Comunidad católica internacional: Misa internacional en Hawassa

Por: P. Pedro Pablo Hernández, mccj
Desde Hawassa, Etiopía

Entre los varios servicios pastorales que tengo en mi nueva misión, también se encuentra el de celebrar la misa cada Domingo a la pequeña comunidad de católicos extranjeros en la ciudad.

La Eucaristía la tenemos a las 8:00am en la capilla de la misión debido a que la Catedral se encuentra ocupada toda la mañana con dos misas; una en lengua amárico y posteriormente otra en lengua Sidamo.

Nuestra misa es en inglés, recibiendo personas o familias procedentes de varias partes del mundo que han decidido vivir aquí o que están de paso, y también tenemos algunas Hermanas Religiosas que participan regularmente.

Entre nuestros cristianos hay algunos, tal como se puede ver en la foto, que son de Sudan, España, Etiopía, Inglaterra, Sir Lanka y México. También hay otros que son originarios de Italia, Filipinas, Corea, Uganda, Austria, India, Ruanda, Polonia, Chile, Alemania, etc.  No son un gran número de fieles que se juntan, pues algunos sólo están de visita, pero todos participan con profunda espiritualidad. ¡Son un testimonio muy positivo de fortaleza en su fe!

El hecho de que gentes procedentes de varios continentes, razas, culturas y con diferentes edades nos pongamos juntos a escuchar la Palabra de Dios, a orar y a participar en el Banquete del Señor en la iglesia, es un signo visible de la catolicidad y universalidad de la Iglesia, que manifiesta su unidad dentro de la gran diversidad universal. Vivimos juntos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Después de la comunión, para subrayar nuestra riqueza en la diversidad, tenemos un himno en la lengua de algunos de los participantes. Hemos tenido algunos cantos en italiano, tagalo, coreano e incluso en árabe.

Nuestra misa dominical también ofrece gran apoyo espiritual a todos los que participamos pues siendo los católicos una minoría, menos del 1% de los 120 millones de etíopes, el acto en sí de juntarnos para compartir nuestra fe nos llena enormemente del Espíritu de nuestro Señor y nos fortalece el alma.

El constatar todo lo que vivimos, me motiva a orar a Dios por todos los cristianos que viven fuera de su tierra (las razones son muchas, algunas por opción y otras por no tener otra opción) quienes, además de enfrentar los desafíos diarios que encuentran como extranjeros, también se dan un tiempo para buscar, procurar y alimentar su espíritu en la Iglesia con el fin de fortalecerse y llevar sus vidas adelante lo mejor que pueden. Ciertamente, también doy gracias a Dios, una vez más, por su gran testimonio.

(La foto es del domingo pasado, primer domingo de cuaresma, donde decidimos poner la ceniza debido a que el miércoles no pudieron participar. Por eso se puede ver la ceniza, en forma de cruz, sobre nuestras frentes).

Iglesia en Gumuz, Etiopía: compromiso por la paz y relanzamiento de la pastoral

Por: P. Isaías Sangwera Nyakundi, mccj
Desde: Gublak, Etiopía

comboni.org

Etiopía es un país de gran diversidad cultural, lingüística y religiosa. Con el tiempo, el fortalecimiento del sentimiento de identidad, alimentado también por la definición constitucional de «república federal», ha contribuido a la escalada de tensiones entre los distintos grupos, tanto en las relaciones internas como en las relaciones entre los estados regionales y el gobierno central. [En la foto, el padre Isaias Sangwera, comboniano con los gumuz, da las gracias a la ONG Cnewa].

El estado regional de Benishangul-Gumuz está situado al oeste del país, en la zona de Metekel, y limita al norte y noreste con la región de Amhara, al sur y sureste con las regiones de Oromia y Gambela, y al oeste con Sudán. La capital regional, Assosa, está situada a unos 680 kilómetros al oeste de Addis Abeba. La mayoría de sus habitantes son de etnia gumuz, un pueblo de origen nilótico, no muy numeroso (unos 200.000) pero que abarca un vasto territorio y habita actualmente tanto en Etiopía como en Sudán. En Etiopía, los gumuz permanecieron al margen de la sociedad etíope durante muchos siglos. En las últimas décadas han adquirido derechos propios y control sobre sus tierras y responsabilidad política gracias al ascenso de su propia élite en la gestión del poder. Agroclimáticamente, la mayor parte de la región se sitúa entre los 580 y los 2730 metros sobre el nivel del mar. Está dotada de enormes recursos naturales, como bosques, tierras de cultivo y agua.

La Iglesia católica

La primera misión católica de la región fue abierta en 2000 por las hermanas misioneras combonianas en Mandura. Los combonianos les siguieron y abrieron dos comunidades apostólicas en Gilgel Beles en 2003 y en Gublak en 2011. Benishangul-Gumuz es una zona de primera evangelización y de compromiso con la promoción humana y el desarrollo, llevado a cabo principalmente en los sectores de la educación y la sanidad. Desde hace unos cuatro años, por desgracia, la zona -como varias otras regiones de Etiopía- es escenario de combates que han puesto a dura prueba la vida de la población.

La misión católica de Gublak fue la más afectada y sufrió las peores consecuencias del conflicto. Cuando estallaron los combates, la población se vio obligada a huir para ponerse a salvo. Los misioneros habíamos optado por quedarnos solos en la zona, pero al empeorar la situación, también nos vimos obligados a abandonarla. La población en general, pero también nuestras comunidades cristianas, experimentaron inseguridad, inestabilidad, saqueos, asesinatos, y varios jóvenes católicos se unieron a las milicias rebeldes.

A nuestro regreso en 2022, junto con miles de personas que también habían vuelto, habíamos celebrado con los fieles la gran solemnidad del Mesqel (la Cruz) con una misa solemne en la víspera, encendiendo el tradicional gran fuego de la bendición (demerà), una hoguera litúrgica, con bailes, cantos y gritos de alegría. En los enfrentamientos interétnicos que se han producido en los últimos años en torno a las misiones de Gilgel Beles y Gublak, hemos sido una fuente de aliento para todos los gumuz. A veces vistos con recelo por el gobierno, a veces hemos sido convocados por las agencias de inteligencia de seguridad.

Algunos misioneros de Gublak fueron incluso detenidos durante un tiempo y nuestros vehículos fueron confiscados temporalmente bajo la sospecha de que se utilizaban para el contrabando de bienes robados o, peor aún, para comunicarse secretamente con los rebeldes.

Años de conflicto

En los últimos años, por tanto, nuestras actividades y la fe de las comunidades cristianas se han visto puestas a prueba. Como misioneros y misioneras en esta zona, hemos optado por permanecer junto a la población a pesar de los peligros. Hemos sufrido las consecuencias de nuestras opciones misioneras. Desde nuestro regreso, hemos centrado nuestro trabajo en animar a los miembros de los diversos grupos étnicos a vivir en unidad y coexistencia pacífica. Más aún en este año jubilar centrado en la esperanza. Hemos reanudado la organización de iniciativas de formación cristiano-humanas a todos los niveles, animando a los líderes eclesiales y a los fieles a profundizar en su fe, en el conocimiento de la palabra de Dios y en la identidad de la Iglesia católica, su estructura y su tradición. Ser profético hoy en Etiopía exige un serio compromiso en los campos de la justicia, la paz y la promoción de los derechos humanos.

El compromiso de larga duración de la Iglesia con el desarrollo humano integral va de la mano con la formación sobre la Doctrina Social de la Iglesia para promover colaboradores laicos capaces de ayudar a crear una cultura de la vida, la paz, la justicia, el desarrollo sostenible y el respeto por la creación. Después de más de 20 años de presencia, somos conscientes de que el evangelio que hemos tratado de comunicar no ha calado hondo en el tejido cultural de los gumuz, y en este tiempo ha prevalecido el poco respeto por la vida humana y un fuerte sentido de venganza. Así nos lo confirmaron jóvenes católicos que regresaron a sus hogares tras haber formado parte de grupos combatientes.

Cientos de inocentes han perdido la vida, como la madre de un catequista asesinada con veneno por los rebeldes porque se sospechaba que practicaba el mal de ojo, o la ejecución sumaria de varias jóvenes enfermeras secuestradas y ejecutadas a sangre fría sólo por ser de etnia no gumuz por los rebeldes, entre ellas algunos jóvenes católicos que confesaron. Tales episodios dejan una profunda herida en quienes sufrieron sus consecuencias.

Volver a la normalidad

En cambio, desde el cese de los grandes enfrentamientos, el gobierno regional ha hecho un llamamiento a las familias gumuz para que abandonen sus escondites y se instalen en lugares especialmente preparados. Muchas familias aceptaron la invitación a pesar de los inconvenientes causados por la ausencia de servicios básicos en los lugares establecidos, al tiempo que se convencía a muchos miembros de los grupos armados para que se sentaran a la mesa de negociaciones. De hecho, en la zona donde operamos y en los distritos de Pawi, Dangur y Mandura, a pesar de un acuerdo de principio, las autoridades se han desentendido hasta ahora de investigar la responsabilidad de los crímenes ocurridos. Así pues, la confianza de la población en las autoridades regionales, en el puesto de mando de Meketel y en las instituciones gubernamentales de Addis Abeba ha ido disminuyendo. Como consecuencia, algunos grupos rebeldes marginales están reforzando su presencia en algunos pueblos del distrito de Mandura y lanzando ataques esporádicos contra las milicias gubernamentales. A mediados de enero, el ejército respondió lanzando una operación especial que acabó con la vida del líder rebelde. Unos días más tarde, en represalia, un vehículo público que circulaba entre las localidades de Gilgel Beles y Chagni fue atacado causando decenas de víctimas. Una señal concreta de que aún no se ha logrado una verdadera pacificación. Con este telón de fondo, estamos convencidos de que los esfuerzos y recursos de la Iglesia deben desplegarse en la preparación de los trabajadores laicos mediante una educación seria y una formación continua en una Iglesia local que se transforme en una auténtica «escuela de educación para la paz».

Proponemos, por tanto, que los programas de educación, formación e iniciación sacramental encuentren, siempre que sea posible, una conexión con el gran tema de la paz, haciendo hincapié en los modos concretos para que todos los fieles, desde los niños hasta los jóvenes y los adultos, encarnen estas enseñanzas en sus relaciones mutuas y en la sociedad de la que forman parte. Son ellos, de hecho, quienes actuarán en el gobierno, la empresa, la judicatura, la vida familiar, la sociedad civil y el ejército.

Si bien es cierto, en efecto, que los sacerdotes y los religiosos son llamados, instruidos, formados espiritualmente y encargados sobre todo de responder a las necesidades de los fieles para su crecimiento espiritual, el papel específico de los laicos, como exhortó el Vaticano II, es «la renovación de todo el orden temporal».

Diálogo interreligioso e inculturación

Otro tema prioritario de nuestra actividad pastoral es el diálogo interreligioso. Geográficamente, nuestros centros de misión de Benshangul-Gumuz limitan con Sudán. En consecuencia, la religión islámica tiene una gran influencia en la vida de nuestra población. El conflicto de los últimos años ha puesto de manifiesto que la religión puede ser a veces fuente de conflicto y división. Desde nuestro regreso, hemos observado que cada vez se construyen más mezquitas en los pueblos de la gumuz.

A menudo están dirigidas por operadores musulmanes, incluso de otros países, con evidentes intenciones proselitistas y actitudes radicales y agresivas. Utilizan en muchos casos la distribución de ayuda material o dinero para atraer a la gente, en contraste con lo que se hace en nuestras misiones, donde incluso la ayuda humanitaria siempre se ha dado y se sigue dando de forma incondicional e independiente a todos, independientemente de su afiliación religiosa o étnica. Estamos convencidos de que la práctica religiosa, en sus diversas expresiones, puede desempeñar un papel importante en la promoción del encuentro, la aceptación mutua y la paz.

En cuanto a la urgencia pastoral de inculturar el Evangelio expresándolo a través de los valores tradicionales de los gumuz, estamos muy agradecidos a los primeros misioneros que dieron pasos positivos en este ámbito. Pretendemos seguir colaborando con la Iglesia local en la producción de material litúrgico y catequético, adoptando la gramática oficial propuesta por el gobierno, para profundizar en el encuentro del evangelio con la cultura local.

Conclusión

Somos conscientes de que la evangelización es una realidad compleja y dinámica. Esto se ha hecho aún más evidente para nosotros en la familia comboniana de Etiopía, entre los gumuz, en este período de renacimiento pastoral en el post-conflicto. Hemos tenido la confirmación de que la auténtica evangelización no debe partir de nosotros mismos, sino de la contemplación de la obra del Espíritu, verdadero protagonista de la actividad apostólica, que sopla y actúa de maneras siempre nuevas.

El compromiso de todo evangelizador es, por tanto, poner la oración y el encuentro con Cristo en la base de toda iniciativa. Esto nos ayuda a discernir cómo nos pide el Señor que actuemos, creyendo en la fuerza del Evangelio testimoniado y en la acción del Espíritu. En efecto, es el Espíritu quien nos inspira los mismos sentimientos de san Pablo: «Porque anunciar el Evangelio no es para mí una vanagloria, ya que es una necesidad que se me impone: ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si lo hago por iniciativa propia, tengo derecho a la recompensa; pero si no lo hago por iniciativa propia, es un encargo que se me ha confiado» (1 Co 9,16-17). Las palabras de Lucas 5,4 nos animan: «Salid al mar y echad las redes para pescar», una exhortación significativa para nosotros, combonianos de Gumuz, hoy, que nos invita a recordar el pasado con gratitud, a vivir el presente con entusiasmo y a mirar al futuro con confianza.

Nuestro trabajo, nuestro compromiso, nuestro camino de «peregrinos de la esperanza» continúan en este año jubilar en la búsqueda de nuevos caminos de evangelización.

“Voy de pie, contenta, amando mucho y, bendito Dios, sintiéndome muy amada”.

Por: Hna. Lorena Cecilia Sesatty *

En travesía…ya de regreso…casi llegando a la primera parada: Monterrey. El corazón late fuerte, las emociones se sienten hasta en la panza…y las palabras se quedan muy estrechas, limitadas. Esta imagen me ayuda a expresar cuánto agradecimiento, disposición, filiación, apoyo, bendición, responsabilidad y fe siento.

Soy Misionera Comboniana, en la gracia y misericordia de Dios, para siempre. Me siento llamada y acompañada por Dios, por mi Virgen de Guadalupe, mi madre y fiel intercesora. Tan bendecida y afortunada por la bendición y vida de mis papás y mi familia. Mi Madre Iglesia que me envía y acompaña reflejada en mi amada parroquia; ungida por Dios que me consagra para Él y deseosa de seguir los pasos de Jesús, amándolo tiernamente y descubriendo cada vez más y mejor lo que significa un Dios muerto y clavado en la cruz por amor.

Voy de pie, contenta, amando mucho y, bendito Dios, sintiéndome muy amada. Voy también en una mezcla de nervios y confianza, sintiéndome pequeña y limitada ante una realidad retadora e imponente para mí y otras veces sintiéndome grande, en la grandeza de saber que a Dios le pertenezco, su Espíritu habita en mí, Él es quien me envía y la misión es suya.

Gracias Señor por este año precioso de preparación, de vacaciones y de celebrar juntos mis votos perpetuos. Por tanto bien recibido, y experiencias hermosas compartidas. A ti entrego todo lo que carga el corazón, mis alegrías y dolores, luces y sombras, sueños y esperanzas. Camino en ti, confiando en tu promesa de estar siempre conmigo y en tu Gracia.

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* La Hna. Lorena Cecilia Sesatty es misionera comboniana. Tras un año de preparación hizo los votos perpetuos el pasado 16 de noviembre en su pueblo, Nueva Rosita (Coahuila), y ahora regresa a su misión en Betania, Jerusalén.

Evangelizando al estilo “chizokole”

Por: P. Gabriel Uribe González
Desde: Chama, Zambia

Chitumbuka es uno de 72 idiomas hablados en las distintas regiones de Zambia. “Chizokole” es una palabra chitumbuka propia de cazadores. En lo que sigue deseo brevemente describir su significado como técnica tradicional de caza y su aplicación figurada en el apostolado misionero.

Pesca y caza son actividades comunales de aldea y se reparten el producto al final de la jornada. Grupos de mujeres atienden la pesca. Los hombres organizan la caza, es decir, el chizokole. No es recomendable ir de caza solos. Se corren riesgos, uno muy real es extraviarse o ser pieza de caza uno mismo. Se sabe que en lugares boscosos se esconden los animales.  La brigada de cazadores se distribuye en torno al lugar elegido. Acto seguido, y a la voz en grito de tikole, tikole, chizokole, es decir, cacemos, cacemos, avanzan hacia el centro del lugar donde se encuentran atrapadas las piezas deseadas.

En el plan anual de la parroquia se programan dos o tres “chizokoles pastorales”. Este fin de semana, viernes y sábado se realiza el segundo, previo aviso parroquial e invitación a quienes deseen participar en él. De hecho, un grupo de mujeres y jóvenes, encabezados por el párroco, recorren e invitan, en dinámica chizokole, a vecinos de una sección de la parroquia de Chama.

El objetivo del chizokole varía. Para los cazadores puede ser un búfalo, pieza grande o venados. En el caso pastoral es re-animar a cristianos flojos o alejados. Otro es reclutar candidatos al catecumenado. Esta vez es formar una comunidad de estudio bíblico (comunidad de base). Ya hay tres comunidades en el entorno. Una de ellas, por extensión territorial y membresía necesita ser dividida. En ambos objetivos se encuentran siempre no cristianos o miembros de otras comuniones cristianas que piden ser admitidos al catecumenado. En tales casos son las comunidades, ya constituidas, las que los acompañarán en su camino al bautismo o al recibimiento formal en la Iglesia católica si ya han sido bautizados. En chizokole pastoral no se trata de fijar un centro de oración, tipo capilla, a la que se acude una vez a la semana. Se trata más bien de promover espíritu de comunidad cristiana en la sección o aldea, vecinos que se reúnen semanalmente en diferentes domicilios; fieles que oran, estudian la biblia y comparten soluciones a necesidades en la sección o aldea. En todo caso, las comunidades vecinas se reúnen en domingo para celebrar la eucaristía. La palabra chizokole para los hablantes chitumbuka es esencial como para nosotros misioneros lo es la palabra animación. Luego el que anima es animado.

VII Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos

Del 9 al 15 de diciembre de 2024, se celebrará la VII Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) en la Casa de la Comunidad Comboniana en Maia, norte de Portugal. El lema de la asamblea es «Todos juntos para la misión». La mañana del primer día, hoy 9 de diciembre, estuvo dedicada a la oración. Presidió la misa de apertura el P. Fernando Domingues, Superior Provincial de Portugal.

Son en total 29 participantes -20 LMC y nueve misioneros combonianos- de 16 países y de tres continentes: África (9), América (9) y Europa (11). De los cinco miembros del actual Comité Central, están presentes los laicos Alberto de la Portilla (España) y Marco Piccione (Italia), y el P. Arlindo Pinto (Roma), persona de contacto del Consejo General Comboniano para los LMC.

El miércoles 11 habrá un encuentro online con representantes de los Consejos Generales de la Familia Comboniana: Hermanas Misioneras Combonianas, Misioneras Seculares Combonianas y Misioneros Combonianos. El jueves por la tarde habrá una peregrinación al Santuario Mariano de Fátima. El martes y el viernes, online, se escucharán testimonios de LMC que trabajan en comunidades internacionales, en Mozambique, Kenia, República Centroafricana, Perú y Brasil.

Los principales temas que se tratarán durante la Asamblea son: la presentación del camino recorrido por cada grupo de LMC de los diferentes países durante los últimos seis años a todos los niveles (formación, misión, economía y organización); la reflexión y aprobación del estatuto de los LMC que se presentará al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en el Vaticano; por último, la elección del nuevo Comité Central para los próximos seis años.

Los trabajos concluirán el sábado 14 de diciembre, por la tarde, con una Misa presidida por el Padre David Domingues, Vicario General de los Misioneros Combonianos. Al día siguiente, Tercer Domingo de Adviento y Día Internacional de los LMC, el P. David presidirá también la Misa en presencia de los participantes en la asamblea, junto con el pueblo de Dios, en la capilla de la casa de Maia.

Mensaje final del VI Congreso Americano Misionero CAM6

¡Buenas tardes, Iglesia de América!

El Señor Jesús nos ha convocado una vez más en asamblea, como familia misionera, en el Caribe, en la Isla del Encanto: Puerto Rico. Su fuego abrasador nos ha hecho sentir el calor humano de la acogida y fraternidad de nuestros hermanos boricuas. Es en esta región geográfica del continente donde el Paráclito nos ha permitido vivir el Sexto Congreso Americano Misionero, mejor conocido por sus siglas: CAM6. Agradecemos profundamente a la Tercera Persona de la Trinidad por la efusión de sus dones en estos días que han estado repletos de gracias y múltiples bendiciones.

También, nuestro agradecimiento sube hasta el Cielo por la presencia de cientos de hermanos y hermanas de América, que se han dado cita aquí, y de decenas de misioneros del resto del mundo que nos han acompañado en esta celebración de animación, formación, cooperación y espiritualidad misionera. El agradecimiento a Dios por la presencia de todo el Pueblo de Dios, representados en sus pastores, los Obispos; en los sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados, consagradas y en la abundante presencia laical, que confirma una vez más nuestro deseo de evangelizar en sinodalidad hasta los confines de la tierra.

Somos los testigos de Cristo, más de 1,300 participantes de 42 países, y poco más de 900 voluntarios, que nos hemos dejado impulsar con nuevo ardor a la misión ad gentes de la Iglesia, caminando juntos a la escucha del Espíritu, para ser testigos de la fe en Jesucristo en la realidad de nuestros pueblos hasta los confines de la tierra.

En este mes de noviembre de 2024, aquí en Ponce, Ciudad Señorial de esta hermosa isla caribeña, nos hemos sentido acompañados por Dios, celebrando la riqueza del intercambio cultural y eclesial, con participantes desde Canadá en el norte, hasta Chile en el sur, congregados en las Antillas y acompañados por África, Europa y Asia; representados con hermanos de Italia, España, Vietnam, Filipinas y otros.

Este CAM6 es un proceso de reflexión misionológica sinodal construido en tres grandes ejes temáticos que provienen del objetivo del Congreso: Impulsados por el Espíritu, Testigos de Cristo y Hasta los confines de la tierra. Estos ejes han servido para trabajar cada uno de los días del encuentro en dos grandes bloques:

1. Iluminación Misionológica en las mañanas; y
2. Reflexión y Discernimiento Metodológico en las tardes.

Cada día inició con 3 momentos de iluminación misionológica: dos ponencias y un testimonio misionero. En cada espacio se procuró provocar la reflexión teológica sobre la misión ad gentes, la que se hacía concreta con la experiencia vivencial de misioneras en territorios específicos de primera evangelización.
Las tardes se convirtieron en el eco o resonancia de lo que el Espíritu ha querido suscitar a través de tres estrategias metodológicas:

1. Conversación en el Espíritu del Instrumentum laboris;
2. Proyectos y Experiencias, y
3. Testimonios.

Por medio de un intercambio fraternal que permitió compartir profundamente en grupos los desafíos que nuestra realidad misionera tiene en todo el continente y buscar juntos propuestas para ser respuesta testimonial en nuestras Iglesias locales, y más allá de nuestras fronteras.

Esta metodología utilizó como punto de partida los ejes de acción de las Obras Misionales Pontificias: Cooperación, Animación, Formación y Espiritualidad. Todo esto fue acompañado de una efervescente animación misionera que se intercalaba entre los distintos momentos y anunciaba el fruto de la alegría en el Espíritu.

La presencia vivaz de los jóvenes, las presentaciones folclóricas locales, la acogida en los distintos hogares y centros, las experiencias de misión en las periferias urbanas y rurales de la Diócesis, y los encuentros culturales complementaron tan profundo momento de acontecimiento eclesial.

Estos días en el Congreso nos han permitido retomar lo reflexionado en los Simposios Internacionales Misionológicos, y descubrir lo que el Espíritu ha ido confirmando en lo compartido, en tantos grupos, a saber, la percepción del retardo de América en su respuesta ad gentes al mundo. Si bien es cierto, que han sido enviados misioneros más allá de nuestras Iglesias locales, algo que hemos constatado con la riqueza de los testimonios compartidos en la mañana y en los conversatorios de la tarde; este envío no ha sido en la proporción de católicos de nuestro continente, del que desde hace mucho se espera una respuesta más significativa. Esta toma de conciencia nos invita a pedir perdón a nuestros hermanos más lejanos y pobres que aún esperan el anuncio del mensaje liberador del Evangelio en los confines de la tierra.

Intuimos como gran desafío de esta reflexión misionera, que existe aún una resistencia hacia la misión ad gentes, fundamentada por varios aspectos:

a) una introversión eclesial que hace mirar especialmente hacia lo interno de las respectivas realidades: grupos, movimientos, parroquias, diócesis;
b) falta de gratuidad hacia los misioneros y misioneras ad gentes que existen, y que muchas veces parecieran invisibles para sus Iglesias locales y parroquiales;
c) falta de formación misionológica en nuestras Iglesias locales en todos los niveles; y
d) poca infraestructura y estrategia económica, y de recursos humanos, que apoye la salida misionera.

Frente a esto, también se han ido intuyendo propuestas que brotan de lo compartido, tales como:

a) promover desde las Iglesias locales, la constante salida, como ha pedido el Papa Francisco, dando desde nuestra pobreza;
b) conocer y animar a nuestros misioneros, manteniendo una estrecha comunicación con ellos, promocionando su trabajo y apoyándolos con la oración, nuestros servicios y nuestros bienes;
c) dar a conocer los centros formativos misionológicos y las diferentes facultades, promoviendo e invitando constantemente a patrocinarlos. Crear redes internacionales de cooperación entre los mismos para abrir al pueblo de Dios el mayor acceso a ellos. En cada Iglesia local se debe insistir en proveer una formación actualizada y permanente de la misión a todo el cuerpo eclesial; y
d) la cooperación misionera no puede reducirse a una sola jornada anual, sino que debe nutrirse de distintas iniciativas para un apoyo concreto mayor. Debe promoverse una participación más activa de todos los miembros del pueblo de Dios; incentivando a los laicos y las familias, y sobre todo reconocer el espacio vital de los jóvenes en esta realidad.

Vamos vislumbrando en este CAM6, la propuesta para impulsar una animación misionera que se concrete en una cooperación misionera a través de la construcción de redes entre las Iglesias locales y las realidades misioneras existentes.

Lo vivido en el Congreso nos ha interpelado y mostrado que:

Vivimos en un mundo fragmentado y dolido, donde aún la mayor parte del mundo no es cristiano. Aunque compartimos muchos pesares, nos une sobre todo la esperanza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado, y nos impulsa como testigos;
El encuentro con Jesús, quien es el Reino, es y sigue siendo el camino para la transformación personal y social, en una continua tensión escatológica;
Cristo es el camino propuesto por el Padre para la plenitud de toda experiencia religiosa y espiritual, su anuncio, por tanto, no es una “invasión” ni un “colonialismo”, sino luz y vida para las inquietudes más profundas de todo ser viviente. Es la Vida que atrae a los vivientes;
La misión nos hace, nos configura. Por ello:
Estamos llamados a una conversión integral misionera;
Debemos insistir que la Iglesia existe porque existe la misión, y la misión es la manifestación del Dios Uno-Trino. La Iglesia de Cristo es misionera. La misión no es una opción entre otras, sino la opción primera y frontal. Todos los recursos deben dirigirse a llevar adelante la misión.
El espacio misionero se ha ampliado más allá de un criterio meramente geográfico: es cósmico y existencial. El espacio real no son los lugares, sino que son las relaciones, por lo que estamos llamados, ante todo, a tocar a Cristo en la carne de los hermanos, sobre todo en los más pobres, marginados y excluidos.
La respuesta a nuestra realidad parece dirigirse a una cooperación misionera que hoy nos invita a construir redes con sus respectivo “nudos” e interacciones.
Es necesaria una sinodalidad ministerial: cada vocación, nacida del bautismo, está en función de la misión y llamada a integrarse con todas las otras para así manifestar la riqueza del vasto misterio de la Encarnación.

Se intuye en las diferentes resonancias que la misión hoy tiene como gran desafío:

El miedo y la indiferencia hacia a misión misma, que se traduce en un temor a salir de la zona de comodidad personal y pastoral.

Frente a los desafíos, se constatan propuestas:

a) Un nuevo método para reflexionar y construir caminos, llamado a integrar las diferencias y las experiencias y vivencias de los creyentes.
i. Un método que sea, ante todo, un arte que logre plasmar la Belleza Creadora en un mosaico de diferencias que buscan un fin compartido, a saber, la plenitud de vida en el Viviente, llamada a expresarse en una mayor relación íntima con el Dios Trinitario, a través de la oración y la contemplación activa y transformadora.
b) La misión amplía las particularidades impulsando, con la ayuda del Espíritu, la búsqueda de convergencias, y de ahí, durante el congreso, hemos evidenciado un proceso latente:
i. Ad gentes: Se insiste siempre en ir, porque la Iglesia está siempre “en salida”,
ii. Inter gentes: Salir para encontrarse, para estar “con”,
iii. Cum gentibus: Integrar y aprender de los “mundos otros”, en una clave relacional dinámica,
iv. Omnes gentes/omnes creaturas: Salir a todos y a todo, sabiendo que todo está interconectado y, por ende, se trata de un compromiso de ecología integral.
c) Deriva de todo es un modelo misionero por atracción, que parta de la presencia, el acompañamiento, la cercanía, el diálogo, el reconocimiento y la valoración de unos y otros. La forma de hacer misión es a través de la relación con Cristo, y desde Cristo con el otro como su “sacramento”.

El Congreso nos permitió recoger entre los distintos momentos metodológicos alrededor de 400 aportaciones o resonancias, divididas en desafíos y propuestas, y sectorizadas en los pilares de las Obras Misionales Pontificias (Cooperación, Animación, Formación y Espiritualidad). Esto requerirá ahora un camino de discernimiento y análisis, para acoger lo que el Espíritu Santo quiso comunicar para la misión ad gentes desde el continente y para el mundo.

El fruto de esa reflexión se complementará en la próxima etapa de este proceso, la cual se realizará y materializará en el Post-CAM6, en marzo de 2025 en Costa Rica; y en la que se compartirá la síntesis de este camino misionero a modo de orientaciones generales para toda la Iglesia en América.

Nuestro CAM6 se ha realizado en el contexto del Sínodo de la Sinodalidad, por lo que han resonado sus ejes temáticos: Comunión, Participación y Misión, algo que hemos vivido a plenitud en estos días.

A las puertas del próximo Jubileo, Peregrinos de la Esperanza, nos orientamos a un nuevo Pentecostés misionero en nuestro continente americano, para ser con nuestro testimonio, don de Dios al mundo.

¡América, con la fuerza del Espíritu, testigos de Cristo!

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