El arzobispo Tesfaye Tadesse, elegido presidente de la Conferencia Episcopal de Etiopía

El arzobispo de Adís Abeba, mons. Tesfaye (Tesfasilasie) Tadesse Gebresilasie, misionero comboniano, ha sido elegido nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Etiopía, según anunció ayer este organismo eclesial en su página web.

Mons. Tesfaye, misionero comboniano, fue elegido y nombrado nuevo presidente de la nueva Conferencia Episcopal Católica de Etiopía (CBCE) el 6 de agosto de 2026, durante la 60.ª Asamblea Anual Ordinaria celebrada en Adís Abeba. Asume también el cargo de canciller de la Universidad Católica de Etiopía en virtud de su cargo.

La elección se produce tras el retiro del cardenal Berhaneyesus Demerew Souraphiel, C.M., quien se desempeñó como presidente de la Conferencia y canciller de la Universidad Católica de Etiopía durante muchos años.

«La Conferencia Episcopal Católica de Etiopía expresa su profundo agradecimiento a Su Eminencia el cardenal Abune Berhaneyesus por su dedicado liderazgo durante los últimos 28 años. Gracias a su visión, compromiso y guía pastoral, la Conferencia logró un crecimiento significativo y numerosos logros en su misión de servir a la Iglesia y a la sociedad en Etiopía”, afirma la CBCE en un comunicado.

«La Conferencia – añade el comunicado – extiende sus más sinceras felicitaciones y mejores deseos a Su Excelencia el arzobispo Tesfaselassie Tadesse con motivo de su elección. Unidos en oración, los obispos piden a Dios que derrame abundantes bendiciones sobre su ministerio y liderazgo, con la confianza de que su servicio como presidente será fructífero y lleno de gracia para la Iglesia en Etiopía».

Mons. Tesfaye inaugurará su servicio como nuevo arzobispo de Adís Abeba el 6 de septiembre de 2026.

comboni.org

Provincia de México: Ejercicios espirituales y Asamblea Provincial. Dos semanas intensas de oración, discernimiento y fraternidad

La Provincia comboniana de México ha vivido estas dos últimas semanas un tiempo muy intenso de oración, discernimiento y encuentro fraterno de todos sus miembros con los ejercicios espirituales y la Asamblea Provincial que se celebraron en la casa provincial de Xochimilco.

Del 27 al 31 de julio más de una veintena de miembros de la Provincia de México vivimos un tiempo especial de oración y recogimiento en los ejercicios espirituales animados por el P. Juan Martín Rodríguez, misionero comboniano mexicano, Provincial de Ecuador.

Ejercicios espirituales, animados por el P. Juan Martín Rodríguez

Con un lenguaje sencillo, cercano y fraterno, y compartiendo desde su propia experiencia espiritual y misionera, el P. Juan Martín nos invitó a hacer historia, a volver a los orígenes del llamado que un día recibimos del Señor para, a partir de ahí, vivir en acción de gracias y en disponibilidad lo que Dios nos llama a ser y a vivir hoy como religiosos y combonianos. Fueron cinco días intensos en los que el clima, el hermoso entorno natural de la casa de Xochimilco y la maravillosa acogida de su comunidad nos ayudaron a ponernos en presencia de Dios para retomar fuerzas y seguir caminando en el seguimiento de Cristo a través de nuestro carisma comboniano.

Participantes en los ejercicios

Después de un fin de semana de descanso, el martes 4 de agosto dio comienzo la Asamblea Provincial, en la que participó un buen número de padres y hermanos miembros de la Provincia.

Asamblea Provincial

Los dos primeros días estuvieron dedicados casi íntegramente al tema de la reunificación de ciscunscripciones, más concretamente, a nuestra unificación con la Provincia de Centroamérica. Por ello, también participaron en nuestra Asamblea el P. Jorge Ochoa, Provincial de Estados Unidos; y el P. Enrique Sánchez, Provincial de Centroamérica.

El primer día contamos con la ayuda de la Dra. Ana Lilia Vera Perdono, quien nos dio una ponencia sobre el tema de la globalización en relación a nuestro proceso de reunificación. La globalización nos transforma y nos invita a hablar de lo que nos une. A partir de su inteervención y de la realidad que vivimos nos dimos un tiempo de reflexión personal y en grupos con las siguientes preguntas:

Ponencia de la Dra. Ana Lilia Vera

Reflexión personal:
1.- Delante del Señor, ¿Cómo me siento con todo este tema de la unificación?
2.- ¿Cuáles son mis temores y esperanzas?
3.- ¿Estoy dispuesto, y cómo, a colaborar con el Instituto ante este proceso inminente?

Reflexión por secretariados:
1.- Retos que vislumbramos
2.- ¿Cómo se conformarían esos servicios?
3.- ¿Qué oportunidades tendríamos?

La reflexión fue muy enriquecedora y nos ayudó a vivir este proceso con confianza y esperanza. El próximo mes de septiembre tendremos la visita del Superior General, que se reunirá con las comisiones creadas en México y Centroamérica para seguir avanzando en el proceso.

Asamblea Provincial

El último día de la Asamblea estuvo dedicado a los reportes de los diferentes secretariados y del propio Consejo Provincial, para evaluar el camino que hemos ido haciendo este año como Provincia y programar y planificar el próximo curso.

No faltaron tampoco los momentos de esparcimiento, deporte y convivencia, que ayudaron a que el ambiente fuera muy alegre y fraterno durante toda la asamblea.

Curso Latinoamericano de Animación Misionera

Del 28 de junio al 24 de julio se está desarrollando en la sede de las OMPE (Obras Misionales Pontificio Episcopales de México) la 48ª edición del Curso Latinoamericano de Animación Misionera (CLAEM).

www.fides.org
Fotos: PUM/OMPE México

«No es la Iglesia la que tiene una misión, sino la misión de Dios la que tiene una Iglesia». Este es el eje central de la reflexión propuesta por el padre John Kennedy Joseph, misionero del Verbo Divino, profesor en diversas instituciones de educación superior en México y especialista en eclesiología y pastoral, durante la cuadragésima octava edición del Curso Latinoamericano de Animación Misionera (CLAEM), uno de los principales espacios de formación misionera en América Latina.

El Curso, que se desarrolla del 28 de junio al 24 de julio, ofrece un itinerario de profundización teológica y pastoral sobre la «Missio Dei», la iniciativa trinitaria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que envía a la Iglesia a participar, como sacramento del Reino, en su obra de reconciliación, justicia y salvación en la historia.

Un camino bíblico y teológico

El CLAEM, organizado en Ciudad de México por las Pontificias Obras Misionales en colaboración con el Instituto Intercontinental de Misionología, reúne durante cuatro semanas a directores diocesanos de misiones, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y laicos implicados en la animación misionera. El objetivo es fortalecer su formación bíblica, teológica y pastoral.

El camino de reflexión sobre la Missio Dei comienza con las grandes páginas del Antiguo Testamento: desde la vocación de Abrahán y la historia del pueblo liberado de Egipto hasta la figura del Siervo del Señor y el ministerio profético, la misión se presenta como un hilo conductor que atraviesa toda la Escritura, preparando la plena revelación del designio salvífico de Dios en Jesucristo.

La primera semana, animada por la hermana María del Socorro Becerra Molina, HMSP, ha permitido volver a leer la historia de la salvación como expresión de la misericordia de Dios que ve la aflicción, escucha el clamor de los pobres y desciende para liberar, y ayudó a contemplar al Espíritu Santo como verdadero protagonista de la evangelización, a partir de Pentecostés y de los Hechos de los Apóstoles.

La misión como «forma histórica del amor trinitario»

Durante la segunda semana, el padre John Kennedy Joseph ha dedicada varias conferencias a la eclesiología de la misión, desarrollando su fórmula: «No es la Iglesia la que tiene una misión, sino la misión de Dios la que tiene una Iglesia». Desde esta perspectiva, la misión de la Iglesia nace de la misión de Cristo, enviado a su vez por el Padre, y se despliega bajo la fuerza del Espíritu; por ello, explicó el ponente, «toda misión cristiana es trinitaria: encuentra su origen en el Padre, su forma en Cristo y su fuerza en el Espíritu».

Lejos de toda lógica de conquista o de propaganda religiosa, la Missio Dei es, según el padre John Kennedy, la forma que toma históricamente el amor trinitario: Dios crea, llama, libera, perdona, sana y reconcilia, y la Iglesia existe para servir y dar testimonio de este amor en contextos concretos.

De este modo, la misionología (que contempla la Missio Dei) y la eclesiología del Pueblo de Dios aparecen íntimamente vinculadas: la misión como iniciativa del Dios Uno y Trino está relacionada con la Iglesia, pueblo histórico y sacramental, como forma concreta a través de la cual este amor se manifiesta en las culturas, en los territorios y en las periferias.

Pueblo de Dios, territorio y semillas del Reino

El padre John Kennedy Joseph también ha vuelto a proponer la renovación eclesiológica del Concilio Vaticano II a la luz de la noción de Missio Dei, insistiendo en la categoría de «Pueblo de Dios». A la luz de la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium, ha recordado que la Iglesia no se define ante todo como una sociedad perfecta, sino como misterio de comunión, pueblo convocado por Dios y sacramento de salvación, en el que el bautismo funda la igualdad radical entre todos los fieles.

Se trata de un pueblo descrito como una comunidad histórica, visible y situada, que vive en culturas determinadas, habita territorios concretos, afronta conflictos reales y discierne los signos de los tiempos en medio de pueblos concretos. El territorio, por tanto, no es solamente un espacio geográfico, sino un lugar marcado por la vida del pueblo que lo habita, con su memoria, sus sufrimientos y sus esperanzas.

«Jesús no anunció en primer lugar la Iglesia, sino el Reino. La Iglesia existe para servir al Reino». Una vocación –ha recordado el padre Kennedy– que se realiza encontrando el modo de caminar juntos. Por ello, la auténtica sinodalidad en la Iglesia no es una invención metodológica ni una receta de «construcción de equipos», sino la forma histórica experimentada de la vida como Pueblo de Dios: laicos, mujeres, jóvenes, pobres, pueblos indígenas, migrantes, víctimas, ministros ordenados y consagrados, llamados a vivir y discernir juntos lo que el Espíritu pide, orientados al servicio de la misión.

Es el pueblo de una «Iglesia en salida» –según la expresión desarrollada por el Papa Francisco–, solícita en acercarse a los excluidos y en servir al Reino en sociedades marcadas por la injusticia, la violencia y las crisis ecológicas.

Para el padre Kennedy, el Reino constituye, por tanto, el horizonte de la misión. Don gratuito de Dios y tarea histórica, se hace visible allí donde se manifiestan la vida, la justicia, la reconciliación, la fraternidad y la paz, especialmente entre los pobres y excluidos, según las grandes intuiciones desarrolladas y asumidas después del Concilio Vaticano II también en las grandes Asambleas continentales de las Iglesias latinoamericanas de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007).

Chad: Renuncia de Mons. Miguel Ángel Sebastián, obispo de Sarh.

El jueves 16 de julio de 2026 el Santo Padre aceptó la renuncia al cargo pastoral de la diócesis de Sarh en Chad (África Central), presentada por el comboniano Mons. Miguel Ángel Sebastián Martínez, según anunció la Oficina de Prensa del Vaticano. Mons. Miguel Ángel cumplió 75 años el 28 de septiembre de 2025, fecha en que presentó su renuncia al Papa León XIV.

El misionero comboniano de origen español fue nombrado obispo de Laï, Chad, el 28 de noviembre de 1998 y consagrado el 14 de febrero de 1999. El 30 de enero de 2014, fue nombrado administrador apostólico de la diócesis de Doba, en el mismo país, cargo que ocupó hasta el 18 de febrero de 2017. El papa Francisco lo nombró obispo de Sarh el 10 de octubre de 2018, y tomó posesión del cargo un mes después.

Mons. Miguel Ángel formó parte del primer grupo de misioneros combonianos que llegaron a Chad en 1977, país en el que trabajó durante casi medio siglo, primero como sacerdote y luego como obispo.

«Su ministerio episcopal se caracterizó por la generosidad, la fe y un espíritu de servicio, a través de una presencia atenta y paternal, capaz de ofrecer guía, escucha y cercanía a tantos. Su dedicación fue un auténtico signo de comunión, esperanza y testimonio evangélico para la comunidad cristiana y para todos los que tuvieron la alegría de conocerle», escribió el Superior General de los Misioneros Combonianos, el padre Luigi Codianni, en su mensaje de agradecimiento al prelado emérito de Sarh.

El capuchino Jean Miguina, nuevo obispo de Sarh

El Papa León XIV nombró al P. Jean Miguina, OFM Cap., como nuevo obispo de Sarh.

Jean Miguina nació el 12 de septiembre de 1978 en Laï, en la diócesis del mismo nombre. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2009 en Moundou. Desde 2024, es miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis de Moundou; Asistente espiritual de las Hermanas Franciscanas de Donia; profesor de latín en el Seminario Mayor Saint Mbaga Tuzinde en Sarh. Además, dentro de la Orden Capuchina, es responsable de los aspirantes capuchinos de Chad, así como consejero y custodio de la Custodia de Chad y de la República Centroafricana, y miembro de la Comisión Jurídica.

Carta del Consejo General a las comunidades que viven en tierras marcadas por la prueba

«Como Misioneros Combonianos, queremos renovar ante ustedes nuestro sí: sí al Evangelio; sí a los pueblos olvidados; sí a la justicia; sí a una paz construida con paciencia; sí a la dignidad de toda persona; y sí a una misión vivida como compartir la vida.» (Consejo General)

«Yo estoy con ustedes»
«Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mt 28,20b)

Queridos hermanos y hermanas:

Les escribimos mientras nuestro mundo sigue siendo herido por las guerras, la violencia, las graves crisis alimentarias, las persecuciones, las injusticias, la inestabilidad política, las catástrofes naturales y las migraciones forzadas. Muchos de ustedes viven cada día bajo el peso del miedo, la incertidumbre y el duelo. Demasiados niños están aprendiendo demasiado pronto el lenguaje de las armas en lugar del lenguaje de la esperanza.

Como Misioneros Combonianos, no podemos contemplar estos sufrimientos desde la distancia. Habitan nuestra oración, interpelan nuestra conciencia y modelan nuestra misión. Allí donde uno de los pueblos entre los que vivimos sufre, toda nuestra familia misionera sufre con él.

San Daniel Comboni comprendió que la misión nace al pie de la Cruz. No porque amara el sufrimiento, sino porque había contemplado el Corazón de Cristo, traspasado por amor al mundo. En ese Corazón abierto descubrió a un Dios que no salva desde lo alto de su poder, sino entrando en nuestra fragilidad humana. Por eso, Comboni hizo de toda su vida una única opción: hacer causa común con los pueblos más pobres y abandonados a los que había sido enviado.

Hoy esa opción continúa. Hacer causa común con los últimos significa llorar con quienes lloran, esperar con quienes esperan, permanecer cuando otros se marchan, compartir el poco pan que hay y custodiar la dignidad de toda persona cuando todo parece querer borrarla. Significa creer que ningún pueblo ha sido olvidado por Dios y que ninguna periferia está lejos de su Corazón.

Ustedes, hermanos y hermanas que viven en tierras marcadas por la prueba, no son simplemente destinatarios de nuestra misión: son maestros de nuestra fe. Nos enseñan que la esperanza no es optimismo, sino una decisión del corazón. Esperar es encender una lámpara cuando alrededor parece imponerse la oscuridad de la noche.

Nos enseñan que la fraternidad no es una teoría: es compartir el poco arroz que queda con quien llega después de nosotros; es seguir llamándonos hermanos y hermanas cuando la guerra quiere convertir a cada vecino en un enemigo; es creer en la fuerza del Evangelio precisamente cuando parece más frágil.

Nosotros reconocemos a Cristo Resucitado en sus comunidades que continúan orando, en las catequistas y los catequistas que perseveran en su servicio, en las madres que protegen la vida, en los jóvenes que rechazan el odio y en los ancianos que siguen bendiciendo. ¡Esta es la Pascua que crece silenciosamente en la historia!

La violencia pretende convencernos de que la última palabra pertenece a la muerte. Nosotros creemos lo contrario: la última palabra pertenece al Dios de la vida. Por eso, la Iglesia sigue siendo una presencia profética, y cada discípulo y discípula está llamado a defender la dignidad del otro, tendiendo puentes donde otros levantan muros, educando, curando, orando y perdonando.

También nuestros misioneros y misioneras comparten este camino. No son héroes, sino hermanos y hermanas que han elegido, junto con ustedes, habitar esta historia porque Dios mismo sigue habitándola. Su presencia no elimina el dolor, pero hace que sea menos solitario.

A quienes sienten en su corazón la tentación del desaliento les decimos: no se dejen robar la esperanza. La esperanza no nace de que las cosas marchen bien, sino de la certeza de que Dios entró en la noche del mundo y salió de ella vivo.

Cada vez que ustedes eligen la reconciliación en lugar de la venganza, cada vez que protegen una vida frágil, cada vez que comparten el pan y oran por quienes los persiguen, Cristo sigue resucitando.

Como Misioneros Combonianos, queremos renovar ante ustedes nuestro sí: sí al Evangelio; sí a los pueblos olvidados; sí a la justicia; sí a una paz construida con paciencia; sí a la dignidad de toda persona; y sí a una misión vivida como compartir la vida. Seguiremos haciendo oír la voz de quienes con demasiada frecuencia no son escuchados, denunciando todo aquello que hiere la dignidad de los pueblos y anunciando que ningún poder, ninguna arma y ningún interés económico podrán apagar el sueño de Dios para la humanidad.

El Corazón de Jesús, abierto en la Cruz, continúa derramando también hoy su misericordia sobre el mundo. Entremos también nosotros en ese Corazón y aprendamos a mirar a cada persona como a un hermano o una hermana, y a cada pueblo como una sola familia.

Que María, Madre de la Esperanza, camine junto a sus familias. Y que San Daniel Comboni nos alcance el valor de permanecer fieles hasta el final, con el corazón abierto, las manos siempre dispuestas al servicio y la mirada fija en el Reino que ya está creciendo —muchas veces oculto— entre las heridas de la historia.

Los llevamos a todos en nuestro corazón. Cada día. Cada vez que celebramos la Eucaristía. Cada vez que pronunciamos el nombre de Jesús.

Fraternalmente,

El Consejo General
Roma, 14 de julio de 2026

Sudán: el Comboni College reabre en Jartum

El sábado 4 de julio de 2026, el Comboni College de Jartum anunció que la escuela básica y la escuela secundaria reabrirán sus puertas en septiembre para el año académico 2026-2027, dando la bienvenida a los estudiantes después de más de tres años de cierre forzoso.

Cuando estalló la guerra en Jartum el sábado 15 de abril de 2023, el Comboni College era una próspera comunidad educativa. En aquel momento, 1.055 alumnos estaban matriculados en la escuela básica, 827 estudiantes asistían a la escuela secundaria y 786 cursaban estudios en el Comboni College de Ciencia y Tecnología.

En cuestión de horas, la vida de esta comunidad educativa quedó completamente trastocada. Los estudiantes, sus familias, los profesores y la comunidad comboniana se vieron obligados a huir de la capital en busca de seguridad, mientras los feroces combates entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) devastaban la ciudad, destruyendo no solo edificios e infraestructuras, sino también las esperanzas y los sueños de miles de personas.

Jartum permaneció bajo el control de las RSF hasta marzo de 2025, cuando las SAF recuperaron la capital, abriendo así el camino para el regreso gradual de los residentes y el largo proceso de reconstrucción.

Cuando por fin pudimos regresar al Comboni College, la escena que se presentó ante nosotros era desgarradora. Todos y cada uno de los cables eléctricos que rodeaban nuestro campus educativo habían sido arrancados. El sistema de agua, destruido. Las computadoras, los aires acondicionados y el equipamiento digital, saqueados. Las paredes estaban marcadas por cientos de impactos de bala y fuego de artillería. En el patio, donde generaciones de niños habían jugado, reído y soñado, yacían los cuerpos de los combatientes de las RSF caídos durante la batalla por la zona.

Sin embargo, en medio de tanta devastación, los Misioneros Combonianos también se dieron cuenta de lo afortunados que habían sido. A diferencia de muchos edificios vecinos que habían sido reducidos a escombros, incendiados o gravemente dañados, las estructuras principales del Comboni College seguían en pie. Habían sobrevivido a la guerra y podían convertirse en el cimiento de un nuevo comienzo.

El sábado 4 de julio de 2026, el Comboni College de Jartum anunció que la escuela básica y la escuela secundaria reabrirán sus puertas en septiembre para el año académico 2026-2027, dando la bienvenida a los estudiantes después de más de tres años de cierre forzoso.

El Comboni College de Ciencia y Tecnología, que había trasladado sus operaciones a Puerto Sudán desde noviembre de 2023, continúa buscando financiación para rehabilitar sus instalaciones en Jartum. Su esperanza es reanudar las actividades académicas en 2027.

La reapertura del Comboni College en Jartum —una institución que ha formado a generaciones de estudiantes sudaneses y sursudaneses desde su fundación en 1929— es mucho más que la reapertura de una escuela. Es un signo tangible de esperanza para los casi seis millones de habitantes del estado de Jartum mientras se esfuerzan por reconstruir su ciudad, sus comunidades y su futuro.

Padre Jorge Naranjo, mccj