Misioneras combonianas: de nuevo en Sudán para llevar la esperanza
Cuatro misioneras combonianas, de cuatro países diferentes y tres continente, han regresado a Sudán para llevar esperanza a un pueblo que sigue sufriendo las consecuencias de la guerra. Una de ellas, la hermana Expedita Pérez León, cuenta cómo han sido los primeros días en su nueva misión. En la foto (de izquierda a derecha), las cuatro misioneras: Lucia Disconsi, italiana; Expedita Pérez, española; Elisabeth Kanini, keniana y Guadalupe Castillo, mexicana.
Por: Hna. Expedita Pérez, smc.
Desde Omdurman, Sudán
Llevamos aquí 15 días y siento que son como un año o más. Esto porque cada día es intenso y los rostros e historias son muchas.
La vida aquí en, en Ondurman parece normal, pero no lo es. La vida es muy cara. Un cartón de huevos de 30 nos ha costado hoy 45 mil Liras Sudanesas, son 66.66 euros; dos panes para el desayuno de una persona cuestan mil liras sudanesas (1,48 euros). Aquí se habla solo de miles y de millones. No hay mucho dinero en contante. Hay que usar una cuenta en el banco para poder pagar en la mayoría de los negocios. El sueldo base está alrededor de las 80 mil liras sudaneses, 118,51 euros. El internet para un mes con gigas suficientes va de las 35mil a las 55 mil liras sudanesas (51,85-81,47 euros).
Otro problema es la gasolina. Casi no hay y para poder llenar el depósito tienes que estar en fila horas o, incluso, un día y medio. Y sucede que después de haber esperado por horas, cuando te llega el turno ya no queda gasolina y tienes que buscar otra gasolinera. Ir con el transporte público no es tan fácil precisamente por la falta de medios públicos y por la cantidad de gente. Nuestra pastoral y servicio dependen también de la gasolina y eso nos limita bastante. Ir a pie no es posible sea por el calor, por las distancias y por la seguridad.
Nosotras por ahora nos estamos moviendo con nuestros hermanos combonianos, pero más adelante tendremos que hacerlo por nuestra cuenta, en coche o con los medios públicos.
La gente lucha por sobrevivir día tras día, simplemente para tener lo esencial. Muchos niños de aquí y Sudan del Sur que viven aquí no se han registrado en las escuelas del gobierno porque no tienen dinero para ello. Solo algunas de las escuelas de la Iglesia están abiertas y solo los niños que viven cerca pueden frecuentarlas. Nosotras podríamos acoger a otros niños en la única escuela que hemos abierto pero el transporte para traerlos es muy caro. Estamos intentando ver cómo ayudarlos a pagar el registro en las escuelas del gobierno y esperando que nuestro obispo pueda reabrir las escuelas de la Iglesia, que son muchas y que están en los puestos más alejados y pobres.
No osbstante todas estas dificultades, ellos sonríen y viven esperando tiempos mejores. Algunos han empezado a contarnos los traumas y tragedias vividas durante estos tres años de guerra. Una señora anciana me dijo: hay cosas que no puedo y no quiero recordar, porque han sido demasiado fuertes. Mejor dejarlas donde están y no traerlas al presente.
Hoy hemos celebrado la Eucaristía en la parroquia de Jabarona, dedicada a Santa Bakhita. La iglesia es enorme y estaba llena. Hemos celebrado 45 bautizos de niños pequeños. Todo ha sido una celebración de alegría y fe. Su párroco salió de allí hace casi un año para recuperarse del trauma. En su ausencia, los combonianos van una vez al mes para la Eucaristía. Son pobres pero muy generosos. Cada vez que vamos nos ofrecen algo de comer antes de volver a nuestra casa.
En este momento las dos ciudades y sus alrededores, cuentan con 4 sacerdotes combonianos y uno diocesano. Estamos hablando de cerca de 30 parroquias o centros, distantes entre sí. Cada centro o parroquia celebra cada domingo la liturgia de la Palabra con su catequista. Y cuando el sacerdote puede ir, la Eucaristía. Las religiosas somos 4 Combonianas y 4 Hermanas de Madre Teresa de Calcuta. Ellas y nosotras empezaremos a llevar la Comunión en los centros donde el sacerdote no puede ir a partir de la próxima semana. La mies es mucha y los trabajadores somos pocos, recemos para que muchos otros puedan unirse en esta misión, que está abierta a todas las vocaciones de la Iglesia. Os pido de seguir acompañándonos con vuestra oración. Gracias por ello y por vuestro cariño y cercanía.



