Los Combonianos regresan a Jartum: «Valor para hoy y esperanza obstinada para el futuro»

Seis  combonianos han regresado a Jartum, Sudán, devolviendo la vida pastoral y la educación a una ciudad todavía marcada por la guerra. Tres de ellos están reorganizando la parroquia de Masalma, en Omdurmán, mientras que los otros tres se dedican a reparar el Comboni College Khartoum y a inscribir alumnos para la reapertura de la escuela en octubre. Todos ellos están inspirados por el valor y la obstinada determinación de Daniel Comboni.

Por: P. Roy Carlos Zúñiga Paredes, mccj
Desde Jartum, Sudán

Mientras me siento a escribir, escucho al cercano muecín llamando a los fieles a la oración del mediodía. Esto me recuerda que vivo en un ambiente musulmán, pero también que nosotros, los cristianos –y los combonianos–, todavía tenemos una misión que cumplir en Sudán: queremos seguir siendo un signo de esperanza obstinada, al estilo más característico de nuestro querido fundador, san Daniel Comboni.

Es una esperanza que brilla como un rayo de luz en medio de las tinieblas que aún rodean nuestro recinto del Comboni College Khartoum (CCK). La mayoría de los edificios vecinos siguen en pie, pero permanecen como testigos silenciosos de todo el caos y la destrucción que esta insensata guerra civil ha traído a esta tierra.

Una ciudad que vuelve lentamente a la vida

Por la noche, mientras doy un breve paseo por el patio de la escuela secundaria, a menudo me pregunto: ¿qué garantía tenemos de que la violencia no volverá a desatarse sobre la capital sudanesa?

¿La respuesta? Confiamos en que Dios, en su infinita misericordia, no permita que semejante mal vuelva a suceder.

Mientras Jartum intenta recuperar durante el día parte de la vida que tenía antes, Omdurmán, al otro lado del puente sobre el río Nilo, rebosa de actividad tanto de día como de noche. Son señales claras de una nación que lucha por volver a ponerse en pie y que anhela la paz.

Personalmente, sigo comprometido con el ideal de Comboni de «salvar África con África». Su memoria continúa impulsándonos, aunque de vez en cuando escuchamos el sonido de drones derribados por el ejército sudanés, el mismo ejército cuya presencia está haciendo posible nuevamente la vida aquí, en Jartum.

Mantener viva la llama de la fe

Actualmente somos seis misioneros combonianos en Jartum: tres en la ciudad y tres en la parroquia de Masalma, en Omdurmán. Nuestra tarea es mantener viva y activa en Sudán la esperanza obstinada de los Combonianos. Esto exige valor de todos nosotros, y me siento honrado de formar parte del grupo de misioneros a quienes se ha confiado la misión de mantener viva aquí la llama de la fe.

Cada domingo vamos a celebrar la Misa en diferentes iglesias y capillas. Somos solamente cuatro sacerdotes combonianos, junto con dos o tres sacerdotes diocesanos, tratando de responder a las necesidades espirituales de todos los católicos de Jartum y Omdurmán. Los fieles nos reciben con alegría y alivio cada vez que venimos a celebrar con ellos la Eucaristía. Se sienten felices de ver a sus pastores compartiendo sus luchas y dificultades.

Un nuevo comienzo para Comboni College

En este momento, mi rutina diaria está centrada en la inscripción de niños y niñas para las clases de primaria y secundaria básica del CCK. Los padres acuden a nosotros porque desean una educación de calidad para sus hijos. El nuevo año escolar está previsto que comience a principios de octubre.

Ya hemos inscrito a más de cien alumnos y todavía tenemos todo el mes de septiembre para continuar con este trabajo. Nadie sabe cuántos más vendrán. Probablemente no podremos responder a toda la demanda, porque actualmente nuestra escuela es la única escuela católica disponible.

Las otras escuelas sufrieron graves daños y las demás congregaciones solo están considerando regresar cuando tengan la certeza de que hay paz y estabilidad. Por el momento, nadie puede saber cuándo será posible.

Y, sin embargo, ver llegar cada día a los más pequeños para las entrevistas y contemplar cómo los espacios de la escuela vuelven poco a poco a llenarse de vida me llena de gratitud. Alabo y doy gracias a Dios, que nos permite una vez más seguir el sueño de san Daniel Comboni en su querida Jartum.

comboni.org

Entre la distracción y la abstracción

Texto y foto: P. Juan G. Núñez, mccj
Desde Shafina, Etiopía

Hoy me he dejado alimentar por los recuerdos en la misión de Shafina, mientras asistía a la ordenación sacerdotal de Daniel Dawit, nacido en esta parroquia. Más que distraído, casi diría que estuve abstraído, dejando que mi mente reconstruyera episodios relacionados con esta misión, con el Vicariato de Awasa y con mis 50 años en Etiopía. 

Shafina es anterior a mi llegada. Se remonta casi a los comienzos del Vicariato, en diciembre de 1964. «Comienzos» no es una palabra dicha al azar. Awasa comenzó con dos padres combonianos a quienes se les había confiado un territorio con ocho millones de habitantes y ningún católico. Luego, de prisa, cada año nuevos misioneros y nuevas misiones. Shafina fue la cuarta, abierta en 1968. Estaba situada en un lugar frondoso y fértil, donde crecía el café y todo lo que plantaras de frutas y hortalizas, sin mucho frío ni mucho calor. Casi el paraíso terrenal.

Mi primera visita fue en 1977 por motivos más bien sentimentales. Había hecho el curso de amárico junto a un comboniano que llegó a Etiopía al mismo tiempo que yo. Al terminar la formación, a él lo destinaron a Shafina y a mí a Dilla, dos misiones no muy lejanas. En 1977 vine a verlo para consolarnos mutuamente contándonos nuestras historias. Ambos hemos cumplido 50 años en Etiopía. Él acaba de ser destinado a Italia para ser superior de una comunidad nueva, mientras que yo sigo aquí.

Tras cinco años en Dilla, fui llamado a abrir el seminario mayor interdiocesano en Adís Abeba. Allí me llegaron, en su momento, tres candidatos de Shafina. Todos fueron ordenados sacerdotes, aunque dos de ellos lo dejaron al poco tiempo. Esto fue lo que pasó con bastantes de los que llegarían al sacerdocio a lo largo de estos años.

A Daniel lo he conocido recientemente y lo he seguido, aunque de lejos, en mi período de administrador apostólico del Vicariato. Pequeño y delgado, discreto, pero no apocado. Hoy está a los pies del altar ante el nuevo obispo de Awasa, que le impondrá las manos. Y todos los muchos sacerdotes que estamos concelebrando se las impondremos, implorando la fuerza del Espíritu sobre él, Espíritu que suplican también las más de 1 000 personas que abarrotan la nueva y espaciosa iglesia de Shafina. Dios le necesita para mantener viva esta iglesia de Awasa con sus 300 000 católicos.

Yo imploro y recuerdo. Comencé mi vida misionera aquí, en la misión de Dilla, durante cinco años. Luego me fui, aunque sin perder nunca el contacto con ella, hasta que, 40 años más tarde, cojo de oído y manco de vista, fui llamado para dirigirla, haciendo por cuatro años de obispo sin serlo. Y ahora aquí estoy de nuevo, prestando algún servicio en la medida de mis fuerzas. Mañana celebraré en la catedral las dos misas del domingo, cada una de más de dos horas. Parece tarea titánica, pero no lo es. Es cuestión de relajarse y disfrutar de lo que allí se realiza. La mayoría del tiempo lo ocupan los cantos, que son muy hermosos. Otra buena parte se la llevan los comentarios a las lecturas, algunos casi homilías. Lo mío es lo estrictamente reservado al sacerdote y una homilía que, siguiendo los consejos del papa Francisco, intento que sea breve y jugosa. Y hasta que Dios quiera.

Mundo Negro

38 años de presencia de los Misioneros Combonianos en Asia

Los Misioneros Combonianos están presentes en Asia desde 1988, centrándose inicialmente en la evangelización, la promoción vocacional y la formación de los candidatos a la vida misionera. Responden así al llamado de la Iglesia a servir en Asia, el continente menos evangelizado del mundo. (En la foto, el padre Janito Joseph Aldrin Palacios)

P. Víctor Aguilar, mccj

En Filipinas y Vietnam, sus esfuerzos se centran en la animación misionera, la promoción vocacional y la formación de los candidatos a la vida misionera. Mientras tanto, en Macao, su objetivo principal es la primera evangelización, llegando a quienes aún no han conocido la fe cristiana.

Los Misioneros Combonianos establecieron su presencia en Asia en 1988, con el propósito de llevar su servicio misionero, inspirado en el carisma de San Daniel Comboni, a este contexto cultural. Su misión partió de la realidad de que Asia alberga la mayor parte de la población mundial que aún no ha escuchado el Evangelio y que enfrenta importantes dificultades socioeconómicas. Además, con su rica diversidad de religiones del mundo, Asia ha presentado una valiosa oportunidad para fomentar el diálogo interreligioso.

La idea de establecer una presencia de los Misioneros Combonianos en Asia se consideró por primera vez y recibió un respaldo preliminar durante el Capítulo General de 1969, y se le dio mayor énfasis a esta iniciativa en los Capítulos Generales de 1975 y 1979. En el período previo al Capítulo General de 1985, los miembros de la Dirección General realizaron viajes, investigaciones y consultas exhaustivas.

Estos esfuerzos culminaron en la decisión definitiva del Capítulo de 1985 de iniciar la obra misionera en Asia. En ese momento, el Capítulo General dejó claro que el objetivo principal era, ante todo, la evangelización, al tiempo que reconocía la promoción de la misión y de la vocación como aspectos esenciales del carisma comboniano.

Para dar seguimiento a este compromiso, el Consejo General publicó dos documentos el 3 de diciembre de 1987, titulados «Apertura a Asia» y un «Decreto por el que se establece la primera comunidad comboniana en Asia», ubicada en Metro Manila, la capital de Filipinas. Este nuevo grupo se constituyó como «Representación del Superior General», operando directamente bajo su autoridad.

Primera comunidad

Inicialmente, el Consejo General nombró a cinco hermanos para formar la primera comunidad: cuatro sacerdotes y un hermano. Dos sacerdotes y el hermano llegaron a Manila el 4 de enero de 1988, y los dos sacerdotes restantes se unieron a ellos el 11 de julio de ese mismo año.

Para el 9 de septiembre de 1990, este grupo se había expandido en dos comunidades: el Centro Misionero Comboniano, enfocado en la promoción misionera y las publicaciones (con el primer número de la revista World Mission publicado en marzo de 1989) y que servía como residencia del representante del Superior General; y el Seminario Daniele Comboni, dedicado a la formación del postulantado y a la promoción vocacional.

Posteriormente, mediante decreto del Superior General y de su Consejo, con fecha del 9 de octubre de 1992 y con vigencia a partir del 1 de enero de 1999, los Misioneros Combonianos en Asia fueron reconocidos oficialmente como Delegación.

Esta nueva Delegación de Asia fue confiada a la intercesión de los mártires japoneses (incluido San Lorenzo Ruiz, filipino) y de San Daniel Comboni, quien, cuando era estudiante, se había inspirado en las historias de estos mártires. Un crecimiento adicional incluyó la apertura de una casa de noviciado el 9 de septiembre de 1993 en Calamba (diócesis de San Pablo, provincia de Laguna).

Presencia en China

La expansión de la misión en China comenzó el 8 de enero de 1991, con la llegada del primer comboniano a Hong Kong, y se formalizó con la creación de la comunidad de Hong Kong/Macao el 6 de enero de 1992, centrada en el aprendizaje del cantonés y en el compromiso con la primera evangelización entre la población china de Macao.

En 1997, tres misioneros fueron asignados a Taipéi para aprender mandarín. Tras sus estudios lingüísticos y su adaptación cultural, fundaron oficialmente la comunidad de Taipéi el 15 de marzo de 2002, con un enfoque inicial en la evangelización en la Iglesia Católica Ren Ai, en el centro de Taipéi.

Ese mismo año, la comunidad de Macao inició su labor misionera en Iao Hon, la zona norte del enclave, donde se consagró la nueva iglesia de San José Obrero el 1 de mayo de 1999. Además, el año 1999 marcó el inicio de Fen Xiang, una iniciativa de apertura hacia China continental.

Para mejorar los esfuerzos de promoción misionera en la parte sur de Metro Manila, el Centro Misionero Comboniano se trasladó en 2002 a una residencia de nueva construcción en Sucat, en la ciudad de Parañaque. La Residencia del Delegado también se trasladó allí tres años después.

El noviciado de Calamba sufrió varios traslados: se trasladó al Seminario Daniele Comboni en 2004 y luego a una residencia de nueva construcción que sustituyó a la antigua Casa de la Delegación en 2007.

Ese mismo año, se inauguró oficialmente una comunidad en Cebú para enfocarse en la promoción de la misión y la vocación en la región sur de Filipinas. Sin embargo, esta comunidad se suspendió después de tres años debido a la falta de personal y se cerró formalmente en 2011.

En 2010, el propio noviciado se suspendió temporalmente, y los novicios fueron enviados al Noviciado Continental en Sahuayo, México. El 10 de octubre de 2019, el noviciado reabrió sus puertas en su sede anterior, en la avenida Roosevelt, en la ciudad de Quezón.

En marzo de 2007, se creó en Macao una segunda comunidad, San Zhao Rong, dedicada a los esfuerzos de apertura hacia China continental. Finalmente, el 15 de marzo de 2016, las dos comunidades de Macao se fusionaron en una sola entidad, la Comunidad de San Zhao Rong.

En noviembre de 2010, la comunidad de Taipéi se trasladó al barrio obrero de Wugu, donde comenzó su servicio misionero en la parroquia de Santa Ana. El 23 de julio de 2014, amplió sus responsabilidades para incluir la parroquia de Huilong y su comunidad asociada de leprosos. Posteriormente, el 7 de mayo de 2022, un hermano comenzó a prestar servicio en la parroquia del Santísimo Redentor en el condado de Yilan.

Debido a la falta de personal y tras una consulta exhaustiva, el Consejo General decidió suspender temporalmente nuestra presencia en Taiwán. Esto se formalizó mediante un Decreto de Suspensión oficial, que entró en vigor el 8 de marzo de 2026.

Los Misioneros Combonianos iniciamos nuestra presencia en Vietnam en noviembre de 2012, con un hermano que estudiaba el idioma vietnamita.

La primera comunidad, compuesta por tres miembros, se estableció el 26 de julio de 2015 para acoger a los candidatos vietnamitas para el discernimiento vocacional, y los primeros llegaron al Seminario Daniele Comboni en junio de 2016.

El primer sacerdote misionero comboniano vietnamita, el P. Dang Khoa Nguyen Van Tien (Pedro), fue ordenado el 14 de marzo de 2026 en Manila, y el segundo vietnamita, el reverendo Dang Thanh Sang (Domingo), fue ordenado diácono el 27 de mayo de 2026 en la ciudad de Ho Chi Minh.

Pastoral

Para fortalecer aún más nuestro trabajo en Filipinas, en particular en la pastoral, la promoción vocacional y misionera, los Misioneros Combonianos fundaron la comunidad de San Francisco Javier en Bataan el 15 de marzo de 2022.

Esta nueva comunidad se creó para servir a la parroquia de San Daniel Comboni en Limay, dentro de la Diócesis de Balanga. La parroquia abarca todo el barangay de Duale y algunas partes de los barangays de Alangan, Reformista y San Francisco 1 y 2.

Tras un discernimiento adicional dentro de la Delegación, en consonancia con los planes futuros y con la aprobación del Consejo General, se ha asignado a dos jóvenes hermanos a Hong Kong. Su misión es aprender cantonés como preparación para una futura expansión de la Comunidad de San Zhao Rong desde Macao hacia Hong Kong, con el objetivo de servir a la Iglesia local.

Como Misioneros Combonianos, estamos comprometidos a volver a los valores fundamentales de nuestra misión (“retorno a lo esencial”), a reestructurar nuestra circunscripción y a fortalecer nuestras responsabilidades misioneras mediante la reorientación misionera de nuestros compromisos.

El retorno a lo esencial implica dar prioridad a un retorno profundo, espiritual y radical a nuestras raíces fundacionales, centradas en el Evangelio y en el carisma de nuestro fundador, San Daniel Comboni.

Este retorno a lo esencial también implica un cambio hacia la conversión personal, la transformación comunitaria y una renovada dedicación a los más pobres y abandonados, en lugar de centrarnos meramente en actividades, tareas administrativas o servicios.

En conclusión, los Misioneros Combonianos, unidos a la Iglesia universal, creen firmemente que Asia representa la principal frontera para la Iglesia en el tercer milenio.

El creciente número de vocaciones en el continente, junto con su inmensa y variada población, lo convierte en una región fundamental para la proclamación del Evangelio como lugar principal de evangelización inicial entre los no cristianos (según nuestro carisma) y para fomentar el diálogo interreligioso.

comboni.org

Chad: Renuncia de Mons. Miguel Ángel Sebastián, obispo de Sarh.

El jueves 16 de julio de 2026 el Santo Padre aceptó la renuncia al cargo pastoral de la diócesis de Sarh en Chad (África Central), presentada por el comboniano Mons. Miguel Ángel Sebastián Martínez, según anunció la Oficina de Prensa del Vaticano. Mons. Miguel Ángel cumplió 75 años el 28 de septiembre de 2025, fecha en que presentó su renuncia al Papa León XIV.

El misionero comboniano de origen español fue nombrado obispo de Laï, Chad, el 28 de noviembre de 1998 y consagrado el 14 de febrero de 1999. El 30 de enero de 2014, fue nombrado administrador apostólico de la diócesis de Doba, en el mismo país, cargo que ocupó hasta el 18 de febrero de 2017. El papa Francisco lo nombró obispo de Sarh el 10 de octubre de 2018, y tomó posesión del cargo un mes después.

Mons. Miguel Ángel formó parte del primer grupo de misioneros combonianos que llegaron a Chad en 1977, país en el que trabajó durante casi medio siglo, primero como sacerdote y luego como obispo.

«Su ministerio episcopal se caracterizó por la generosidad, la fe y un espíritu de servicio, a través de una presencia atenta y paternal, capaz de ofrecer guía, escucha y cercanía a tantos. Su dedicación fue un auténtico signo de comunión, esperanza y testimonio evangélico para la comunidad cristiana y para todos los que tuvieron la alegría de conocerle», escribió el Superior General de los Misioneros Combonianos, el padre Luigi Codianni, en su mensaje de agradecimiento al prelado emérito de Sarh.

El capuchino Jean Miguina, nuevo obispo de Sarh

El Papa León XIV nombró al P. Jean Miguina, OFM Cap., como nuevo obispo de Sarh.

Jean Miguina nació el 12 de septiembre de 1978 en Laï, en la diócesis del mismo nombre. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2009 en Moundou. Desde 2024, es miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis de Moundou; Asistente espiritual de las Hermanas Franciscanas de Donia; profesor de latín en el Seminario Mayor Saint Mbaga Tuzinde en Sarh. Además, dentro de la Orden Capuchina, es responsable de los aspirantes capuchinos de Chad, así como consejero y custodio de la Custodia de Chad y de la República Centroafricana, y miembro de la Comisión Jurídica.

Carta del Consejo General a las comunidades que viven en tierras marcadas por la prueba

«Como Misioneros Combonianos, queremos renovar ante ustedes nuestro sí: sí al Evangelio; sí a los pueblos olvidados; sí a la justicia; sí a una paz construida con paciencia; sí a la dignidad de toda persona; y sí a una misión vivida como compartir la vida.» (Consejo General)

«Yo estoy con ustedes»
«Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mt 28,20b)

Queridos hermanos y hermanas:

Les escribimos mientras nuestro mundo sigue siendo herido por las guerras, la violencia, las graves crisis alimentarias, las persecuciones, las injusticias, la inestabilidad política, las catástrofes naturales y las migraciones forzadas. Muchos de ustedes viven cada día bajo el peso del miedo, la incertidumbre y el duelo. Demasiados niños están aprendiendo demasiado pronto el lenguaje de las armas en lugar del lenguaje de la esperanza.

Como Misioneros Combonianos, no podemos contemplar estos sufrimientos desde la distancia. Habitan nuestra oración, interpelan nuestra conciencia y modelan nuestra misión. Allí donde uno de los pueblos entre los que vivimos sufre, toda nuestra familia misionera sufre con él.

San Daniel Comboni comprendió que la misión nace al pie de la Cruz. No porque amara el sufrimiento, sino porque había contemplado el Corazón de Cristo, traspasado por amor al mundo. En ese Corazón abierto descubrió a un Dios que no salva desde lo alto de su poder, sino entrando en nuestra fragilidad humana. Por eso, Comboni hizo de toda su vida una única opción: hacer causa común con los pueblos más pobres y abandonados a los que había sido enviado.

Hoy esa opción continúa. Hacer causa común con los últimos significa llorar con quienes lloran, esperar con quienes esperan, permanecer cuando otros se marchan, compartir el poco pan que hay y custodiar la dignidad de toda persona cuando todo parece querer borrarla. Significa creer que ningún pueblo ha sido olvidado por Dios y que ninguna periferia está lejos de su Corazón.

Ustedes, hermanos y hermanas que viven en tierras marcadas por la prueba, no son simplemente destinatarios de nuestra misión: son maestros de nuestra fe. Nos enseñan que la esperanza no es optimismo, sino una decisión del corazón. Esperar es encender una lámpara cuando alrededor parece imponerse la oscuridad de la noche.

Nos enseñan que la fraternidad no es una teoría: es compartir el poco arroz que queda con quien llega después de nosotros; es seguir llamándonos hermanos y hermanas cuando la guerra quiere convertir a cada vecino en un enemigo; es creer en la fuerza del Evangelio precisamente cuando parece más frágil.

Nosotros reconocemos a Cristo Resucitado en sus comunidades que continúan orando, en las catequistas y los catequistas que perseveran en su servicio, en las madres que protegen la vida, en los jóvenes que rechazan el odio y en los ancianos que siguen bendiciendo. ¡Esta es la Pascua que crece silenciosamente en la historia!

La violencia pretende convencernos de que la última palabra pertenece a la muerte. Nosotros creemos lo contrario: la última palabra pertenece al Dios de la vida. Por eso, la Iglesia sigue siendo una presencia profética, y cada discípulo y discípula está llamado a defender la dignidad del otro, tendiendo puentes donde otros levantan muros, educando, curando, orando y perdonando.

También nuestros misioneros y misioneras comparten este camino. No son héroes, sino hermanos y hermanas que han elegido, junto con ustedes, habitar esta historia porque Dios mismo sigue habitándola. Su presencia no elimina el dolor, pero hace que sea menos solitario.

A quienes sienten en su corazón la tentación del desaliento les decimos: no se dejen robar la esperanza. La esperanza no nace de que las cosas marchen bien, sino de la certeza de que Dios entró en la noche del mundo y salió de ella vivo.

Cada vez que ustedes eligen la reconciliación en lugar de la venganza, cada vez que protegen una vida frágil, cada vez que comparten el pan y oran por quienes los persiguen, Cristo sigue resucitando.

Como Misioneros Combonianos, queremos renovar ante ustedes nuestro sí: sí al Evangelio; sí a los pueblos olvidados; sí a la justicia; sí a una paz construida con paciencia; sí a la dignidad de toda persona; y sí a una misión vivida como compartir la vida. Seguiremos haciendo oír la voz de quienes con demasiada frecuencia no son escuchados, denunciando todo aquello que hiere la dignidad de los pueblos y anunciando que ningún poder, ninguna arma y ningún interés económico podrán apagar el sueño de Dios para la humanidad.

El Corazón de Jesús, abierto en la Cruz, continúa derramando también hoy su misericordia sobre el mundo. Entremos también nosotros en ese Corazón y aprendamos a mirar a cada persona como a un hermano o una hermana, y a cada pueblo como una sola familia.

Que María, Madre de la Esperanza, camine junto a sus familias. Y que San Daniel Comboni nos alcance el valor de permanecer fieles hasta el final, con el corazón abierto, las manos siempre dispuestas al servicio y la mirada fija en el Reino que ya está creciendo —muchas veces oculto— entre las heridas de la historia.

Los llevamos a todos en nuestro corazón. Cada día. Cada vez que celebramos la Eucaristía. Cada vez que pronunciamos el nombre de Jesús.

Fraternalmente,

El Consejo General
Roma, 14 de julio de 2026

Sudán: el Comboni College reabre en Jartum

El sábado 4 de julio de 2026, el Comboni College de Jartum anunció que la escuela básica y la escuela secundaria reabrirán sus puertas en septiembre para el año académico 2026-2027, dando la bienvenida a los estudiantes después de más de tres años de cierre forzoso.

Cuando estalló la guerra en Jartum el sábado 15 de abril de 2023, el Comboni College era una próspera comunidad educativa. En aquel momento, 1.055 alumnos estaban matriculados en la escuela básica, 827 estudiantes asistían a la escuela secundaria y 786 cursaban estudios en el Comboni College de Ciencia y Tecnología.

En cuestión de horas, la vida de esta comunidad educativa quedó completamente trastocada. Los estudiantes, sus familias, los profesores y la comunidad comboniana se vieron obligados a huir de la capital en busca de seguridad, mientras los feroces combates entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) devastaban la ciudad, destruyendo no solo edificios e infraestructuras, sino también las esperanzas y los sueños de miles de personas.

Jartum permaneció bajo el control de las RSF hasta marzo de 2025, cuando las SAF recuperaron la capital, abriendo así el camino para el regreso gradual de los residentes y el largo proceso de reconstrucción.

Cuando por fin pudimos regresar al Comboni College, la escena que se presentó ante nosotros era desgarradora. Todos y cada uno de los cables eléctricos que rodeaban nuestro campus educativo habían sido arrancados. El sistema de agua, destruido. Las computadoras, los aires acondicionados y el equipamiento digital, saqueados. Las paredes estaban marcadas por cientos de impactos de bala y fuego de artillería. En el patio, donde generaciones de niños habían jugado, reído y soñado, yacían los cuerpos de los combatientes de las RSF caídos durante la batalla por la zona.

Sin embargo, en medio de tanta devastación, los Misioneros Combonianos también se dieron cuenta de lo afortunados que habían sido. A diferencia de muchos edificios vecinos que habían sido reducidos a escombros, incendiados o gravemente dañados, las estructuras principales del Comboni College seguían en pie. Habían sobrevivido a la guerra y podían convertirse en el cimiento de un nuevo comienzo.

El sábado 4 de julio de 2026, el Comboni College de Jartum anunció que la escuela básica y la escuela secundaria reabrirán sus puertas en septiembre para el año académico 2026-2027, dando la bienvenida a los estudiantes después de más de tres años de cierre forzoso.

El Comboni College de Ciencia y Tecnología, que había trasladado sus operaciones a Puerto Sudán desde noviembre de 2023, continúa buscando financiación para rehabilitar sus instalaciones en Jartum. Su esperanza es reanudar las actividades académicas en 2027.

La reapertura del Comboni College en Jartum —una institución que ha formado a generaciones de estudiantes sudaneses y sursudaneses desde su fundación en 1929— es mucho más que la reapertura de una escuela. Es un signo tangible de esperanza para los casi seis millones de habitantes del estado de Jartum mientras se esfuerzan por reconstruir su ciudad, sus comunidades y su futuro.

Padre Jorge Naranjo, mccj