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De las “tierras de misión” a la Iglesia en salida: cien años que han cambiado el rostro de la misión

Con motivo de la 100.ª Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra el 18 de octubre de 2026, propongo a los lectores de www.comboni2000.org un intento de recorrer la evolución de la conciencia misionera de la Iglesia a través de una sucesión de documentos sobre la misión. Me atrevería incluso a invitar a descubrir en ellos un hilo conductor que atraviesa cuatro siglos de historia, a partir de la institución de Propaganda Fide en 1622.

Con ocasión de la 100.ª Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra el 18 de octubre de 2026, resulta particularmente significativo releer no simplemente una sucesión de documentos, sino la evolución de la conciencia misionera de la Iglesia. La Jornada fue instituida por Pío XI en 1926, a propuesta de la Obra de la Propagación de la Fe; León XIV ha indicado para el centenario el tema «Uno en Cristo, unidos en la misión».

Una selección de los documentos fundamentales

FechaDocumentoAutorContribución a la evolución de la misión
1659Instrucción a los Vicarios apostólicosPropaganda FideAnticipa dos ideas destinadas a ser decisivas: clero autóctono y respeto de las culturas. Los misioneros no deben exportar Europa, sus costumbres o identidades nacionales, sino el Evangelio. Es una temprana intuición de la inculturación.
1919Maximum illudBenedicto XVEs el gran giro misionero contemporáneo: separa explícitamente misión y nacionalismo/colonialismo, insiste en la formación del clero local y presenta la misión como responsabilidad universal de la Iglesia.
1922Romanorum PontificumPío XIConvierte en pontificia la Obra de la Propagación de la Fe, reforzando una red universal de cooperación misionera.
1926Rerum EcclesiaePío XIHace avanzar la idea de que el resultado de la misión no debe ser una dependencia permanente del misionero extranjero, sino la constitución de Iglesias locales maduras, con clero y, progresivamente, episcopado propios.
1926Institución de la Jornada Mundial de las MisionesPío XILa misión deja de percibirse como tarea de algunos institutos especializados: cada diócesis, parroquia y fiel participa mediante la oración, las vocaciones y la solidaridad.
1951Evangelii PraeconesPío XIIProfundiza en la atención a las culturas de los pueblos y al nacimiento de Iglesias plenamente arraigadas en sus respectivos entornos sociales y culturales.
1957Fidei DonumPío XIIIntroduce un giro eclesiológico: también las diócesis ya constituidas envían a sus propios sacerdotes a otras Iglesias. La misión se convierte en comunión e intercambio de dones entre Iglesias particulares.
1959Princeps PastorumJuan XXIIILleva a madurez el tema del clero y del laicado locales: las Iglesias jóvenes no son simplemente territorios asistidos por Occidente, sino sujetos responsables de la evangelización.
1964-65Lumen gentium + Ad gentesVaticano IIEl giro decisivo: la misión no es una actividad periférica de la Iglesia, porque la Iglesia es misionera por su propia naturaleza. Su origen está en la misión del Hijo y del Espíritu en el designio del Padre.
1965Nostra aetateVaticano IIInserta la misión en una nueva relación con las religiones: anuncio de Cristo y, al mismo tiempo, diálogo, respeto y discernimiento de las semillas de verdad presentes en las tradiciones religiosas.
1965Dignitatis humanaeVaticano IIEstablece una consecuencia fundamental para el estilo misionero: el acto de fe debe ser libre. Evangelización y coacción son incompatibles.
1965Gaudium et spesVaticano IIAmplía el horizonte: la misión encuentra al ser humano en la historia, la cultura, la sociedad, las alegrías y los sufrimientos. Evangelizar implica diálogo con el mundo y servicio a la humanidad.
1966Ecclesiae SanctaePablo VITraduce Ad gentes a la vida concreta: teología de la misión en la formación eclesial, responsabilidad de las diócesis, cooperación misionera y Jornada Mundial de las Misiones como expresión de la conciencia de todo el Pueblo de Dios.
1975Evangelii nuntiandiPablo VISustituye progresivamente el paradigma restringido de las “misiones” por el más amplio de la evangelización: testimonio, anuncio explícito, conversión personal, transformación de las culturas, promoción humana y comunidad eclesial.
1990Redemptoris missioJuan Pablo IIReafirma la necesidad permanente de la missio ad gentes, distinguiéndola de la pastoral ordinaria y de la nueva evangelización, pero integrándola en la única misión de la Iglesia. Fuerte acento en el Espíritu Santo, el Reino, el diálogo y la inculturación.
1991Diálogo y anuncioPontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso + Congregación para la Evangelización de los PueblosAclara que el diálogo interreligioso y el anuncio no son alternativas: son dos dimensiones auténticas de la misión evangelizadora, aunque no sean intercambiables.
2013Evangelii gaudiumFranciscoColoca la misión en el centro de toda reforma eclesial: «Iglesia en salida», discípulos-misioneros, periferias, conversión pastoral y “estado permanente de misión”. Ya no existen simplemente especialistas de la misión: cada bautizado es sujeto misionero.
2019Centenario de Maximum illud y Mes Misionero ExtraordinarioFranciscoRecupera Maximum illud para relanzar una misión liberada de intereses políticos, económicos y culturales: «Bautizados y enviados» vincula directamente bautismo y misión.
2022Praedicate EvangeliumFranciscoTambién la estructura de la Curia es reinterpretada en clave misionera: nace el Dicasterio para la Evangelización, presidido directamente por el Papa; evangelización y misión asumen simbólicamente una posición central en el gobierno de la Iglesia.
2026«Uno en Cristo, unidos en la misión»León XIVEn el centenario de la Jornada Mundial de las Misiones acentúa la misión como fruto de la comunión en Cristo, colaboración entre Iglesias y carismas, amor de Dios compartido y responsabilidad misionera de todo el Pueblo de Dios.

1. La lejana anticipación: Propaganda Fide y la Instrucción de 1659

Conviene comenzar mucho antes de 1926. Fundada en 1622, la Sagrada Congregación de Propaganda Fide trataba también de sustraer progresivamente la actividad misionera de la dependencia de los intereses de las potencias coloniales europeas. El texto quizá más sorprendente sea la Instrucción de 1659, dirigida a los Vicarios apostólicos en China e Indochina.

La propia Santa Sede la define como una especie de “Magna Charta” de Propaganda Fide y subraya dos elementos: promoción del clero local y respeto de las culturas y tradiciones, salvo aquello que fuera contrario a la fe y a la moral.

Aquí aparece en germen una distinción que se volverá central tres siglos después: evangelizar ≠ occidentalizar.

El misionero lleva el Evangelio, no la cultura de su propia patria. Es la semilla remota de lo que el siglo XX llamará adaptación y, posteriormente, inculturación.

2. Maximum illud (1919): liberar la misión del colonialismo

La verdadera ruptura moderna es la carta apostólica Maximum illud de Benedicto XV, del 30 de noviembre de 1919. Nace inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, cuando el vínculo entre actividad misionera y potencias coloniales europeas aparecía como especialmente problemático.

Benedicto XV insiste en tres cambios:

  • del interés nacional a la misión universal de la Iglesia;
  • del misionero extranjero permanente a la formación del clero autóctono;
  • de la obra de institutos particulares a la responsabilidad eclesial universal.

El misionero no debe tratar de extender la influencia de su propia nación. El objetivo es, por el contrario, el nacimiento de una Iglesia capaz de vivir con sus propios sacerdotes y sus propias estructuras. La biografía oficial vaticana del propio Benedicto XV subraya precisamente la exigencia de preparar un clero indígena capaz de administrarse autónomamente.

Por ello, Maximum illud puede considerarse la puerta de entrada de la misionología católica contemporánea.

3. Pío XI: de la “misión extranjera” a la constitución de las Iglesias locales

Con Rerum Ecclesiae, del 28 de febrero de 1926, Pío XI recoge la herencia de Benedicto XV, pero da un paso más: la misión debe tender a la constitución estable de la Iglesia en cada pueblo, no a perpetuar una estructura dirigida desde el exterior.

Ese mismo año sucede algo pastoralmente revolucionario. El 14 de abril de 1926, a petición de la Obra de la Propagación de la Fe, Pío XI aprueba la institución de la Jornada Misionera para el penúltimo domingo de octubre en toda la Iglesia.

La novedad no es únicamente económica. Mediante la Jornada se educa una nueva conciencia: toda la Iglesia sostiene la misión de toda la Iglesia.

Oración, ofrendas, vocaciones e información misionera transforman progresivamente la relación entre las Iglesias más antiguas y las que están naciendo.

4. Pío XII: de las “misiones” a las Iglesias jóvenes

Con Evangelii Praecones, de 1951, Pío XII puede ya constatar cuánto ha cambiado el panorama en los veinticinco años posteriores a Rerum Ecclesiae.

La perspectiva se desplaza cada vez más de la simple conquista de nuevos territorios a la construcción de comunidades cristianas insertadas en las culturas locales.

Aún más importante es Fidei Donum, de 1957. Pío XII afirma que cada obispo, como sucesor de los Apóstoles, tiene una responsabilidad respecto a la misión de la Iglesia que supera los límites de su propia diócesis.

De aquí nace la experiencia de los sacerdotes fidei donum.

Es un giro decisivo:
antes: Europa “envía misioneros” a territorios dependientes;
ahora: una Iglesia particular ayuda a otra Iglesia particular.

Se prepara así la futura eclesiología conciliar de la communio Ecclesiarum.

5. Juan XXIII: cuando las Iglesias jóvenes se convierten en protagonistas

Con la encíclica Princeps Pastorum, de 1959, Juan XXIII lleva a madurez el tema del clero y del laicado locales. Las Iglesias jóvenes ya no se conciben solamente como destinatarias de la acción misionera, sino como comunidades llamadas a asumir plenamente la responsabilidad de su propia vida y de la evangelización.

Se presta especial atención a la formación, para que sacerdotes, religiosos y laicos puedan actuar de manera realmente arraigada en la cultura y la sociedad de sus respectivos pueblos.

El paso decisivo es, por tanto, este: de Iglesias asistidas desde el exterior a Iglesias locales protagonistas de la misión.

Es una de las premisas más inmediatas de la visión que el Concilio Vaticano II desarrollará pocos años después con Ad gentes.

6. Vaticano II: la revolución eclesiológica de Ad gentes

Aquí se encuentra el paso teológico más profundo de todo el recorrido.

El Decreto Ad gentes, promulgado el 7 de diciembre de 1965, no parte ante todo de los misioneros, de las obras o de los territorios. Parte de Dios.

La Iglesia es enviada porque Dios mismo es misión: el Padre envía al Hijo; el Padre y el Hijo envían al Espíritu; de esta dinámica trinitaria nace el envío de la Iglesia.

Ad gentes define, en efecto, a la Iglesia enviada a las gentes como «sacramento universal de salvación».

El cambio puede expresarse así:
antes: “la Iglesia tiene misiones”;
Vaticano II: “la Iglesia es misionera”.

Esto implica al menos cinco consecuencias.

1) La misión como naturaleza de la Iglesia
No constituye un sector confiado a congregaciones especializadas. Es una dimensión constitutiva de toda la comunidad eclesial.

2) De la plantatio Ecclesiae a la Iglesia local
El objetivo es hacer nacer comunidades plenamente eclesiales, arraigadas en su propio pueblo, con ministerios, carismas y formas de vida propias.

3) Inculturación
El Evangelio debe echar raíces en las culturas, asumiendo cuanto hay en ellas de auténtico y purificándolas desde dentro.

4) Responsabilidad de todos los obispos y de todas las Iglesias
Cada Iglesia particular participa en la misión universal.

5) Misión y testimonio
El anuncio no puede separarse de la vida, la caridad y el servicio.

Significativamente, Ad gentes pide también una transformación de Propaganda Fide: no solo un organismo administrativo, sino un «órgano de dirección dinámica», capaz de utilizar la teología, la metodología y las ciencias pastorales contemporáneas.

7. Los demás documentos conciliares cambian también el modo de entender la misión

Ad gentes no puede aislarse.

Lumen gentium ofrece la nueva eclesiología del Pueblo de Dios: la misión pertenece a todo el pueblo de los bautizados, no solamente al clero o a los religiosos.

Gaudium et spes introduce la actitud de diálogo con la historia y con las aspiraciones de la humanidad. La misión no se desarrolla “fuera” del mundo, sino dentro de las transformaciones culturales y sociales del ser humano.

Nostra aetate modifica profundamente la relación con las demás religiones: el cristiano sigue anunciando a Cristo, pero reconoce, escucha y dialoga con cuanto de verdadero y santo encuentra en las otras tradiciones.

Finalmente, Dignitatis humanae establece un criterio misionero irrenunciable: la fe no puede imponerse. La verdad debe proponerse por su propia fuerza, respetando la dignidad y la libertad de la persona. El Concilio afirma explícitamente que nadie puede ser obligado a abrazar la fe contra su propia voluntad.

Es la superación teológica definitiva de cualquier confusión entre evangelización, poder político y coacción.

8. Pablo VI: de “misión” a “evangelización”

Con el motu proprio Ecclesiae Sanctae, de 1966, Pablo VI aplica concretamente Ad gentes. Pide que la teología de la misión entre en la formación teológica y que la Jornada Mundial de las Misiones sea expresión de la responsabilidad común de todo el Pueblo de Dios.

Pero el documento decisivo es Evangelii nuntiandi, de 1975. Aquí aparece una categoría más amplia que la tradicional de misión: evangelización.

Evangelizar comprende conjuntamente:

  • testimonio de vida;
  • anuncio explícito de Jesucristo;
  • adhesión personal;
  • incorporación a la comunidad eclesial;
  • transformación de las culturas;
  • servicio y promoción del ser humano.

Pablo VI vincula expresamente la exhortación al Vaticano II y afirma que la intención fundamental del Concilio puede entenderse como hacer a la Iglesia contemporánea más capaz de anunciar el Evangelio al hombre contemporáneo.

Se pasa, por tanto, de la pregunta:
«¿Dónde están los territorios de misión?»
a la pregunta:
«¿Cómo puede el Evangelio alcanzar y transformar al ser humano y las culturas?»

9. Juan Pablo II: Redemptoris missio y el reequilibrio entre diálogo y anuncio

A finales de los años ochenta surge una nueva cuestión: si toda la acción de la Iglesia es evangelización, ¿sigue existiendo una misión específica ad gentes?

Juan Pablo II responde con la encíclica Redemptoris missio, de 1990: sí. La misión de Cristo confiada a la Iglesia está todavía lejos de su cumplimiento y la actividad misionera conserva plena actualidad.

La encíclica mantiene unidos diversos elementos que corrían el riesgo de separarse:
Cristo único Salvador — acción universal del Espíritu — valores presentes en las culturas y religiones — diálogo — inculturación — anuncio explícito — libertad de la persona.

Nace una concepción más articulada del panorama eclesial:

  1. pastoral ordinaria, en las comunidades cristianas vivas;
  2. nueva evangelización, allí donde la fe se ha debilitado;
  3. missio ad gentes, hacia pueblos y ambientes en los que Cristo todavía no es realmente conocido.

Esta distinción evita diluir la misión universal en una actividad pastoral genérica.

10. Diálogo interreligioso y misión

Una etapa importante es el documento Diálogo y anuncio, de 1991, elaborado conjuntamente por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

El punto teológico es delicado, pero decisivo:
dialogar no significa renunciar a anunciar;
anunciar no significa rechazar el diálogo.

Ambos pertenecen, de formas diferentes, a la misión evangelizadora. Es uno de los desarrollos más significativos de la línea abierta por Nostra aetate, Ad gentes y Evangelii nuntiandi.

11. Francisco: de la “misión de la Iglesia” a la “Iglesia en salida”

Con Evangelii gaudium (2013) se produce un nuevo desplazamiento.

Francisco no quiere que la misión sea simplemente un sector pastoral. Pide una «conversión misionera» de toda la Iglesia.

La fórmula más conocida es «Iglesia en salida»: cada cristiano y cada comunidad están llamados a abandonar la autorreferencialidad y llegar a las periferias.

El sujeto ya no es solamente “el misionero”, sino el: discípulo-misionero. No se es primero discípulo y después, eventualmente, misionero. Ser alcanzado por el Evangelio genera el envío.

Se completa así una larga transformación:
misioneros → Iglesias misioneras → Pueblo de Dios misionero → cada bautizado discípulo-misionero.

12. También la Curia se vuelve simbólicamente “misionera”

La Constitución apostólica Praedicate Evangelium, de 2022, constituye el Dicasterio para la Evangelización, en el que confluyen también las competencias históricamente vinculadas a Propaganda Fide.

El dato simbólicamente más relevante es que el Dicasterio para la Evangelización está presidido directamente por el Romano Pontífice.

De la Congregación fundada en 1622 se llega así a una estructura en la que:

  • primera evangelización;
  • nuevas Iglesias particulares;
  • cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo

son concebidas dentro de una única perspectiva misionera.

12. El centenario de 2026: León XIV y la misión como comunión

El mensaje de León XIV para la 100.ª Jornada Mundial de las Misiones, fechado el 25 de enero de 2026, ofrece casi una síntesis del recorrido histórico.

El tema es:
«Uno en Cristo, unidos en la misión»

La perspectiva acentúa tres aspectos.

  • Comunión: la unidad en Cristo precede y hace creíble la misión.
  • Sinodalidad misionera: carismas, comunidades e Iglesias colaboran, sin que la unidad signifique uniformidad.
  • Misión del amor: la Buena Noticia no es ante todo una doctrina abstracta que exportar, sino el amor fiel de Dios manifestado en Cristo y compartido a través de la vida de los discípulos.

En el mismo mensaje, León XIV recuerda significativamente que las Obras Misionales Pontificias constituyen una red de oración y caridad que une a las comunidades del mundo entero. La Jornada Mundial de las Misiones vuelve así, cien años después, a su significado más profundo: hacer visible la comunión misionera universal de la Iglesia.

El hilo conductor de cuatro siglos

Si hubiera que sintetizar la evolución en ocho pasos, podría formularse así:

De la concepción……a la concepción
misión vinculada también a la expansión europeamisión distinta del colonialismo
misionero europeo protagonistaIglesia local protagonista
clero extranjeroclero y episcopado autóctonos
conversión acompañada a veces de occidentalizacióninculturación del Evangelio
“territorios de misión”Iglesias particulares en comunión
misión confiada a especialistasresponsabilidad de todo el Pueblo de Dios
anuncio concebido principalmente como predicaciónevangelización como testimonio, anuncio, diálogo y servicio
una Iglesia que “hace misión”una Iglesia que es misionera y vive permanentemente “en salida”

Sin embargo, hay un elemento que no cambia a lo largo de todo este desarrollo: la convicción de que la misión nace del envío de Cristo y de que la Iglesia no puede renunciar al anuncio del Evangelio. Lo que cambia profundamente es la comprensión del sujeto, del estilo, de los destinatarios y de la relación entre Evangelio, culturas, libertad e Iglesias locales.

Por ello, la trayectoria más significativa puede condensarse en esta secuencia:

1659 – respetar a los pueblos →
1919 – liberar la misión del nacionalismo →
1926 – implicar a toda la Iglesia →
1957 – poner a las Iglesias en comunión misionera →
1965 – comprender a la propia Iglesia como misionera →
1975 – concebir la misión como evangelización integral →
1990 – reafirmar la permanente missio ad gentes
→
2013 – transformar a cada bautizado en discípulo-misionero →
2026 – vivir la misión como comunión: “Uno en Cristo, unidos en la misión”.

El centenario, por tanto, no celebra simplemente cien años de una colecta misionera: permite contemplar el paso de una misión concebida principalmente como envío de misioneros a tierras lejanas a una Iglesia mundial formada por Iglesias locales que reciben y se ofrecen recíprocamente el Evangelio, personas, carismas y recursos, permaneciendo juntas responsables del anuncio a quienes todavía no conocen a Cristo.

P. Manuel João Pereira, mccj. comboni2000.org

La Agencia Fides publica las estadísticas de la Iglesia Católica

Con motivo de la 100ª Jornada Mundial de las Misiones, que se celebró el domingo 18 de octubre 2026 sobre el tema “Uno en Cristo, unidos en la misión” la Agencia Fides presentó algunas estadísticas recopiladas para ofrecer un cuadro panorámico de la Iglesia misionera en el mundo.

Dosier elaborado por Luca Mainoldi, Agencia Fides

Todos los datos de este dosier, y la elaboración posterior de las tablas han sido extrapolados del último «Anuario Estadístico de la Iglesia» publicado este año (el volumen esta actualizado a fecha del 31 de diciembre de 2024), y se refieren a los miembros de la Iglesia, sus estructuras pastorales, las actividades en el campo sanitario, asistencial y educativo.

Entre paréntesis se indica la variación, aumento (+) o disminución (-) con respecto al año anterior (31 de diciembre de 2023), según la comparación efectuada por la Agencia Fides. Por último, se incluyen las circunscripciones eclesiásticas encomendadas al Dicasterio para la Evangelización, Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares.

Población mundial

Al 30 de junio del 2024 la población mundial era de 7.995.573.000 personas, con un aumento de 80.990.000 unidades respecto al año anterior. Se confirma la tendencia positiva en todos los continentes. El aumento más consistente se registra en África (+34.659.000), que supera como el año pasado a Asia (+31.370.000). Les siguen América (+13.878.000), Oceanía (+949.000) y por ultimo Europa (+134.000).

Número de católicos y porcentaje

A fecha del 30 de junio del 2023, el número de católicos era de 1.422.144.000 personas, con un aumento total de 16.690.000 católicos respecto al año anterior. Este año, el aumento de católicos también se produce en los cinco continentes, incluida Europa, donde se confirma el incremento ya registrado el año pasado.

Como en años anteriores, el aumento de católicos es mayor en África (+7.580.000), aunque con un aumento inferior a la estadística anterior, y en América (+6.992.000). Le siguen Asia (+968.000), Europa (+911.000) y Oceanía (+239.000).

El porcentaje de católicos dentro de la población mundial permanece sin variación respecto al año precedente, y equivale al 17,8%. En lo que respecta a los distintos continentes, las variaciones de este dato con respecto a la estadística anterior son mínimas.

Habitantes y católicos por sacerdote

El número de habitantes por sacerdote ha aumentado este año también, por un total de 186 unidades alcanzando la cuota de 16.104 (el año anterior era 15.918). La distribución por continentes ve incrementos en Oceanía (+290), América (+102) y Europa (+77), mientras disminuye en Asia (-182) y África (-148), confirmando una tendencia registrada en las mediciones del año anterior. También ha aumentado el número de católicos por sacerdote: 3.491 (+38 unidades más con respecto al año anterior). Los aumentos se registran en América (+50), Europa (+36) y Oceanía (+73); mientras que el número de católicos por sacerdote disminuye en Asia (-17) como el año pasado y en contraste con años anteriores, también disminuye en África (-17).

Circunscripciones eclesiásticas y estaciones misioneras

Por Circunscripciones Eclesiásticas se entienden las Sedes Patriarcales, Metropolitanas, Arzobispales y Episcopales, las Prelaturas Territoriales y Abadías Territoriales, los Exarcados y Ordinariatos, los Ordinariatos Militares, los Vicariatos Apostólicos, las Prefecturas Apostólicas, las Administraciones Apostólicas, las Misiones sui iuris y los Exarcados Patriarcales. En el último año analizado, en total, las circunscripciones eclesiásticas han aumentado de 6 en comparación con el año anterior, alcanzando las 3.047. Se han creado nuevas circunscripciones en África (+3), América (+2) y Asia (+1). Se mantiene sin cambios con respecto al año anterior el dato de Oceanía (81), y de Europa (759).

Según las últimas cifras, en el mundo hay 111.602 estaciones misioneras (el año precedente eran 122.777). Las estaciones misioneras con sacerdote residente son en total 4.187 (+987). El aumento se refiere a África (+181), Asia (+556) América (+183), y a diferencia del año pasado también en Europa (+89), mientras que se registra un descenso en Oceanía (-22).

En la última publicación disponible las estaciones misioneras sin sacerdote residente han disminuido con respecto al año anterior (-12.162 unidades), deteniéndose en el número de 107.415 El descenso se registra en todos los continentes excepto en Europa (+78), que el año pasado también disminuyó. El mayor descenso de estaciones misioneras se registra en Asia (-6.262) seguida de África (-4.337), América (-1.560) y Oceanía (-81). Con respecto al año anterior las disminuciones más fuertes han sido en Asia y África.

Obispos

El número de los Obispos en todo mundo ha aumentado de 95 unidades con respecto al año anterior, llegando a ser en total 5.525. Aumentan los obispos diocesanos (+107) y disminuyen los obispos religiosos (- 12), en línea con la tendencia registrada el año pasado. I Los obispos diocesanos son 4.365, mientras que los religiosos son 1.160. Los obispos diocesanos han aumentado en todos los continentes: en África (+22), en América (+25), en Asia (+36), en Europa (+21) y e Oceanía (+3). Los obispos religiosos han disminuido en todos los continentes excepto en América (+2): África (-2), Asia (-8), Europa (-3) y Oceanía (-1).

Sacerdotes

Por primera vez en cinco años, aumenta el número total de sacerdotes en el mundo. La cifra ha pasado de los 406.996 registrados en el informe anterior a 407.421 en el de este año, lo que supone un incremento de 425 sacerdotes.

Europa vuelve a registrar un descenso (-2.483), al igual que Oceanía (-32). En cambio, como el año pasado, se observan aumentos significativos en África (+1.676) y Asia (+1.065). América invierte la tendencia del año anterior y vuelve a registrar un saldo positivo (+199).

Los sacerdotes diocesanos en el mundo ha disminuido globalmente en 496 unidades, situándose en el número de 279.238. El número de sacerdotes diocesanos ha aumentado en África (+1.778) y Asia (+541) y cambiando la tendencia del año pasado, también en América (+430). Continúa la disminución en Oceanía (-22) y, sobre todo, en Europa (-1631).

También se registra un descenso en los sacerdotes religiosos, que son actualmente 128.183 (-71). El número ha aumentado en África (+498) y en Asia (+524). Mientras que han disminuido en América (-231) Europa (-852) y también en Oceania donde se ha invertido la tendencia (-10).

Diáconos permanentes

Según el último anuario, también este año el número de diáconos permanentes en el mundo sigue aumentando (+669), llegando a alcanzar los 52.102. Se confirma el incremento en América (+424) y ha diferencia del año pasado también en África (+23) y sobre todo en Europa (+236). Disminuyen, aunque levemente en Asia (-13) y Oceanía (-1).

Religiosos (no sacerdotes) y religiosas

Los religiosos no sacerdotes han disminuido de 237 unidades con respecto al año anterior, alcanzando un total de 48.511. Las disminuciones se registran en Europa (-346), en América (-137), y en Oceanía (-59) mientras aumentan en África (+97) y al contrario del año pasado aumentan también en Asia (+208).

En las estadísticas más recientes se confirma la tendencia a la disminución global de las religiosas que ocurre desde hace tiempo: son 580.131 (-9.292). Los aumentos se registran solo en África (+2.190), y las disminuciones también en Asia (-320) que el año pasado era en aumento, en Europa (-6.473),en América (- 4.432) y Oceanía (–257).

Institutos seculares

Los miembros de los Institutos seculares masculinos son en total 600 por lo que permanecen sin variaciones con respecto al año pasado. Disminuyen en África (-11), y al contrario del año pasado aumentan aunque poco en Europa (+6), América (+1) y en Asia (+4). El Oceanía permanecen estables.

Continúa la tendencia a disminuir de los Institutos seculares femeninos: -349 unidades, con un total de 17.917. Aumentan levemente solo en África (+32) y permanecen sin variaciones en Oceanía, mientras que disminuyen en Asia (-32), Europa (-268) y América (-81).

Misioneros laicos y catequistas

El número de Misioneros laicos en el mundo es de 463.079, con un aumento global de 18.473 unidades. N En el detalle por continentes, el aumento se registra en América (+20.492), en Africa (+578) y Oceanía (+60) mientras su número disminuye en Europa (-88) y sobre todo en Asia (-2569), al contrario de la tendencia de la última estadística realizada.

Los Catequistas en el mundo han aumentado con respecto al año anterior de 22.370 unidades, alcanzando los 2.889.336. Las disminuciones se han registrado en África (-206 menos fuerte del año pasado) y en Europa (-7.603). Se confirma la tendencia al alza registrada en el informe anterior, con un fuerte aumento en Asia (+13.616) y América (+16.515), y un incremento más moderado en Oceanía (+48).

Seminaristas mayores

El número de seminaristas mayores, tanto diocesanos como religiosos, también ha disminuido en el último recuento anual realizado: en todo el mundo son 103.604 (el año anterior eran 106.495). Se registra un fuerte aumento sólo en África (+786) mientras disminuyen en América (-227), Asia (-2.733), Europa (-701) y Oceanía (-16).

Los seminaristas mayores diocesanos disminuyen a 63.856 (-207) al igual que los religiosos que son 39.748 (-2.684). Para los seminaristas mayores diocesanos, los aumentos conciernen sólo a África, como el año pasado (+658) y a Oceanía (+6), mientras que hay descensos en América (-316), Europa (-355) y Asia (- 200). En lo que se refiere a los seminaristas mayores religiosos, como el año pasado, han aumentado en África (+128) y en América (+89), mientras que se observa una disminución en Asia (-2.533), Europa (-346) y Oceanía (-22).

Seminaristas menores

El número de seminaristas menores, diocesanos y religiosos, también ha disminuido situándose en 94.041 (-980). En detalle, la tendencia se invierte en África, que pasa del descenso registrado en el informe anual anterior (-90) al aumento reflejado en el último (+132). También Oceanía registra un incremento (+20) con respecto al año pasado. En cambio, se observa un fuerte descenso en Europa (-872), así como en Asia (-182) y América (-78), que invierten la tendencia al alza registrada en el informe anterior.

A escala mundial, el número de seminaristas menores diocesanos desciende a 71.934 (-720), mientras que el de los seminaristas menores religiosos baja a 22.107 (-260). En cuanto a los seminaristas menores diocesanos, se registran descensos en todos los continentes, con la excepción parcial de Asia (+233) y Oceanía (+1). Las cifras disminuyen en Europa (-575), África (-376) y América (-3). Por su parte, los seminaristas menores religiosos aumentan únicamente en África (+508), donde se invierte la tendencia del año pasado, y en Oceanía (+19). En cambio, descienden en Europa (-297), Asia (-415) y América (-75).

Institutos de instrucción y educación

En el campo de la instrucción y la educación la Iglesia administra en el mundo 75.448 escuelas infantiles frecuentadas por 7.480.373 alumnos (obsérvese que, en comparación con el año anterior, las escuelas infantiles gestionadas por la Iglesia han aumentado en 898 unidades, pero este aumento no se ha traducido en un mayor número de alumnos, que, por el contrario, ha disminuido en 158.678). En cuanto a las escuelas primarias, hay 103.666 centros, con un total de 36.314.935 alumnos (el año anterior eran 102.455 centros y 36.199.844 alumnos). Por su parte, las escuelas de educación secundaria, tanto de primer como de segundo grado, ascienden a 51.810, con 20.340.808 alumnos (en el informe anterior eran 52.085 centros, con un total de 20.724.361 estudiantes Además, 2.685.027 estudiantes asisten a centros de educación superior y 4.091.087 a instituciones universitarias vinculadas a la Iglesia católica.

Institutos sanitarios, de beneficencia y asistencia

Los institutos sanitarios de beneficencia y asistencia administrados en el mundo por la Iglesia engloban 101.110 estructuras e incluyen: 5.397 hospitales y 13.646 dispensarios, la mayor parte en África (1.651 hospitales y 4.839 dispensarios) y en América (1.340 hospitales y 3.451 dispensarios); 468 504 leproserías, principalmente en Asia (253) y África (167); 16.263 casas para ancianos, enfermos crónicos y discapacitados la mayor parte en Europa (9.205); 8.138 orfanatos en su mayoría en Asia (2.822) y Europa (2.194); 10.352 escuelas  infantiles; 10.624  consultorios  matrimoniales, en gran parte en Europa (5.221) y América (2.865); 3.194 centros de educación o reeducación social la gran mayoría en América (1.493) y 33.028 instituciones de otros tipos ubicadas sobre todo en América (15.515) y Europa (12.927).

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Concluida en Verona la fase diocesana de la investigación sobre la fama de santidad de Mons. Roveggio

El 10 de octubre de 2026, en la Casa Madre de los Misioneros Combonianos, en Verona, concluyó la fase diocesana de la investigación sobre la persistente fama de santidad y de signos del Siervo de Dios, Mons. Antonio Maria Roveggio.

P. Cosimo De Iaco, mccj
Postulador general

comboni.org

La celebración de la misa, en la solemnidad de san Daniel Comboni, fue presidida por el P. Pietro Ciucculla, superior provincial. Entre los concelebrantes se encontraban el obispo emérito de Goroka, Papúa Nueva Guinea, el misionero del Verbo Divino Mons. Francesco Sarego, natural de Cologna Veneta; Mons. Rino Parrigato, antiguo nuncio apostólico en Portugal; el P. Sindjalim Essognimam Elias, en representación del Consejo General del Instituto, y numerosos cohermanos.

Tras la celebración, se pasó directamente al acto jurídico formal. En su discurso introductorio, el postulador general, P. Cosimo De Iaco, subrayó que este acto no era una mera formalidad prevista por el derecho canónico. Se trataba de un acontecimiento de gracia para la diócesis de Verona, la Familia Comboniana y toda la Iglesia.

Los testimonios y documentos examinados durante esta fase de la investigación han confirmado que la santidad de Mons. Roveggio no se ha desvanecido con el paso de los años, sino que sigue brillando como un faro de esperanza y de entrega total.

El misterio del Corazón traspasado de Jesús, Buen Pastor, que había inflamado el corazón de san Daniel Comboni, encendió también el corazón de Mons. Roveggio con el mismo amor y la misma entrega a los pueblos de África Central.

Nota biográfica

Antonio Maria Roveggio nació en Cologna Veneta (Verona) el 23 de septiembre de 1858. Siendo un joven sacerdote de la diócesis de Vicenza, ingresó en el instituto misionero fundado en Verona por san Daniel Comboni en 1867.

Tras emitir su profesión religiosa, partió hacia Egipto, donde, en diciembre de 1890, se convirtió en director de la Colonia Antiesclavista León XIII, en Gesira, y superior de la comunidad.

En 1895, con tan solo 37 años, fue nombrado vicario apostólico de África Central. Consagrado obispo en Verona el 21 de abril, eligió para su escudo episcopal el lema In Omnibus Caritas (La caridad en todas las cosas).

Cinco años más tarde, en enero de 1900, pudo llegar finalmente a Omdurmán, Sudán. Desde allí organizó dos expediciones misioneras hacia el corazón de África. A bordo del Redemptor, navegando por las aguas del Nilo, visitó numerosos pueblos, entre ellos los shilluk, dinka, anuak, nuer y otros.

Fundó la misión de Lui en 1900 e intentó, sin éxito, llegar a Uganda. Agotado por las enfermedades y las adversidades, se vio obligado a regresar a Jartum. Murió en Berber, el 2 de mayo de 1902, a la edad de tan solo 43 años, mientras viajaba en tren hacia Egipto.

Cinco razones significativas

A la luz de esta vida misionera breve, pero intensa, el postulador señaló cinco razones que hacen que esta causa sea significativa y actual, no solo para los misioneros y las misioneras combonianos, sino también para las comunidades cristianas de Vicenza y Verona, así como para las de Egipto y Sudán, por las que entregó su vida.

Son como los rayos de una estrella que esperamos que pronto pueda brillar en el firmamento de los beatos y santos de la Iglesia, iluminando la vida y la acción evangelizadora de la Iglesia. Estas razones son: la solidaridad humana y cristiana con los pobres y explotados; la primacía de la vida interior y de la oración; la comunión y la corresponsabilidad en la acción misionera; el Corazón de Cristo, fuente de la misión; y, por último, la firme esperanza en el futuro de la misión.

Mons. Roveggio nos enseña que la misión da fruto únicamente cuando se vive como una consagración total de uno mismo a Dios y a los más pobres; cuando se lleva a cabo con caridad y humildad, y cuando se alimenta de la oración y de proyectos audaces.

Durante sus históricos viajes por el río Nilo, a bordo del Redemptor, Mons. Roveggio no buscaba otra cosa que encontrarse con los pueblos lejanos de África Central, movido por la urgencia de anunciarles el Evangelio de Jesucristo.

Aunque breve en el tiempo, su ministerio fue inmenso en caridad, fortaleza de espíritu y obediencia filial a la Iglesia. Supo hacerse «todo para todos», afrontando duras fatigas, enfermedades y aislamiento con la fuerza de la fe y la certeza de que África salvaría a África. Cansado, pero animado por una firme esperanza, expresó esta convicción con las palabras del salmo 126: «Estoy contento de sembrar entre lágrimas para que otros recojan con alegría».

Lectura del acta y agradecimientos

Tras la introducción, y con el fin de fundamentar la validez de una causa iniciada hace ya mucho tiempo, en 1952, se dio lectura al acta de la sesión conclusiva. A continuación, todos los miembros del tribunal diocesano firmaron los documentos y el canciller episcopal selló los sobres que contenían el original y las copias autenticadas. El P. De Iaco, encargado de llevar la documentación al Dicasterio para las Causas de los Santos, prestó y firmó el juramento correspondiente.

Concluido este procedimiento, el postulador expresó su más sincero agradecimiento a Mons. Domenico Pompili, ausente en aquella ocasión, por haber acogido y promovido la reapertura de la causa; al delegado diocesano, Mons. Tiziano Bonomi, por su compromiso generoso, constante y competente; al promotor de justicia, al notario y a todos los oficiales del Tribunal Eclesiástico de Verona por haber puesto su tiempo y sus conocimientos al servicio de la causa de manera totalmente gratuita, trabajando con rigor científico y pasión eclesial.

Extendió asimismo su agradecimiento a los miembros de la comisión histórica y a los censores teológicos por los informes presentados; al profesor Giancarlo Volpato por su biografía de Mons. Antonio Maria Roveggio, reconstruida con gran precisión documental; y al P. Arnaldo Baritussio, su predecesor en el cargo de postulador general de los Misioneros Combonianos.

Al Dicasterio

La causa pasa ahora al Dicasterio para las Causas de los Santos, en Roma, al que se entregará toda la documentación, con la oración de que el Señor quiera glorificar pronto a este siervo fiel suyo, ofreciendo a la Iglesia universal un modelo luminoso de pastor y misionero, capaz de inspirar todavía hoy nuevas vocaciones y de inflamar los corazones para anunciar el Reino.

El P. Ciucculla, superior provincial, tomó entonces la palabra para agradecer al alcalde de Cologna Veneta, a las autoridades civiles y a todos los presentes.

Por último, el P. Sindjalim, consejero general, en nombre de los Misioneros Combonianos y como africano, agradeció a las Iglesias de Vicenza y Verona haber dado a África dos apóstoles ilustres: san Daniel Comboni y el Siervo de Dios, Mons. Antonio Maria Roveggio.

XXIX Domingo ordinario. Año A

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas:
¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”.
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del César”.
Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

(Mateo: 22, 15-21)


Dar al César y a Dios
P. Enrique Sánchez G. mccj

En este domingo dividiremos nuestra reflexión en dos partes. Un pequeño pensamiento sobre el evangelio que nos presenta la liturgia hoy y una pequeña reflexión inspirada en el Mensaje del S. Padre León XIV para la Jornada mundial de oración por las misiones.

El Evangelio nos presenta a unas personas que se acercan a Jesús y pretenden confundirlo con sus palabras aduladoras, reconociendo que sus enseñanzas son buenas y verdaderas, pero que no acaban de aceptarlas.

Buscan la manera de ponerlo a prueba para hacerlo caer y de esa manera poder decir que se trata de un charlatán más y que sus enseñanzas no tienen valor. Pero Jesús no se deja atrapar y les demuestra con sus propias palabras y acciones que están equivocados y que de esa manera jamás se encontrarán con la verdad.

La interpretación de la ley que Jesús pone ante sus interlocutores demuestra no sólo que conoce bien la ley, sino que está familiarizado con el espíritu profundo de la misma ley.

La verdad y la justicia mueven necesariamente a comportarse de manera correcta y a cumplir con todas las obligaciones que tenemos como miembros de una sociedad en donde la ley existe para favorecer aquello que permita el bien para todos.

La ley no se ha establecido para transgredirla o manipularla a nuestro antojo o conveniencia y cumplirla correctamente es una obligación que permite vivir en un ambiente sano, respetuoso de los derechos de los demás y en donde cada uno puede, sin dificultad reconocer igualmente sus obligaciones.

Darle al César lo que es del César es una manera muy sencilla de decir que nada nos exenta de nuestros compromisos en la construcción de una sociedad en donde se busque el bien común y en donde se reconozcan y se respeten los derechos de todas las personas por igual.

Darle a Dios lo que le corresponde a Dios, por su parte, lo podemos entender como la necesidad de tener un referente en nuestras vidas que nos ilumine para vivir los valores que nos permitan actuar según la verdad, la justicia y la fraternidad.

Darle a Dios lo que es de Dios significa estar conscientes de la necesidad que tenemos de su Espíritu, de su presencia y de su asistencia para poder actuar de manera que crezcamos en lo que realmente es importante y necesario en la vida.

Darle a Dios no es otra cosa sino permitirnos salir de lo estrecho de nuestras maneras de ver y de actuar en la vida para dejarnos inspirar por los valores que encontramos en el Evangelio y en toda la Palabra de Dios.

Pero, con cierta frecuencia, sucede que nuestra práctica de la ley no va en la línea de buscar lo que es justo, sino, al contrario, se trata de encontrar la manera de distorsionar el valor de la ley para hacerla funcionar según nuestros intereses y nuestras conveniencias.

Un ejemplo lo tenemos en la experiencia de la corrupción que existe tan difundida en nuestra sociedad. No hace falta buscar mucho para encontrarnos con situaciones muy claras en donde la ley no ha sido respetada, ha sido comprada o manipulada. Y esto vale desde el pequeño soborno que se ofrece para evitarse la molestia de cumplir con una obligación marcada por la ley, hasta los grandes escándalos que hace ver como el mal uso de la ley ha servido para proteger a culpables y castigar a inocentes.

La pequeña frase del evangelio de hoy nos invita a no hacerlo cómplices de quienes desvirtúan a la ley con tal de no asumir sus responsabilidades con los demás para construir un mundo verdaderamente fraterno.

Y, por otra parte, nos anima a darle el lugar que le corresponde a Dios en nuestras vidas, para que inspirados y guiados por sus valores y su presencia seamos capaces de vivir respetando a los demás y favoreciendo todo aquello que nos permita crear espacios de auténtica fraternidad.

Démosle a Dios el lugar que le corresponde en nuestras vidas y hagamos el esfuerzo por cumplir con nuestras obligaciones con la sociedad en donde nos encontramos para que podamos vivir en la justicia y en la paz.

Domingo Mundial de las Misiones

En este domingo leamos estos fragmentos del mensaje del Papa León XIV para esta jornada que celebra el Centenario de su institución en 1926 por el Papa Pío XI.

Que la meditación de estas palabras despierte en nosotros un nuevo entusiasmo misionero y nos muevan a un compromiso más decidido de apoyo en la tarea de llevar el Evangelio a todos los rincones de nuestro mundo.

Uno en Cristo, unidos en la misión

Queridos hermanos y hermanas:

Para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026, que marca el centenario de esta celebración, instituida por Pío XI y tan querida por la Iglesia, he elegido el tema “Uno en Cristo, unidos en la misión”.

1. Uno en Cristo. Discípulos misioneros unidos en Él y con los hermanos y hermanas

En el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo. Antes de su Pasión, Jesús oró al Padre: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21).

Ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión con Cristo, en la que participamos de la relación filial que Él vive con el Padre en el Espíritu Santo. Significa permanecer en Cristo como los sarmientos en la vid (cf. Jn 15,4), inmersos en la vida trinitaria. De esta unión brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera.

Por eso, la primera responsabilidad misionera de la Iglesia es renovar y mantener viva la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros.

La misión evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere ante todo corazones reconciliados y deseosos de comunión.

Por último —pero no menos importante—, ser “uno en Cristo” nos llama a mantener siempre la mirada fija en el Señor, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida personal y comunitaria, de cada palabra, acción y relación interpersonal, de modo que podamos decir con asombro: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20).

Por lo tanto, cuanto más unidos estemos en Cristo, tanto más podremos cumplir juntos la misión que Él nos confía.

2. Unidos en la misión. Para que el mundo crea en Cristo Señor

La unidad de los discípulos no es un fin en sí misma: está ordenada a la misión. Jesús lo afirma con claridad: «Para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). Es en el testimonio de una comunidad reconciliada, fraterna y solidaria donde el anuncio del Evangelio encuentra toda su fuerza comunicativa.

En esta perspectiva, vale la pena recordar el lema del beato Paolo Manna: “Toda la Iglesia para la conversión de todo el mundo”.

Por eso, estar unidos en la misión significa custodiar y alimentar la espiritualidad de comunión y colaboración misionera. Al crecer cada día en esta actitud, aprendemos con la gracia divina a mirar cada vez más a nuestros hermanos y hermanas con ojos de fe, a reconocer con alegría el bien que el Espíritu suscita en cada uno, a acoger la diversidad como riqueza, a llevar las cargas los unos de los otros y a buscar siempre la unidad que viene de lo Alto.

La unidad misionera, obviamente, no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él. La evangelización se realiza cuando las comunidades locales colaboran entre sí y cuando las diferencias culturales, espirituales y litúrgicas se expresan plena y armoniosamente en la misma fe. Por lo tanto, animo a las instituciones y realidades eclesiales a fortalecer el sentido de comunión misionera eclesial y a desarrollar con creatividad formas concretas de colaboración entre ellas, para y en la misión.

3. Misión de amor. Anunciar, vivir y compartir el amor fiel de Dios

Si la unidad es la condición de la misión, el amor es su esencia. La Buena Nueva que estamos enviados a anunciar al mundo no es un ideal abstracto; es el Evangelio del amor fiel de Dios, encarnado en el rostro y en la vida de Jesucristo.

La misión de los discípulos y de toda la Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo; una misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor. Tanto es así que el mismo Señor, en su gran oración al Padre antes de la pasión, después de invocar la unidad de los discípulos, concluye de este modo: «Para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos» (Jn 17,26). Los apóstoles evangelizaron impulsados por el amor de Cristo y por Cristo (cf. 2 Co 5,14). De la misma manera, a lo largo de los siglos, multitudes de cristianos,  mártires, confesores, misioneros han dado la vida para dar a conocer este amor divino al mundo. Así, la misión evangelizadora de la Iglesia continúa bajo la guía del Espíritu Santo, Espíritu de amor, hasta el fin de los tiempos.

Por eso, deseo agradecer especialmente a los misioneros y misioneras ad gentes de hoy; personas que, como san Francisco Javier, han dejado su tierra, su familia y toda seguridad para anunciar el Evangelio, llevando a Cristo y su amor  a lugares a menudo difíciles, pobres, marcados por conflictos o culturalmente lejanos. Siguen entregándose con alegría a pesar de las adversidades y las limitaciones humanas, porque saben que Cristo mismo, con su Evangelio, es la mayor riqueza que se puede compartir. Con su perseverancia muestran que el amor de Dios es más fuerte que cualquier barrera. El mundo sigue necesitando estos valientes testigos de Cristo, y las comunidades eclesiales siguen necesitando nuevas vocaciones misioneras, que debemos tener siempre en el corazón y por las que debemos rogar continuamente al Padre. Que Él nos conceda el don de jóvenes y adultos dispuestos a dejarlo todo para seguir a Cristo en el camino de la evangelización hasta los confines de la tierra.

Al admirar a los misioneros y misioneras, hago un llamamiento especial a toda la Iglesia: unámonos todos a ellos en la misión evangelizadora mediante el testimonio de la vida en Cristo, la oración y la contribución a las misiones. Animados por estos testimonios, comprometámonos todos a contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es  siempre obra del amor. Sus oraciones y su apoyo concreto, especialmente con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, serán de gran ayuda para llevar el Evangelio del amor de Dios a todos, especialmente a los más pobres y necesitados. Y para favorecer la comunión espiritual, les dejo, junto con mi bendición, esta sencilla oración:

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva.

Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura.

Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.

María, Reina de las misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva.

Amén.

Desde el Vaticano, 25 de enero de 2026, III domingo del Tiempo Ordinario, fiesta de la Conversión del apóstol san Pablo

LEÓN PP. XIV

Motivados por las palabras del Papa León XIV hagamos el esfuerzo por vivir unidos a la persona de Jesús, para que podamos hacer la experiencia de la comunión fraterna que nos mueve a ser testigos del amor que el Señor ha sembrado en nuestros corazones.

Que podamos ser testigos de comunión, llenos del amor del Señor y que nuestra pasión por el anuncio del Evangelio no conozca fronteras, para que en todas partes nos convirtamos en presencia del Señor que nos envía por el mundo como testigos de su amor.

Que, como misioneros, seamos capaces de contagiar la alegría que nos da el sabernos instrumentos en las manos del Señor para seguir construyendo su Reino.

Que la jornada mundial de las misiones se convierta para todos los cristianos en un motivo para asumir la responsabilidad de llevar el Evangelio a todos los que aún no lo conocen.


¿A quién pertenezco?
P. Manuel João Pereira Correia, mccj

En los domingos anteriores hemos escuchado cómo Jesús denunció duramente a los jefes religiosos y políticos mediante tres parábolas, atrayéndose su hostilidad: ya habían decidido eliminarlo. Ahora sólo buscan un pretexto.

1. Una trampa bien urdida

«Los fariseos se fueron y se pusieron de acuerdo para sorprender a Jesús en alguna palabra. Le enviaron, pues, a sus discípulos, junto con los herodianos».

Herodianos y fariseos se alían, aunque son adversarios entre sí, con la intención de encontrar una manera de eliminar a Jesús. Los discípulos de los fariseos comienzan tejiendo un largo elogio del «Maestro», antes de plantearle la cuestión acordada con los herodianos: «Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar el tributo al César o no?»
La trampa estaba bien preparada. Si Jesús hubiera respondido «sí», habría corrido el riesgo de enemistarse con el pueblo, que soportaba mal el dominio romano. Si hubiera respondido «no», podrían haberlo acusado de ser un subversivo.

2. Jesús, maestro de discernimiento

En la respuesta de Jesús podemos entrever, a pesar de su brevedad, una verdadera lección sobre el discernimiento del cristiano y, concretamente, cuatro indicaciones preciosas también para nosotros.

1) LIBERTAD: «¡Hipócritas!»

Primer paso: Jesús se manifiesta como una persona libre. No se deja conquistar por la adulación de los fariseos y desenmascara su hipocresía.
Y es precisamente aquí donde tantas veces tropezamos también nosotros. Nos dejamos condicionar por los elogios o por la opinión ajena, acabando por limitar nuestra libertad y nuestra lucidez.

2) PREGUNTAR: «¿Por qué me ponéis a prueba?»

Jesús responde a menudo a una pregunta con otra pregunta. Hacer preguntas a quien nos interpela es una manera de involucrarlo, responsabilizarlo e invitarlo a reflexionar.
Una actitud pasiva ante los problemas ha sido una de las limitaciones que han marcado a una parte del laicado católico, también como consecuencia de un clericalismo que, durante siglos, ha incidido profundamente en la vida de la Iglesia. También la manera de presentarse a veces como quien posee ya todas las respuestas puede haber contribuido a la dificultad que la Iglesia experimenta hoy para dialogar con algunos ámbitos de la cultura occidental.
Me parece que también debemos aprender a decir: «No lo sé». Significa reconocer con humildad nuestros límites ante la complejidad y la novedad de muchas cuestiones contemporáneas, sin renunciar a la búsqueda, sino poniéndonos sinceramente en camino para comprender mejor.

3) MIRAR: «Mostradme la moneda del tributo»

Jesús da un tercer paso decisivo: mirar la realidad concreta. Pide ver la moneda del tributo y, al hacerlo, desconcierta a sus interlocutores.
Aquella moneda, con la efigie de Tiberio y una inscripción de fuerte significado religioso, hacía visible el poder de Roma. El hecho de que se encontrara precisamente en el área del Templo ponía además de manifiesto una contradicción evidente, dada la desconfianza judía hacia las imágenes que podían asumir un carácter idolátrico.
Así, quienes querían poner a Jesús a prueba terminan siendo ellos mismos confrontados con sus propias contradicciones.

4) RECOLOCAR: «Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

El cuarto momento consiste en situar de nuevo la realidad concreta dentro de un horizonte más amplio. Una cuestión aislada y absolutizada corre el riesgo de convertirse en una verdad parcial y, precisamente por eso, engañosa. Sólo una luz mayor permite redimensionarla y colocarla en la perspectiva adecuada.

«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» es una de las frases más famosas del Evangelio, pero también una de las más enigmáticas. A menudo se interpreta como si existieran dos ámbitos claramente separados: las «cosas terrenas» confiadas al César y las «cosas espirituales» reservadas a Dios.

Pero ¿qué pertenece al César? Al César le corresponde lo que se refiere a la vida civil: garantizar el orden, la paz social, la libertad y la justicia.

¿Y qué pertenece a Dios? Todo. «Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios… Yo soy el Señor, no hay ningún otro» (Isaías 45,1.4-6).

Si la moneda lleva la imagen del César y por eso puede ser devuelta al César, el ser humano lleva impresa la imagen de Dios. Es, pues, a Dios a quien debe devolverse el ser humano entero. Aquí está la gran reivindicación de Jesús: «¡Dad a Dios lo que es de Dios!»

De aquí nace una pregunta decisiva: ¿a quién pertenezco yo? ¿A una familia, a una profesión, a un grupo social, a un pueblo, a una nación? Ciertamente. Pero Jesús nos recuerda que existe una pertenencia más profunda que todas las demás: tú perteneces a Dios.

3. El dinero del César y la moneda de Jesús

Permitidme ahora una imagen un poco atrevida. El dinero del impuesto al César me hace pensar en aquella moneda que Pedro, por indicación de Jesús, saca de la boca del pez para pagar el tributo del Templo (Mateo 17,24-27). Una sola moneda para Jesús y para Pedro: ambos, de algún modo, asociados en aquella moneda.

¿Qué imagen simbólica podríamos imaginar grabada en ella? En el anverso, la imagen de Cristo; en el reverso, la de Pedro. La imagen de Cristo delante y, detrás, la mía o la tuya. ¡Dos caras de la misma moneda! Cada uno de nosotros pertenece a Cristo y Cristo… “pertenece” a cada uno de nosotros (cf. 1 Corintios 3,22-23).

Para la reflexión y la oración personal

Hoy, penúltimo domingo de octubre, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Misiones. Instituida por Pío XI en 1926, este año celebra su centésima edición. El papa León XIV ha elegido como tema de la Jornada: «Uno en Cristo, unidos en la misión». Os invito a leer el Mensaje del Santo Padre y, durante esta semana, a retomar la oración que encontramos en su conclusión:

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura.
Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.
María, Reina de las misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva. Amén.


Lo que es de Dios
José Antonio Pagola

A  Dios lo que es de Dios.

La trampa que tienden a Jesús está bien pensada: «¿Es lícito pagar tributos al César o no?». Si responde negativamente, lo podrán acusar de rebelión contra Roma. Si acepta la tributación, quedará desacreditado ante aquellas gentes que viven en la miseria exprimidas por los impuestos, y a las que él tanto quiere y defiende.

Jesús les pide que le enseñen «la moneda del impuesto». El no la tiene, pues vive como un vagabundo itinerante, sin tierras ni trabajo fijo; hace tiempo que no tiene problemas con los recaudadores. Después les pregunta por la imagen que aparece en aquel denario de plata. Representa a Tiberio y la leyenda decía: «Tiberius Caesar, Divi Augusti Filius Augustus». En el reverso se podía leer: «Pontifex Maximus».

El gesto de Jesús es ya clarificador. Sus adversarios viven esclavos del sistema pues, al utilizar aquella moneda acuñada con símbolos políticos y religiosos, están reconociendo la soberanía del emperador. No es el caso de Jesús que vive de manera pobre pero libre, dedicado a los más pobres y excluidos del imperio.

Jesús añade entonces algo que nadie le ha planteado. Le preguntan por los derechos del César y él les responde recordando los derechos de Dios: «Pagadle al César lo que es del César, pero dad a Dios lo que es de Dios». La moneda lleva la imagen del emperador, pero el ser humano, como lo recuerda el viejo libro del Génesis, es «imagen de Dios». Por eso, nunca ha de ser sometido a ningún emperador. Jesús lo había recordado muchas veces. Los pobres son de Dios. Los pequeños son sus hijos predilectos. El reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

Jesús no dice que una mitad de la vida, la material y económica, pertenece a la esfera del César, y la otra mitad, la espiritual y religiosa, a la esfera de Dios. Su mensaje es otro: si entramos en el reino, no hemos de consentir que ningún César sacrifique lo que sólo le pertenece a Dios: los hambrientos del mundo, los subsaharianos abandonados en el desierto, los sinpapeles de nuestras ciudades. Que ningún César cuente con nosotros.


¿Yo, qué imagen llevo dentro de mí?
Papa Francisco

El Evangelio de la Liturgia de hoy nos relata que algunos fariseos se unen a los herodianos para tender una trampa a Jesús. Siempre buscaban tenderle trampas. Van donde Él y le preguntan: «¿Es lícito pagar impuesto al César o no?» (Mt 22,17). Es un engaño: si Jesús legitima el impuesto, se pone de parte de un poder político mal respaldado por el pueblo, mientras que si dice de no pagarlo puede ser acusado de rebelión contra el imperio. Una auténtica trampa. Pero Él escapa de esta insidia. Pide que le muestren una moneda, que lleva impresa la imagen del César, y les dice: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (v. 21). ¿Qué significa esto?

Estas palabras de Jesús se han convertido en algo de uso común, pero a veces se han utilizado de manera equivocada – o al menos reductiva – para hablar de las relaciones entre Iglesia y Estado, entre cristianos y política; a menudo se entienden como si Jesús quisiera separar a “César” y a “Dios”, es decir, la realidad terrenal de la espiritual. A veces, también nosotros pensamos así: una cosa es la fe con sus prácticas y otra cosa, la vida de todos los días. Y esto no funciona. Esto es una “esquizofrenia”, como si la fe no tuviera nada que ver con la vida concreta, con los desafíos de la sociedad, con la justicia social, con la política y etcétera.

En realidad, Jesús quiere ayudarnos a colocar al “César” y a “Dios” cada uno en su importancia. Al César – es decir, a la política, a las instituciones civiles, a los procesos sociales y económicos – pertenece el cuidado del orden terrenal, y nosotros, que en esta realidad estamos inmersos, debemos restituir a la sociedad lo que nos ofrece a través de nuestra contribución de ciudadanos responsables, prestando atención a lo que se nos confía, promoviendo el derecho y la justicia en el mundo del trabajo, pagando honestamente los impuestos, comprometiéndonos por el bien común y etcétera. Pero, al mismo tiempo, Jesús afirma la realidad fundamental: que a Dios pertenece el hombre, todo hombre y todo ser humano. Y esto significa que nosotros no pertenecemos a ninguna realidad terrenal, a ningún “César” de turno. Somos del Señor y no debemos ser esclavos de ningún poder mundano. En la moneda, por lo tanto, está la imagen del emperador, pero Jesús nos recuerda que en nuestra vida está impresa la imagen de Dios, que nada ni nadie puede ensombrecer. Al César pertenecen las cosas de este mundo, pero el hombre y el mundo mismo pertenecen a Dios: ¡no lo olvidemos!

Comprendamos entonces que Jesús nos está devolviendo a cada uno de nosotros a la propia identidad: en la moneda de este mundo está la imagen de César, pero, ¿tú – yo, cualquiera de nosotros – qué imagen llevas dentro de ti? Hagámonos esta pregunta: ¿yo, qué imagen llevo dentro de mí? ¿Tú, de quién eres imagen en tu vida? ¿Nos acordamos de pertenecer al Señor, o nos dejamos modelar por las lógicas del mundo y hacemos del trabajo, de la política, del dinero, nuestros ídolos a adorar?

Que la Virgen Santa nos ayude a reconocer y a honrar nuestra dignidad y la de todo ser humano.

Angelus, 22/10/2023


Misión es anunciar la prioridad de Dios y la salvación en Jesucristo
P. Romeo Ballan, mccj

Jesús en el Evangelio desarma la trampa que fariseos y herodianos le habían tendido sobre el tema espinoso de los impuestos a pagar al emperador de Roma, al cual estaba sometida Palestina en tiempos de Jesús. «¿Es lícito pagar tributo al César o no?» (v. 17). Por cualquier respuesta de Jesús a esa pregunta maliciosa, hubieran podido acusarle de estar a favor o en contra Roma. Jesús va más allá de los dos bandos polémicos; distingue, es más, vuelca la manera de entender la autoridad político-humana y la autoridad suprema de Dios. La “moneda del impuesto” en cuestión (v. 19), en oro u otro metal, era acuñada por el emperador, que era el propietario de la misma; el deudor era tan solo un propietario temporáneo, con la obligación de devolverla al emperador. Un deber que también Jesús reconoce (v. 21).

Pero aquella moneda llevaba una inscripción: “al divino César” o “al dios César”, que Jesús rechaza y vuelca proféticamente: “Devuelvan a Dios lo que es de Dios” (21). César puede tener cierto derecho sobre las cosas, pero no sobre las personas. «César no tiene derecho de vida y de muerte sobre las personas, no tiene derecho a violar sus conciencias, no puede adueñarse de su libertad. A César no le pertenece el corazón, la mente, el alma. Incumben solo a Dios. A cada poder humano hay que decirle: no te adueñes del hombre. El hombre pertenece a Otro. Es cosa de Dios… Sin embargo, para Jesús Dios no es el poder por encima de todo poder, es amor. No es el dueño de las vidas, es el servidor de los vivientes. No un César más grande que otros césares, sino un siervo sufriente por amor. Toda otra manera de ser Dios» (E. Ronchi).

La Palabra de Dios en este domingo proyecta una luz nueva sobre las relaciones entre los hombres, entre el hombre y Dios, entre el hombre y las demás criaturas; entre religión y Estado, entre Evangelio y política, misión y libertad religiosa, fe y libertad de conciencia, Iglesia y gobiernos, laicidad del Estado e imperativos éticos… Son relaciones delicadas y complejas, que afectan de cerca a la conciencia individual de las personas y, a la vez, el trabajo de los que anuncian ampliamente el Evangelio. En particular, la libertad religiosa, un valor promovido por el Concilio Vaticano II, lejos de eximir, postula la propuesta misionera del Evangelio de Cristo, con miras a una libre opción personal y con consecuencias en el ambiente familiar y social.

La respuesta de Jesús establece la autonomía de las dos esferas de acción, humana y divina (v. 21), reivindicando, aquí y en otros pasajes del Evangelio, la prioridad de Dios, de quien todos los seres reciben vida, destino, sentido. Una sana autonomía exige claridad de funciones, respeto mutuo, colaboración en la complementariedad y subsidiariedad, evitando las ingerencias de un sistema teocrático, así como las evasiones de un espiritualismo intimista. Todos, sin embargo, están llamados a sostener las iniciativas para la promoción integral de la persona y el desarrollo solidario de la humanidad. Bajo esta luz, también la acción política de Ciro, rey de los persas (I lectura), definido el “ungido” del Señor (v. 1), se interpreta como salvación para el pueblo hebreo, esclavo en Babilonia. Asimismo, la madurez espiritual de los cristianos (II lectura), con los valores de fe activa, caridad operativa y esperanza firme (v. 3), tiene necesariamente consecuencias positivas para la convivencia familiar, política y social.

Prioridad de Dios, salvación en Jesucristo, conocido y amado por todos para que todos encuentren en Él vida, dignidad, salvación plena… Estos son los objetivos de la obra evangelizadora de la Iglesia, la cual en este día celebra el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND). Porque, como afirma el Papa Francisco: “Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo; … la humanidad tiene una gran necesidad de aprovechar la salvación que nos ha traído Cristo”. En efecto, anunciar el Evangelio es el mejor servicio que la Iglesia puede ofrecer al mundo, porque el Evangelio tiene siempre una eficacia positiva sobre la vida de la familia humana:educación, economía, trabajo, salud, relaciones familiares y sociales, política, paz, libertad, derechos humanos… El Evangelio es contrario a la evasión de las realidades terrenas; el cristiano está llamado a comprometerse concretamente en ellas, a iluminaras, transformarlas, enriquecerlas con la luz que viene de Dios, supremo bien para una vida humana digna, libre y feliz.

Comboni Connected: la actualidad de la misión comboniana, también en una app

Con motivo de la fiesta de San Daniel Comboni, llega a Google Play Comboni Connected, una nueva aplicación pensada para llevar la actualidad de comboni.org directamente a tu smartphone.

Disponible para dispositivos Android, la aplicación permite seguir de forma sencilla e inmediata las noticias, iniciativas y testimonios que dan a conocer la vida y la misión de los Misioneros Combonianos en todo el mundo.

Comboni Connected ofrece una selección de los contenidos publicados en el sitio web oficial, disponibles en tres idiomas: italiano, inglés y español. Es una herramienta práctica para mantenerse al día sobre las actividades misioneras, conocer las experiencias de las comunidades y descubrir los numerosos lugares donde el carisma de San Daniel Comboni sigue vivo y dando frutos.

Entre las funciones de la aplicación se encuentra también la posibilidad de compartir fácilmente las publicaciones, contribuyendo así a difundir noticias, historias y experiencias misioneras. Además, al activar las notificaciones, se recibe un aviso cada vez que se publica un nuevo contenido, para no perderse las últimas novedades.

Con Comboni Connected, la comunicación misionera se vuelve aún más accesible y cercana a las personas. Es una manera de permanecer en contacto con la familia comboniana, seguir su compromiso en los distintos continentes y sentirse parte de una misión que continúa construyendo puentes de solidaridad, fraternidad y esperanza.

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Oficina de Comunicación

Una religiosa, nueva presidenta de las Obras Misionales Pontificias

El Papa León XIV ha nombrado a la hermana Mary Teresa Barron secretaria adjunta del Dicasterio para la Evangelización y presidenta de las Obras Misionales Pontificias. Actualmente Superiora General de su congregación, las Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles, asumirá esta nueva responsabilidad el próximo 4 de enero. Es la primera mujer que ocupa el cargo de mayor responsabilidad en la actividad misionera de la Iglesia. En la foto, La Hna. Barron saluda al papa Francisco durante la primera asamblea del Sínodo de 2023 (Foto: Maria Langarica, Vatican Media)

Con información de OMPRESS-Roma

La hermana Barron nació en Donegal, Irlanda, el 7 de noviembre de 1968. Está titulada en Administración de Salud Pública, en el Instituto de Administración Pública de Dublín, y en Desarrollo Internacional, por el Instituto Kimmage de Dublín. Tras sus primeros votos religiosos en 1995, partió a la misión en Tanzania, a zonas rurales del centro del país, comunidades como Mwamapalala y Bugisi, en el acompañamiento diario a familias en condiciones de extrema pobreza, y organizando programas educativos para la infancia y juventud rural.

Su segundo destino misionero fue Nigeria, donde su congregación tiene una fuerte presencia. Una de sus tareas fue la lucha contra el VIH Sida, coordinando programas de salud pública enfocados en la prevención de la enfermedad, así como en la acogida, el cuidado médico y psicológico y el acompañamiento de personas contagiadas y familias estigmatizadas por el virus. Fiel al carisma original del fundador de las Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles, llevó adelante talleres y proyectos socioeconómicos diseñados para dotar de autonomía económica y social a las mujeres nigerianas. Todo ello mientras colaboraba activamente en la pastoral juvenil y en redes locales intercongregacionales que servían de puente en comunidades afectadas por contextos de violencia o inestabilidad social.

Desde 2018 es Superiora General de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de los Apóstoles. Entre 2022 y 2025, fue presidenta del Servicio de Documentación y Estudio sobre la Misión Global (SEDOS) y, de 2023 a 2025, presidió la Unión Internacional de Superioras Generales en Roma.

En declaraciones a medios irlandeses, como RTE.ie o Donegallive, la hermana Barron reconocía que, “como la primera mujer a quien se le confía esta responsabilidad, recibo este honor con humildad y con la profunda convicción de que trasciende mi persona. Lo veo como un reconocimiento a las innumerables mujeres, religiosas y laicas, que han dedicado sus vidas a proclamar el Evangelio y a servir al pueblo de Dios en todos los rincones del mundo. Este año, mi propia Congregación celebra 150 años de servicio misionero, especialmente en África. Miles de religiosas me precedieron, allanando el camino para nuestro compromiso misionero de generación en generación. Las honro a todas al aceptar este cargo”.

También daba las gracias al Santo Padre por su confianza y que “haya reconocido el valor de la experiencia misionera para este cargo. Los misioneros viven cerca de las realidades, las esperanzas y los desafíos de las iglesias locales, y espero aportar esa perspectiva al servicio de las Obras Misionales Pontificias.” Una experiencia misionera que ha adquirido “a través del carisma de mi Congregación y del testimonio de generaciones de hermanas que han consagrado sus vidas a la misión de Dios. Llevo conmigo su espíritu, su sabiduría y su compromiso a esta nueva responsabilidad”.

Reconoce que como misionera irlandesa es especialmente consciente “de formar parte de una tradición extraordinaria que ha contribuido enormemente a la vida de la Iglesia universal”. Así, “durante generaciones, los misioneros irlandeses dejaron sus hogares y familias para servir a comunidades en África, Asia, Latinoamérica, Oceanía y más allá. Con su dedicación, sacrificio, fe y valentía, llevaron el Evangelio, fundaron escuelas y hospitales, apoyaron a las comunidades locales y ayudaron a construir iglesias locales vibrantes. Me siento profundamente honrada de representar esa herencia misionera y agradecida por el testimonio de quienes nos precedieron. Su legado continúa inspirándonos hoy mientras buscamos nuevas maneras de vivir y compartir el Evangelio en un mundo en constante cambio”.