Visita a las misiones de Sudán después de la guerra

Del 12 al 17 de junio, el superior provincial, P. Diego Dalle Carbonare, y el ecónomo provincial, P. Lorenzo Baccin, fueron a Jartum para visitar las tres primeras misiones que la provincia tuvo que suspender a causa de la guerra: Khartoum Bahri, Comboni College y Masalma (Omdurman). Durante su visita, pudieron reencontrarse con el padre Yousif William, que permanece en los suburbios del suroeste de Omdurman (Jabarona) desde el comienzo del conflicto.

La visita puso de manifiesto que diferentes partes de la ciudad han sufrido daños de distinta consideración, primero por los combates y los disparos, y después también por los saqueos. Afortunadamente, como ocurre con gran parte del resto de los bienes de la Iglesia, la mayoría de los daños son parciales, por lo que cabe esperar reparaciones. Sin embargo, por otro lado, es evidente que, sobre todo en la zona central de Jartum, donde se encuentra el Comboni College, las infraestructuras básicas (electricidad y agua) han sufrido graves daños y su restauración llevará quizá años.

En resumen, mientras que en algunos distritos periféricos de Omdurman y otros al este y al sur de Jartum la vida parece continuar, el centro es una ciudad fantasma, dominada por un silencio sobrecogedor. Hay muchos cristianos en las zonas periféricas de Jartum que esperan el regreso de sacerdotes y agentes de pastoral, y esto también nos interpela para un regreso, que puede ser gradual, pero que sin duda nos interpela profundamente.

Otro escenario, sin embargo, está presente en El Obeid, donde en las últimas semanas algunos soldados han ocupado nuestra casa y se refugian allí, para evitar el bombardeo de los drones de las Fuerzas de Apoyo Rápido, que tienen como objetivo sus cuarteles. Peores noticias llegaron desde el oeste cuando el jueves 12 de junio, en Fasher (Darfur), el padre Luka Jumu, sacerdote diocesano de la diócesis de El Obeid, fue asesinado tras un nuevo bombardeo de la casa en la que se encontraba.

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P. Elio Benedetti

Fecha de nacimiento: 27/11/1928
Lugar de nacimiento: Segonzano/Italia
Votos temporales: 09/09/1949
Votos perpetuos: 09/09/1955

Fecha de ordenación: 26/05/1956
Llegada a México: 1965
Fecha de fallecimiento: 21/06/2025
Lugar de fallecimiento: Castel d’Azzano/Italia

Elio nació en Teaio, una aldea de Segonzano (Trento), el 27 de noviembre de 1928, en una tierra que durante el siglo XX brindó a la Iglesia numerosas vocaciones misioneras, incluyendo a los misioneros combonianos. Criado en una numerosa familia patriarcal, encontró en sus padres figuras cruciales: su padre, Davide, era un hombre amable y abierto, mientras que su madre, Emma, poseía una presencia fuerte y discreta. Elio, el mayor de cinco hijos, mostró desde muy joven una sensibilidad religiosa y un irresistible talento para la música. 

Desde muy pequeño, se vio inmerso en el ambiente misionero gracias a los misioneros combonianos que pasaban los veranos en una casa alquilada por la familia Benedetti, junto al santuario de la Virgen del Auxilio. Elio estaba literalmente rodeado de misioneros durante varios meses del año. Era como si su numerosa familia, en cierto momento, se hubiera expandido hasta convertirse en una verdadera comunidad comboniana. Ya mayor, diría: «Basta con cerrar los ojos para verme, todavía niño, llevado a hombros por aquellos misioneros, agarrado a sus generosas barbas como si fueran riendas. Quizás por eso no puedo precisar la fecha de mi deseo de ser sacerdote: mi vocación nació en el vientre materno y rápidamente se convirtió en una llamada a la misión». 

A los ocho años, Elio ya atendía la capilla de Teaio y dirigía el rosario. Mientras tanto, su pasión por el órgano y el canto litúrgico crecía. En 1939, ingresó en la Escuela Apostólica Comboniana de Muralta (Trento) y tuvo dificultades para adaptarse a sus estudios, con algunos fracasos académicos y períodos de regreso con su familia, pero con una certeza inquebrantable: «De una forma u otra, me convertiré en sacerdote comboniano». 

Durante la guerra (1938-45), el seminario se trasladó a Fai della Paganella, donde Elio y los demás «apostolini» vivieron juntos. Los soldados alemanes lo acompañaron y sufrieron el frío y las penurias. Su hermano Fausto también estuvo con él, un apoyo invaluable durante esos años difíciles. Hacia el final del conflicto, mientras Trento sufría intensos bombardeos, Elio también experimentó los riesgos de la guerra, encontrándose atrapado en el fuego cruzado entre partisanos y soldados alemanes en retirada. 

Educación

Después de la guerra, Elio regresó con sus compañeros a Muralta, entre los escombros del seminario bombardeado. Fueron años difíciles, pero los afrontó con curiosidad y espíritu aventurero. Una enfermedad lo obligó a regresar con su familia por un corto tiempo, antes de reanudar sus estudios en el Seminario Menor de Brescia, donde cursó cuarto y quinto año de bachillerato. Allí descubrió nuevos talentos creativos, desde la electricidad hasta la organización de festivales parroquiales. Su talento musical y técnico se convirtió cada vez más en una herramienta para el servicio a la comunidad. 

Su noviciado en Florencia, iniciado en agosto de 1947, le dejó una profunda huella: trabajo duro, oración, estudio y, sobre todo, música, cultivada con pasión y animada por sus maestros. Se dedicó al canto gregoriano con tal dedicación que obtuvo honores en sus estudios. 

El 9 de septiembre de 1949, emitió sus primeros votos religiosos y se trasladó al escolasticado filosófico de Rebbio (Como) para cursar segundo y tercer año de bachillerato. En 1951, fue a Brescia para sus primeros cursos de teología —siempre entrelazando teología y música— y finalmente a Muralta (Trento), como prefecto de jóvenes seminaristas, mientras continuaba sus cursos de teología en el Seminario Mayor diocesano. Al mismo tiempo, completó sus estudios de música en el Conservatorio de Bolzano, graduándose en piano con las mejores calificaciones, a pesar de la resistencia de sus superiores. Convencido de que la escucha personal era más fructífera que los sermones, se ganó el respeto de los estudiantes, que vieron en él un guía cercano y comprensivo. Para su último año de teología, se trasladó a Venegono Superiore, donde emitió su profesión religiosa perpetua el 9 de septiembre de 1955. 

El 26 de mayo de 1956, fue ordenado sacerdote por el cardenal Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI. Poco después, fue nombrado vicerrector del seminario de Trento, donde transformó la música en una auténtica pedagogía: creó coros, compuso motetes y operetas que expresaban las emociones de los jóvenes y participó en importantes eventos con sus seminaristas, llegando incluso a cantar en la Basílica de San Pedro durante un encuentro nacional. 

En 1962, se trasladó a Rebbio, donde dirigió una comunidad de 120 jóvenes. Allí también, la música se convirtió en una herramienta educativa y consoladora: con empatía y sensibilidad, logró sanar la nostalgia y la fragilidad de los más pequeños. Mientras tanto, profundizó sus estudios de composición con el reconocido profesor de música Luigi Picchi y vivió de cerca los debates del Concilio Vaticano II sobre la música litúrgica, aportando él mismo nuevas composiciones. También se licenció en psicología educativa en la Universidad Católica, lo que reforzó aún más su labor docente. 

En México

En julio de 1965, el Padre Elio partió hacia México. Arribó a Nueva York en el barco “Raffaello” y, cruzando Estados Unidos, llegó a la Ciudad de México. Inmediatamente fue asignado al seminario de San Francisco del Rincón, donde encontró jóvenes seminaristas similares a los italianos en edad y formación moral, pero inmersos en una cultura profundamente influenciada por la historia religiosa de México. El recuerdo de la “Guerra Cristera” de la década de 1920, durante la cual quizás 100,000 cristianos y sacerdotes fueron perseguidos y martirizados, aún estaba vivo. México, en la década de 1960, era un país rebosante de vocaciones sacerdotales: numerosos jóvenes elegían el sacerdocio, y el ambiente estaba impregnado de entusiasmo y esperanza en el futuro. 

El Padre Elio se dedicó a la enseñanza musical. Formó un coro de seminaristas que rápidamente se hizo conocido más allá de la ciudad, tanto que los periódicos lo apodaron “el mago de la música”. Sus conciertos incluso llegaron al prestigioso Teatro de Bellas Artes de la Ciudad de México. Aunque profundamente involucrado en su actividad musical, el Padre Elio se encargaba de todas las tareas asociadas con la vida del seminario: la administración financiera de las instalaciones, el cuidado de los jardines y los animales, y la recaudación de fondos para apoyar a la numerosa comunidad. Estos compromisos, sumados a una agenda de trabajo apretada, comenzaron a afectar su bienestar físico y psicológico, llevándolo a fumar y a perder peso visiblemente. 

Baja California Sur – La Paz –

En julio de 1970, el Padre Elio fue trasladado a La Paz, Baja California Sur, donde asumió la rectoría del seminario diocesano a petición de Mons. Giovanni Giordani, sacerdote comboniano y primer prefecto apostólico de la entonces región de Baja California. A pesar del cansancio acumulado durante los años anteriores, abrazó el nuevo cargo con entusiasmo. El clima desértico, la proximidad al Océano Pacífico y la comunidad, más pequeña y manejable, le permitieron abordar su trabajo con mayor serenidad. Se dedicó a los jóvenes seminaristas, nutriendo su formación espiritual y humana mediante conferencias, oraciones diarias, deportes y música. Al mismo tiempo, desarrolla su ministerio en las parroquias locales, reuniéndose con las familias y participando activamente en la vida de las comunidades cristianas. 

Retorno a Italia – la FATMO –

A finales de 1975, el Padre Elio tuvo que regresar a Italia debido a un agotamiento físico y nervioso (ahora conocido como burnout). Aunque su salud se vio comprometida, su espíritu se mantuvo intacto. Tras un período de recuperación en Pordenone, se dedicó a la labor misionera, organizando reuniones y conferencias sobre las actividades misioneras combonianas. 

En 1976, se trasladó a Verona, a la comunidad del Centro Multimedia Comboniano, donde fundó Ventana Abierta al Tercer Mundo (FATMO). Este proyecto pionero de comunicación misionera, a través de emisoras de radio locales gratuitas, le permitió difundir noticias, cultura y música de países en desarrollo, destacando aspectos positivos que a menudo pasan desapercibidos para los medios tradicionales. Construyó personalmente un estudio de grabación profesional, supervisando cada detalle técnico y de contenido. FATMO llegó a producir más de dos mil programas de radio, emitidos por trescientas emisoras de toda Italia. 

Trento, Arco, Brescia, Verona y Castel d’Azzano

En julio de 1987, el Padre Elio fue asignado a la rectoría de Trento. Permaneció allí dos años. En julio de 1989, llegó a la casa de Arco di Trento, donde vivió apaciblemente, dedicándose a la escritura y la poesía. Allí recopiló recuerdos, anécdotas y reflexiones en un volumen titulado Sinfonia di Poemi (‘Sinfonía de Poemas’), obra que da testimonio de su intensa vida y sus experiencias misioneras. En enero de 1999, se trasladó a Brescia, donde continuó relatando, recordando y compartiendo sus experiencias con sus compañeros. Su vena creativa y su curiosidad intelectual nunca decayeron, a pesar de su avanzada edad. 

En mayo de 2003, regresó a Verona, a la comunidad de enfermos del Centro “Fratel Viviani”. Allí vivió apaciblemente, cultivando relaciones afectuosas con su familia y compañeros, y dedicándose a la música y al piano, que se convirtieron en su forma de oración diaria y consuelo espiritual. Su energía creativa y su dulzura lo convirtieron en un referente buscado por todos. En junio de 2015, el Padre Elio fue trasladado al Centro “Fr. Alfredo Fiorini” en Castel d’Azzano, donde afrontó con serenidad los desafíos de su edad y salud. Continuó presente y activo en la comunidad, manteniendo el buen humor y la generosidad que siempre lo distinguieron. Falleció con serenidad y dignidad el 21 de junio de 2025, dejando un legado espiritual, cultural y misionero que seguirá inspirando a su familia, a sus hermanos y a todos los que tuvieron la fortuna de conocerlo. 

En la tarde del 24 de junio, en un radiante atardecer de verano, su cuerpo regresó a la tierra y su alma a los brazos de Dios Padre. Actualmente está enterrado en el cementerio que alberga los restos de otros misioneros combonianos, originarios de esta región del Trentino, tan rica en vocaciones misioneras. 

(Padre Donato Benedetti, mccj) 

El comboniano P. Rafael Savoia, doctor honoris causa por la PUCE

El misionero comboniano P. Rafael Savoia acaba de ser galardonado con el título de doctor honoris causa por la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, sede Esmeraldas, en reconocimiento a su gran labor en favor de los pueblos afroamericanos.

pastoralafrocali.org

El padre Rafael Savoia, misionero comboniano del norte de Italia, es sinónimo de historia viva, de compromiso sin pausa y de una vida tejida entre los rostros, las luchas y las esperanzas de los pueblos afrodescendientes de América Latina. Lleva más de cinco décadas en el corazón del continente, el pueblo ecuatoriano todavía lo busca en Bogotá y donde pueda encontrarlo. Fue en el país vecino donde hizo lo más profundo de su carrera.

La Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), sede Esmeraldas, lo reconoció recientemente como Doctor Honoris Causa. Es un homenaje más que merecido: acompañó, defendió y caminó junto a sus comunidades afro como un hermano más.

Rafael Savoia llegó a Ecuador en los años 60, específicamente a Esmeraldas, la población más importante en las selvas de su costa norte. Hoy reside en Bogotá y todavía alza la voz por la dignidad, el derecho a la identidad y la justicia social. Fue uno de los grandes impulsores de la Pastoral Afro, una realidad eclesial nacida no en los escritorios, sino desde la vida misma, desde la convivencia con las comunidades negras. Entre ellas pensó, soñó, luchó y tejió una Pastoral con rostro propio, una teología negra que le puso cuerpo y alma a la resistencia y la espiritualidad de los afrodescendientes.

Su compromiso va más allá de lo pastoral y el acompañamiento espiritual. Él es, literalmente, una biblioteca andante. Conoce la historia, la cultura, los mitos, los cantos y las luchas de muchísimos pueblos afro de América y el Caribe. Es un sabio humilde, de esos que no necesitan títulos para que uno sepa que está frente a alguien que ha vivido mucho, ha escuchado mucho más, y lo ha atesorado todo para compartirlo con las lideranzas que más lo necesitan.

Recorrió de forma minuciosa los territorios afro de toda América Latina para entrevistar líderes y lideresas y comprarles sus libros. Su conocimiento y los frutos de sus andanzas son un acervo esencial para preservar la memoria de nuestros pueblos y evitar que se le borre o se silencie.

Ese esfuerzo continental de documentación se tradujo en obras que hoy son referencia obligada para quienes estudian la historia, la espiritualidad y la resistencia afroamericana.

Entre sus obras destacan:

El Negro en la historia, un análisis profundo de las raíces y aportes de las comunidades afrodescendientes que coordinó por grupos e países y después consolidó en América Latina.

Presencia Comboniana entre los Afroamericanos, que recoge 40 años de trabajo misionero de su congregación con los pueblos afro.

Historia de la Pastoral Afroamericana en la Iglesia, una obra esencial para comprender cómo se tejió, desde abajo, una propuesta pastoral con identidad propia.

Savoia también impulsó KatangaRevista de Teología Afrolatinoamericana; abierta al público desde sus inicio, expuso los avances en la reflexión eclesial desde diferentes formas de ver y vivir los territorios afro.

Su influencia es profunda en Colombia, donde ayudó a fortalecer la Pastoral Afrocolombiana y a fundar el Centro Afrocolombiano de Espiritualidad y Desarrollo Integral (CAEDI). O, como a él le gusta llamarlo, el Centro afro de Bogotá. Es un espacio de formación, encuentro y difusión de la cultura y la herencia africana en todos sus matices. Desde ahí impulsó la creación de una base de datos virtual con materiales educativos y culturales afro, Un recurso así de valioso para educadores, activistas y comunidades, debe reconocerse y preservarse, asegurar que cumpla su función a favor de los liderazgos afrodescendientes.

Lo más hermoso de todo es que, para Savoia, ser misionero no significa enseñar desde arriba, sino compartir desde el mismo suelo. Su manera de evangelizar se aleja de esquemas colonialistas y se convierte en ejercicio de escucha, diálogo y aprendizaje mutuo. La Pastoral Afro que él ayudó a soñar y construir, es un referente para  Esmeraldas, Imbabura, Carchi y Guayas, en Ecuador. Se une al trabajo de su congregación para darnos un modelo de crecimiento pastoral profundamente eclesial y crucial para la Patria Grande.

Hoy tiene 82 años bien vividos. Rafael Savoia, sacerdote misionero comboniano, recibió un título honorífico; apenas uno de los que el cariño, el respeto y el reconocimiento de generaciones enteras le entregarían con generosidad. Porque la sabiduría que hay en él es memoria, corazón y fe encarnada en la vida de los pueblos que quiso conocer, homenajear y preservar.

Germán Fernando Angulo Asprilla

LMC en la misión de Metlatónoc: un testimonio de fe y servicio

Los planes de Dios son perfectos, caminamos paso a paso, vivimos un proceso y esperamos llegar a la meta para continuar el camino que nos inspira al encontrarnos con el Pueblo que sigue buscándolo para experimentar su Amor y protección.

Durante nuestras visitas misioneras en Metlatónoc, hemos tenido la oportunidad de conocer a gente increíble y de visualizar proyectos que buscan responder a las necesidades básicas que las personas nos manifiestan, identificadas desde la luz del Evangelio. Hemos visto la resiliencia y la determinación de la comunidad para superar los desafíos y mejorar su entorno; hay retos en el pueblo que nos cuestionan profundamente para que nosotros como Laicos misioneros tengamos una presencia permanente entre ellos, para entender más su historia, su cultura y también sus problemas, donde podemos ser signos de esperanza y del Reino de Dios, pero también colaborar a partir de nuestra fe en los procesos de formación humana y cristiana.

La llave para entrar al corazón del pueblo es viviendo y anunciando el evangelio, Palabra que se encarna en la caridad con las personas más vulnerables, enfermos, niños desnutridos, personas analfabetas, mujeres maltratadas… un espacio donde con Amor y paciencia compartiremos la experiencia del encuentro de Dios reconociendo también los lugares Sagrados, costumbres de la religiosidad popular y rituales. Queremos vivir con la gente inculturando nuestra fe viva en el Verbo que se hizo persona que vive en cada lugar, respetando el lenguaje, el pensamiento, la libertad de cada individuo, de cada familia, cada pueblo y de cada cultura. Somos misioneros frágiles que se sienten llamados por Cristo Vivo dispuestos a superar lo que nos esclaviza sabiendo que todo lo podemos en Aquel que nos fortalece y nos ha elegido para realizar esta tarea especifica.

La misión no es tarea de una persona o de un grupo específico, la misión es primeramente de Dios, es obra del Espíritu, pero el Señor Jesús nos llama a todos a ser testigos de su evangelio, la obra misionera es Trinitaria es decir que se hace en comunidad. Como Laicos Misioneros Combonianos (LMC), sabemos que nuestra labor evangelizadora es en comunión con los sacerdotes y demás agentes pastorales y con el pueblo. Inspirados en San Daniel Comboni “salvar África con África” valorizamos la inclusión de las personas del lugar para evangelizar ya que ellos son los dueños de su historia, de su lengua y de sus costumbres, de otra manera no sería posible inculturar el Evangelio. Es esto lo que hace bella la misión, es esto lo que da esperanza y es esto lo que nos fortalece para cargar también las cruces de nuestro caminar como testigos de la Verdad.

Para concluir te invito para que tú, tu familia y tu comunidad se unan al proyecto misionero en Metlatónoc. ¿Qué vas a hacer para apoyar esta misión? Por favor reza por nosotros ya que esa es la fuerza principal de la misión, Santa Teresita del Niño Jesús fue misionera desde su enfermedad (un dolor que salva), desde la oración. Pero también es importante tu colaboración económica, ya desde el principio del cristianismo los primeros misioneros, como San Pablo, necesitaron del apoyo económico de algunos bienhechores. Lo que se da con amor para los que anuncian el evangelio es Dios quien lo recompensa, decídete y súmate al proyecto comparte tu tiempo y habilidades en este servicio ya que “Todos Unidos por la Misión LMC en Metlatónoc: un testimonio de fe y servicio”.

Bety Maldonado, LMC

70 años de presencia comboniana en Esmeraldas

Los Misioneros Combonianos llegaron a Ecuador el 2 de abril de 1955. De inmediato – 11 días más tarde – asumen el trabajo pastoral de la Prefectura de Esmeraldas. El Papa Pio XII había invitado a los Combonianos a abrir esta nueva misión, fue, movido por la situación de extrema pobreza social y religiosa de los grupos afrodescendientes. Hoy, 70 años después de la llegada a Esmeraldas, el Consejo General ha enviado un mensaje a los misioneros combonianos que trabajan en Ecuador, que publicamos a continuación. (En la foto, Mons. Eugenio Arellano, obispo emérito de Esmeraldas).

Mensaje del Consejo General

Entren por sus puertas con acción de gracias; vengan a sus atrios con himnos de alabanza;
denle gracias, alaben su nombre.
” (Salmo 100,4)

Queridos Cohermanos,
reciban nuestro saludo fraterno en esta memorable celebración del 70 aniversario de nuestra llegada a las hermosas tierras de Esmeraldas en Ecuador.

Ha sido un largo y fructífero camino de presencia misionera comboniana iniciado con una inspiración del Espíritu Santo, Quien a través de la invitación fraterna del Papa Pío XII invitó a los Misioneros Combonianos a tomar la misión de Esmeraldas.

La actividad pastoral en la Prefectura de Esmeraldas, iniciada bajo el liderazgo de Monseñor Angelo Barbisotti, ha sido siempre una oportunidad para servir al Señor, caminando con el pueblo de Dios en estrecha comunión con los pastores, que fueron también Misioneros Combonianos, Mons. Enrique Bartolucci y Mons. Ezequiel Eugenio Arellano. Particular atención en el servicio misionero se ha prestado siempre a las diversas zonas y etnias del Vicariato, especialmente afro e indígenas. Al estilo de San Daniel Comboni, nuestros misioneros se esforzaron siempre por hacer causa común con la gente. Por ello la pastoral afro nació en Esmeraldas y a partir de Esmeraldas se ha expandido a toda América Latina. El reconocimiento ofrecido por la Universidad Católica a nuestro cohermano P. Raffaello Savoia por su compromiso en el campo de la pastoral afro, atestigua que el corazón de Comboni sigue alimentando un gran amor y cuidado pastoral por los afros a través de sus misioneros.

La misión continúa y nuestra presencia actual en las parroquias de La Merced, de Borbón y de San Lorenzo son un signo claro de nuestro humilde servicio en el Vicariato. Renovamos nuestro compromiso de seguir trabajando junto a muchos laicos comprometidos que comparten con nosotros la pasión de San Daniel Comboni.

A toda la familia comboniana, a las personas que caminan con nosotros y al Vicario Apostólico Antonio Crameri, SSC, nuestra gratitud de corazón.

Que el Señor de la Misión siga concediendo a todos el don del Espíritu Santo en un renovado entusiasmo por la misión en el Vicariato de Esmeraldas.

Fraternalmente,
El Consejo General
Roma, 4 de junio 2025

comboni.org

Adiós, p. Valdovinos. Descansa en paz

Fecha de nacimiento: 05/11/1943
Lugar de nacimiento: Sahuayo (MICH)/México
Votos temporales: 11/02/1962
Votos perpetuos: 09/09/1967
Fecha de ordenación: 23/06/1968
Fecha de fallecimiento: 30/05/2025
Lugar de fallecimiento: Zapopan (Guadalajara)/México

El P. Juan Manuel Valdovinos regresó a la casa del padre el 30 de mayo de 2025. La enfermedad se lo llevó de manera rápida. Tras muchos años de misión en Uganda y en Malawi y Zambia había regresado a México en 2021, concretamente a La Paz, en Baja California Sur, donde se encontraba apoyando la pastoral de la parroquia del Sagrado Corazón.

Había nacido en Sahuayo, el 5 de noviembre de 1943. Fue uno de los primeros combonianos mexicanos. Hizo el noviciado en Tepepan, donde profesó por primera vez. Tras estudiar en San Diego (Estados Unidos), Roma y Venegono (Italia), fue ordenado sacerdote el 23 de junio de 1968 y al año siguiente fue destinado a Uganda, donde permaneció 5 años. Tras un breve período en México regresaría a Uganda en 1977. Su larga vida misionera se desarrolló entre México, Uganda y la provincia de Malawi-Zambia. En total cerca de 40 años en África. En 2021 regresó definitivamente a México, siendo destinado a la parroquia del Sagrado Corazón de La Paz, en Baja California Sur.

La enfermedad le sorprendió repentinamente y en poco tiempo se lo llevó. El 30 de mayo de 2025 regresó a la casa del padre mientras se encontraba en el Oasis San Daniel Comboni de Zapopan, en Guadalajara. Descansa en paz.


Se necesitarían muchas páginas para describir al Padre Juan Manuel, un hombre dotado de numerosas cualidades que puso al servicio de la misión. Era muy inteligente y tenía un don especial para los idiomas: hablaba inglés, italiano, acholi y chichewa a la perfección. Además, poseía un espíritu inquieto y curioso, lo que le permitió seguir aprendiendo cosas nuevas a lo largo de su vida. Vivió y compartió sus espléndidos talentos y dones con gran sencillez, aunque no siempre fuera comprendido por todos. Fue un misionero muy cercano a la gente, lo que le permitió profundizar en la cultura y las tradiciones de los pueblos con los que trabajó. Siempre lo recordaremos como un hombre sonriente y alegre, con ganas de disfrutar al máximo de la vida. Esto lo convirtió en un misionero que predicaba más con su presencia que con sus palabras. Había aprendido a vivir a otro ritmo: la palabra “prisa” no formaba parte de su vocabulario. Desarrolló una pasión por la medicina natural, que aprendió y compartió con muchas personas en las misiones. Algunos hermanos incluso lo llamaban “Dr. Valdovinos”.

Misionero comboniano desde pequeño

Juan Manuel nació el 5 de noviembre de 1943 en Sahuayo, municipio del estado de Michoacán, en el centro de México, en la diócesis de Zamora. Ingresó al seminario comboniano de Sahuayo siendo muy joven. No tuvo que viajar mucho para llegar: su casa estaba a pocas calles de lo que pronto se convirtió en su nuevo hogar. Sus padres, la señora Nena (Ana María) y el padre Goyo (Gregorio), eran muy conocidos en el barrio y tenían una relación tan estrecha con la comunidad seminarista que se les consideraba parte de la “familia comboniana”. En definitiva, para el niño, ingresar al seminario fue casi un simple cambio de residencia. Tras completar sus estudios de secundaria, en febrero de 1960 ingresó al no-viciado en Tepépam, Ciudad de México, donde tomó el hábito el 19 de marzo. Dos años después, el 11 de febrero de 1962, emitió sus primeros votos religiosos y fue asignado al escolasticado de San Diego, California (EE. UU.), para cursar estudios de filosofía, cursando el tercer año de bachillerato. Tras completar el cuarto año, en julio de 1964 fue asignado al escolasticado de Roma, donde cursó el primer curso de Teología Fundamental (1964-1965) y el segundo curso de Teología Dogmática (1965-1966) en la Universidad Urbaniana, obteniendo la licenciatura en teología. En agosto de 1966, fue transferido al escolasticado de Venegono Superiore para cursar el tercer y cuarto año de teología. El 9 de septiembre de 1967, emitió su profesión religiosa perpetua. El 5 de noviembre de ese mismo año, fue ordenado diácono por Mons. Edoardo Mason, Vicario Apostólico de El Obeid, en la capilla de la Casa Madre de Verona. El 31 de mayo de 1968, de paso por Roma, recibió la carta oficial del Vicario General con su futuro destino: la región de Uganda, en la diócesis de Gulu, «desde el día de su partida». El 23 de junio de 1968, fue ordenado sacerdote por Mons. Mason, en la iglesia parroquial de la Virgen Peregrina de Módena.

En Uganda

Sin embargo, antes de partir hacia Uganda, regresó a México, destinado como profesor al Liceo y Escuela Apostólica de Sahuayo. Los habitantes de Sahuayo le dieron una cálida bienvenida, sobre todo por ser el primer misionero comboniano de la ciudad, que durante años había trabajado arduamente para apoyar la formación de los misioneros mexicanos que recientemente habían comenzado a ser enviados al mundo. A principios de enero de 1970, le llegó el turno de partir. Voló a Kampala y, para el 14, ya se encontraba en la misión de Palabek, en el norte de Uganda, cerca de la frontera con Sudán del Sur, como párroco. Permaneció allí hasta junio de 1974, cuando se trasladó a Pabo como vicario parroquial. En julio de 1975, regresó a México, asignado a la parroquia de Ciudad Constitución, en la diócesis de La Paz, a cargo de la labor misionera. A finales de enero de 1976, se encontraba en La Paz, Baja California Sur, como vicario de la parroquia del Corazón Inmaculado de María.

En noviembre de 1976, se encontraba en Roma, en la Curia, para un curso de renovación. A finales de marzo de 1977, regresó a Uganda, asignado a Laybi, en la diócesis de Gulu, como capellán y profesor de religión en la escuela secundaria. En julio de 1979, fue destinado a Opit como vicario parroquial, permaneciendo allí hasta junio de 1982, cuando regresó a su tierra natal, primero al seminario de Sahuayo (1983) y luego, durante unos meses, al seminario de San Francisco del Rincón, como formador. En julio de 1984, estuvo en el seminario de Guadalajara, nuevamente como formador, donde permaneció hasta junio de 1987.

Malawi-Zambia

Mientras tanto (marzo de 1987), recibió su tan esperado nuevo destino misionero: la provincia de Malawi-Zambia, asignado a la parroquia de Chipata como superior de la comunidad. A mediados de 1994, se le concedió un año sabático: inicialmente permaneció en Zambia durante tres meses, pero en septiembre viajó a México para unas vacaciones familiares. En enero de 1995, viajó a Roma para otro curso de actualización.

En julio de 1995, regresó a Lusaka, asignado a la parroquia de Lilanda, donde permaneció hasta noviembre de 2001. Al mes siguiente, regresó a México, trayendo consigo la carta de asignación a su provincia natal, firmada por el padre Manuel Augusto Ferreira, superior general. Permaneció brevemente en Sochiapam, con la comunidad local, a la espera de un destino específico, que llegó en agosto de 2002, cuando fue asignado a la parroquia de Bahía Asunción, en la diócesis de La Paz. En octubre de 2003, sirvió en la rectoría del Sagrado Corazón de Jesús, aún en La Paz, donde ejerció su ministerio. Al mes siguiente, se trasladó a Metlatónoc como superior de la comunidad local y se dedicó al ministerio parroquial. En septiembre de 2005, fue asignado a la parroquia de Cochoapa, en la diócesis de Tlapa, estado de Guerrero, donde dejó un vívido testimonio de su entusiasmo misionero.

En marzo de 2007, recibió una carta del Padre Teresino Serra, Superior General, con la buena noticia de su destino a Uganda, que comenzaría el 1 de julio. Tras unas vacaciones familiares de tres meses, el Padre Juan Manuel viajó a Kampala, donde el Padre Filippi Giuseppe, Superior Provincial, tras una conversación fraterna, lo asignó a la parroquia de Opit, diócesis de Gulu, donde había servido previamente de 1979 a 1982. En 2008, fue nombrado ecónomo de la comunidad local. Permaneció en Opit hasta abril de 2012, cuando se trasladó a la parroquia de Gulu Center, donde permaneció hasta octubre de 2012. En noviembre, fue asignado a la parroquia de Kitgum, donde también hay un centro pastoral. En febrero de 2015, estuvo en la parroquia de Aliwang, en la diócesis de Lira, hasta junio de 2015, cuando se trasladó a la cercana Iceme. Allí recibió una carta del Superior General, Padre Tesfaye Tedesse, declarando su destino permanente a la Provincia de México a partir del 1 de julio de 2021.

Pero el Padre Juan Manuel quería continuar su estancia en África, sumándose a los 40 años de misión que ya llevaba en el continente. Allí es donde pertenece; solo allí se siente a gusto. Esta fue probablemente la prueba más difícil de su vida, porque presentía que había llegado el mo-mento de despedirse de la misión que tanto amaba y por la que vivía. En cualquier caso, no tenía prisa por partir. Más aún ahora que la beatificación del Padre Giuseppe Ambrosoli, ya prevista para el 20 de noviembre de 2022, está a la vista. El Padre Tesfaye, en una carta fechada el 17 de octubre de 2022, lo llama a la obediencia y fija una nueva fecha límite para su regreso a su patria: el 30 de noviembre de 2022.

En los diversos Anuarios Combonianos publicados durante ese período varias veces al año, su nombre aparece durante mucho tiempo como “en espera de asignación”. En noviembre de 2023, figura como miembro de a parroquia del Sagrado Corazón de La Paz. Pero en abril de 2025, fue asignado a la comunidad de hermanos ancianos y enfermos, llamada Oasis, en Guadalajara, donde el Señor lo llamó a sí unos días después, el 30 de mayo.

El Padre Juan Manuel permanecerá en la memoria comboniana como un misionero de una sencillez franca, genuina, casi cautivadora, admirado por su desapego, su auténtico espíritu de pobreza, su pasión por África y su capacidad de vivir siempre agradecido y contento en su vocación.

Padre Enrique Sánchez González, mccj, y F.M.