Ordenaciones en Butembo y situación sociopolítica y eclesial en la RD del Congo

Este año las ordenaciones sacerdotales anuales en la diócesis de Butembo-Beni tuvieron un tono verdaderamente solemne. No sólo el grupo de ordenandos era muy numeroso (23 diáconos diocesanos y 2 combonianos, Muyisa Kapitula y Mapenzi Kahongya), sino que la Iglesia diocesana decidió aprovecharlo para celebrar también la memoria de los dos primeros obispos de la diócesis, Mons. Henri Joseph Piérard (1893-1975) y Mons. Emmanuel Kataliko (1958-2000).

Por: Justin K. Muvawa, mccj
desde Kinshasa (RDC)

Monseñor Piérard, asuncionista belga, fue el primer obispo de esta Iglesia local de 1938 a 1966, y hoy es considerado el padre fundador de la diócesis de Butembo-Beni. Además, fundó también dos congregaciones religiosas: los Hermanos de la Asunción en 1952 y las Hermanitas de la Presentación de Nuestra Señora en el Templo en 1948. Fallecido el 5 de marzo de 1975, el actual obispo, Mons. Sikuli Paluku Melchisédech, eligió celebrar las ordenaciones de este año en el 50º aniversario de su nacimiento al cielo.

Monseñor Kataliko fue el segundo obispo de la diócesis, pero el primero en ser originario del lugar. Nacido en 1932, dirigió la diócesis de Butembo-Beni de 1966 a 1997. Ese año fue trasladado a Bukavu para suceder a Mons. Christophe Munzihirwa, asesinado en 1996, y permaneció como arzobispo de Bukavu hasta su muerte en 2000.

Conocido por su compromiso con la paz y la justicia en la República Democrática del Congo y defensor de los derechos humanos, Mons. Kataliko ha denunciado con valentía la violencia, las masacres y las injusticias perpetradas contra la población civil, en particular a manos de grupos armados y fuerzas de ocupación extranjeras apoyadas por Ruanda. Obligado a exiliarse en 1990, no pudo regresar a su diócesis hasta enero de 2000. Murió unos meses después, en octubre del mismo año, en circunstancias poco claras. Su compromiso marcó la historia de la Iglesia de Butembo-Beni y su recuerdo permanece vivo en la memoria colectiva. El clima de guerra en el que se llevaron a cabo las ordenaciones de este año recordó a todos los presentes las condiciones en las que murió.

Fue significativa la elección del arzobispo Sikuli de ordenar a los 25 diáconos como sacerdotes en dos ceremonias diferentes y en dos lugares distintos: 17 (incluidos los dos combonianos) en Butembo el 27 de febrero, y otros seis el 2 de marzo en Beni, donde el arzobispo Piérard había iniciado la diócesis que luego se convirtió en la diócesis de Butembo-Beni con el nombramiento del arzobispo Kataliko.

Las dos celebraciones se desarrollaron en un espíritu de esperanza, pero también en un clima de inseguridad debido a la amenaza del grupo rebelde M23, que a finales de enero tomó la ciudad de Goma, capital de Kivu del Norte, que incluye la diócesis de Butembo-Beni, y la ciudad de Bukavu, capital de Kivu del Sur, el 14 de febrero. Todo el mundo esperaba que la M23 se desplazara hacia el norte, hacia Butembo, una ciudad estratégicamente situada y el centro comercial de la región. Sin embargo, como dijo Monseñor Sikuli, “Dios nos visitó y nos concedió la paz”, gracias a las numerosas oraciones ofrecidas en todo el mundo por esta diócesis.

Del 17 al 23 de febrero, los ordenandos tuvieron un retiro espiritual, sobre el tema “Ser sacerdote según el corazón de Dios”, en Musimba, en las afueras de Butembo, en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, donde fueron ordenados los 17 sacerdotes del primer grupo.

Quién sabe si los presentes supieron captar la doble dimensión misionera del acontecimiento: ser sacerdotes según el corazón de Dios en las periferias y profetas de paz y de reconciliación, como lo fue la Virgen que se apareció en Guadalupe. Pero este es precisamente el deseo que la Provincia Comboniana del Congo expresa para estos dos nuevos miembros.

Situación sociopolítica y eclesial en la República Democrática del Congo (marzo de 2025)

El grupo rebelde M23, apoyado por las fuerzas armadas ruandesas, lleva más de dos años luchando contra el ejército congoleño. En las últimas semanas, los combates se han intensificado en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, y el grupo rebelde controla actualmente la ciudad de Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte, y Bukavu, capital de Kivu del Sur, así como algunos de sus respectivos territorios. Este control representa un punto de inflexión en la historia del conflicto congoleño. No se sabe exactamente cuántas personas perdieron la vida, pero se estima que fueron más de 10.000.

Además, desde principios de año, el ejército ugandés de las UPDF, presente en territorio congoleño desde el 30 de noviembre de 2021 para perseguir a las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) y neutralizarlas, ha ampliado su zona de operaciones más allá de lo necesario. Se supone que cubrirá las zonas donde estos rebeldes están activos, incluidos los territorios de Beni, Irumu, Mambasa y parte del territorio de Lubero. La ampliación de su zona de control suscita interrogantes y preocupaciones entre la población congoleña.

Los dos Kivus e Ituri acogen a miles de personas desplazadas que se encuentran actualmente en una situación muy precaria. Con las principales carreteras del este del país bloqueadas y los aeropuertos de Goma y Kavumu cerrados, la situación podría empeorar si el conflicto no se resuelve pronto.

La Cumbre Conjunta de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de África Oriental (CAO) y la Comunidad de África Meridional para el Desarrollo (SADC), celebrada el 8 de febrero de 2025 en Dar es Salaam (Tanzania), pidió un alto el fuego inmediato e incondicional, el fin de las hostilidades en la parte oriental de la República Democrática del Congo y la reanudación de las negociaciones y el diálogo con todas las partes estatales y no estatales, incluido el M23. La cumbre también pidió la retirada inmediata del ejército ruandés de los territorios ocupados en la República Democrática del Congo y condenó el activismo del M23, pidiéndole que silencie las armas incondicionalmente. En las últimas semanas, han aumentado los llamamientos para que el pueblo congoleño apoye a las Fuerzas Armadas Congoleñas (FARDC) y, en particular, para que los jóvenes se unan al ejército.

A pesar de los repetidos llamamientos a un alto el fuego y a la retirada inmediata de las tropas ruandesas del territorio congoleño por parte de las Naciones Unidas, la SADC, etc., y a pesar de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea contra Ruanda y el M23, así como de la suspensión de la ayuda por parte de numerosos donantes, los combates continúan sobre el terreno y los rebeldes del M23, apoyados por el ejército ruandés, siguen ganando terreno en los dos Kivus. En el resto del país, incluida la capital Kinshasa, la incertidumbre invade a la población y la situación social se deteriora cada vez más.

Pacto social por la paz

En virtud de su misión profética, las dos principales confesiones religiosas de la RD del Congo (la católica y la protestante) intentan relanzar el proceso de diálogo para el retorno de la paz, con el fin de evitar más muertes y sufrimientos: «Nuestro país está en ruinas a causa de una guerra que condena a miles de congoleños al desplazamiento, al hambre, a la pobreza y a traumas de todo tipo. “Nuestra prioridad es la paz”, declaró Mons. Donatien Nshole, secretario de la Conferencia Episcopal Nacional de la RD Congo (Cenco), en la presentación del plan titulado “Pacto Social para la Paz y la Convivencia en la RDC y los Grandes Lagos”.

A partir del 4 de febrero de 2025, una delegación compuesta por Mons. Fulgence Muteba y Mons. Donatien Nshole, respectivamente presidente y secretario general de Cenco, y los pastores André Bokundoa y Éric Senga, de la Iglesia de Cristo en el Congo (ECC), se reúnen con el presidente Félix Tshisekedi y algunos actores sociopolíticos en Kinshasa. La delegación también llegó a Goma el 12 de febrero de 2025 para mantener conversaciones con los líderes del M23 y Corneille Nangaa, ex presidente de la Comisión Electoral Independiente y ahora líder del grupo rebelde Alliance du Fleuve Congo (AFC), que colabora con el grupo rebelde M23. El 13 de febrero de 2025, los líderes religiosos se reunieron con el presidente ruandés Paul Kagame en Kigali y continuaron las consultas en Europa, reuniéndose también con destacados miembros de la oposición política congoleña. El 4 de marzo de 2025, se reunieron con el presidente ugandés, Yoweri Museveni, y otros dirigentes africanos y occidentales para crear conciencia sobre la necesidad de un diálogo intercongoleño y de organizar una conferencia internacional sobre la región de los Grandes Lagos.

Pero no todos están contentos con el plan de los líderes religiosos. Los críticos de este enfoque siguen convencidos de que una solución militar es la salida a la crisis congoleña. Argumentan que las denominaciones religiosas están excediendo su papel en un estado secular y consideran su acercamiento a los rebeldes como una traición. De hecho, algunos rebeldes amenazaron con atacar iglesias en Kinshasa el domingo 13 de febrero de 2025, pero las autoridades lo impidieron y desplegaron fuerzas de seguridad en los lugares de culto.

Las Iglesias católica y protestante, que siguen desempeñando un papel destacado en el país, sobre todo en tiempos de incertidumbre política y social, parecen estar acudiendo en ayuda de los procesos de paz de Luanda y Nairobi, que no han tenido éxito tanto por la persistencia del conflicto como, según los analistas, por conflictos de intereses. Los dos procesos de paz iniciados en 2022 han gastado enormes recursos económicos, militares y diplomáticos, sin los resultados esperados.

Por ello, los obispos de Cenco y los pastores de la CEC siguen sensibilizando a los actores políticos y a la población para que se adhieran al pacto social por la paz y la buena convivencia en la RDC y los Grandes Lagos.

comboni.org

Iglesia en Gumuz, Etiopía: compromiso por la paz y relanzamiento de la pastoral

Por: P. Isaías Sangwera Nyakundi, mccj
Desde: Gublak, Etiopía

comboni.org

Etiopía es un país de gran diversidad cultural, lingüística y religiosa. Con el tiempo, el fortalecimiento del sentimiento de identidad, alimentado también por la definición constitucional de «república federal», ha contribuido a la escalada de tensiones entre los distintos grupos, tanto en las relaciones internas como en las relaciones entre los estados regionales y el gobierno central. [En la foto, el padre Isaias Sangwera, comboniano con los gumuz, da las gracias a la ONG Cnewa].

El estado regional de Benishangul-Gumuz está situado al oeste del país, en la zona de Metekel, y limita al norte y noreste con la región de Amhara, al sur y sureste con las regiones de Oromia y Gambela, y al oeste con Sudán. La capital regional, Assosa, está situada a unos 680 kilómetros al oeste de Addis Abeba. La mayoría de sus habitantes son de etnia gumuz, un pueblo de origen nilótico, no muy numeroso (unos 200.000) pero que abarca un vasto territorio y habita actualmente tanto en Etiopía como en Sudán. En Etiopía, los gumuz permanecieron al margen de la sociedad etíope durante muchos siglos. En las últimas décadas han adquirido derechos propios y control sobre sus tierras y responsabilidad política gracias al ascenso de su propia élite en la gestión del poder. Agroclimáticamente, la mayor parte de la región se sitúa entre los 580 y los 2730 metros sobre el nivel del mar. Está dotada de enormes recursos naturales, como bosques, tierras de cultivo y agua.

La Iglesia católica

La primera misión católica de la región fue abierta en 2000 por las hermanas misioneras combonianas en Mandura. Los combonianos les siguieron y abrieron dos comunidades apostólicas en Gilgel Beles en 2003 y en Gublak en 2011. Benishangul-Gumuz es una zona de primera evangelización y de compromiso con la promoción humana y el desarrollo, llevado a cabo principalmente en los sectores de la educación y la sanidad. Desde hace unos cuatro años, por desgracia, la zona -como varias otras regiones de Etiopía- es escenario de combates que han puesto a dura prueba la vida de la población.

La misión católica de Gublak fue la más afectada y sufrió las peores consecuencias del conflicto. Cuando estallaron los combates, la población se vio obligada a huir para ponerse a salvo. Los misioneros habíamos optado por quedarnos solos en la zona, pero al empeorar la situación, también nos vimos obligados a abandonarla. La población en general, pero también nuestras comunidades cristianas, experimentaron inseguridad, inestabilidad, saqueos, asesinatos, y varios jóvenes católicos se unieron a las milicias rebeldes.

A nuestro regreso en 2022, junto con miles de personas que también habían vuelto, habíamos celebrado con los fieles la gran solemnidad del Mesqel (la Cruz) con una misa solemne en la víspera, encendiendo el tradicional gran fuego de la bendición (demerà), una hoguera litúrgica, con bailes, cantos y gritos de alegría. En los enfrentamientos interétnicos que se han producido en los últimos años en torno a las misiones de Gilgel Beles y Gublak, hemos sido una fuente de aliento para todos los gumuz. A veces vistos con recelo por el gobierno, a veces hemos sido convocados por las agencias de inteligencia de seguridad.

Algunos misioneros de Gublak fueron incluso detenidos durante un tiempo y nuestros vehículos fueron confiscados temporalmente bajo la sospecha de que se utilizaban para el contrabando de bienes robados o, peor aún, para comunicarse secretamente con los rebeldes.

Años de conflicto

En los últimos años, por tanto, nuestras actividades y la fe de las comunidades cristianas se han visto puestas a prueba. Como misioneros y misioneras en esta zona, hemos optado por permanecer junto a la población a pesar de los peligros. Hemos sufrido las consecuencias de nuestras opciones misioneras. Desde nuestro regreso, hemos centrado nuestro trabajo en animar a los miembros de los diversos grupos étnicos a vivir en unidad y coexistencia pacífica. Más aún en este año jubilar centrado en la esperanza. Hemos reanudado la organización de iniciativas de formación cristiano-humanas a todos los niveles, animando a los líderes eclesiales y a los fieles a profundizar en su fe, en el conocimiento de la palabra de Dios y en la identidad de la Iglesia católica, su estructura y su tradición. Ser profético hoy en Etiopía exige un serio compromiso en los campos de la justicia, la paz y la promoción de los derechos humanos.

El compromiso de larga duración de la Iglesia con el desarrollo humano integral va de la mano con la formación sobre la Doctrina Social de la Iglesia para promover colaboradores laicos capaces de ayudar a crear una cultura de la vida, la paz, la justicia, el desarrollo sostenible y el respeto por la creación. Después de más de 20 años de presencia, somos conscientes de que el evangelio que hemos tratado de comunicar no ha calado hondo en el tejido cultural de los gumuz, y en este tiempo ha prevalecido el poco respeto por la vida humana y un fuerte sentido de venganza. Así nos lo confirmaron jóvenes católicos que regresaron a sus hogares tras haber formado parte de grupos combatientes.

Cientos de inocentes han perdido la vida, como la madre de un catequista asesinada con veneno por los rebeldes porque se sospechaba que practicaba el mal de ojo, o la ejecución sumaria de varias jóvenes enfermeras secuestradas y ejecutadas a sangre fría sólo por ser de etnia no gumuz por los rebeldes, entre ellas algunos jóvenes católicos que confesaron. Tales episodios dejan una profunda herida en quienes sufrieron sus consecuencias.

Volver a la normalidad

En cambio, desde el cese de los grandes enfrentamientos, el gobierno regional ha hecho un llamamiento a las familias gumuz para que abandonen sus escondites y se instalen en lugares especialmente preparados. Muchas familias aceptaron la invitación a pesar de los inconvenientes causados por la ausencia de servicios básicos en los lugares establecidos, al tiempo que se convencía a muchos miembros de los grupos armados para que se sentaran a la mesa de negociaciones. De hecho, en la zona donde operamos y en los distritos de Pawi, Dangur y Mandura, a pesar de un acuerdo de principio, las autoridades se han desentendido hasta ahora de investigar la responsabilidad de los crímenes ocurridos. Así pues, la confianza de la población en las autoridades regionales, en el puesto de mando de Meketel y en las instituciones gubernamentales de Addis Abeba ha ido disminuyendo. Como consecuencia, algunos grupos rebeldes marginales están reforzando su presencia en algunos pueblos del distrito de Mandura y lanzando ataques esporádicos contra las milicias gubernamentales. A mediados de enero, el ejército respondió lanzando una operación especial que acabó con la vida del líder rebelde. Unos días más tarde, en represalia, un vehículo público que circulaba entre las localidades de Gilgel Beles y Chagni fue atacado causando decenas de víctimas. Una señal concreta de que aún no se ha logrado una verdadera pacificación. Con este telón de fondo, estamos convencidos de que los esfuerzos y recursos de la Iglesia deben desplegarse en la preparación de los trabajadores laicos mediante una educación seria y una formación continua en una Iglesia local que se transforme en una auténtica «escuela de educación para la paz».

Proponemos, por tanto, que los programas de educación, formación e iniciación sacramental encuentren, siempre que sea posible, una conexión con el gran tema de la paz, haciendo hincapié en los modos concretos para que todos los fieles, desde los niños hasta los jóvenes y los adultos, encarnen estas enseñanzas en sus relaciones mutuas y en la sociedad de la que forman parte. Son ellos, de hecho, quienes actuarán en el gobierno, la empresa, la judicatura, la vida familiar, la sociedad civil y el ejército.

Si bien es cierto, en efecto, que los sacerdotes y los religiosos son llamados, instruidos, formados espiritualmente y encargados sobre todo de responder a las necesidades de los fieles para su crecimiento espiritual, el papel específico de los laicos, como exhortó el Vaticano II, es «la renovación de todo el orden temporal».

Diálogo interreligioso e inculturación

Otro tema prioritario de nuestra actividad pastoral es el diálogo interreligioso. Geográficamente, nuestros centros de misión de Benshangul-Gumuz limitan con Sudán. En consecuencia, la religión islámica tiene una gran influencia en la vida de nuestra población. El conflicto de los últimos años ha puesto de manifiesto que la religión puede ser a veces fuente de conflicto y división. Desde nuestro regreso, hemos observado que cada vez se construyen más mezquitas en los pueblos de la gumuz.

A menudo están dirigidas por operadores musulmanes, incluso de otros países, con evidentes intenciones proselitistas y actitudes radicales y agresivas. Utilizan en muchos casos la distribución de ayuda material o dinero para atraer a la gente, en contraste con lo que se hace en nuestras misiones, donde incluso la ayuda humanitaria siempre se ha dado y se sigue dando de forma incondicional e independiente a todos, independientemente de su afiliación religiosa o étnica. Estamos convencidos de que la práctica religiosa, en sus diversas expresiones, puede desempeñar un papel importante en la promoción del encuentro, la aceptación mutua y la paz.

En cuanto a la urgencia pastoral de inculturar el Evangelio expresándolo a través de los valores tradicionales de los gumuz, estamos muy agradecidos a los primeros misioneros que dieron pasos positivos en este ámbito. Pretendemos seguir colaborando con la Iglesia local en la producción de material litúrgico y catequético, adoptando la gramática oficial propuesta por el gobierno, para profundizar en el encuentro del evangelio con la cultura local.

Conclusión

Somos conscientes de que la evangelización es una realidad compleja y dinámica. Esto se ha hecho aún más evidente para nosotros en la familia comboniana de Etiopía, entre los gumuz, en este período de renacimiento pastoral en el post-conflicto. Hemos tenido la confirmación de que la auténtica evangelización no debe partir de nosotros mismos, sino de la contemplación de la obra del Espíritu, verdadero protagonista de la actividad apostólica, que sopla y actúa de maneras siempre nuevas.

El compromiso de todo evangelizador es, por tanto, poner la oración y el encuentro con Cristo en la base de toda iniciativa. Esto nos ayuda a discernir cómo nos pide el Señor que actuemos, creyendo en la fuerza del Evangelio testimoniado y en la acción del Espíritu. En efecto, es el Espíritu quien nos inspira los mismos sentimientos de san Pablo: «Porque anunciar el Evangelio no es para mí una vanagloria, ya que es una necesidad que se me impone: ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si lo hago por iniciativa propia, tengo derecho a la recompensa; pero si no lo hago por iniciativa propia, es un encargo que se me ha confiado» (1 Co 9,16-17). Las palabras de Lucas 5,4 nos animan: «Salid al mar y echad las redes para pescar», una exhortación significativa para nosotros, combonianos de Gumuz, hoy, que nos invita a recordar el pasado con gratitud, a vivir el presente con entusiasmo y a mirar al futuro con confianza.

Nuestro trabajo, nuestro compromiso, nuestro camino de «peregrinos de la esperanza» continúan en este año jubilar en la búsqueda de nuevos caminos de evangelización.

Carta del Papa a los católicos de Medio Oriente

7 de octubre de 2024

Queridos hermanos y hermanas,

Pienso en vosotros y rezo por vosotros. Deseo unirme a vosotros en este triste día. Hace un año, la mecha del odio prendió; no se apagó, sino que deflagró en una espiral de violencia, ante la vergonzosa incapacidad de la comunidad internacional y de los países más poderosos para silenciar las armas y poner fin a la tragedia de la guerra. La sangre corre, las lágrimas también; la ira aumenta, junto con el deseo de venganza, mientras parece que pocos se preocupan por lo que más se necesita y lo que la gente desea: el diálogo, la paz. 

No me canso de repetir que la guerra es una derrota, que las armas no construyen el futuro, sino que lo destruyen, que la violencia nunca trae la paz. La Historia lo demuestra y, sin embargo, años y años de conflictos parecen no habernos enseñado nada. Y vosotros, hermanos y hermanas en Cristo que habitáis en los Lugares de los que más hablan las Escrituras, sois un pequeño rebaño desamparado, sediento de paz. 

Gracias por ser quienes sois, gracias por querer permanecer en vuestras tierras, gracias por saber rezar y amar a pesar de todo. Sois una semilla amada por Dios. Y así como una semilla, aparentemente sofocada por la tierra que la cubre, sabe siempre encontrar el camino hacia arriba, hacia la luz, para dar fruto y vida, así vosotros no os dejáis tragar por las tinieblas que os rodean, sino que, plantados en vuestras tierras sagradas, os convertís en brotes de esperanza, porque la luz de la fe os lleva a dar testimonio del amor mientras se habla de odio, del encuentro mientras cunde el enfrentamiento, de la unidad mientras todo se vuelve oposición.

Con corazón de padre me dirijo a vosotros, pueblo santo de Dios; a vosotros, hijos de vuestras antiguas Iglesias, hoy «mártires»; a vosotros, semillas de paz en el invierno de la guerra; a vosotros que creéis en Jesús «manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29) y en Él os convertís en testigos de la fuerza de una paz sin armas.

La gente hoy no sabe cómo encontrar la paz, y los cristianos no debemos cansarnos de pedírsela a Dios. Por eso hoy he invitado a todos a vivir una jornada de oración y ayuno. La oración y el ayuno son las armas del amor que cambian la historia, las armas que derrotan a nuestro único y verdadero enemigo: el espíritu del mal que fomenta la guerra, porque es «homicida desde el principio», «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8, 44). Por favor, dediquemos tiempo a la oración y redescubramos el poder salvador del ayuno.

Tengo una cosa en el corazón que quiero deciros, hermanos y hermanas, pero también a todos los hombres y mujeres de toda confesión y religión que en Oriente Medio sufren la locura de la guerra: Estoy cerca de vosotros, estoy con vosotros. Estoy con vosotros, habitantes de Gaza, maltratados y agotados, que estáis cada día en mi pensamiento y en mis oraciones. Estoy con vosotros, obligados a dejar vuestros hogares, a abandonar la escuela y el trabajo, a vagar en busca de un destino para escapar de las bombas. Estoy con vosotros, madres que derramáis lágrimas mirando a vuestros hijos muertos o heridos, como María viendo a Jesús; con vosotros, pequeños que habitáis las grandes tierras de Oriente Medio, donde las conspiraciones de los poderosos os arrebatan el derecho a jugar. Estoy con vosotros, que tenéis miedo de mirar hacia arriba, porque llueve fuego del cielo. Estoy con vosotros, que no tenéis voz, porque se habla mucho de planes y estrategias, pero poco de la situación concreta de los que sufren la guerra, que los poderosos hacen hacer a los demás; sobre ellos, sin embargo, pende la inquebrantable escrutación de Dios (cf. Sb 6,8). Estoy con vosotros, sedientos de paz y de justicia, que no os rendís a la lógica del mal y, en nombre de Jesús, «amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen» (Mt 5, 44).

Gracias, hijos de la paz, por consolar el corazón de Dios, herido por la maldad del hombre. Y gracias a todos los que en todo el mundo os ayudan; a ellos, que cuidan del hambriento, del enfermo, del forastero, del abandonado, del pobre y del necesitado Cristo en vosotros, os pido que sigáis haciéndolo con generosidad. Y gracias, hermanos obispos y sacerdotes, que lleváis el consuelo de Dios a las soledades humanas. Por favor, mirad al pueblo santo al que estáis llamados a servir y dejad que vuestro corazón se conmueva, dejando atrás, por el bien de vuestros fieles, toda división y ambición.

Hermanos y hermanas en Jesús, os bendigo y os abrazo con afecto, de corazón. Que Nuestra Señora, Reina de la Paz, os guarde. Que San José, Patrono de la Iglesia, os proteja.

Fraternalmente vuestro, FRANCISCO

Roma, San Juan de Letrán, 7 de octubre de 2024.


Oración del Santo Padre Papa Francisco por la Paz

Basílica de Santa María la Mayor
Domingo, 6 de octubre de 2024

Oh María, Madre nuestra, estamos de nuevo aquí ante ti. Tú conoces los dolores y las fatigas que en esta hora abruman nuestro corazón. Nosotros elevamos la mirada hacia ti, nos sumergimos en tus ojos y nos encomendamos a tu corazón.

También a ti, oh Madre, la vida te reservó difíciles pruebas y humanos temores, pero fuiste valiente y audaz; confiaste todo a Dios, le respondiste con amor, te ofreciste incondicionalmente. Como intrépida Mujer de la caridad, fuiste rápidamente a ayudar a Isabel; con prontitud percibiste la necesidad de los esposos durante las bodas de Caná; con fortaleza interior en el Calvario iluminaste de esperanza pascual la noche del dolor. Por último, con ternura de Madre animaste a los discípulos temerosos en el Cenáculo y, con ellos, acogiste el don del Espíritu.

Ahora te suplicamos, ¡escucha nuestro clamor! Necesitamos tu mirada, tu mirada amorosa que nos invita a confiar en tu Hijo Jesús. Tú que estás dispuesta a acoger nuestros dolores, ven a socorrernos en este tiempo en que estamos oprimidos por las injusticias y devastados por las guerras; enjuga las lágrimas sobre los rostros sufridos de cuantos lloran la muerte de sus seres queridos, de sus propios hijos; despiértanos del letargo que ha oscurecido nuestro camino y despoja nuestros corazones de las armas de la violencia, para que se cumpla pronto la profecía de Isaías: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra» (Is 2,4).

Madre, dirigetu mirada maternal a la familia humana, que ha perdido el gozo de la paz y ha extraviado el sentido de la fraternidad. Madre, intercede por nuestro mundo en peligro, para que custodie la vida y rechace la guerra; para que cuide a los que sufren, a los pobres, a los indefensos, a los enfermos y a los afligidos, y proteja nuestra casa común.

A ti imploramos, Madre, la misericordia de Dios, a ti que eres Reina de la paz. Convierte los corazones de quienes alimentan el odio, silencia el ruido de las armas que provocan la muerte, apaga la violencia que habita en el interior del hombre e inspira proyectos de paz en las decisiones de quienes gobiernan las naciones. 

María, Reina del santo Rosario, desata los nudos del egoísmo y disipa las nubes oscuras del mal. A nosotros tus hijos llénanos con tu ternura, levántanos con tu mano bondadosa y danos tu caricia de Madre, que nos hace esperar el advenimiento de una nueva humanidad donde «el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque. En el desierto habitará el derecho y la justicia morará en el vergel. La obra de la justicia será la paz» (Is 32,15-17).

Oh Madre, Salus Populi Romani, ¡ruega por nosotros!

Sanación y reconciliación como ministerio pastoral en las comunidades católicas de Gumuz después del conflicto

Desde hace más de dos años, el conflicto se desarrolla en torno a las misiones católicas de la zona de Metekel, en la región etíope de Benishangul-Gumuz. La Misión Católica Gublak fue la más afectada. Los Misioneros Combonianos y las Hermanas de San José de la Aparición se vieron obligados a abandonar temporalmente la misión en octubre de 2020. Quedaron solos en el lugar después de que todos los lugareños huyeron de sus hogares. A través de este artículo me gustaría compartir algunos pensamientos, esperanzas y sentimientos desde los ojos de un ministro pastoral postconflicto. [ P. Isaiah Sangwera, a la izquierda en la foto ]

Por: P. Isaiah Sangwera Nyakundi, mccj
Desde: Gublak, Etiopía

La comunidad comboniana de Gublak, después de evaluar seriamente la situación, decidió regresar progresivamente a la misión. Esto se hizo de forma temporal, a la espera del permiso oficial del Consejo Provincial. Esta medida se convirtió en una fuente de esperanza y aliento para la gente que ya estaba regresando gradualmente a sus propios hogares. Una vez de regreso a Gublak, los misioneros sintieron una gran y cálida acogida por parte de sus fieles que estaban dispersos desde hacía más de dos años.

La comunidad llegó a Gublak el 26 de septiembre de 2022, vigilia de la fiesta de la Santa Cruz, según el calendario etíope. Los fieles, reunidos para la misa de vigilia y la damera (la hoguera litúrgica), recibieron a los padres Cristo Roi Agbeko e Isaiah Nyakundi con cantos de alegría.

Cuando leemos el libro de Jeremías, nos damos cuenta de que, aunque el lamento del profeta estaba dirigido a las heridas del pueblo de Dios en Sión, Etiopía en general y la región de Benishangul-Gumuz en particular siguen siendo también escenario de guerra por las luchas políticas, socioeconómicas y libertades religiosas. ¿No existe ningún bálsamo para sanar las heridas del pueblo de Dios?

P. Isaías Sangwera Nyakundi.

hechos geográficos

El estado regional de Benishangul-Gumuz se encuentra en la parte occidental del país y limita con la región de Amhara al norte y noreste, con las regiones de Oromia y Gambella al sur y sureste, y con Sudán al oeste. La capital regional, Assosa, está a unos 679 kilómetros al oeste de Addis Abeba. Desde el punto de vista agro-climático, la mayor parte de la región se encuentra entre 580 y 2730 metros sobre el nivel del mar. La región está dotada de enormes recursos naturales, incluidos bosques, tierras agrícolas y agua.

El pueblo gumuz y la presencia misionera comboniana

Los Gumuz son un pueblo de origen nilótico, poco numeroso –unos 200.000– pero que cubre un gran territorio. Estuvieron al margen de la sociedad etíope durante muchos siglos. Ahora tienen sus derechos y el control de su propia tierra. También tienen derecho a “saber que Cristo también murió por ellos”.

Nuestra misión en el Vicariato Apostólico de Hawassa ha sido – y sigue siendo – nuestra principal tierra de misión en Etiopía. Iniciado en diciembre de 1964 con la llegada de los dos primeros Misioneros Combonianos, los Padres Bruno Lonfernini y Bruno Maccani, estuvo dirigido por los Obispos Combonianos hasta octubre de 2017, cuando un Salesiano de Don Bosco tomó el lugar del difunto Mons. Giovanni Migliorati, fallecido de cáncer el 12 de mayo de 2016.

La misión fue un éxito y finalmente los misioneros combonianos pudieron trasladarse a otros territorios de misión entre “las personas más pobres y abandonadas” del noroeste de Etiopía. La primera misión en este territorio fue iniciada por las Hermanas Misioneras Combonianas en Mandura en el año 2000. Los Misioneros Combonianos las siguieron y abrieron la comunidad de Gilgel Beles en 2003 y Gublak en 2011. Es realmente un territorio de primera evangelización y promoción humana.

Nuestro Proyecto de Evangelización quedó plasmado en su faceta principal en diversos documentos de nuestra congregación y encuentros provinciales en estos últimos años. “Como Misioneros Combonianos, estamos convencidos de que nuestro compromiso con los más pobres y abandonados es la fuente más importante de inspiración para una AM eficaz…” – dicen las Actas Capitulares de 2009 en el n. 182.

El Directorio Provincial de Etiopía MCCJ n. 3.2 subraya nuestra principal razón de ser misioneros de la siguiente manera: “Según nuestra tradición y siendo los Misioneros Combonianos miembros de un Instituto totalmente dedicado a la actividad misionera, la primera Evangelización en sus diversos aspectos es nuestra principal preocupación y parte esencial de nuestra identidad”.

Compromiso misionero comboniano en la zona de Metekel

Etiopía es notablemente un país multicultural, multiétnico y multirreligioso. Se ha ido extendiendo en el país un creciente sentimiento de pertenencia étnica, favorecido también por la actual política administrativa del país, la Federación de Estados. Esto llama a la Iglesia a fomentar aquellos valores evangélicos que motivan la comunión y la convivencia pacífica. También llama a los cristianos a crear unidad, destacando los elementos positivos que son comunes a todos los grupos y culturas.

En esta complejidad, la Iglesia debe desempeñar un papel de promoción de la unidad y la comprensión entre los pueblos, para ser instrumento de esperanza. Para favorecer el crecimiento espiritual y humano, es necesario dar énfasis a iniciativas de formación cristiana y humana en todos los niveles, ayudando a los fieles a profundizar su fe, su conocimiento de la Palabra de Dios y de las enseñanzas de la Iglesia católica, su estructura y tradición. Los Misioneros Combonianos están comprometidos a ayudar a la Iglesia local a madurar y a ser autosuficiente. En ambas misiones entre los Gumuz hemos puesto mucho énfasis y promovido la formación de líderes laicos y catequistas.

Nos comprometemos a contextualizar las sugerencias de los últimos Capítulos Generales en nuestra realidad (Actas Capitulares 2009, n. 59-66):

  1. Ver con los ojos de los pobres: Necesitamos crecer en la adopción de un estilo de vida más evangélico, en armonía con la realidad de la Iglesia local y del pueblo a quien ministramos (Actas Capitulares 1997, n. 20);
  2. Caminar con el pueblo: Hacer causa común con él, mostrándoles que estamos con él y para él (Actas Capitulares 2009, n. 58.3).

A nivel social

En el nuevo contexto sociopolítico de Etiopía, caracterizado por la fragmentación y proclive a la etnicidad, nuestra presencia promueve el entendimiento y la reconciliación. “Nuestra presencia es significativa cuando estamos cerca de grupos marginados o en situaciones de frontera”, proclaman las Actas Capitulares de 2015 en el n. 45.2. Una presencia siempre del lado de los menos privilegiados. Aunque trabajar en Etiopía, ser profeta puede ser realmente un desafío, estamos llamados a un compromiso más profundo en los campos de la justicia, la paz y la promoción de los derechos humanos.

El compromiso de larga data de la Iglesia en el área del desarrollo humano integral va de la mano con la formación catequética sobre la Doctrina Social de la Iglesia para promover líderes laicos capaces de contribuir y crear una cultura de vida, paz, justicia, desarrollo sostenible y respeto a la creación.

Los misioneros fueron realmente puestos a prueba

Durante los últimos tres años, nuestra madurez y músculos misioneros fueron puestos a prueba. Nuestras misiones atravesaron inseguridad, inestabilidad, saqueos, asesinatos y algunos fieles católicos se unieron a grupos rebeldes. Como misioneros, hombres y mujeres, en esta zona optamos por permanecer con el pueblo a pesar de todos los peligros. Soportamos las consecuencias de nuestras elecciones misionales. En los recientes ataques intertribales en las zonas de Gilgel Beles y Gublak y sus alrededores, hemos sido una gran fuente de aliento y refugio para nuestro pueblo.

Los misioneros también se convirtieron en sospechosos, en ocasiones citados por órganos de inteligencia de seguridad. Los misioneros combonianos que trabajaban en Gublak fueron arrestados en algunas ocasiones e incluso confiscados por un tiempo su vehículo de misión. Se sospechaba que transportaban bienes robados o, peor aún, que mantenían comunicaciones secretas con combatientes rebeldes.

Desafíos y oportunidades en esta misión de postconflicto

Inculturación: La inculturación del Evangelio se siente como una exigencia urgente. Sin embargo, este Evangelio aún debe influir positivamente en la vida de la gente. Nos faltan materiales suficientes y personal preparado para organizar cursos regulares que tengan como objetivo iniciar el diálogo entre algunas prácticas culturales negativas de los gumuz y proponer valores evangélicos.

Agradecemos a los primeros misioneros que han dado algunos pasos en esta línea. Continuaremos cooperando con la Iglesia local en la producción de materiales litúrgicos y catequéticos, adoptando la gramática y ortografía oficial propuesta por el gobierno para el idioma gumuz, con el fin de profundizar el encuentro del Evangelio con la cultura local (Actas Capitulares 2009, n. 57.3).

De hecho, hemos experimentado de primera mano lo lejos que estamos de tocar la cultura gumuz de venganza y respeto a la vida humana. Un intercambio cercano con algunos católicos retornados de los grupos rebeldes revela mucho. Humanamente hablando son historias muy desgarradoras:

  1. En esta era de postconflicto, como misioneros, ¿cómo reconciliamos a un catequista cuya madre fue arrastrada a un tribunal rebelde, rápidamente condenada a muerte, porque se sospechaba que era una ‘ budda ‘ (bruja o de malos ojos)? Según el catequista, los ‘jueces’ estaban formados por algunos catequistas. La obligaron a beber veneno.
  2. Cinco enfermeras no gumuz fueron secuestradas y asesinadas a sangre fría simplemente porque no eran gumuz. Algunos de nuestros muchachos confesaron que eran parte del equipo ejecutor.
  3. Algunos de nuestros fieles fueron asesinados a sangre fría y ahora se conocen los nombres de los asesinos. No son residentes de Gumuz y viven en la ciudad de Gublak. Ahora que hay normalidad, como misioneros, ¿cómo se supone que debemos relacionarnos con ellos?
  4. Nuestra casa fue saqueada de muchas de nuestras propiedades. Un día, mientras paseábamos por el mercado local de Gublak, notamos que un hombre gumuz llevaba un alba que pertenecía a uno de nosotros. ¡Estábamos en el dilema de quitárselo o simplemente ignorarlo! Eligió dejarlo en paz.

Diálogo: El diálogo es la actitud básica que se debe mantener dentro y fuera de la comunidad cristiana. Tenemos el desafío de practicarlo dentro de la Iglesia-Familia de Dios así como hacia otras creencias religiosas. Debe tener lugar en tres niveles principales:

  1. Entre Obispo, sacerdotes, religiosos, agentes de pastoral y fieles laicos de la Iglesia local (Actas Capitulares 2015, n. 44.14). Esto nos transformará a nosotros, familia comboniana, en agentes de evangelización relevantes y significativos.
  2. Entre nuestras Iglesias locales y otras denominaciones o religiones cristianas (Actas Capitulares 2009, n. 58.8; Actas Capitulares 2015, n. 45.3). Hemos notado un nuevo fenómeno de construcción de nuevas mezquitas en muchos pueblos. Estos musulmanes parecen estar buscando agresivamente seguidores. Están utilizando diferentes tipos de ayuda para atraer a la gente a unirse a ellos, a diferencia de los misioneros católicos que brindaron ayuda humanitaria a todos incondicionalmente e independientemente de su inclinación religiosa.

Conclusión

La evangelización es una realidad compleja y dinámica. He subrayado algunos elementos que tal vez no den cuenta completa del misterio de la evangelización de la Familia Comboniana en Etiopía y entre los Gumuz, en particular, en este período de postconflicto. Corremos el riesgo de empobrecer el concepto de evangelización si no contemplamos la obra del Espíritu, protagonista de la evangelización, que sopla y actúa en diferentes realidades y siempre de maneras nuevas.

Por tanto, la principal actividad del evangelizador sigue siendo la oración en la contemplación de la obra de Dios. Esto ayudará a discernir cómo el Señor quiere que sea el misionero, en qué rango de acciones y a quién lo envió para que sea su testigo anunciando el Evangelio con todas sus fuerzas y amor. Es el Espíritu el que pone en nuestro corazón los mismos sentimientos de San Pablo: “La predicación del Evangelio no me da nada de qué gloriarme, porque estoy obligado, y estaría en apuros si no lo hiciera” (1 Corintios 9,16).

Es la fuerza del Espíritu la que guió a Daniel Comboni a decir: “En efecto, sería fácil y dulce sacrificar mi sangre y mi vida para cooperar a la realización de esta santa obra” (Comboni a Mazza 23-01-1861).

“Remad mar adentro –como Pedro y sus primeros compañeros confiaban en la obra de Dios– y echad las redes” ( Lucas 5,4-6). Estas palabras resuenan hoy para nosotros y nos invitan a recordar el pasado con gratitud, a vivir el presente con entusiasmo y a mirar el futuro con confianza. “Jesucristo es el mismo hoy como fue ayer y como será por los siglos” (Hebreos 13,8).

Nuestro trabajo, nuestro compromiso, nuestro camino y la búsqueda de nuevos caminos de evangelización continúan. ¡Que Dios nos guíe y nos bendiga!

comboni.org

Los Misioneros Combonianos abren una clínica de cuidados paliativos en Port Sudán

Comboni College de Jartum

El Arzobispo de Jartum, Mons. Michael Didi, bendijo el pasado 3 de abril la nueva clínica de enfermería que el Comboni College of Science and Technology ha abierto en colaboración con AISPO y la Parroquia de Port Sudan en el marco del proyecto “Ciencias de Enfermería en el Comboni College”.
La clínica de enfermería es principalmente una plataforma para organizar las actividades de los voluntarios de cuidados paliativos que apoyarán a las familias que tienen personas con enfermedades crónicas o terminales en casa.
la Hna. Fatima Salih (AISPO), la Provincial de las Misioneras de la Caridad, Hna. Anne Longina, el P. Pious Anyaja, párroco, el Sr. James Joseph, director de la Escuela Secundaria Comboniana y el personal del CCST implicado en el proyecto también asistieron al acto junto con 22 profesionales sanitarios de Port Sudan que siguen el curso de Cuidados Paliativos para Profesionales Sanitarios.
Estos profesionales de la salud tuvieron su tercera sesión de formación, dedicada al tratamiento del dolor.

@kindugebre3

Join Our Course in Pallative Care For Health Care professionals in Comboni Port-Sudan NOW 💯😍 @CCST

♬ One Side – Iyanya

Para más información, AQUÍ

Noticias combonianas de Sudán y Egipto: “Os pido una oración”

En cuanto a las últimas noticias de Sudán – escribe el superior provincial de los Misioneros Combonianos de Egipto y Sudán -, os pido oración, dado que la situación no mejora en absoluto. Hoy se cumplen dos semanas desde que se interrumpieron todas las comunicaciones (teléfono e Internet) en todo Sudán, a excepción de Port Sudan, donde – con dificultad – algunas líneas funcionan desde hace algunos días. El aislamiento y la imposibilidad de comunicar aumentan la preocupación por los que estamos fuera, pero también y sobre todo paralizan el mercado y los movimientos de los que todavía están en Sudán (para nosotros los combonianos, nuestros hermanos de Kosti y El Obeid).

El pasado 4 de febrero todo Sudán se quedó sin red de teléfono ni de internet. En el momento de redactar este informe, sólo algunas compañías telefónicas han reanudado parcialmente sus operaciones, y sólo en Port Sudan. Para nosotros esto significa que no hay forma de comunicarnos con nuestras dos comunidades de Kosti y El Obeid, así como con todas las demás parroquias de las dos diócesis de Sudán. La falta de red podría provocar problemas en el suministro de bienes. Seguimos orando por la paz, ya que han pasado 300 ya días desde que comenzó la guerra.

El Cairo (Egipto): Shabaab Comboni (los jóvenes de Comboni)
El pasado 25 de enero unos cincuenta jóvenes de nuestras diferentes parroquias de El Cairo se reunieron para el primer encuentro de Shabaab Comboni, “los jóvenes de Comboni”. El objetivo es acompañar a estos jóvenes en la búsqueda de la voluntad de Dios en sus vidas, dar a conocer a Comboni y su carisma, crear una conciencia misionera y vocacional. En el camino hacia este objetivo, comenzaron a preparar el primer encuentro de la juventud comboniana. El camino se estructura con encuentros quincenales, en los que se realizan catequesis bíblicas sobre el Evangelio de Marcos, testimonios de vida misionera y compartir por parte de diferentes personas y realidades. Concluirá con un campamento misionero en el verano de 2024.