“Soy especial, soy única, gracias por ser como soy”
Por: Hna. Cecilia Sierra, smc
Desde el desierto de Judea
La conocimos hace tres años. Una pequeña niña beduina en una aldea del desierto. Extremadamente tímida. Siempre apartada. Casi sin hablar. Parecía vivir detrás de un muro invisible.
Esta semana, durante el campamento de verano en su aldea, apenas podíamos creer lo que veíamos.
Hoy tiene seis años. Y es otra niña.
Creció junto a una hermanita apenas un año mayor, espontánea, segura y extrovertida.
Desde el primer día repetimos una y otra vez el mensaje del campamento: “Soy especial. Soy única. Gracias por ser como soy.”
Al ritmo del himno que acompañó estos días, la vimos sonreír, jugar, participar, hablar y acercarse. La niña que antes se escondía ahora corre a nuestro encuentro. Busca a los demás niños, comparte, colabora y regala abrazos llenos de confianza.
Esta transformación no nació en un instante. Es fruto de años de presencia, cercanía y cariño. Fruto de sentirse querida, aceptada y valorada. Fruto de un camino recorrido junto a ella, su madre y toda su familia.
Durante estos cuatro días vimos hacerse realidad cada uno de los temas del campamento.
El primer día: “Yo soy especial.” Y comenzó a creerlo.
El segundo día: “Puedo cambiar y hacer la diferencia.” Su propia historia fue el mejor ejemplo.
El tercer día: “No estoy sola, tengo muchos amigos.” Y allí estaba ella, rodeada de niños, disfrutando de una amistad que antes parecía imposible.
El cuarto día: “Quiero sembrar la paz.” Y eso es exactamente lo que está haciendo: sanando heridas, venciendo miedos, abriendo el corazón y tendiendo puentes.
Han sido cuatro días intensos en dos aldeas del desierto. Aprestados y ansiosos los niños por estar juntos, jugar. La mayoria de ellos no va a la escuela. La escuela mas cercana esta en Jerico, a kilometros de su aldea.
Llegaban tempranisimo, limpios, ansiosos, cargados de energia. Receptivos al aprendizaje, a los juegos y con corazones cargados de esperanza. Bajo el sol ardiente, suavizado este año por una brisa fresca que sentimos como un regalo de Dios.
Esta pequeña nos recuerda que el amor transforma. Que la cercanía sana.
Hoy sonríe cuando canta: “Soy especial.”
Y al verla, nosotros también lo creemos.
Aquí, en medio del desierto, en Tierra Santa, esta pequeña niña beduina, con esta extraordinaria capacidad de transformacion, ya está sembrando paz.
