Mujeres indígenas, Romper el silencio histórico y cultural

Del 27 al 30 de enero pasado se realizó la IX Asamblea de los Equipos Diocesanos de Pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicanos. En este encuentro, la participación de las mujeres fue determinante a la hora de delinear el enfoque y las directrices para el trabajo de reconstrucción, fortalecimiento y acompañamiento que se requiere en los procesos de estos pueblos, tanto en la Iglesia como en la sociedad mexicanas. Paulina Odilia Molina Capilla participó en este encuentro. Es originaria del pueblo purépecha de la región del lago de Pátzcuaro, en el estado de Michoacán. También es parte del Concejo de Fiscales de la Red de Mujeres Indígenas a nivel nacional y, desde este ministerio tradicional de los pueblos originarios, acompaña los procesos de crecimiento, autoestima y participación de las mujeres, tanto en el ámbito social como eclesial. Esta red impulsa todo un tejido de iniciativas para sanar el corazón herido de las mujeres por la discriminación, la pobreza, la invisibilización y deshumanización, tanto en la sociedad como en sus mismos pueblos de origen. Desde esta experiencia ella nos comparte su visión sobre la realidad de la mujer indígena en la actualidad.
Mujeres de pueblos originarios:
pierdan el miedo a expresar su palabra

Por: Paulina Odilia Molina Capilla
Entrevistó: Hno. Joel Cruz, mccj

Percibo la situación de las mujeres indígenas como de oportunidades; ahora depende mucho de nosotras no dejarlas pasar. Claro que tuvimos un pasado de discriminación, aunque es verdad que esta experiencia aún se percibe en algunas regiones y ámbitos. Pero también es verdad que la situación ha cambiado mucho; ahora el desafío radica en la preparación de las mujeres de los pueblos originarios para aprovecharlas. Ciertamente, hay algunas que están preparadas en diversos campos profesionales, pero aún son pocas para los ámbitos en los que se ven oportunidades para abrir caminos de participación.

Actualmente, sentimos que el reto es impulsar a las nuevas generaciones de mujeres de nuestros pueblos para que estudien y se preparen más, para abrir espacios de participación y romper el silencio histórico y cultural en la Iglesia y en la sociedad actual. No se trata de pelear espacios, sino de abrir-los donde se percibe la oportunidad de hacerlo. La situación actual plantea expresar nuestra palabra en los distintos foros y espacios de decisión, tanto en el ámbito eclesial como sociopolítico y cultural.

El silencio: hábito y costumbre para dejar atrás

La vergüenza y el miedo de expresar la propia palabra, junto al hábito histórico y cultural del silencio femenino en los pueblos originarios, actualmente es el muro por derribar, para que podamos ser también protagonistas de la transformación social y eclesial. La pena de no saber hablar, de no saber cómo expresar lo que pensamos y sentimos, el creer que no sabemos, que no tenemos el conocimiento suficiente para hablar de los asuntos que nos afectan a todos, provoca que el silencio de la mujer siga manifestándose en el miedo a organizarse, a participar, a actuar juntas en estos espacios o caminos que se ofrecen en la Iglesia, en la política, en la cultura…

Con frecuencia, aunque tengamos ideas y conocimientos y las oportunidades estén ante nosotras, la cultura del silencio en la que fuimos cultivadas nos hace una presencia muda. Por ejemplo, este año está dedicado a la mujer de los pueblos originarios a nivel nacional, es decir, con esta declaración se nos abren muchas coyunturas en diferentes ámbitos de la política, la cultura, la religión… pero si no nos sentimos preparadas o creemos que no tenemos algo que aportar, continuaremos arrinconadas en la invisibilidad y la resignación silenciosa.

Al tener presente esta cultura del silencio, en la que se forjó la presencia femenina en los pueblos originarios en nuestro país, el mayor esfuerzo debe concentrarse en el trabajo de animación de las mujeres a que pierdan el miedo a compartir su propia visión y comprensión de las diferentes realidades que nos envuelven, impulsar su preparación y capacitación para que vayan adquiriendo seguridad de su ser y de su saber, y esto facilite su participación en la transformación de la sociedad en los ámbitos en las que ellas sientan que pueden aportar. Las mujeres de los pueblos originarios poseemos muchos saberes en medicina, en oficios, en tradiciones, en educación… que por ahora esperan en el silencio ante la oportunidad de ser compartidos.

La fraternidad y la comunidad nos fortalecen porque actuamos desde el «nosotros»

En la Iglesia percibo un ambiente de hermandad entre la diversidad de pueblos originarios, se comparte mucho sobre nuestros usos y costumbres, sobre nuestro saber. Veo la fraternidad que existe en los espacios pastorales como un camino que ofrece muchas oportunidades para visibilizar la presencia de la mujer de nuestros pueblos originarios, para intentar romper el silencio que ha sido reforzado por la vergüenza, por el sentimiento de incapacidad, por la creencia de pertenecer a pueblos y culturas inferiores. En este sentido, la hermandad que se genera en la Iglesia, nos fortalece, nos da seguridad y sentimos que nuestros saberes son valorados y se comparten con todos los demás pueblos que forman parte del pueblo de Dios en México.

Cuando habla una mujer de los pueblos originarios, no lo hace desde el «yo», sino desde el «nosotros», no se ubica en el lugar de lo «mío», sino en el de lo «nuestro». Es decir, siempre habla por su pueblo, por su comunidad; sabe que es la voz de muchos y no sólo de un individuo. Su presencia y acción siempre busca el bien común, el bien de todas y todos. Por ello, las mujeres de los pueblos originarios somos muy «políticas», porque eso es la política: buscar el bien común, el bien de la comunidad. Todo lo que se aprende, todo apoyo que se consigue, se piensa siempre para todos los miembros de nuestros pueblos.

Los caminos y espacios que ahora pueden abrirse, debido a las oportunidades que se ven o se presentan en el ámbito sociopolítico, cultural y eclesial, nos piden caminar por la vía de la comunión y participación de las diferencias, de la posibilidad del enriquecimiento mutuo entre los pueblos, de la recreación de nuestras tradiciones y costumbres, del tiempo para compartir nuestras diferencias, y así, reconstruir comunitariamente nuestros saberes para el bien de todos.

Mujer: lugar donde se mantiene viva la memoria histórica y la tradición

La mujer en nuestros pueblos es como el depósito del saber ancestral, de la tradición y las costumbres. Precisamente porque está habituada a vivir en el silencio, puede observar y contemplar con detenimiento lo que elaboran los padres y abuelos; en ese silencio se descubre con capacidad para escuchar la palabra de los sabios en las comunidades, y luego, va forjando la personalidad de sus hijos desde esa sabiduría, desde ese espíritu de la tradición que viene pasando de generación en generación.

Se podría decir que, por las mujeres, la memoria histórica, la sabiduría ancestral y el espíritu originario de nuestras comunidades sigue vivo y presente. En ese sentido, ellas hacen la conexión entre la tradición y la novedad cultural del presente. Por ello, es fundamental su participación en todos los ámbitos de la convivencia social y eclesial para que los pueblos originarios compartan sus riquezas espirituales, culturales y humanas. Para que todo aquello guardado discretamente en su corazón, rompa el silencio y sea escuchado, conocido y vivido por todas las personas.

Reto: sensibilizar a nuestros pueblos para que la mujer se prepare y participe en la transformación social y eclesial.

Es cierto que pueden realizarse las cosas de manera empírica, pero ahora más que nunca, se requiere preparación y capacitación para abordar los desafíos de la participación en una sociedad y en un mundo donde la diversidad es algo inevitable. Un desafío que percibo, es la necesidad de sensibilizar a nuestros pueblos originarios para que la mujer se prepare y se le permita hacerlo, porque en todo se requiere capacitación. Dentro de la Iglesia, los retos son: ¿Cómo evangelizar teniendo presente los usos y costumbres de nuestros pueblos? ¿Cómo favorecer un encuentro entre el Evangelio y la cultura originaria sin crear un desencuentro destructivo que haga perder la fe? Para ello, se requiere estudio y capacitación; no puede dejarse todo a la espontaneidad y la improvisación.

En lo sociopolítico, las mujeres de nuestros pueblos también deben prepararse para entrar en los espacios donde los hombres, hasta ahora, no nos dejan entrar, precisamente por considerarnos incapaces y sin preparación. Ciertamente hay algunas capaces y valientes que ya ocupan cargos importantes en la política y la cultura, pero aún falta mucho camino por avanzar para vencer el miedo a participar en esos espacios donde la palabra de nuestros pueblos debe ser escuchada. Ciertamente, esto implica animar a las mujeres a tumbar el muro del silencio cultural que ensombrece nuestra presencia en la sociedad y en la Iglesia.

No todo es «bueno» en las culturas de nuestros pueblos

También es triste reconocer que entre los pueblos originarios hay culturas que degradan la dignidad de la mujer y la reducen a un objeto que se puede comprar y vender. Donde la mujer no puede decidir, elegir sobre su futuro ni sobre su vida misma, porque está encadenada a usos y costumbres que, por el hecho de ser mujer, no es considerada y tratada como un verdadero ser humano.

Por ello, la Iglesia y las autoridades políticas deben trabajar mucho para mejorar esta situación. La Iglesia hace lo suyo desde la evangelización de las culturas y desde la dignidad humana; y el Estado, desde las leyes enfocadas a los derechos humanos. Pero siento que hace falta mucho por conseguir; como que hay miedo de enfrentar la realidad o de no ser considerado un asunto de importancia, porque los enfoques, tanto de la evangelización como de la política no van en este sentido.

Asimismo, los usos y costumbres deben revisarse para analizar hasta qué punto favorecen la dignidad humana y cuándo la denigran o la destruyen. En el plano del trabajo eclesial, no se trata de aceptarlas sin cuestionarlas, sino de evangelizarlas. De parte del Estado, se trata de legislar y aplicar la ley para que nadie sea disminuido en su dignidad como hijo o hija de Dios y como ser humano.

Virgen de Guadalupe: compañera en el camino de transformación social

La Virgen de Guadalupe, como mujer y rostro que retrata la esencia de nuestros pueblos originarios, nos muestra cómo debe mirarse y acompañar al ser humano disminuido en su dignidad; es quien alienta nuestra fe en un camino lleno de dificultades. La conciencia de que es nuestra «Madre Indígena» permite sentirnos cobijadas a su cuidado ante el tejido de adversidades y circunstancias que encontramos. Su rostro indígena expresa que lo indígena no sólo es bueno, sino también es santo. Sabemos que ella nunca ha estado ajena a los procesos de cambio y transformación del país, al con-trario, ha abanderado diversas causas, como la Independencia y la Revolución, por ello, también tenemos la plena confianza de que ella camina con nosotras como compañera de nuestras luchas.
Mi mensaje para todos, en particular para las mujeres de los pueblos originarios de México, es que nunca se sientan desvalorizadas porque tenemos mucho que aportar, porque, directa o indirectamente, hemos aprendido numerosos saberes de nuestros antepasados y tenemos una extensa y rica cultura por compartir. También es importante buscar, juntas, formas de liberarse y superar esta realidad que nuestro corazón heredó de una historia cargada de negación y deshumanización. En estos tiempos de cambios, caminemos junto a todos los pueblos originarios en el país para abrir espacios y darnos a conocer, sin olvidar que la Virgen de Guadalupe camina a nuestro lado y abre camino junto con nosotras.

«Donde el desierto florece». Campos de refugiados sudaneses en Chad

Texto y foto: Hno. Enrico Gonzales, mccj
Desde Abeché, Chad

Desde hace unos meses, Cáritas del Vicariato Apostólico de Mongo, en el noreste de Chad, interviene en los campos de refugiados sudaneses que han podido llegar al país, huyendo de una guerra fratricida que aún continúa. Desde el comienzo de esta crisis, el gobierno chadiano ha mantenido una política de apertura, de acogida del cerca de medio millón de refugiados que viven en esta zona semidesértica del país. Las razones de esta política de «puertas abiertas» son múltiples: proximidad étnico-religiosa (los sudaneses son todos musulmanes), lazos familiares y económicos (las minas de oro y otros metales preciosos que todos codician).

Estos campos de refugiados se encuentran en el territorio de la parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús, confiada a los Misioneros Combonianos que, entre otras comunidades dispersas por el territorio, se ocupan de las pequeñas comunidades cristianas de dos pueblecitos al norte de la ciudad de Abéché. De una fase inicial de acogida y emergencia (proporcionándoles lo necesario para sobrevivir) -Cáritas y otras ONG internacionales que operan en la zona- se está pasando a otra de autosustento, de autodesarrollo, favoreciendo las intervenciones para mejorar el pastoreo y la agricultura.

En este sentido, nos gustaría informar de lo siguiente. Cáritas, al igual que otros agentes de la zona, ha favorecido un conjunto de iniciativas en las que la población local (a menudo propietarios de las tierras en las que se interviene) y grupos de mujeres sudanesas cultivan juntos, siguen y cosechan en parcelas convertidas en huertos (irrigados gracias a pozos utilizados para este fin así como al consumo de agua potable por parte de la población local y los refugiados) hortalizas, cebollas, tomates y una variedad de otros productos agrícolas destinados al consumo y al mercado tanto local como en la no muy lejana Abéché; especialmente cebollas.

La señora de la foto se llama Khaltouma Gibril. Es una de las animadoras de estos equipos mixtos (mujeres locales – mujeres sudanesas) que, gracias a su trabajo, han transformado estas parcelas, antaño áridas, en huertos verdes y productivos, tanto económicamente como en términos de salvaguarda de la dignidad de las mujeres implicadas en la gestión de los huertos. Khaltouma, como líder de uno de estos grupos, desempeña un papel de «puente»: al conocer la lengua local y las costumbres sociales, le resulta fácil relacionarse con sus hermanas sudanesas.

Es una pequeña historia positiva en una situación humanamente muy difícil (entorno geográfico hostil, escasez de agua, pobreza generalizada de la población local). Es significativo que tanto Cáritas como las ONGs allí presentes favorezcan una serie de intervenciones conjuntas en favor de la población local y de los refugiados. La sinergía así practicada parece ser positiva, favoreciendo la comprensión mutua, la dignidad de las mujeres (a menudo marginadas o peor), un trabajo que literalmente da sus frutos.

¿Hasta cuándo continuará esto? ¿Hasta cuándo permanecerán los refugiados sudaneses en esta zona del Chad? La historia nos dice que hasta que no se den las condiciones para un retorno pacífico al país, estas personas permanecerán donde están.

Un pequeño testimonio personal: en Abéché conocí a hijos y nietos de sudaneses que habían huido como consecuencia de la guerra de los años noventa. Cáritas está comprometida en este proceso de desarrollo y apoyo a la población local sudanesa de refugiados: puede hacerlo gracias a la solidaridad del movimiento internacional de Cáritas; Khaltouma y sus hermanas sudanesas están allí para dar testimonio -trabajando duro- de que es posible hacer florecer el desierto y la esperanza de una vida digna.

Pastoral Afro presenta la Red de Lideresas Afrodescendientes Católicas de las Américas (LACAM)

Texto y fotos: ADN-CELAM

Un espacio para el diálogo intercultural e intergeneracional, que promueve el feminismo afrodescendiente católico. Así se define la red de Lideresas Afrodescendientes Católicas de las Américas (LACAM). Una iniciativa que vio la luz este 25 de julio, Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, una fecha de gran valor histórico para el mundo Afro.

La red de LACAM busca responder a las realidades y desafíos actuales a partir del «reconocimiento de nuestros aportes como transmisoras de cultura, fe, tradiciones, saberes ancestrales valores, cuidado de la casa común, nuestras espiritualidades y capacidad de resistencia y resiliencia en la toma de decisiones sobre nuestras vidas, las comunidades y en la defensa de nuestros derechos», afirman sus integrantes.

Transformar realidades de exclusión

Un trabajo que estará animado por la sinodalidad y la comunión, por lo que funcionará con un acompañamiento de la Comisión Animadora del Eje Mujeres en la Iglesia y la Sociedad del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y la Confederación Latinoamericana de Religiosas y Religiosos (CLAR), además de representantes de cada una de las regiones del continente. Entre ellas aparecen por la región del Cono Sur Vera López de Brasil y Támara Barbará de Argentina. En el caso de la región andina estará Virginia Zegarra de Perú y Nieves Méndez de Ecuador; mientras que la región de Centro América y México estará representada por Eunice Meneses de Panamá y Jessica Clarence de Nicaragua.

«Nuestra naturaleza es ser cuidadoras y cultivadoras de la ternura de la creación; tejedoras de relaciones, afectos, sueños y proyectos, no solo para nosotras, sino para todas y todos los que están a nuestro al rededor, especialmente los que están sufriendo y anhelando mejores días», aseguran las integrantes de esta red que nace como fruto del reciente encuentro virtual de Mujeres Afrodescendientes Católicas que se realizó del 17 al 19 de julio y en el que participaron 85 mujeres de 11 países del continente.

Apuesta que mostró el anhelo de las mujeres afrodescendientes del continente de organizarse en un espacio de articulación y unidad para reflexionar sobre la identidad étnica y cultural que las caracteriza. «Empoderarnos, auto reconocernos y asumir nuestro protagonismo y participación en la transformación de la realidad de exclusión y discriminación, aportando todas nuestras capacidades para la transformación de la Iglesia y la sociedad», se lee en el documento que anuncia la creación de esta red.

Tejiendo relaciones

Así la red de “Lideresas Afrodescendientes Católicas de las Américas” (LACAM), nace al interior de la Pastoral Afroamericana y Caribeña y  durante el encuentro virtual que sirvió de preámbulo a su creación, se propuso entre otras cosas, reflexionar sobre aspectos que incluyen la situación de la mujer afrodescendiente en sus diversas identidades, es decir, católicas, consagradas y lideresas; además de sus roles en la Iglesia y la sociedad para lograr la construcción de un «espacio permanente de encuentro, diálogo y articulación para mujeres afroamericanas, caribeñas y afrodescendientes católicas».

La constitución de esta red abre un horizonte de trabajo y organización para las mujeres afrodescendientes católicas que desde el IX Encuentro de Pastoral Afroamericana y Caribeña (EPA) efectuado en Perú hacia el año 2003, venían planteándose su compromiso frente a la creación de una red, que en su momento se conoció como Afroamericanas Católicas en Integración (MACI). En esta oportunidad este encuentro se ocupó de analizar como tema principal el rol y la participación de la mujer negra en el desarrollo y construcción de las Américas, lo que puede entenderse como esos primeros pasos hacia la constitución de la red que ahora inicia su misión.

Un itinerario que demuestra el empeño de los Encuentros de Pastoral Afroamericana (EPAs) en los que las mujeres afrodescendientes siempre se han caracterizado por su presencia «en la misión de rescatar, valorar y evangelizar a nuestros pueblos afrodescendientes, desde su cosmovisión y espiritualidades». Tarea que ahora le corresponderá a la red de “Lideresas Afrodescendientes Católicas de las Américas” (LACAM).

Cuatro ganadoras del Premio Zayed a la Fraternidad Humana

Este 8 de marzo, día internacional de la mujer, presentamos a las ganadoras del Premio Zayed a la Fraternidad Humana los últimos 4 años. De izquierda a derecha, Michèle Pierre-Louis (Haití, 2022), Mama Shamsa (Kenia, 2023), Hermana Nelly León (Chile, 2024), Latifa Ibn Ziaten (Francia-Marruecos, 2021). Foto: Vatican News.

Latifa Ibn Ziaten, mujer franco-marroquí, musulmana y fundadora de la asociación IMAD por la juventud y la paz. “Las mujeres son madres, transmiten amor, no quieren violencia, no quieren guerra, y creo que las mujeres de hoy tienen su lugar en el mundo entero, son las que van a salvar el mundo”.

Hna. Nelly Leon, religiosa de la Congregación del Buen Pastor y creadora de la Fundación Mujer Levántate. “La mujer aporta una manera distinta de enfrentar los conflictos, el hombre los resuelve de modo más violento; la mujer, en cambio, reflexiona y los trata de resolver de manera pacífica. Somos más dialogantes, más empáticas, acogemos las diferencias con mucha libertad interior, sin presiones”.

Shamsa Abubakar Fadhil, representante nacional femenina para la paz y seguridad en Kenia. “Creo que el poder de nosotras es ser madres. Ser madre es un título muy grande. Incluso un profesor que tiene todos los títulos, cuando se acerca a la madre se convierte en un niño. Así que la maternidad juega un papel muy importante”.

Michèle Pierre-Louis, creadora de la Fundación Fokal para el Conocimiento y la Libertad y ex primera ministra de Haití. “Que cese esta violencia asesina y absurda para que las mujeres puedan continuar su lucha contra la injusticia y la desigualdad, y por la fraternidad, la sororidad y la solidaridad humana”.

Más información en Vatican News

México: Mujeres promueven la vida en armonía y la economía solidaria

Sebastián Sansón Ferrari. Vatican News

En la selva norte de Chiapas, en México, un grupo de empresas de economía solidaria, integrado por mujeres indígenas seltales y sus familias, trabaja desde hace 20 años por la justicia social y la defensa de su territorio. Se trata de “Yomol A’tel”, que en castellano significa “Juntos trabajamos, juntos caminamos, juntos soñamos”. La coordinadora de innovación social de este emprendimiento, Erika Lara, tiene 32 años y es licenciada en negocios. Su rol consiste en acompañar y formar a las socias productoras en el proceso de textiles.

El objetivo con el que surgió esta red de cooperativas, explica Lara, era crear una participación democrática de las mujeres, darles voz e integrarlas a los procesos económicos y productivos, para brindarles autonomía dentro de sus hogares. Y así lo hacen, bajo la cosmovisión del lequil cuxlejalil (el buen vivir), al maximizar el beneficio social a través de la sostenibilidad y rentabilidad de las cadenas de valor.

“Yomol A’Tel” es una manera de concebir el trabajo desde la cosmovisión comunitaria. Para ellos, es fundamental poner en el centro a la persona y caminar juntos para cumplir sus cometidos.
“Yomol A’Tel” es una manera de concebir el trabajo desde la cosmovisión comunitaria. Para ellos, es fundamental poner en el centro a la persona y caminar juntos para cumplir sus cometidos.

Entre los múltiples miembros de esta “gran familia productiva”, se encuentra la marca Xapontic, que quiere decir “Nuestro jabón”, y desde 2007 fabrica productos de higiene personal, como champú líquido y sólido, jabón en barra y crema corporal. La red de cooperativas fue impulsada por la misión jesuita de Bachajón, que desde hace más de 60 años acompaña a comunidades y familias seltales de la zona.

Asimismo, implementan la técnica ancestral punto de lomillo (tela de cuadrillé e hilos de estambre) para la confección de bolsos de piel con motivos artesanales, neceseres, monederos, colgadores para la pared o pulseras. Al ser una región donde todas las mujeres bordan, observa Lara, decidieron rescatar y preservar este método para que las más jóvenes no se olviden de su identidad.

La tierra es más que un objeto económico

En el mantenimiento de estas prácticas típicas resuenan las palabras del Papa Francisco en su encíclica Laudato si’cuando invita a prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. En el punto 146, aclara que “no son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios”. Para ellos, plantea el Santo Padre, “la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores”.

Las empleadas producen plantas aromáticas e insumos orgánicos a pequeña escala, sin agroquímicos, conviviendo con la biodiversidad del ecosistema local y sin sobreexplotar los recursos naturales. Lara puntualiza que esta producción es clave para el proceso de cosmética artesanal que las mujeres seltales elaboran en los laboratorios dentro de las comunidades. Las plantas aromáticas se deshidratan, se destilan y son parte de los ingredientes de la cosmética. De este modo, obtienen un producto con ingredientes orgánicos, pero, sobre todo, siguen un esquema no lineal, porque el ingreso va directamente a las socias y no a un proveedor externo.

Xapontic no es una realidad aislada, sino que trabaja en red con otras instituciones, como la Compañía de Jesús, universidades, financiadores e inversionistas sociales.
Xapontic no es una realidad aislada, sino que trabaja en red con otras instituciones, como la Compañía de Jesús, universidades, financiadores e inversionistas sociales.

En las creaciones de Xapontic, se representa a la tierra, las montañas y las flores mediante el uso de sus colores tradicionales, como el negro, el verde, el rojo y el rosa. “La naturaleza ha sido clave para la concepción de nuestra iconografía”, precisa la referente. Y si bien se preocupan por la conservación de su cultura, se han abierto a la aplicación de técnicas contemporáneas y han aprendido a conocer las necesidades del cliente, incluso haciendo textiles con pautas cromáticas más neutrales. De este modo, como subraya Lara, paulatinamente están pudiendo entrar en mercados que antes les resultaban difíciles para ingresar.

Otras maneras de generar valor agregado

En línea con los objetivos de desarrollo sostenible, la empresa procura construir un precio justo para que las productoras y sus familias puedan tener una vida digna e ingresos suficientes para cubrir todas las necesidades básicas. A su vez, Lara evidencia la obstinada lucha por reducir la brecha salarial y lograr la igualdad de género.

Pero el compromiso de esta institución no se acaba ahí. Otra de sus acciones es la creación de oportunidades laborales para las mujeres indígenas a través de un propio sistema educativo (no necesariamente escolarizado). Esto les permite apropiarse del territorio y mantener la vida de futuras generaciones teniendo en cuenta sus valores, cultura y prácticas, desde su modo de ser y proceder.

Plantear que las trabajadoras están en el centro de la actividad no es un eslogan, sino la realidad: rigen los principios de inclusión, justicia y equidad ya que cuenta con esquemas de organización y toma de decisiones horizontales contemplando todas las participantes. Ellas tienen la palabra en las asambleas que, por lo general, se efectúan cada seis meses.

La defensa de la dignidad de la mujer

Como sostiene Lara, en México, la pobreza es un 20% mayor en el medio rural que en el urbano y un 30% mayor en la población indígena que en la no indígena. Existen al menos cuatro razones del movimiento migratorio del campo a las ciudades: por economía, por escolaridad, por deterioro ambiental y por violencia organizada.

En la cooperativa, laboran con mujeres desde los 16 hasta los 80 años, la mayoría posee una escolaridad nula o primaria para las menores de 30 años y de secundaria y preparatoria para las mayores de 30. “Estas diferencias han relegado a la mujer a las actividades domésticas, al cultivo de hortalizas”, dice Lara. En cambio, los hombres han asumido el rol de búsqueda de ingresos a través de las ventas de sus propios productos o jornales. Una situación que supone un mayor poder para ellos por ser la principal fuente de sustento económico de la familia, pero que al mismo tiempo inhibe la participación de las mujeres en las actividades productivas. Por este motivo, desde Xapontic luchan por la igualdad en un sistema patriarcal.

“Las mujeres son dueñas y responsables del hogar y sus alrededores”, sostiene Lara. Por su parte, los hombres se encargan de los terrenos y del trabajo agrícola. No obstante, algunas mujeres destacan por su alto nivel de liderazgo. Por este motivo, Lara reivindica el papel clave que ellas desempeñan en la organización.

Para Lara, quien es la columna vertebral de este proyecto, la esencia del conglomerado femenino radica en el trabajo en procesos de economía solidaria y de favorecimiento del “buen vivir”. Un concepto que no es el dolce far niente (“el dulce no hacer nada”) o la dolce vita (“la vida dulce”)“de la burguesía destilada”, como ha advertido Francisco en varias ocasiones, sino el vivir en armonía con la naturaleza, el saber buscar la armonía, que es superior al equilibrio.

“Saber moverse en la armonía, eso es lo que da la sabiduría que nosotros llamamos el bien vivir. La armonía entre una persona y su comunidad, la armonía entre una persona y el ambiente, la armonía entre una persona y toda la creación”.

Trata de personas: Informe anual de Talitha Kum

Con motivo del Día Internacional contra el Trabajo Infantil, que se celebró el pasado 12 de junio, y en vista del Día Mundial contra la Trata de Personas, a celebrarse el próximo domingo día 30 de junio, Talitha Kum, la red global de hermanas, aliados y colaboradores establecida en 2009 en la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), ha publicado hoy su informe anual de actividades.

Rico en datos, historias, testimonios y análisis críticos, detalla el último año de actividad de Talitha Kum y se propone como herramienta de trabajo para todas las personas comprometidas contra la trata.

El informe de 2022 muestra un crecimiento fenomenal, cualitativo y cuantitativamente, en las áreas de prevención, atención a las víctimas, acceso a la justicia y creación de redes. Talitha Kum se ha convertido en una red de redes que llega a 560.606 personas en todo el mundo. Esto supone un aumento del 40% respecto a 2021. De estas 560.606 personas alcanzadas, 34.463 eran víctimas o supervivientes, 442.276 se beneficiaron de acciones de prevención y 83.867 participaron en actividades de creación de redes, formación y trabajo en red. Aunque se ha producido un gran crecimiento de las actividades, ha habido un ligero descenso de miembros activos y colaboradores 5445 (unas 554 unidades – un 9% menos).

Otro aspecto destacado es la estrecha colaboración de Talitha Kum con otras religiones o grupos interconfesionales, con un crecimiento del 31% en 2022, a escala local, regional e internacional, sobre todo en Asia, África y Oceanía.

Como iniciativa internacional contra la trata y la explotación de personas, Talitha Kum promueve la colaboración entre redes organizadas a escala nacional, regional y continental, que apoyan activamente a víctimas, supervivientes y personas en situación de riesgo. El informe refleja esta estructura multinivel y recoge la contribución de todas las coordinaciones y miembros de la red.

“El año pasado fue uno de los más difíciles debido a muchas crisis interrelacionadas, como el impacto de la pandemia de Covid-19, los conflictos en muchos países, por ejemplo en Myanmar, Sri Lanka, Siria, Burkina Faso, Venezuela, la guerra en Ucrania, que ha causado angustia a millones de personas, y los devastadores desastres naturales como consecuencia del cambio climático. Todas estas crisis están teniendo un impacto directo en la trata de personas en todo el mundo. Además, mientras reflexionamos sobre los retos de la transición de liderazgo y la complejidad de los tiempos que vivimos, vemos que la red Talitha Kum sigue comprometida con su misión, caminando unos con otros en el cuidado de las personas heridas por la explotación, y actuando contra la trata de personas. A pesar de los retos de los que hemos sido testigos, los miembros siguen respondiendo a la Llamada a la Acción cuidando, curando, empoderando e implicándose en las vidas de las víctimas y los supervivientes, y de las poblaciones que corren el riesgo de ser víctimas de la trata y la explotación”, declara la Hermana Abby Avelino, MM, Coordinadora Internacional de Talitha Kum.

“Los incansables y proféticos esfuerzos de Talitha Kum por sensibilizar y combatir la trata de personas, en sinergia y colaboración con miles de personas de todo el mundo, hacen que su misión tenga sentido y responda a los retos de cada tiempo y cada realidad. Luchar contra la explotación humana y erradicar todas las formas de esclavitud es un llamamiento cada vez más necesario. La Llamada a la Acción, redactada y lanzada el año pasado, es vibrante e inspiradora y sigue ofreciendo una perspectiva profunda a la hora de crear nuevas propuestas para promover un mundo más justo y solidario en el que cada persona pueda vivir con dignidad”, declara la hermana Nadia Coppa, ASC, presidenta de la UISG.

Este año, el análisis de datos ha contado con el apoyo del profesor Giulio Guarini, catedrático de Economía de la Universidad de Tuscia (Viterbo, Italia); la profesora Ilaria De Benedetti, titular de Estadística Económica de la Universidad de Tuscia (Viterbo, Italia); y Silvia Di Risio, estudiante del máster “Economía y Comunicación para la Gestión y la Innovación” de la Universidad Sapienza de Roma y la Universidad de Tuscia (Viterbo, Italia). El informe ha sido elaborado por Talitha Kum en colaboración con Global Solidarity Fund.

La red Talitha Kum está formada por congregaciones religiosas femeninas, entre las que se encuentran ma Hermanas Misioneras Combonianas.

Crédito: Talitha Kum