Anunciada la sesión conclusiva de la investigación sobre la fama de santidad de Mons. Roveggio

El 10 de octubre de 2026, en la Casa Madre de los Combonianos en Verona, se llevará a cabo la sesión conclusiva de la investigación sobre la fama continuada de santidad del obispo comboniano Mons. Antonio María Roveggio (1858-1902), sucesor de Mons. Daniel Comboni en el Vicariato de África Central; un paso importante en el camino hacia la causa de beatificación.

El proceso apostólico sobre las virtudes heroicas se inició en la diócesis de Jartum el 7 de junio de 1952, seguido de un proceso rogatorio en la diócesis de Verona desde septiembre de 1952 hasta noviembre de 1954, con el fin de recabar más testimonios sobre la vida y las virtudes del obispo comboniano. En enero de 1969, tras quince años, la Congregación para las Causas de los Santos entregó a la Postulación la Copia Pública para la redacción de la posición.

Siguieron 41 años de silencio. La razón principal de ese silencio fue que todos los esfuerzos se canalizaron hacia la reanudación de la causa del fundador, Mons. Daniel Comboni, que tuvo un resultado extraordinario con la beatificación de 1996 y la canonización de 2003.

De hecho, un año después, en 2004, se abrió en Verona el proceso relativo a Mons. Roveggio, sobre la fama de santidad continuada. El mismo proceso se inició en Jartum en 2010. En ese momento, el obispo de Verona solicitó y obtuvo el traslado de la competencia del foro de Jartum a Verona el 2 de julio de 2010. En Verona, el 4 de noviembre de 2015 se inició un segundo proceso sobre la fama continuada de santidad, con el nombramiento de los tres miembros de la comisión histórica y de los dos censores teólogos. El trabajo avanzó con notorias dificultades.

El 5 de septiembre de 2025 se reanuda por tercera vez el proceso sobre la fama continuada de santidad. Gracias al ingente volumen de trabajo realizado por el postulador anterior, el padre Arnaldo Baritussio, el nuevo postulador, el padre Cosimo De Iaco, puede continuar con la labor. Bajo la dirección del delegado diocesano, monseñor Tiziano Bonomi, quien sigue con gran competencia y diligencia las distintas etapas, se recogen los votos de los teólogos (el P. Ubando Terinoni y el Dr. Carmelo Dotolo) y el informe de la comisión histórica (don Agostino Bertolotti; el Prof. Fulvio De Giorgi; el Dr. Renato Zironda), y se completan otros trámites.

¿Cuál es el significado de la sesión del 10 de octubre de 2026 en Verona?

En esta sesión, el obispo declarará oficialmente concluida la investigación diocesana. Los sobres con toda la documentación, debidamente catalogada y numerada, serán cerrados y sellados. En esta sesión conclusiva, el obispo, los miembros del tribunal y el postulador juran haber cumplido fielmente con su encargo; el portador jura cumplir con su encargo de llevar y entregar personalmente, en mano, todo el material al Dicasterio para las Causas de los Santos. Dicha sesión se llevará a cabo de manera pública, en presencia de los miembros de la familia comboniana y de otros fieles interesados. El 10 de octubre, fiesta litúrgica de San Daniel Comboni, se convierte así en una fecha doblemente significativa: indica, en efecto, la continuidad histórica y carismática desde el santo fundador hasta su sucesor en la sede episcopal del Vicariato de África Central.

¿Cómo seguirá la causa a partir de ahora?

En este punto, el Dicasterio examinará el material entregado y procederá al nombramiento de un relator teólogo con quien el postulador deberá dialogar para la preparación de una «positio» actualizada, que incluirá tanto los testimonios y documentos presentados en 1952 como los testimonios recopilados y los documentos y publicaciones realizados en los años posteriores.

La prolongación de la causa de San Daniel Comboni fue una oportunidad para profundizar en sus escritos y en su figura, ahora plenamente reconocida no solo en la familia comboniana, sino en toda la Iglesia y en los estudios sobre África.

Esperamos que también este retraso en el proceso de la causa de Mons. Antonio María Roveggio sea una oportunidad para conocer a fondo la persona, la obra y las virtudes de Mons. Roveggio. Su actividad misionera en el delicado período de la Mahdia, su papel en los años difíciles de la supervivencia y formación del grupo de misioneros de Comboni, transformado en congregación religiosa.

Su profunda espiritualidad, centrada en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y moldeada según las enseñanzas de los jesuitas —quienes se hicieron cargo del instituto hasta 1899—, se pondrá de relieve en la redacción de la «positio», tanto en fidelidad a los datos históricos como en respuesta a las necesidades de la Iglesia en África y de la familia comboniana en las circunstancias actuales.

Por ello, esperamos que la causa pueda avanzar con renovado vigor e interés para llegar a la próxima etapa, con el decreto de venerabilidad.

Padre Cosimo De Iaco, mccj
Postulador de la Causa

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El arzobispo Tesfaye Tadesse, elegido presidente de la Conferencia Episcopal de Etiopía

El arzobispo de Adís Abeba, mons. Tesfaye (Tesfasilasie) Tadesse Gebresilasie, misionero comboniano, ha sido elegido nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Etiopía, según anunció ayer este organismo eclesial en su página web.

Mons. Tesfaye, misionero comboniano, fue elegido y nombrado nuevo presidente de la nueva Conferencia Episcopal Católica de Etiopía (CBCE) el 6 de agosto de 2026, durante la 60.ª Asamblea Anual Ordinaria celebrada en Adís Abeba. Asume también el cargo de canciller de la Universidad Católica de Etiopía en virtud de su cargo.

La elección se produce tras el retiro del cardenal Berhaneyesus Demerew Souraphiel, C.M., quien se desempeñó como presidente de la Conferencia y canciller de la Universidad Católica de Etiopía durante muchos años.

«La Conferencia Episcopal Católica de Etiopía expresa su profundo agradecimiento a Su Eminencia el cardenal Abune Berhaneyesus por su dedicado liderazgo durante los últimos 28 años. Gracias a su visión, compromiso y guía pastoral, la Conferencia logró un crecimiento significativo y numerosos logros en su misión de servir a la Iglesia y a la sociedad en Etiopía”, afirma la CBCE en un comunicado.

«La Conferencia – añade el comunicado – extiende sus más sinceras felicitaciones y mejores deseos a Su Excelencia el arzobispo Tesfaselassie Tadesse con motivo de su elección. Unidos en oración, los obispos piden a Dios que derrame abundantes bendiciones sobre su ministerio y liderazgo, con la confianza de que su servicio como presidente será fructífero y lleno de gracia para la Iglesia en Etiopía».

Mons. Tesfaye inaugurará su servicio como nuevo arzobispo de Adís Abeba el 6 de septiembre de 2026.

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Provincia de México: Ejercicios espirituales y Asamblea Provincial. Dos semanas intensas de oración, discernimiento y fraternidad

La Provincia comboniana de México ha vivido estas dos últimas semanas un tiempo muy intenso de oración, discernimiento y encuentro fraterno de todos sus miembros con los ejercicios espirituales y la Asamblea Provincial que se celebraron en la casa provincial de Xochimilco.

Del 27 al 31 de julio más de una veintena de miembros de la Provincia de México vivimos un tiempo especial de oración y recogimiento en los ejercicios espirituales animados por el P. Juan Martín Rodríguez, misionero comboniano mexicano, Provincial de Ecuador.

Ejercicios espirituales, animados por el P. Juan Martín Rodríguez

Con un lenguaje sencillo, cercano y fraterno, y compartiendo desde su propia experiencia espiritual y misionera, el P. Juan Martín nos invitó a hacer historia, a volver a los orígenes del llamado que un día recibimos del Señor para, a partir de ahí, vivir en acción de gracias y en disponibilidad lo que Dios nos llama a ser y a vivir hoy como religiosos y combonianos. Fueron cinco días intensos en los que el clima, el hermoso entorno natural de la casa de Xochimilco y la maravillosa acogida de su comunidad nos ayudaron a ponernos en presencia de Dios para retomar fuerzas y seguir caminando en el seguimiento de Cristo a través de nuestro carisma comboniano.

Participantes en los ejercicios

Después de un fin de semana de descanso, el martes 4 de agosto dio comienzo la Asamblea Provincial, en la que participó un buen número de padres y hermanos miembros de la Provincia.

Asamblea Provincial

Los dos primeros días estuvieron dedicados casi íntegramente al tema de la reunificación de ciscunscripciones, más concretamente, a nuestra unificación con la Provincia de Centroamérica. Por ello, también participaron en nuestra Asamblea el P. Jorge Ochoa, Provincial de Estados Unidos; y el P. Enrique Sánchez, Provincial de Centroamérica.

El primer día contamos con la ayuda de la Dra. Ana Lilia Vera Perdono, quien nos dio una ponencia sobre el tema de la globalización en relación a nuestro proceso de reunificación. La globalización nos transforma y nos invita a hablar de lo que nos une. A partir de su inteervención y de la realidad que vivimos nos dimos un tiempo de reflexión personal y en grupos con las siguientes preguntas:

Ponencia de la Dra. Ana Lilia Vera

Reflexión personal:
1.- Delante del Señor, ¿Cómo me siento con todo este tema de la unificación?
2.- ¿Cuáles son mis temores y esperanzas?
3.- ¿Estoy dispuesto, y cómo, a colaborar con el Instituto ante este proceso inminente?

Reflexión por secretariados:
1.- Retos que vislumbramos
2.- ¿Cómo se conformarían esos servicios?
3.- ¿Qué oportunidades tendríamos?

La reflexión fue muy enriquecedora y nos ayudó a vivir este proceso con confianza y esperanza. El próximo mes de septiembre tendremos la visita del Superior General, que se reunirá con las comisiones creadas en México y Centroamérica para seguir avanzando en el proceso.

Asamblea Provincial

El último día de la Asamblea estuvo dedicado a los reportes de los diferentes secretariados y del propio Consejo Provincial, para evaluar el camino que hemos ido haciendo este año como Provincia y programar y planificar el próximo curso.

No faltaron tampoco los momentos de esparcimiento, deporte y convivencia, que ayudaron a que el ambiente fuera muy alegre y fraterno durante toda la asamblea.

Curso Latinoamericano de Animación Misionera

Del 28 de junio al 24 de julio se está desarrollando en la sede de las OMPE (Obras Misionales Pontificio Episcopales de México) la 48ª edición del Curso Latinoamericano de Animación Misionera (CLAEM).

www.fides.org
Fotos: PUM/OMPE México

«No es la Iglesia la que tiene una misión, sino la misión de Dios la que tiene una Iglesia». Este es el eje central de la reflexión propuesta por el padre John Kennedy Joseph, misionero del Verbo Divino, profesor en diversas instituciones de educación superior en México y especialista en eclesiología y pastoral, durante la cuadragésima octava edición del Curso Latinoamericano de Animación Misionera (CLAEM), uno de los principales espacios de formación misionera en América Latina.

El Curso, que se desarrolla del 28 de junio al 24 de julio, ofrece un itinerario de profundización teológica y pastoral sobre la «Missio Dei», la iniciativa trinitaria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que envía a la Iglesia a participar, como sacramento del Reino, en su obra de reconciliación, justicia y salvación en la historia.

Un camino bíblico y teológico

El CLAEM, organizado en Ciudad de México por las Pontificias Obras Misionales en colaboración con el Instituto Intercontinental de Misionología, reúne durante cuatro semanas a directores diocesanos de misiones, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y laicos implicados en la animación misionera. El objetivo es fortalecer su formación bíblica, teológica y pastoral.

El camino de reflexión sobre la Missio Dei comienza con las grandes páginas del Antiguo Testamento: desde la vocación de Abrahán y la historia del pueblo liberado de Egipto hasta la figura del Siervo del Señor y el ministerio profético, la misión se presenta como un hilo conductor que atraviesa toda la Escritura, preparando la plena revelación del designio salvífico de Dios en Jesucristo.

La primera semana, animada por la hermana María del Socorro Becerra Molina, HMSP, ha permitido volver a leer la historia de la salvación como expresión de la misericordia de Dios que ve la aflicción, escucha el clamor de los pobres y desciende para liberar, y ayudó a contemplar al Espíritu Santo como verdadero protagonista de la evangelización, a partir de Pentecostés y de los Hechos de los Apóstoles.

La misión como «forma histórica del amor trinitario»

Durante la segunda semana, el padre John Kennedy Joseph ha dedicada varias conferencias a la eclesiología de la misión, desarrollando su fórmula: «No es la Iglesia la que tiene una misión, sino la misión de Dios la que tiene una Iglesia». Desde esta perspectiva, la misión de la Iglesia nace de la misión de Cristo, enviado a su vez por el Padre, y se despliega bajo la fuerza del Espíritu; por ello, explicó el ponente, «toda misión cristiana es trinitaria: encuentra su origen en el Padre, su forma en Cristo y su fuerza en el Espíritu».

Lejos de toda lógica de conquista o de propaganda religiosa, la Missio Dei es, según el padre John Kennedy, la forma que toma históricamente el amor trinitario: Dios crea, llama, libera, perdona, sana y reconcilia, y la Iglesia existe para servir y dar testimonio de este amor en contextos concretos.

De este modo, la misionología (que contempla la Missio Dei) y la eclesiología del Pueblo de Dios aparecen íntimamente vinculadas: la misión como iniciativa del Dios Uno y Trino está relacionada con la Iglesia, pueblo histórico y sacramental, como forma concreta a través de la cual este amor se manifiesta en las culturas, en los territorios y en las periferias.

Pueblo de Dios, territorio y semillas del Reino

El padre John Kennedy Joseph también ha vuelto a proponer la renovación eclesiológica del Concilio Vaticano II a la luz de la noción de Missio Dei, insistiendo en la categoría de «Pueblo de Dios». A la luz de la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium, ha recordado que la Iglesia no se define ante todo como una sociedad perfecta, sino como misterio de comunión, pueblo convocado por Dios y sacramento de salvación, en el que el bautismo funda la igualdad radical entre todos los fieles.

Se trata de un pueblo descrito como una comunidad histórica, visible y situada, que vive en culturas determinadas, habita territorios concretos, afronta conflictos reales y discierne los signos de los tiempos en medio de pueblos concretos. El territorio, por tanto, no es solamente un espacio geográfico, sino un lugar marcado por la vida del pueblo que lo habita, con su memoria, sus sufrimientos y sus esperanzas.

«Jesús no anunció en primer lugar la Iglesia, sino el Reino. La Iglesia existe para servir al Reino». Una vocación –ha recordado el padre Kennedy– que se realiza encontrando el modo de caminar juntos. Por ello, la auténtica sinodalidad en la Iglesia no es una invención metodológica ni una receta de «construcción de equipos», sino la forma histórica experimentada de la vida como Pueblo de Dios: laicos, mujeres, jóvenes, pobres, pueblos indígenas, migrantes, víctimas, ministros ordenados y consagrados, llamados a vivir y discernir juntos lo que el Espíritu pide, orientados al servicio de la misión.

Es el pueblo de una «Iglesia en salida» –según la expresión desarrollada por el Papa Francisco–, solícita en acercarse a los excluidos y en servir al Reino en sociedades marcadas por la injusticia, la violencia y las crisis ecológicas.

Para el padre Kennedy, el Reino constituye, por tanto, el horizonte de la misión. Don gratuito de Dios y tarea histórica, se hace visible allí donde se manifiestan la vida, la justicia, la reconciliación, la fraternidad y la paz, especialmente entre los pobres y excluidos, según las grandes intuiciones desarrolladas y asumidas después del Concilio Vaticano II también en las grandes Asambleas continentales de las Iglesias latinoamericanas de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007).

Chad: Renuncia de Mons. Miguel Ángel Sebastián, obispo de Sarh.

El jueves 16 de julio de 2026 el Santo Padre aceptó la renuncia al cargo pastoral de la diócesis de Sarh en Chad (África Central), presentada por el comboniano Mons. Miguel Ángel Sebastián Martínez, según anunció la Oficina de Prensa del Vaticano. Mons. Miguel Ángel cumplió 75 años el 28 de septiembre de 2025, fecha en que presentó su renuncia al Papa León XIV.

El misionero comboniano de origen español fue nombrado obispo de Laï, Chad, el 28 de noviembre de 1998 y consagrado el 14 de febrero de 1999. El 30 de enero de 2014, fue nombrado administrador apostólico de la diócesis de Doba, en el mismo país, cargo que ocupó hasta el 18 de febrero de 2017. El papa Francisco lo nombró obispo de Sarh el 10 de octubre de 2018, y tomó posesión del cargo un mes después.

Mons. Miguel Ángel formó parte del primer grupo de misioneros combonianos que llegaron a Chad en 1977, país en el que trabajó durante casi medio siglo, primero como sacerdote y luego como obispo.

«Su ministerio episcopal se caracterizó por la generosidad, la fe y un espíritu de servicio, a través de una presencia atenta y paternal, capaz de ofrecer guía, escucha y cercanía a tantos. Su dedicación fue un auténtico signo de comunión, esperanza y testimonio evangélico para la comunidad cristiana y para todos los que tuvieron la alegría de conocerle», escribió el Superior General de los Misioneros Combonianos, el padre Luigi Codianni, en su mensaje de agradecimiento al prelado emérito de Sarh.

El capuchino Jean Miguina, nuevo obispo de Sarh

El Papa León XIV nombró al P. Jean Miguina, OFM Cap., como nuevo obispo de Sarh.

Jean Miguina nació el 12 de septiembre de 1978 en Laï, en la diócesis del mismo nombre. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2009 en Moundou. Desde 2024, es miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis de Moundou; Asistente espiritual de las Hermanas Franciscanas de Donia; profesor de latín en el Seminario Mayor Saint Mbaga Tuzinde en Sarh. Además, dentro de la Orden Capuchina, es responsable de los aspirantes capuchinos de Chad, así como consejero y custodio de la Custodia de Chad y de la República Centroafricana, y miembro de la Comisión Jurídica.

Carta del Consejo General a las comunidades que viven en tierras marcadas por la prueba

«Como Misioneros Combonianos, queremos renovar ante ustedes nuestro sí: sí al Evangelio; sí a los pueblos olvidados; sí a la justicia; sí a una paz construida con paciencia; sí a la dignidad de toda persona; y sí a una misión vivida como compartir la vida.» (Consejo General)

«Yo estoy con ustedes»
«Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mt 28,20b)

Queridos hermanos y hermanas:

Les escribimos mientras nuestro mundo sigue siendo herido por las guerras, la violencia, las graves crisis alimentarias, las persecuciones, las injusticias, la inestabilidad política, las catástrofes naturales y las migraciones forzadas. Muchos de ustedes viven cada día bajo el peso del miedo, la incertidumbre y el duelo. Demasiados niños están aprendiendo demasiado pronto el lenguaje de las armas en lugar del lenguaje de la esperanza.

Como Misioneros Combonianos, no podemos contemplar estos sufrimientos desde la distancia. Habitan nuestra oración, interpelan nuestra conciencia y modelan nuestra misión. Allí donde uno de los pueblos entre los que vivimos sufre, toda nuestra familia misionera sufre con él.

San Daniel Comboni comprendió que la misión nace al pie de la Cruz. No porque amara el sufrimiento, sino porque había contemplado el Corazón de Cristo, traspasado por amor al mundo. En ese Corazón abierto descubrió a un Dios que no salva desde lo alto de su poder, sino entrando en nuestra fragilidad humana. Por eso, Comboni hizo de toda su vida una única opción: hacer causa común con los pueblos más pobres y abandonados a los que había sido enviado.

Hoy esa opción continúa. Hacer causa común con los últimos significa llorar con quienes lloran, esperar con quienes esperan, permanecer cuando otros se marchan, compartir el poco pan que hay y custodiar la dignidad de toda persona cuando todo parece querer borrarla. Significa creer que ningún pueblo ha sido olvidado por Dios y que ninguna periferia está lejos de su Corazón.

Ustedes, hermanos y hermanas que viven en tierras marcadas por la prueba, no son simplemente destinatarios de nuestra misión: son maestros de nuestra fe. Nos enseñan que la esperanza no es optimismo, sino una decisión del corazón. Esperar es encender una lámpara cuando alrededor parece imponerse la oscuridad de la noche.

Nos enseñan que la fraternidad no es una teoría: es compartir el poco arroz que queda con quien llega después de nosotros; es seguir llamándonos hermanos y hermanas cuando la guerra quiere convertir a cada vecino en un enemigo; es creer en la fuerza del Evangelio precisamente cuando parece más frágil.

Nosotros reconocemos a Cristo Resucitado en sus comunidades que continúan orando, en las catequistas y los catequistas que perseveran en su servicio, en las madres que protegen la vida, en los jóvenes que rechazan el odio y en los ancianos que siguen bendiciendo. ¡Esta es la Pascua que crece silenciosamente en la historia!

La violencia pretende convencernos de que la última palabra pertenece a la muerte. Nosotros creemos lo contrario: la última palabra pertenece al Dios de la vida. Por eso, la Iglesia sigue siendo una presencia profética, y cada discípulo y discípula está llamado a defender la dignidad del otro, tendiendo puentes donde otros levantan muros, educando, curando, orando y perdonando.

También nuestros misioneros y misioneras comparten este camino. No son héroes, sino hermanos y hermanas que han elegido, junto con ustedes, habitar esta historia porque Dios mismo sigue habitándola. Su presencia no elimina el dolor, pero hace que sea menos solitario.

A quienes sienten en su corazón la tentación del desaliento les decimos: no se dejen robar la esperanza. La esperanza no nace de que las cosas marchen bien, sino de la certeza de que Dios entró en la noche del mundo y salió de ella vivo.

Cada vez que ustedes eligen la reconciliación en lugar de la venganza, cada vez que protegen una vida frágil, cada vez que comparten el pan y oran por quienes los persiguen, Cristo sigue resucitando.

Como Misioneros Combonianos, queremos renovar ante ustedes nuestro sí: sí al Evangelio; sí a los pueblos olvidados; sí a la justicia; sí a una paz construida con paciencia; sí a la dignidad de toda persona; y sí a una misión vivida como compartir la vida. Seguiremos haciendo oír la voz de quienes con demasiada frecuencia no son escuchados, denunciando todo aquello que hiere la dignidad de los pueblos y anunciando que ningún poder, ninguna arma y ningún interés económico podrán apagar el sueño de Dios para la humanidad.

El Corazón de Jesús, abierto en la Cruz, continúa derramando también hoy su misericordia sobre el mundo. Entremos también nosotros en ese Corazón y aprendamos a mirar a cada persona como a un hermano o una hermana, y a cada pueblo como una sola familia.

Que María, Madre de la Esperanza, camine junto a sus familias. Y que San Daniel Comboni nos alcance el valor de permanecer fieles hasta el final, con el corazón abierto, las manos siempre dispuestas al servicio y la mirada fija en el Reino que ya está creciendo —muchas veces oculto— entre las heridas de la historia.

Los llevamos a todos en nuestro corazón. Cada día. Cada vez que celebramos la Eucaristía. Cada vez que pronunciamos el nombre de Jesús.

Fraternalmente,

El Consejo General
Roma, 14 de julio de 2026