Tarea de Año Nuevo: Los pobres

Por: + Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC

HECHOS

Estamos iniciando un nuevo año, 2026. Para algunos, quedan sólo recuerdos de sus andanzas durante las vacaciones pasadas. Nada de replantearse propósitos para ser mejores; sólo esperar los siguientes días festivos y planear nuevos destinos. Nada les importan los demás, los que nunca tienen vacaciones, los que permanentemente pasan muchas carencias. ¿Los pobres? Que los atienda el gobierno… ¡Esa es su justificación! Un nuevo año plagado de egoísmos e injusticias, ¿será mejor?

Para quienes queremos vivir a plenitud este y todos nuestros años, Jesús nos enseña que no podemos desentendernos de los demás, empezando por nuestra familia, sino que debemos ampliar nuestro corazón hacia los pobres, los enfermos, los ancianos, los presos, los migrantes, los subempleados, etc. ¡Sólo dando vida a los que sufren es que tenemos vida y este año será mejor! Disculpen que vuelva a insistir en este punto; es que, en esto, se juega también la plenitud de este nuevo año.

ILUMINACION

El Papa León XIV, en su exhortación Dilexi te sobre el amor a los pobres, de una forma muy sólida y evangélica, nos remarca esta dimensión de nuestra fe, que no se reduce a un mero asistencialismo, sino que exige también luchar por un cambio de estructuras:

“La solidaridad también es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del imperio del dinero… Superar esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres, pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos” (81).

“Cristo nuestro Salvador, no sólo amó a los pobres, sino que ‘siendo rico se hizo pobre’, vivió en la pobreza, centró su misión en el anuncio a los pobres de su liberación y fundó su Iglesia como signo de esa pobreza entre los hombres. La pobreza de tantos hermanos clama justicia, solidaridad, testimonio, compromiso, esfuerzo y superación para el cumplimiento pleno de la misión salvífica encomendada por Cristo. No sólo debe compartir la condición de los pobres, sino también ponerse de su lado, comprometiéndose diligentemente en su promoción integral” (89).

“Es preciso seguir denunciando la ‘dictadura de una economía que mata’ y reconocer que mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz… La situación de miseria de muchas personas a quienes esta dignidad se niega debe ser una llamada constante para nuestra conciencia” (92).

“Es responsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios hacer oír, de diferentes maneras, una voz que despierte, que denuncie y que se exponga, aun a costo de parecer ‘estúpidos’ (97). La conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos, y especialmente a los pastores y a los responsables (98). La opción preferencial de la Iglesia por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (99).

“El cuidado de los pobres forma parte de la gran Tradición de la Iglesia, como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos de todos los tiempos. Por tanto, debemos sentir la urgencia de invitar a todos a sumergirse en este río de luz y de vida que proviene del reconocimiento de Cristo en el rostro de los necesitados y de los que sufren. El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros y, desde el corazón de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua en los corazones de los creyentes. La Iglesia, en cuanto Cuerpo de Cristo, siente como su propia ‘carne’ la vida de los pobres, que son parte privilegiada del pueblo que va en camino. Por esta razón, el amor a los que son pobres —en cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza— es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios” (103).

“El cristiano no puede considerar a los pobres sólo como un problema social; estos son una ‘cuestión familiar’, son ‘de los nuestros’. Nuestra relación con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia” (104). “No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás” (108).

“Para nosotros cristianos, la cuestión de los pobres conduce a lo esencial de nuestra fe. La opción preferencial por los pobres, es decir, el amor de la Iglesia hacia ellos, como enseñaba san Juan Pablo II, ‘es determinante y pertenece a su constante tradición, la impulsa a dirigirse al mundo en el cual, no obstante el progreso técnico-económico, la pobreza amenaza con alcanzar formas gigantescas’. La realidad es que los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo. En efecto, no es suficiente limitarse a enunciar en modo general la doctrina de la encarnación de Dios; para adentrarse en serio en este misterio, en cambio, es necesario especificar que el Señor se hace carne, carne que tiene hambre, que tiene sed, que está enferma, encarcelada. Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor. Y esto no es fácil” (110).

ACCIONES

¿Quieres que tu nuevo año sea mejor? Procura estar cerca de quienes sufren peores carencias que las tuyas y haz algo por asistirles. ¡Será un año nuevo de verdad! ¡Seamos esperanza para los demás!

Navidad: el amor de Dios abraza la humanidad

Texto y fotos: P. Wédipo Paixão, mccj

La palabra “misión” viene del latín misio, que significa “enviar”. El misionero es el enviado, pues porta un mensaje de parte de un emisor hacia un destinatario. Al reflexionar un poco sobre el significado de este verbo, entendamos la Navidad como una celebración de bienvenida al “enviado” del Padre, que es Jesús.

En esta época donde las familias se reúnen, casas y calles se llenan de luces de colores y se intercambian regalos, vale la pena meditar sobre cómo recibimos nosotros el mensaje de Cristo, quien vino para anunciar un novedoso “proyecto de vida”.

La forma en que Dios entra en nuestra historia es un tanto escandalosa. Elige una sencilla y piadosa muchacha de un pueblo casi insignificante, llamado Nazaret. Los evangelios nos dicen que nació en un rincón, entre los pobres, junto a los animales. Quienes esperaban que el Mesías naciera en un palacio, no entendieron la maravillosa sencillez de Dios reflejada en aquel Niño de aquella humilde pareja.

Así, en el misterio de la Navidad, estamos llamados a recibir al enviado del Padre, que es su propio Hijo, y que viene a comunicarnos a un Dios enamorado de su creación, que no soporta vivir lejos de ella, y que, siendo omnipotente y poderoso, se hace frágil y rechaza la soledad; un Padre que abraza a la humanidad desde adentro, desde su propio corazón y no le teme al riesgo de lo que eso pueda significar, porque Él es amoroso.

Cuando una persona ama mucho a otra, una madre, un hijo, un esposo, una esposa… es habitual que le diga: “¡Eres mi vida!” o “¡Vida mía!”. Porque el amor y la vida van siempre unidas. El autor de la vida es el Padre, que es todo amor.

Durante los domingos de Adviento, la Palabra de Dios nos invita a estar atentos y vigilantes a su llegada, a que aumentemos nuestra fe en el Señor de la vida. El nacimiento de Jesús se manifiesta en nuestra existencia y en la de todos los hombres y mujeres ante la expectativa de un Dios que viene a vivir con nosotros y que guía nuestros pasos hacia Él. Nuestra esperanza y fe se fundamentan en ese amor divino que Él nos tiene y que se ha manifestado.

¿Cómo permanecemos ante ese amor? ¿callados? ¿indiferentes? Quizá estos sean algunos de los grandes problemas de nuestra época: esa indiferencia que nos hace insensibles, apáticos y egoístas, que no nos deja sentir y experimentar la ternura divina en nuestras vidas. Desde que Él nos pensó y nos creó, fuimos llamados a la comunión con Él, y no al aislamiento; estamos invitados a entregarnos, y no a ser egoístas.

Dios, que es amor en sí mismo, nos ha creado a su imagen y semejanza, e imprime en nosotros la capacidad y necesidad de amar y ser amados. Las diversas formas de vida que elegimos o en las que nos encontramos –soltería, matrimonio, celibato– son caminos específicos para vivir esta única y fundamental vocación al amor. El amor no es una emoción o sentimiento pasajero, es la esencia misma del Evangelio y el centro de la vida cristiana. Jesús lo dejó claro: el mandamiento más grande es amar a Dios con todo el corazón, con todo nuestro ser, y amar al prójimo como a uno mismo.

El amor tiene un nombre personal: Jesucristo. Él es el amor encarnado, el modelo perfecto de entrega y servicio. Entonces, el amor verdadero, tal como lo enseña, se manifiesta en el respeto profundo hacia todo ser, y en la generosidad, la compasión, el perdón y el servicio hacia todo lo demás. En definitiva, que los demás no sólo sean amados, sino que se sientan de esa manera.

Deseo compartir una pequeña reflexión tomada del libro “El Icono vacío”, de Alicia Torres: «Dios se hizo Peregrino… No bastó que nos amara, nos quiso revelar ese amor. Desde la creación del primer ser humano, Él se puso a caminar en la persona de su Hijo. En el inicio, el Hijo era la Palabra con que Dios entretenía a los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento. Él habló a la conciencia de Abrahán. Era poco. Marcó un encuentro con Moisés en el monte Sinaí. Era lejos. Caminó con el pueblo de Israel por el desierto, haciéndose nube de fuego para indicar la dirección. No bastaba. Armó su tienda y acampó con ellos. Era efímero. Pidió un templo para quedarse cerca de sus casas, pero ni este deseo satisfecho detuvo la peregrinación de Dios. Finalmente, Él se sumergió en la humanidad y expuso su corazón a disposición del corazón humano. ¡Qué riesgo! Jesús es Dios peregrinando en la Tierra, Él podía haber estado eternamente seguro en el cielo, pero quiso hacer del corazón humano su santuario».

Parece cumplirse lo que se dice de Él: «Todo niño quiere ser hombre, todo hombre quiere ser rey, todo rey quiere ser dios. Sólo Dios quiso ser niño».

Jubileo: ¿Con qué nos quedamos?

Por: P. Rafael González Ponce, mccj

El próximo 6 de enero de 2026, Epifanía del Señor, en la basílica de San Pedro, en Roma, se cerrará la Puerta Santa indicando la terminación del Jubileo. Sin embargo, aun si el programa de celebraciones concluye, nos preguntamos: ¿cómo me quedo?

DICIEMBRE
14: Jubileo de los presos

Se trata de cosechar un fuerte deseo de transformación y una constante determinación por «ser jubileo permanente», en unión con Jesucristo –eterno Jubileo del amor del Padre–. Se cerrarán las Puertas Santas de todas las catedrales y basílicas del mundo para que ahora salgamos por los caminos de la humanidad como «peregrinos» de esa «esperanza que no defrauda». El Jubileo se hace misión sin fronteras, ahí donde apremie la misericordia.

Como peregrinos significa: dejarnos sor-prender por Dios que nos desinstala de nuestra mediocridad e indiferencia. Ponernos en camino para dejar atrás egoísmos y sistemas que desfiguran nuestra dignidad y esclavizan los sueños de una tierra nueva y cielos nuevos. Además, consiste en emprender un sendero desconocido, desde lo pequeño y sencillo, para reconstruir vínculos de fraternidad y procesos de vida auténtica.

La «Esperanza» es nuestro apellido, le pertenecemos. La gran novedad de este peregrinaje es precisamente que Dios camina con nosotros. De hecho, Jesús es el Camino. No sólo consiste en abandonarnos confiadamente en sus manos, que es fuente de paz, sino tener la certeza, contra toda evidencia, que su amor tiene la última palabra, y no los poderes malignos que nos aprisionan. En pocas palabras, no es la injusticia ni la violencia ni la mentira ni el vacío los que determinarán nuestro destino, sino el amor de Dios por su Creación, que se manifiesta en Cristo Jesús.¡Bienvenidos al nuevo «Jubileo de la vida cotidiana» y de la hondura de cada momento que asumimos en plenitud! Escribamos cada día una página del Evangelio. Tras los pasos del Maestro, quien dijo: «Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo».

¿Ha disminuido la pobreza?

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC

HECHOS

Nuestros gobernantes han presentado estadísticas para demostrar que su gobierno y su partido han logrado reducir los índices de pobreza. ¡Qué bueno que así fuera! Ciertamente los programas sociales han ayudado a mucha gente y eso ya es un derecho constitucional, independientemente del partido en el poder; sin embargo, no faltan personas pudientes que también los reciben, con lo cual se desconfía si el objetivo es reducir la pobreza, o ganar votos en las elecciones. A todo adulto mayor se le da dinero cada dos meses, aunque no sea pobre. ¡Basta que tengas más de 60 años, seas pobre o rico, y tienes tu apoyo económico bimensual asegurado! ¿Eso es ayudar a los pobres, o comprar conciencias para un partido? Y también depende del método que usan para medir la pobreza, porque ésta es multifactorial. Que sigue habiendo miles de pobres, es indudable. Basta que salgamos de nuestro ambiente de confort, y veremos cuántas personas apenas sobreviven.

Es verdad que las condiciones generales de nuestros pueblos han mejorado, pero esto no es logro del sexenio anterior y del presente solamente. Hace años, en Chiapas, particularmente en la selva, muchos pueblos no tenían luz eléctrica, y ahora la tienen; no había escuelas, y ya las hay; incluso hay bachilleratos y algunas universidades; ya hay más clínicas de salud y hospitales, aunque a veces con muchas carencias de implementos. Por los años 2000, yo tenía que viajar en avionetas muy frágiles a lugares distantes, por falta de caminos; hoy hay carreteras por todas partes, aunque no siempre en buenas condiciones para los tiempos lluviosos. Las mujeres en general, sobre todo las indígenas, no tenían acceso a la escuela ni a la política; hoy todo eso ha cambiado; no sólo reciben la educación básica de Kinder, Primaria y Secundaria, sino que muchísimas cursan la Preparatoria y diversas especialidades en la Universidad. Hoy ocupan cargos políticos a nivel local, municipal, estatal y federal. Es innegable que muchos aspectos han mejorado, pero repito que esto no sólo se debe a este gobierno y a su partido, sino a gobiernos y partidos de sexenios anteriores.

En mi pueblito, han mejorado las condiciones de la mayoría de las personas, pero esto no sólo por los programas sociales del gobierno, sino por su trabajo, por sus organizaciones laborales, y sobre todo por las remesas que les mandan sus familias desde los Estados Unidos. Ahora, las disposiciones arbitrarias de Donald Trump han afectado gravemente la situación económica de muchas familias.

ILUMINACION

Dice el Papa León XIV en su reciente exhortación Dilexi te (Te amé):

“Al compromiso concreto por los pobres también es necesario asociar un cambio de mentalidad que pueda incidir en la transformación cultural. En efecto, la ilusión de una felicidad que deriva de una vida acomodada mueve a muchas personas a tener una visión de la existencia basada en la acumulación de la riqueza y del éxito social a toda costa, que se ha de conseguir también en detrimento de los demás y beneficiándose de ideales sociales y sistemas políticos y económicos injustos, que favorecen a los más fuertes. De ese modo, en un mundo donde los pobres son cada vez más numerosos, paradójicamente, también vemos crecer algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común. Eso significa que todavía persiste —a veces bien enmascarada— una cultura que descarta a los demás sin advertirlo siquiera y tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano. Hace algunos años, la foto de un niño tendido sin vida en una playa del Mediterráneo provocó un gran impacto y, lamentablemente, aparte de alguna emoción momentánea, hechos similares se están volviendo cada vez más irrelevantes, reduciéndose a noticias marginales” (11).

“No debemos bajar la guardia respecto a la pobreza. Nos preocupan particularmente las graves condiciones en las que se encuentran muchísimas personas a causa de la falta de comida y de agua. Cada día mueren varios miles de personas por causas vinculadas a la malnutrición. En los países ricos las cifras relativas al número de pobres tampoco son menos preocupantes. En Europa hay cada vez más familias que no logran llegar a fin de mes. En general, se percibe que han aumentado las distintas manifestaciones de la pobreza. Esta ya no se configura como una única condición homogénea, más bien se traduce en múltiples formas de empobrecimiento económico y social, reflejando el fenómeno de las crecientes desigualdades también en contextos generalmente acomodados. Recordemos que «doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Sin embargo, también entre ellas encontramos constantemente los más admirables gestos de heroísmo cotidiano en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias». Si bien en algunos países se observan cambios importantes, «la organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje», sobre todo si pensamos en las mujeres más pobres” (12).

ACCIONES

Sin esperar todo del gobierno, cada quien sigamos trabajando para mejorar las condiciones de nuestras familias y de nuestras comunidades. El desarrollo de nuestra patria depende de todos, organizándonos para avanzar en la economía y en los demás aspectos de la vida.

Jubileo: todos somos invitados

Por: P. Rafael González Ponce, mccj

NOVIEMBRE
16 de noviembre: Jubileo de los Pobres
22-23 de noviembre: Jubileo de los Coros y Corales

El Jubileo nos enseña que en el corazón de Dios Padre hay cabida para todos, sin ninguna discriminación a causa de etnia, condición social, cultura, credo… Jesucristo ha muerto y resucitado por todos y desea que juntos alcancemos la plenitud de su amor. El Espíritu Santo derrama sus dones más allá de cualquier frontera física, mental o espiritual. Por ello, la esencia del Jubileo es un grito profético: que en medio del odio, las guerras, la injusticia y la violencia, su plan de fraternidad siga adelante y nada ni nadie pueda destruirlo. En eso consiste la «esperanza que no defrauda» (Rom 5,5).

Acercándonos a la conclusión del Año Santo, volvamos la mirada a diferentes grupos (o mejor dicho, realidades) convocados a los «grandes brazos» de la basílica de San Pedro, y que intentan reflejar la universalidad y el colorido de la humanidad entera: comunicadores, fuerzas armadas y policías, artistas, diáconos, voluntarios, enfermos y agentes sanitarios, adolescentes, personas con discapacidad, trabajadores, empresarios, bandas musicales, Iglesias orientales, cofradías, familias, niños y abuelos, movimientos, asociaciones y nuevas comunidades, Santa Sede, deportistas, gobernantes, seminaristas, obispos, sacerdotes, jóvenes, ministros de la consolación, trabajadores de la justicia, catequistas, misioneros, migrantes, vida consagrada, espiritualidad mariana, educadores, pobres, coros y corales, presos… Sin mencionar la incontable variedad de grupos en las diversas catedrales y santuarios del orbe entero.

Cruzamos los umbrales de la Puerta Santa, ahora nos toca salir fortalecidos por la «puerta de la misión» hasta los últimos rincones de la tierra para proclamar con nuestra voz, y sobre todo con nuestra vida, el Evangelio que hace nuevas todas las cosas (cf Ap 21,5). Misión para la cual, Jesucristo nos repite: ¡No tengan miedo! ¡Yo estoy con ustedes siempre hasta el fin del mundo! (cf Mt 28,20;14,27).

Jubileo indígena virtual

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC

Foto: Adn-CELAM

HECHOS

Como a nivel mundial no se previó un Jubileo para los Pueblos Originarios, con motivo de los 2025 años de la Encarnación del Verbo eterno del Padre, lo organizaron en forma virtual la Comisión de Pueblos Originarios del CELAM, que coordina Mons. José Hiraís, obispo de Huejutla, México, más el Equipo Asesor del CELAM en Teología India, que preside el cardenal Alvaro Ramazzini, de Huehuetenango, Guatemala, y la Articulación Ecuménica Latinoamericana de Pastoral Indígena (AELAPI), coordinada por la Hna. Josefa Ramírez, de Argentina. Algunos participaron por Zoom y otros por diversas redes. A pesar de la propaganda que hicimos, no fueron muchos los que se conectaron, quizá porque no les interesaba el asunto, o por sus múltiples ocupaciones. El Papa León XIV y el Prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral nos enviaron un profundo mensaje.

Hay una actitud recurrente de menosprecio hacia estos pueblos, como si fueran ignorantes, necios, tercos, medio paganos. ¡No los conocen! Cuando empecé a convivir con ellos, siendo párroco de una etnia otomí, San Andrés Cuexcontitlán, yo también los menospreciaba un poco, no como personas, pero sí en su cultura. Dios me concedió la gracia de empezar a valorarlos, sin desconocer sus deficiencias como las de otras culturas. Son otra forma, legítima como las demás, de ser personas, de vivir en familia y en pueblo, de ser creyentes. Como obispo en Chiapas, pude convivir más con ellos y comprender más su dignidad y su aporte a la humanidad.

Desde que era párroco con ellos, de 1966 a 1970, ya muchos menospreciaban su propia cultura, por toda la marginación que sufrían. Yo quería aprender su idioma, pero los catequistas se oponían, pues decían que ya no querían que sus hijos lo hablaran, para no exponerse a tantos desprecios, como los que ellos habían sufrido. Muchos indígenas no quieren aparecer como tales, por la misma razón: les hemos hecho sentir vergüenza de su forma de ser y de vivir. Sin embargo, seguimos luchando por que se valore su cultura y no se pierda. También algunos de entre ellos están empeñados en preservarla, ya que puede servir como un aporte para una vida digna de todos.

ILUMINACION

Resalto algunas frases del Papa León XIV, en su mensaje para esta ocasión:

“El jubileo debe ser para nosotros primordialmente un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, ‘puerta’ de salvación, siendo ocasión de reconciliación, de memoria agradecida y de esperanza compartida, más que una mera celebración externa. Al programar los momentos jubilares, el Papa Francisco ha querido poner de relieve la universalidad de la Iglesia, que no uniforma, sino que acoge, dialoga y se enriquece con la diversidad de los pueblos; incluye de modo especial a ustedes, los Pueblos Originarios, cuya historia, espiritualidad y esperanza constituyen una voz irremplazable dentro de la comunión eclesial.

Somos un Pueblo de hermanos, uno en el Uno. Es desde esa Verdad que debemos releer nuestra historia y nuestra realidad, para afrontar el futuro con la esperanza a la que nos convoca el Año Santo, a pesar de los trabajos y la tribulación. Siendo Pueblos Originarios, fortalecen con la certeza de que Uno sólo es el origen y la meta del universo, el Primero en todo; origen de toda bondad, y por ello, fuente primera de todo lo que es bueno, también en nuestros pueblos.

La larga historia de evangelización que han conocido nuestros Pueblos Originarios, como han enseñado tantas veces los obispos de América Latina y del Caribe, va cargada de ‘luces y sombras’. No hay cismas entre nosotros. El Jubileo, tiempo precioso para el perdón, nos invita a perdonar de corazón a nuestros hermanos, a reconciliarnos con nuestra propia historia y a dar gracias a Dios por su misericordia para con nosotros.

De ese modo, reconociendo tanto las luces como las heridas de nuestro pasado, entendemos que sólo podremos ser Pueblo, si realmente nos abandonamos al poder de Dios, a su acción en nosotros. Él, que ha insertado en todas las culturas las ‘semillas del Verbo’, las hace florecer en una forma nueva y sorprendente, podándolas para que den más frutos. Así lo afirmaba mi Predecesor, san Juan Pablo II: «La fuerza del Evangelio es en todas partes transformadora y regeneradora. Cuando penetra una cultura ¿quién puede sorprenderse de que cambien en ella no pocos elementos? No habría catequesis si fuese el Evangelio el que hubiera de cambiar en contacto con las culturas» (CT, 53). Por ello, en el diálogo y el encuentro, aprendemos de los distintos modos de ver el mundo, valoramos lo que es propio y original de cada cultura, y juntos descubrimos la vida abundante que Cristo ofrece a todos los pueblos. Esa vida nueva se nos da precisamente porque compartimos la fragilidad de la condición humana marcada por el pecado original, y porque hemos sido alcanzados por la gracia de Cristo, que por todos derramó hasta la última gota de su Sangre, para que tuviéramos ‘Vida en abundancia’, sanando y redimiendo a cuantos le abren el corazón a la gracia que nos fue donada.

En el concierto de las naciones, los pueblos originarios han de presentar con valentía y libertad su propia riqueza humana, cultural y cristiana. La Iglesia escucha y se enriquece con sus voces singulares. Recordamos también la llamada del Evangelio a evitar la tentación de poner en el centro lo que no es Dios —sea el poder, la dominación, la tecnología o cualquier realidad creada—, para que nuestro corazón permanezca siempre orientado al único Señor, fuente de vida y esperanza.

Por eso, para quienes, por misericordia de Dios, nos llamamos y somos cristianos, todo nuestro discernimiento histórico, social, psicológico o metodológico encuentra su sentido último en el mandato supremo de dar a conocer a Jesucristo, que murió para el perdón de nuestros pecados y resucitó para que seamos salvos en su Nombre, ya desde esta tierra, y luego le adoremos con todo nuestro ser en la gloria del Cielo.

Les invito a renovar el compromiso con el mandato del Señor: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo», difundiendo la alegría que brota de haberse encontrado con su Divino Corazón” (12-X-2025).

(AQUÍ el mensaje completo)

ACCIONES

No despreciemos más a los hermanos de los Pueblos Originarios. Aprendamos a valorar su cultura, diferente a la nuestra, porque, en sus vivencias que son conformes con el Evangelio, Dios enrique a la sociedad y a la Iglesia.