permite reconocer que somos lo más querido por Dios.
En el camino nos hará mucho bien recordar las palabras de Jesús que dice: “Yo he venido  para que tengan vida y, vida en abundancia” (Juan 10, 11)
¿Tendremos en valor de abrirnos al don de la vida que se nos ofrece?
¿Cuáles serán las tinieblas que tendremos que hacer desaparecer para poder reconocer el rostro de Dios entre nosotros?
Que nuestro caminar hacia la Navidad sea un tiempo marcado por la alegría y la esperanza.