P. Rafael Huerta, 50 años de sacerdocio
En la parroquia San Francisco de Asís, del la ciudad de Tepatitlán, Jalisco, zona de Los Altos, el padre Rafael Huerta, misionero comboniano, ofreció su acción de gracias a Dios por llegar a sus 50 años de sacerdocio. Lo acompañaron familiares y una buena asistencia de feligreses de la parroquia. Con el padre Rafa concelebraron padres combonianos de las comunidades de San Francisco del Rincón, Gto; Sahuayo, Mich; Zapopan, Jal; y Xochimilco.
El padre Rafa, durante su homilía, evocó su misión en Etiopía, país del este del África, donde vivió 22 años de trabajo pastoral, que fueron, según contó, los más felices y fecundos de su vida misionera.
Con actitud humilde, al ofrecer su acción de gracias, reconoció como ser humano sus fragilidades, pero que lo poco o mucho que pudo haber hecho fue porque la bondad de Dios ha sido muy grande con él, y lo ha sostenido para seguir adelante en la mision. Por eso, señaló, es muy importante fijarse, no tanto en la persona, sino en el Señor, que por pura gracia suya hace que uno lleve a la práctica lo más que se pueda su voluntad.
Mencionó también que, al inicio de su vocación, lo único que le interesaba era llegar a ser misionero, que eso de ser comboniano y religioso lo vino a descubrir después, pues su primer propósito era salir a anunciar el evangelio en donde más hiciera falta en el mundo. Y para su buena fortuna la providencia de Dios lo llevó como de la mano hasta Etiopía, donde pudo vivir entre la gente y para la gente, no para hacer proselitismo, sino para buscar en todo momento dar testimonio del evangelio de Jesucristo, nuestro Señor, el único capaz de transformar nuestras vidas.
El padre Lauro Betancourt, en representación del Consejo Provincial, agradeció a la parroquia el cariño que han brindado al padre Rafa durante tantos años, y aunque muchos años estuvo en la misión fuera del país, siempre fue bien recibido cada vez que volvía, gesto que a uno como misionero lo alienta más a seguir fiel al Señor.
Posterior a la celebración se ofreció una recepción, donde entre música de mariachis, se compartieron los sagrados alimentos en un ambiente de auténtica alegría y fraternidad.
Texto y fotos: P. Fernando Cortés B. MCCJ



