San Pedro Claver, el esclavo de los esclavos

El 9 de septiembre se celebra la fiesta de San Pedro Claver, el gran misionero de los esclavos. Los Misioneros Combonianos lo tenemos como patrono de nuestro instituto. Este recorrido histórico por su vida y su obra fue publicado en la revista Mundo Negro de España (MN septiembre 2011, pp. 41-46), gracias a la estimable colaboración del P. Tulio Aristizábal, jesuita y gran conocedor de la vida y la historia de este gran misionero. El P. Tulio fue durante muchos años el custodio del santuario de San Pedro Claver en Cartagena de Indias (Colombia), donde se conservan los restos del que se autoproclamó “esclavo de los esclavos”.

El santuario de San Pedro Claver se encuentra en el casco histórico de Cartagena de Indias, justo frente al puerto al que llegaban los barcos negreros procedentes de África y del que salían las naves cargadas con todo tipo de mercancías rumbo a Europa. Cartagena era puerta de entrada y de salida para toda Sudamérica.

Santuario actual de San Pedro Claver

Hoy el santuario es una parroquia singular. Sus fieles son los turistas que llegan, admiradores y devotos de San Pedro Claver, gente que vive en los alrededores y algún que otro vendedor ambulante que, antes de poner su puesto en la calle, acude a Misa.

Los jesuitas llegaron Colombia en 1604 y se encontraron con el gran problema de la esclavitud. Al principio se instalan en una casa pequeña en el centro de la ciudad. Poco después, el gobernador les cede un terreno en una zona privilegiada, en el puerto principal de la ciudad.

 Pedro Claver nació en Verdú, provincia de Lleida, en España, el 26 de junio de 1580. Fue enviado a estudiar a la isla de Mallorca. Allí se hizo muy amigo del portero del colegio, Alonso Rodríguez, quien empieza a inspirarle la vocación a la misión, especialmente a la misión en las Indias. Pedro pide ir a América y en segundo año de Teología es enviado a la Provincia jesuita de Nueva Granada (que comprendía lo que hoy son Colombia y Venezuela).

Así pues, el joven Pedro Claver llega a Cartagena sin ser aún sacerdote y con la orden de ir a Santa Fe de Bogotá para terminar sus estudios. Al llegar a Cartagena se encuentra con el drama de la esclavitud y conoce al P. Alonso de Sandoval, encargado de atender a los esclavos. Pedro no fue el primero ni el último en dedicarse a los esclavos llegados de África, sino que fue uno de tantos, aunque también uno de los más grandes.

El trabajo del P. Sandoval despierta en él un enorme entusiasmo y una gran admiración, y pide a sus superiores ser enviado a Cartagena para ayudarle. Sin embargo, debe primero terminar su formación. Va a Bogotá para completar sus estudios de Teología y en 1615 regresa a Cartagena, donde recibe la ordenación sacerdotal al año siguiente. Desde entonces y hasta el momento de su muerte se dedicará plenamente a atender a los esclavos. Se dedicará a esa obra en cuerpo y alma durante 38 años.

Pintura sobre San Pedro Claver, curando a los enfermos esclavos

Tras la muerte de Pedro Claver, los jesuitas continuaron su trabajo, compaginando la atención y la catequización de los esclavos negros con la educación de los hijos de los españoles. Todavía se conserva una lista con todos los sacerdotes que sucedieron a Pedro Claver en ese trabajo, hasta que en 1767 el rey Carlos III expulsa a la Compañía de Jesús de España y de todas sus colonias. Los jesuitas se ven obligados a abandonar Cartagena y el edificio se convierte entonces en un hospital regentado por los Hermanos de San Juan de Dios. Así permanecerá hasta el final de la colonia y durante los primeros años de la independencia.

Cuando el general Tomás Cipriano de Mosquera alcanza la presidencia de Colombia, dicta un decreto para despojar a todos los religiosos de sus bienes, expulsa a los Hermanos de San Juan de Dios y convierte el edificio en cuartel del Ejército. Así continúa durante todo el siglo XIX, hasta que Mons. Eugenio Biffi, un gran obispo que llega desde Italia, pide al nuevo presidente, Rafael Núñez, la devolución del edificio con el argumento añadido de que la canonización de Pedro Claver estaba en camino.

El nuevo presidente accede a devolver sólo la mitad, puesto que no tenía en aquel entonces donde llevarse al Ejército. El obispo se instala en él. Recuperada parte del edificio y tras la canonización de San Pedro Claver, los jesuitas quieren hacer del lugar un santuario que mantenga viva su memoria y muestre al mundo todo el trabajo que hizo en favor de los esclavos. Quieren resucitar la presencia del P. Claver, donde vivió, donde estaba su aposento, donde trabajaba y acogía a los esclavos… Sin embargo, los jesuitas se encontraron con el problema de la falta de datos.

Dos documentos fueron claves para recuperar la memoria de San Pedro Claver. El primero fue el proceso de canonización. Cuando el P. Claver muere, todo el mundo lo considera un santo y desde todas partes empiezan a escribir cartas al Papa para que lo canonice. El proceso se abre apenas tres años después de su muerte. El tribunal consulta a 153 testigos. Los testimonios son traducidos del español al italiano y al latín, y una parte de ellos se publica en 1696. Ese documento es fundamental para conocer a San Pedro Claver. Es la principal biografía que existe de él, porque no está escrita a través de la interpretación de un autor, sino que son testimonios directos hechos bajo juramento por los que fueron testigos de todo lo que hacía el P. Claver, cómo se vestía, cómo salía a la calle, cómo celebraba la Misa, cómo trataba a los esclavos…

El original del documento en español desapareció. En el año 2000 una historiadora italiana, María Splendiani, se propuso retraducirlo al español. Hoy es lo mejor que hay para conocer la vida y la obra de San Pedro Claver.

El segundo documento son dos placas, una de mármol negro y otra de mármol blanco. Las dos contienen la misma inscripción: “En este aposento murió el venerable P. Pedro Claver el 8 de septiembre de 1654”. Ambas placas habían sido removidas de su lugar y fueron encontradas en un rincón perdido del santuario. Se encontró un agujero en uno de los muros con las medidas justas de una de las placas. Justo en la entrada de un cuarto en el piso superior está una de las dos placas y en el interior se encuentra la otra. Se trata de la enfermería del colegio, en la que Pedro Claver pasó los cuatro últimos años de su vida.

Aposento donde murió S. Pedro Claver. Al fondo, la placa de mármol que así lo identifica.

En el libro del proceso se habla también con todo detalle de dónde vivía, dónde pasaba la mayor parte de su tiempo. Esa descripción coincide total y únicamente con uno de los cuartos del santuario. El libro dice que era un aposento muy oscuro, que no entraba apenas el sol, pero que a través de las ventanas se veía el puerto. Desde uno de los ventanucos, aunque la vista está ahora tapada por una construcción, es evidente que entonces se podía ver el puerto principal de Cartagena, de tal manera que Pedro Claver veía la llegada de los barcos negreros.

Dice también el libro que en su aposento había un lugar en el que almacenaba las ropas, las medicinas y los alimentos que la gente buena le daba para sus esclavos y que bien podía ser este sitio. No hay en toda la casa otro cuarto que sea así. Los demás son o muy claros o muy estrechos, pero que coincidan con la descripción del libro, no hay ninguno; por lo que ese lugar quedó moralmente identificado como el aposento de San Pedro Claver.

Cuarto de S. Pedro Claver, con el ventanuco desde el que veía el puerto a donde llegaban los esclavos.

En un cuarto contiguo dormía el grupito de esclavos que Pedro Claver tenía a su servicio para que le ayudaran, sobre todo como intérpretes. Aunque Pedro sabía la lengua de Angola, necesitaba intérpretes para las otras lenguas y dialectos de otras partes de África.

Los esclavos llegaban físicamente agotados y moralmente hundidos, porque habían sido obligados a abandonar todo y estaban convencidos de que los habían llevado para matarlos y comérselos. La primera labor era tranquilizarlos y decirles que aunque iban a tener una situación difícil, nadie los iba a matar ni a comer. Dice el libro que, más que las palabras, era la actitud del P. Claver la que los conquistaba, que los rescataba de esa sensación de nulidad y hacía que se sintieran personas dignas de respeto. Ésa fue la principal labor de Pedro Claver durante toda su vida.

El P. Claver murió el 8 de septiembre de 1654 a las dos de la mañana. Cuando amaneció y se empezó a correr la voz entre los esclavos, aquello fue algo espectacular. Entraron en el convento, subían y bajaban por las escaleras, le cortaban trozos del vestido y hasta le cortaron las uñas de los pies para tener algún recuerdo suyo. El rector se puso muy nervioso ante la multitud que estaba entrando en el colegio. Entonces dio orden de que lo enterraran inmediatamente, a las 8 de la mañana. Cuando el gobernador de Cartagena, Pedro Zapata Mendoza, lo supo, suplicó al rector que aplazase el entierro hasta el día siguiente para poder avisar a la gente de Cartagena, ya que el P. Claver era una persona muy especial y la ciudad le debía mucho. El rector aceptó y Pedro Claver fue enterrado al día siguiente, el 9 de septiembre.

Tres meses antes de morir, Pedro había dicho al Hno. González, el sacristán, que quería que lo enterraran debajo de su confesonario, situado en la puerta del perdón, una puerta lateral de la iglesia y desde el que se veía la capilla de la Virgen del Milagro, en la que Pedro Claver había celebrado su primera Misa y por la que sentía una especial devoción. El Hno. González, sin embargo, y para evitar que la gente pisara su sepulcro al entrar y salir de la iglesia, le propuso enterrarlo en la capilla del Cristo, que se hallaba en la sacristía. Ese fue su primer sepulcro.

Tres años y medio después, el provincial de los jesuitas vio que los esclavos traían a sus enfermos, especialmente a los niños, y los colocaban justo sobre el sepulcro del P. Claver para que los curara. Eso suponía dos problemas: uno de higiene y otro debido al hecho de que se estaba empezando a rendir culto a un difunto, algo que no estaba permitido sin la correspondiente autorización de las autoridades eclesiásticas. Dio orden de que lo desenterraran, abrieran un hueco en el muro de la capilla, colocasen allí el cadáver y lo cerrasen con unas maderas y una puerta para que nadie pudiese acercarse. Allí estuvo hasta que se construyó la nueva iglesia.

Una vez que había preparado a los catecúmenos, Pedro los reunía en el claustro, los repartía en grupos y los bautizaba dando un nombre a cada grupo. Ellos conservaban ese nombre y añadían como apellido su nombre original de África.

Claustro donde S. Pedro Claver instruía a los catecúmenos.

La iglesia actual es de estilo colonial, grande, amplia, con el suelo de mármol italiano y muy bien iluminada. El P. Claver no la conoció. En su lugar se encontraban entonces los campos de juego de los muchachos. Ya entrado el siglo XVIII, la ciudad había crecido y la vieja iglesia se había quedado pequeña. Dos jesuitas, uno alemán y otro holandés, construyeron el templo 50 años después de la muerte del P. Claver.

En 1746, cuando la construcción de la nueva iglesia estaba bastante avanzada, el Papa Benedicto XIV vio la importancia que estaba tomando la fama y la devoción hacia Pedro Claver y empezó a considerar la conveniencia de declararlo santo. Se le dio el título de venerable. Se trasladaron sus restos de la vieja y pequeña iglesia, ya medio demolida, y se colocaron en una de las columnas que sostienen la cúpula. En dicha columna hay hoy una gran placa de mármol con una inscripción que así lo certifica. Ahí estuvo durante el tiempo en que los jesuitas abandonaron la ciudad tras ser expulsados por el rey y el lugar pasó a manos de los Hermanos de San Juan de Dios quienes respetaron siempre la tumba de Pedro Claver.

Cuando todo pasó a manos del Ejército, lo primero que hicieron fue abrir las tumbas de todos los jesuitas buscando posibles tesoros, pero la del P. Pedro Claver no la tocaron, por respeto y también por temor, ya que era tenido por todos como un santo.

Cuando el obispo Eugenio Biffi recupera la iglesia y se instala en el colegio, constata con tristeza que el templo se había convertido en una pesebrera y lo primero que hace es vallarlo, restaurarlo y adecentarlo. Como era italiano, hizo llegar de Italia todo el mármol que pudo. Todo el piso y el retablo de la iglesia están hechos con mármol de Carrara.

En 1888 el P. Pedro Claver es proclamado santo por el Papa León XIII y sus restos son trasladados de la columna al altar mayor –también de mármol, evidentemente–, que es donde reposan en la actualidad. Debajo del altar se aprecia una urna de cristal y madera tallada, decorada con piezas doradas, que contiene actualmente sus restos.

A través del cristal se puede ver sin dificultad el cráneo del que fue esclavo de los esclavos. El esqueleto no está completo porque muchos huesos fueron llevados a otras iglesias como reliquias. Es una tumba muy visitada por peregrinos llegados de todas las partes del mundo.

Restos de S. Pedro Claver en el Santuario de Cartagena de Indias (Colombia)

“El esclavo de los esclavos para siempre” –así firmó el propio Pedro Claver su profesión solemne– es hoy venerado por la Iglesia misionera, que lo tiene como patrono de las misiones entre los negros. En 1985 el Congreso de la República de Colombia lo proclamó “defensor de los derechos humanos”.